Victorina Durán Cebrián

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

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VICTORINA DURAN CEBRIAN

 

DURAN CEBRIAN, Victorina        P   1918      12.dic.1899    ALCOY    MADRID 10.dic.1993

 

Nacida en Alcoy, el 12 de diciembre de 1899, como así consta en los archivos de la Asociación Española de Pintores y Escultores, entidad a la que se asoció en 1918, era la pequeña de cuatro hermanos: María, Miguel y Francisco.

En el semanario español Gente Menuda del 30 de enero de 1910, quedó retratada una jovencísima Victorina Durán Cebrián, como la número 5 del Concurso de Belleza Infantil, según fotografía de Alviach

 

Pintora, escenógrafa, diseñadora de vestuario teatral, profesora, periodista, directora teatral, músico y dramaturga.

Su familia estaba muy relacionada con el Teatro Real de Madrid, ya que su padre José Durán Lerchundi, poseía el abono número 1 y su madre, Genoveva Cebrián Fernández, era bailarina de puntas en dicho teatro. Como curiosidad, destacar que también eran bailarinas su abuela y bisabuela.

Desde niña presenciaba los ensayos y espectáculos de ópera desde bastidores por lo que no fue raro que a los nueve años ingresara en el Conservatorio Superior de Música y Declamación para estudiar piano. Pero además, y al mismo tiempo, recibía también clases de pintura.

Sus primeros anhelos discurren en el mundo de la interpretación, llegando a ser una verdadera obsesión su ideal de dedicarse al teatro, si bien su padre y la familia paterna, no aceptan esa vida y así es cómo Victorina se resigna y dedica todo su tiempo al dibujo y la pintura.

En 1917 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, compartiendo aulas con Rosa Chachel y Matilde Calvo Rodero, con quienes mantendrá una amistad de por vida, y con Salvador Dalí, Gregorio Prieto, Maruja Mallo y Timoteo Pérez Rubio.

Frecuentó tertulias de la época, como la del saloncillo del Teatro Español, y comenzó a viajar a París asiduamente desde 1920, donde descubrió su homosexualidad, que vivió abiertamente y que reafirmó en contacto con los círculos sáfico-literarios de Gertrude Stein, Alice B. Toklas, Janet Flanner, Syilvia Beach y Natalie Clifford Barney, entre otras.

Participó en la Exposición Internacional de París de 1925, en la sección de Arte e Industrias textiles,  que Francisco Javier Pérez Rojas describe: “El pabellón nacional es, como digo, un edificio atractivo, gallardo de línea, alegre de entonación. Obra del arquitecto Sr. Bravo, se presta a la armónica colaboración ornamental de artistas e industriales. Así, las fuentes exteriores, enlosado, azulejería y fuente del patio interior, son de cerámica sevillana, de los hermanos González; las columnas, leones heráldicos y escudo nacional, del ceramista Roberto Roca; la verja y puerta, de hierro forjado, de Juan José; las rejas de las ventanas, de Julio Pascual; las vidrieras, ejecutadas por Maumejean: una de ellas con arreglo a un proyector de Néstor; las telas, de Mariano Fortuna y Madrazo, de Pérez Dolz y Victorina Durán; y los muebles, del Museo de Artes Industriales”.

En 1926, formando parte del Lyceum Club Femenino, realizó varias exposiciones de sus cuadros, batiks (una de las varias técnicas de teñido por reserva en donde se colorean tejidos y consiste en aplicar capas de cera sobre las regiones que no se desean teñir) y sus figurines para el teatro.

A principios de 1929, tras fallecer su padre en 1927, Victorina Durán Cebrián ganó por oposición la Cátedra de Indumentaria del Conservatorio de Música y Declamación, que estaba vacante por el fallecimiento del pintor Juan Comba.

Victorina Durán, que había sido a su vez alumna de la sección de Declamación y del propio Comba entre los años de 1913 y 1916, la ejerció hasta julio de 1937, fecha en la que obtuvo licencia para trasladarse con la compañía de Margarita Xirgu a Buenos Aires (Por la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de protección de datos de carácter personal nos ha sido imposible consultar su contenido. Tampoco hemos localizado su expediente de oposición. El Museo Nacional del Teatro. Almagro conserva el archivo personal de la figurinista).

Convertida en la primera mujer Catedrática de Indumentaria del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, comenzó a trabajar con Irene López Heredia, Lola Membrives y, sobre todo, con Margarita Xirgu y Rivas Cherif, desde 1931 realizando vestuarios y escenografías para esta compañía que se implantó en el Teatro Español durante varias temporadas.

Victorina Durán Cebrián  en una foto de la época

 

Participó también en la fundación del Teatro Escuela de Arte, T.E.A., donde se encargó de los decorados y los figurines.

Embozado

Exiliada tras el estallido de la Guerra Civil, en septiembre de 1937 comenzó su nueva vida en Argentina, encargándose del vestuario del teatro El Odeón, de Margarita Xirgu y de El Politama, de Irene López Heredia, además de otros como del Teatro Colón de Buenos Aires, donde también fue dibujante durante más de catorce años, y del Teatro Cervantes donde, además de trabajar como figurinista para su director, López Naguil, daba conferencias sobre indumentaria.

Óleo “Salida de misa”

En este período acaba su autobiografía titulada “Sucedió”, que está incompleta, pero se sabe por sus familiares que a partir de los años 60 vuelve a España y comienza a trabajar con Nati Mistral.

Realizó también otras dos memorias autobiográficas bajo los títulos de “Así es” y “El rastro de Madrid”, además de obras teatrales inéditas depositadas en el Archivo del Museo Nacional del Teatro de Almagro.

Fue depurada por el nuevo régimen. En el Archivo General de la Administración se conserva su expediente de revisión de depuración fechado en 1965.

Vista de Madrid. Óleo

En los 70 se dedicó en exclusiva a la pintura y a realizar exposiciones, siendo su trayectoria muy activa hasta que la enfermedad acabó con su vida, falleciendo en Madrid el 10 de diciembre de 1993.

Si bien no ha sido posible encontrar referencias a su pintura, desempeñó un papel fundamental en la renovación del teatro español, realizando una gran labor crítica y educativa sobre la plástica teatral. Formó a varios discípulos, nuevos profesionales que dieron nombre a la escena española, como Emilio Burgos y José Caballero, entre otros.

Molino

Mujer de Castilla

 

Algunas opiniones recogidas sobre la figura de Victorina Durán Cebrián, la describen así:

En palabras de Eduardo Baliari, Crítico de arte argentino, “Así es su vida. Un perpetuo ir descubriendo formas, colores y líneas…”

María Francias Olmedo de Cerda, Crítica de arte española  “Una mujer excepcional; espontánea, sincera, naturalmente sencilla y sencillamente natural. Victorina Durán es de las personas que dejan huella”.

Diego Grimoldi, Crítico de arte argentino “El nombre de Victorina Durán es sinónimo de invención permanente, de gracia elevada a la categoría de vivencia estética”.

Antonio Fernández Bordas, Director del Real Conservatorio Superior de Música y Declamación “La mujer que tiene talento y dedica su vida al estudio, llega a ocupar un puesto brillantísimo y la Srta. Durán es un buen ejemplo de mi afirmación”.

Presentación de Osvaldo Svanascini a Victorina Durán en su conferencia “La fantasía del mar” el 5 de agosto de 1954, “Para los que somos sus amigos, las interpretaciones siempre diferentes y sorpresivas de Victorina Durán, sus trabajos ya como escenógrafa, pintora o creadora, sus palabras de encanto o su simpática figura, nos acercan a una manera distinta de ver la vida. Para todos aquellos que no la conocen tanto como nosotros, diré solamente que Victorina es un poco de todo aquello que hubiéramos querido ser en nuestra vida: capacidad para la invención, nobleza frente a las cosas que forman los distintos enigmas del arte y, principalmente, una fabulosa entidad de sorpresas”.

Firmas autógrafas de Victorina Durán Cebrián

Biografía y webgrafía:

“Victorina Durán, escritora y artista del teatro de vanguardia”, Tesis doctoral de Eva María Moreno Lago. Doctorado en estudios filológicos de la Universidad de Sevilla. 2018

“Las enseñanzas teatrales en el cambio de siglo: la apertura de la Cátedra de Indumentaria en el conservatorio de música y declamación (1903-1922)”, por Guadalupe Soria Tomás y Ramón Gutiérrez Santos.

“Fomento artístico y Sociedad Liberal. Exposiciones Nacionales de Bellas Artes (1917-1936)”, Lola Caparrós Masegosa. Universidad de Granada. Universidad Nacional de Educación a Distancia. Granada, 2016

“Las inéditas. Voces femeninas más allá del silencio”, Yolanda Romano Martín y Sara Velázquez García (Coords.) Ediciones Universidad de Salamanca, mayo 2018

“La Exposición de Artes Decorativas de París de 1925”, Francisco Javier Pérez Rojas. Artigrama, nº 21. 2006 43-84

http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=131612&inventary=ES01755&table=FMUS&museum=MNT#dcId=1546552874182&p=5

https://idus.us.es/xmlui/bitstream/handle/11441/78965/TESIS%20INCOMPLETA.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

Distintas escenografías en acuarela de Victorina Durán Cebrián, conservadas en el Museo del Teatro, en la Red Digital de Colecciones de Museos de España

 

Restauración del Cartel del XI Salón de Otoño de 1931

Por

Sara Alonso Jiménez, Marina de Blas García y Lucía Sánchez Díaz

 

Cartel anunciador del XI Salón de Otoño de 1931, obra original de Ramón Gutiérrez-Santos, técnica mixta sobre papel de 102 x 82 cms.

 

La pieza a tratar es una obra de gran formato (102 x 82 cm), datada de 1931, cuyo autor es Ramón Gutiérrez-Santos. Originariamente fue realizada mediante técnica mixta sobre papel. La obra se encontraba en un estado frágil, aunque estable.

Sin embargo, su intervención debía ser inmediata. El cartel fue reentelado[1] con una tela sin preparación mediante un método acuoso –desconocido- que no dio buenos resultados y dejó a la vista grandes manchas en la obra por mala ejecución de la técnica. Además, produjo un destensado que probablemente se acrecentó por la mala conservación de la obra.

Tras realizar un exhaustivo examen visual y una posterior documentación fotográfica, encontramos los siguientes daños, que para su mejor comprensión se dividen en dos grandes grupos:

  • Deterioros presentes en el anverso de la obra: suciedad superficial, manchas blancas, restos de adhesivo, lagunas, desgarros, levantamientos y arañazos.
  • Deterioros presentes en el reverso de la obra: suciedad superficial, presencia de cintas adhesivas, manchas de pintura y diferentes materiales, falta de un borde y desgarros.

El desconocimiento de la técnica y materiales empleados al realizar la obra hacen que sea necesaria la realización de pruebas de solubilidad para evaluar su sensibilidad al agua, y en función de ello utilizar o no métodos acuosos en el proceso de restauración.

La primera dificultad con la que nos encontramos es que el cartel resultó ser soluble tanto al agua como a cualquier disolvente, por lo que la protección de la capa pictórica mediante un empapelado[2] -algo que habría sido ideal-  quedó descartada. De esta forma, comenzamos a realizar una limpieza mecánica del reverso de la obra con gomas de borrar -Staedler Mars Plastic®, Milan 1420® y Faber Castell 949265®-. Este proceso permite eliminar la suciedad superficial y el polvo acumulado. (Figuras 1 y 2).

Figura 1. Limpieza del reverso

Figura 2. Limpieza del bastidor con goma borrar

 

A continuación, retiramos unas cintas de carrocero adheridas al reverso que “protegían” los bordes de los rotos o desgarros, y asentamos de nuevo el papel con levantamientos al lienzo mediante adhesivo Benkola®[3] (Figura 3) y los unimos mediante una sutura de hilos de lino adheridos al reverso con Beva film®[4] (Figuras 4, 5 y 6). También adherimos parches de lino con el mismo adhesivo a las zonas que presentaban ausencias matéricas del soporte.

Figura 3. Adhesión del papel con adhesivo Benkola®

 

Figura 4. Adhesión de rasgados mediante la sutura de hilos

 

Figura 5. Adhesión de rasgados mediante la sutura de hilos

 

Llegados al punto en el que el reverso está tratado, nos planteamos quitar o no el marco y el bastidor para poder tensarlo. No obstante, esto supondría romper el marco por las juntas de unión y cortar los bordes del soporte al retirar el bastidor, ya que se encontraban adheridos a éste. Finalmente, se decide colocar cuñas e ir tensando poco a poco golpeándolas con un martillo. El resultado es estupendo, y la obra recupera su tensado original.

Esta nueva resistencia mecánica de la obra nos permite pasar a intervenir el anverso con mayor seguridad. Se vuelve a limpiar la obra con las mismas gomas, esta vez por la capa pictórica. (Figura 6)

Figura 6. Limpieza del anverso con gomas de borrar

 

El último proceso de restauración es la reintegración de las faltas pictóricas de la obra. Se prepara una masilla con estuco tradicional -adhesivo orgánico de cola de conejo y yeso mate de dorador-, que ira aplicado sobre estas faltas y una vez seco, podremos reintegrarlas cromáticamente con acuarelas, mediante puntos que completen ópticamente la intervención en el conjunto de la obra. (Figuras 7 y 8).

Figuras 7 y 8. Reintegración cromática de las lagunas de la capa pictórica

 

El resultado final del tratamiento es bastante positivo, ya que se ha recuperado tanto la lectura global de la obra y su significado, como su estabilidad física.

Anverso del cartel ANTES de su intervención

Anverso del cartel DESPUES de su intervención

 

Reverso del cartel ANTES de su intervención

Reverso del cartel DESPUES de su intervención

 

Esta restauración ha sido realizada por Sara Alonso Jiménez, Marina de Blas García y Lucía Sánchez Díaz durante los meses de octubre y noviembre de 2018 en la Asociación Española de Pintores y Escultores, bajo la atenta supervisión de Itziar Zabalza Murillo, Asesora del Presidente y tutora de las alumnas, en un proyecto de la Secretaria General de la entidad, Mª Dolores Barreda Pérez.

 

[1] El entelado, forración o reentelado es una técnica de restauración de pintura sobre lienzo. Se realiza cuando la tela original de la obra ha perdido sus propiedades mecánicas. Se realiza adhiriendo una tela nueva, previamente preparada y con unas características especiales para que se adecue a la obra.

[2] El empapelado consiste en cubrir la superficie de la obra con un papel protector (normalmente papel japonés o papel de seda) encolado mediante un adhesivo apropiado a las características de este. Es un proceso totalmente reversible.

[3] Adhesivo especial para papeles pesados y vinílicos reforzado con resinas

[4] Adhesivo film acrílico.

 

 

Carmen Rodríguez de Legísima

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

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CARMEN RODRIGUEZ DE LEGISIMA

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RODRIGUEZ DE LEGISIMA (Carmen Legisima)  P    1914  1896 LOUSADO VIGO/ORENSE      1980

Autorretrato (Diputación de Orense)

Carmen Rodríguez de Legísima (firmaba sus obras como Carmen Legísima) nació en 1896 en el Pazo de Lousado, en la parroquia de Loeda, concejo orensano de Piñor de Cea, en la comarca de Carballiño. Allí, aún se conservan los caballetes que sostenían sus lienzos y en los cuales expresaba todo su mundo interior.

Retrato de su padre

Era la hija pequeña de una familia numerosa acomodada, de juristas terratenientes y tradicional por conservadora y católica, en la que el padre, militar, se veía obligado a trasladar constantemente el domicilio desde las vecinas Tui, La Coruña, Vigo, etc. hasta que su jubilación permitió a la familia establecerse en el pazo de Lousado, en el municipio de Piñor de Cea.

Apunte del Monasterio de Oseira

Al fallecer sus padres y uno de sus hermanos, el resto de la familia se traslada a Vigo. Uno de sus hermanos se dedicó a la vida religiosa, llegando hasta las altas jerarquías y siendo nombrado conservador de los llamados Santos Lugares de Jerusalén.

Su hermano Eduardo Rodríguez de Legísima, fue el autor del proyecto y planos, y el supervisor de la construcción de la nueva iglesia de San Payo de Loeda, y otra hermana suya era también religiosa, motivo por el que la espiritualidad unida a la convicción religiosa de la familia, aportaron un gran influjo en su obra y su espacialidad.

Desde niña muestra interés por la meditación y el misticismo, lo que la llevan a trasladar esas inquietudes a través de la pintura, vocación que comparte además con otra de sus hermanas mayores llamada Matilde.

La desahogada situación económica de la familia permitió que Carmen estudiara magisterio en Madrid, si bien no ejerció nunca de maestra y aprendió a pintar de forma totalmente autodidacta. En esos años en la capital, consolida su vocación artística y se une a la Asociación de Pintores y Escultores.

En los años 40 comienza a ser reconocida como pintora, aunque en su Galicia natal esto no ocurre hasta los años 60.

De los retratos que salen de la mano de la pintora, el más aplaudido es “Mi hermana”, en el que aparece su hermana Obdulia dentro de su celda como monja y que presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1944 y por el que obtuvo una Primera Medalla de Plata.

Mi hermana

En el año 1943 realiza su primera exposición en la Sala Macarrón de Madrid, animada por el pintor Salaverría, un éxito que no esperaba y del que surgió una participación en otra muestra colectiva celebrada ese mismo año en Londres.

Entre 1945 y 1962 expuso ocasionalmente en Lisboa, Londres y Roma y participó en el XXXIX Salón de Otoño de 1968, con dos óleos de naturalezas muertas.

   

Bodegón con bandeja y  Bodegón con bandeja de plata

En 1965 volvió a exponer en la Sala Macarrón de Madrid, pero no fue hasta 1979 cuando realizó su primera gran exposición antológica, en el Caixavigo Hall, que volvería a repetirse en 1985, a título póstumo, en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Caja de Ahorros de Vigo, del 27 de mayo al 20 de junio, con motivo de la exposición monográfica a ella dedicada.

Pintó hasta los últimos días de su vida, pese a la cruel enfermedad que le inmovilizó todo el lado derecho del cuerpo y siendo diestra, aprendió a pintar con la mano izquierda para seguir creando hasta el final.


En familia

Falleció el 10 de julio de 1980 en Vigo. Sus restos descansan en el panteón familiar de Lousado.

El Pazo de Lousado conserva decenas de cuadros de Carmen. Retratos de familiares, de santos, de miembros de la iglesia, bodegones y flores y paisajes de pueblos de Piñor. Contiene además los retratos de su hermana Matilde, que como decíamos también compartía con Carmen la ilusión de la pintura, si bien nunca alcanzó el mismo reconocimiento que ella.

Bodegón de frutas

Bodegón del pan

Bodegón con porcelana

El historiador del arte especializado en la pintura española, Enrique Lafuente Ferrari, sentenció a Carmen, de quien dijo que era «La Solana Femenina».

Los retratos y bodegones de Carmen Legísima, como solía firmar sus obras, contienen  pinceladas pesadas y coloridas, características más destacadas en sus temas más recurrentes: el retrato y el bodegón.  Son éstos últimos humildes, sencillos, pese a estar repletos de flores y porcelanas.

El gato de la casa

Hay quien ha vinculado estos trabajos austeros, con los del barroco Sánchez Cotán, vislumbrando además un cierto parecido a las naturalezas muertas de Cézanne en cuanto a las gamas cromáticas y el tipo de pinceladas.

Esta mezcla de estilos convierte las obras de Carmen en algo dramático y dulce; inquietas y serenas… en donde la artista vuelca todos sus sentimientos.

Su obra se exhibe en el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid, en el Museo de Castrelos, en Vigo, y en colecciones institucionales y particulares.

Autógrafo de la artista

Florero

Flores

Lilas en florero de Sevres

Niña en la galería

Nocturno

Monasterio de Oseira

Pastora

Santa Teresiña

 

Segundo plástico gallego , Pintura en Galicia , Diccionario de mujeres gallegas,

Personajes ilustres de Piñor en la página del ayuntamiento y el archivo de la Colección de Colundivación.

Anselmo López Morales en la Gran Enciclopedia Gallega Silverio Cañada y la tarjeta del Museo de Bellas Artes de A Coruña.
Dolores Villaverde Solar Sinxeleza, espiritualidade e art…  Álbum de Mulleres .

Niña de la galería óleo / lienzo, 95×68 cm, expuesta en la Galería Francisco Fernández del Riego.

Crítica de Arte: «Acuerdo», por Miguel Ney Alcántara

Por Irma González Collazo

Graduada en Historia del Arte por la USC, especializada en mercado del arte

 

“ACUERDO”  POR MIGUEL NEY ALCANTARA

                              MEDALLA DE PINTURA EDUARDO CHICHARRO DEL                              

85 SALON DE OTOÑO DE LA AEPE

“Acuerdo” (acrílico/lienzo, 195x 195), de Miguel Ney Alcántara, forma parte de la exposición presentada en el Salón de Otoño 2018, certamen más antiguo y prestigioso de España que cuenta con el patrocinio de la entidad sin ánimo de lucro MAXAM y es acogido por el Centro Cultural Casa de Vacas.

Alcántara presenta una obra que se mueve entre el surrealismo y la abstracción, pero no de forma íntegra. Como protagonista del conjunto, un batiburrillo de objetos dirigido por una masa negra instalada en la parte superior central, que parece engullir al resto de elementos del grupo caótico.

Ese extraño ser o pseudoparca, que simboliza la muerte, forma parte del imaginario colectivo desde las antiguas civilizaciones, que la plasmaban en sus testimonios artísticos en un intento de acercarse y comprender ese final inequívoco para todos, el hecho inevitable del paso del tiempo, como en las obras El triunfo de la muerte de Pieter Brueghel o Vida y Muerte de Gustav Klimt. Evoca, en parte, a la tradición barroca de las vanitas, donde se unían lo efímero y terrenal en un intento de mostrar lo banal de todo lo mundano. Todo ello enfrentado con el concepto sólido y espiritual de la muerte, su presencia inminente y la fragilidad humana. En términos contemporáneos, ese ser oscuro recuerda a los temibles dementares de la saga Harry Potter, que asolaban y provocaban tristeza a su paso, o al protagonista de Alíen: El octavo pasajero.

El triunfo de la muerte. Pieter Bruegher, 1562

En la parte derecha, un grupo de perros encerrados por la valla. El mejor amigo del hombre siempre ha ocupado un papel importante en el arte, aunque en pocas ocasiones principales. Ya en el Antiguo Egipto se representaban asociados al dios Anubis en bajos relieves, y en el Imperio Romano aparecían en murales, pinturas o monedas. En el famoso cuadro de Van Eyck, El Matrimonio Alnorfini, su bonito pequinés simboliza la fidelidad matrimonial. Hoy, también es una figura recurrente a representar, muestra de ello es el celebérrimo Balloon Dog de Jeff Koons.

Junto a los cánidos, el árbol sin hojas, sin vida, que se asemejan a los pintados por Dalí en Cisnes reflejados como elefantes o a los románticos de Friedrich en La Abadía en el robledal. Un pájaro, posado en una de sus ramas, interactúa con uno de los perros. Los pájaros siempre han gozado de gran fama en cuanto al vaticinio. Con su sola presencia pueden traer buenas o nefastas noticias del futuro.

Vida y Muerte. Gustav Klimt, 1910

Desde la antigüedad son percibidos como almas, metáforas y signo de bendición o maldición para el ser humano.

La superficie que sujeta estos grupos pictóricos, consiste en un entramado bicolor que parece moverse en un tono ondulante, aportando sensación de volumen al conjunto.

El matrimonio Alnorfini. Jan van Eyck, 1434

Abadía en el robledal. Friedrich, 1809

Alrededor de la composición, lo que parece ser una pared en tono aguamarina luminoso. De este modo, aporta luz a la composición. Con ella, esas amapolas blancas florecen en un ambiente angustioso y la larva del centro derecha se convierte en mariposa al otro lado, en su proceso de metamorfosis vital.

Con esta obra, Miguel Alcántara, se alza con el Premio al talento Joven Encuentro y la Medalla de Pintura Eduardo Chicharro. Una amalgama de surrealismo y abstracción en la que juega con conceptos y motivos típicos de la tradición popular de la historia del arte. Muerte y vida se entrecruzan en un amasijo tétrico de libre interpretación, que cobra uno u otro significado a los ojos del espectador.

José Gabriel Astudillo, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, entrega a Miguel Ney Alcántara la Medalla de Pintura Eduardo Chicharro del 85 Salón de Otoño. El artista además, fue galardonado con el Premio Encuentro al Talento Joven de  la Inmobiliaria Encuentro

Crítica de Arte: «Atardecer en la Gran Vía», por Cristóbal Rodríguez-Sahagún

Por:

Irma González Collazo: Graduada en Historia del Arte por la USC, especializada en mercado del arte.

Ariadne Irene Vaiopoulos del Ama: Graduada en Conservación y Restauración por la UCM, especializada en mercado del arte.

 

“ATARDECER EN GRAN VÍA”

POR CRISTOBAL RODRÍGUEZ-SAHAGÚN ALESSANCO

II MEDALLA DOWN MADRID DEL 85 SALON DE OTOÑO DE LA AEPE

Cristobal Rodríguez-Sahagún Alessanco. Atardecer en Gran Vía. Óleo sobre lienzo. Medalla de Pintura Down Madrid

 

Tonalidades de un cielo púrpura se funden a manchas con el ajetreo taciturno de Madrid. Esta mirada personal de una de las partes más emblemáticas de la ciudad, solucionada a base de pinceladas sueltas con una vista aérea de una de las partes más emblemáticas de la capital española. Los habitantes y visitantes se mueven cual motas vibrantes, del mismo modo, los coches avanzan por la Gran Vía dejando tras su paso, simples haces lumínicos. Con una sola mirada, envuelve al observador en el caos y ruido, propio del núcleo urbano.

En cierto modo, evoca a eso sutiles toques de pincel que empleaba Pissarro antaño, cuando representaba sus adoradas escenas de la vida parisina en Boulevard de Montmartre, 1897. La obra realizada por Cristóbal Rodríguez lleva a cabo un trabajo de profunda inspiración con el resultado obtenido por su antecesor impresionista. No solo por plasmar una de las calles principales de cada ciudad sino por la forma en que lo desarrolla.  Una posible interpretación revela la obra del artista actual como momento previo al paisaje nocturno, que acoge como su musa. Ambas obras pueden interpretarse como estudios de sensaciones lumínicas. El modo de representar las luces, bebe de una forma directa de esas pinturas parisinas tan representativas de finales del siglo XIX.

Camille Pissarro. The Boulevard Montmartre at Night, 1897

Resulta sencillo pensar que ese instante en el que el sol se oculta dejando paso a la noche, y con ella, silencio y oscuridad plena, hecho que, en verdad, provocará un cambio de ambiente. El atardecer es sinónimo de calma, pero el artista anticipa que lo que se avecina es lo contrario

La tonalidad varía de la zona inferior del lienzo a la superior, se enfría.  La gama más gélida del cielo da paso al tono anaranjado, propio del crepúsculo, y reflejada en los edificios y luces que conforman la escena. Con todo, permite la presencia de colores fríos en algunos tejados, eclipsados por la calidez de la composición.

Aporta al espectador una mirada opuesta respecto a la obra, también presente en la exposición, Vista de Cibeles de Antonio Téllez de Peralta, a través de una vista aérea del mismo punto urbano en el que, en este caso, la vista de la urbe se transforma dando paso a la deshumanización, al silencio, de una ciudad caracterizada por el constante ir y venir de sus habitantes y turistas curiosos. Mientras que en la primera existe un continuo fluir, del que la paleta cromática se hace eco, en contraposición, el trabajo de Téllez de Peralta congela un instante en el tiempo de un Madrid idealizado. Es inevitable la sensación de realidad provocada por una interpretación realista sujeta a tendencias de artistas como Rafael o David, en su época. Pero no es posible obviar la existencia del matiz naturalista implícito en el realismo, obteniendo como representación más fidedigna, la composición de Cristóbal, liberada de utopías.

Antonio Téllez de Peralta. Vista de Cibeles. Óleo sobre tabla

Es, por lo tanto, una obra que traslada inconscientemente al público a un día cualquiera del Madrid veraz, provocando múltiples sensaciones. Puede ser observada durante largo rato, imaginando miles de historias, momentos que podrían estar ocurriendo en esta bella estampa. Produce una sinestesia generada por la gran masa, por los coches, dando lugar a sonidos inexistentes que escapan de cada pincelada. No es un simple paisaje vacío pero bonito, combina a la perfección la estética con el sentimiento plasmado en el procedimiento pictórico desarrollado y en la conmoción subjetiva que es capaz de generar.

En conclusión, es una obra pictórica que a primera vista podría pasar desapercibida, pero en un momento de hondo análisis y meditación, muestra como el arte actual no difiere tanto de la producción anterior, con la cual sigue dialogando. La inspiración profunda en el movimiento impresionista sumado a las vivencias personales del autor ha dado lugar a una labor con carácter, propia de cualquier artista del París del XIX.

José Gabriel Astudillo (AEPE) y José Luis Rodríguez (Down Madrid), entregaron a Cristóbal Rodríguez-Sahagún la Medalla de Pintura Down Madrid del 85 Salón de Otoño

 

Imagen 1: Catálogo del LXXXV Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Pp: 29

Imagen 2: Página web de la National Gallery of London. https://www.nationalgallery.org.uk/paintings/camille-pissarro-the-boulevard-montmartre-at-night

Imagen 3: Catálogo del LXXXV Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Pp: 93

Entrevista a Ricardo Sanz

Por Sara Alonso

Nos encontramos frente a un reconocidísimo retratista a nivel nacional e internacional: Ricardo Sanz. Es un pintor donostiarra que desde pequeño sintió la influencia del mundo del arte en su propia familia. Se inició con temprana edad siendo su maestro José Camps, al mismo tiempo que continuaba sus estudios de licenciatura. Los siguientes años prosiguió su aprendizaje con destacados pintores en París e Italia, hasta instalarse en Madrid.

Su estilo, por tanto, está enormemente influido por sus maestros así como los impresionistas vascos y franceses y los más grandes pintores clásicos: Velázquez, Van Dyck, Rembrant…

En cuanto a técnica, refleja un control perfecto del dibujo. Utiliza una pincelada moderna que nos desvía de los retratos clásicos para embelesarnos con un aire renovador; en la que los efectos de la luz y los colores nos muestren la majestuosidad de las personas retratadas.

¿En qué momento supiste que querías dedicarte al arte? ¿Qué fue lo que más te motivó para llevarlo a cabo?

Desde niño me ha atraído mucho el arte en general, pero fue en la adolescencia cuando empecé a dibujar y vi que no se me daba mal. A partir de ahí acudí a clases con un pintor de San Sebastián, José Camps, y dibujando y pintando descubrí que me gustaba cada vez más y más. En ese momento empecé a ver  la pintura y otras muchas cosas que me interesaban. Por aquel entonces yo no sabía que iba a ser pintor, simplemente me gustaba y lo hacía… Fue un poco después cuando decidí que yo iba a ser pintor y que no me quería dedicar a otra cosa; porque yo estudié historia e historia del arte pero estaba convencido de que iba a ser pintor, y sabía que iba a tener éxito.

¿Ha habido algún momento en que te planteaste dejar la pintura y dedicarte a algo relacionado con las licenciaturas que estudió?

No, nunca he tenido dudas.

¿Qué consejo podrías darle a alguien que quiere ser artista y no cuenta con el apoyo o la motivación necesaria para lanzarse a serlo?

La motivación personal es imprescindible. El oficio es muy importante; el aprender a dibujar y pintar. A parte cada uno desarrolla su propia personalidad, pero esa base es necesaria.

En mi caso mi familia me apoyó siempre, ellos querían que yo fuera pintor. En aquellos momentos el arte se vivía más, creo que a la gente le gustaba más el arte. Hoy en día hay tantas cosas que la gente se dispersa.

El vínculo con el arte creció en ti desde pequeño, sin embargo, a lo largo de toda tu andadura artística, ¿ha habido momentos en los que has sentido que la presión era demasiada? ¿Has tenido miedo a no dar lo que la gente esperaba?

Yo creo que no. Todos los pintores pasamos por crisis, a veces siento que no me gustan las cosas que hago en el momento y hago otras… Es algo natural en un pintor, pero no porque piense en la gente sino en mí mismo.

Los fondos de sus retratos enmarcan la figura de una manera tan magistral hasta el punto de parecer imprescindibles para entender la propia obra. ¿En qué te basas para elegir los colores?

El fondo es imprescindible, de hecho, a veces es lo más difícil de hacer.

La elección de colores me sale de dentro, realmente me resulta muy difícil explicar por qué hago las cosas.

En mis fondos soy bastante abstracto. Lo figurativo lo muestro por ejemplo a través de un desnudo, y sin embargo, al ocultar la figura el cuadro se vuelve abstracto. Las pinceladas nunca están dadas casualmente, están dadas para que resalte más la figura.

¿Consideras que tu técnica es necesaria para entender el resultado final de la obra?

Sí, sin duda. La técnica es útil como herramienta, a parte está mi personalidad. Como te comentaba al principio creo que un buen pintor ha de conocer la técnica y tener buen oficio para poder ser más libre y llegar a expresarse mejor.

Como futura restauradora he de preguntarle por el innegable paso del tiempo que afecta a toda obra. ¿Te has planteado si ese deterioro aumentaría el significado de la misma y por tanto está ligada a ella o sería un factor a tratar/eliminar?

El tiempo da valor a las obras y yo lo mantendría a no ser que fuera algo muy sucio. Creo que le da un toque especial.

¿Qué te llevó a hacerte socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores?

Principalmente es una acción de apoyo al arte, ya que no contamos con ayudas de nada menos que un mínimo de unión y apoyo entre nosotros.

¿Qué opinas sobre la función de la Asociación para impulsar y conservar el arte a nivel nacional?

Hace muchísimo para las ayudas que tiene, creo que es una asociación que se mueve mucho y hace bastantes cosas para la economía con la que cuenta.

Rafael Botí Torres recibe la Medalla de Honor de la AEPE

En un acto celebrado el pasado día 21 de diciembre en la sede institucional de la AEPE, el benefactor y altruista madrileño Rafael Botí Torres recogió la “Medalla de Honor”, que le fue otorgada de manos de su Presidente José Gabriel Astudillo, en reconocimiento a su labor de coleccionista, mecenas, y emprendedor que ha dedicado toda una vida al fomento del arte y la cultura.

Momentos antes de comenzar el acto, en el despacho presidencial, de izquierda a derecha: Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, junto a Rafael Botí Torres, José Gabriel Astudillo, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores y Juan Manuel López-Reina, Vicepresidente de la AEPE

                            

Repleta de asistentes, entre los que se encontraban numerosos socios y amigos, así como diferentes personalidades del mundo del arte y la cultura como Tomás Paredes, el Director del Museo de Bellas Artes de Córdoba, José María Palencia, el que fuera director del Instituto Cervantes, crítico de arte, comisario y poeta Juan Manuel Bonet Planes, numerosos socios, amigos y público en general, transcurrió un acto emocionado en el que a modo de introducción, la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, realizó un breve recorrido por la biografía casi desconocida del mecenas, especialista en la obra de Rafael Botí Gaitán y de Daniel Vázquez Díaz, y que sigue realizando actividades culturales en las que difunde a estos y a otros muchos artistas.

El homenaje espontáneo, nacido del corazón de todos los que forman la Asociación Española de Pintores y Escultores hizo especial hincapié en los valores humanos que siempre han rodeado a la persona de Rafael Botí Torres.

José Gabriel Astudillo lo reflejó muy acertadamente cuando expresó que Rafael “une a su cualidad de mecenas y benefactor, la de académico: su vida ha sido una perseverante investigación de toda aquella  manifestación artística relacionada con la obra de su padre, que le apasiona, logrando la excelencia y la fama por sus estudios al respecto. Como promotor cultural, ha depositado todo su talento y su energía en detectar, impulsar y hacer brillar las obras de los demás”

Y sobre todos estos valores, Astudillo destacó que “en realidad, su trabajo constituye también toda una auténtica obra de arte, porque sin él, sin su empuje e iniciativa, muchos talentos permanecerían ocultos toda la vida y nos privarían, a quienes disfrutamos a diario de la cultura, del placer de conocerlos.

Tras la imposición de la Medalla de Honor, el homenajeado quiso también dirigir unas palabras a los asistentes, pero la emoción lo embargó hasta el final y sólo pudo agradecer el honor de un reconocimiento de una institución tan prestigiosa como la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Tras recibir la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Rafael Botí Torres firmó en el Libro de Honor de la AEPE, bajo la atenta mirada del Presidente, José Gabriel Astudillo.

Y finalmente, firmó el acta de donación del cuadro titulado «Desde mi ventana», de Rafael Botí Gaitán, que ha donado a la AEPE y figura ya inscrito e inventariado en el patrimonio de la entidad.

Como en otras ocasiones, por lo entrañable de las palabras que a modo de introducción realizó Mª Dolores Barreda Pérez, palabras que emocionaron no sólo al homenajeado, sino a todos los asistentes, y por la encendida defensa de su perfil humano, reseñamos a continuación la intervención de la Secretaria General:

Rafael Botí Torres (1930) nació en Madrid, aunque no puede olvidar la Córdoba natal de su padre a la que ama como a una hija.

Hijo único del músico y pintor Rafael Botí Gaitán y de Isidra Torres Lerma, naturales de Córdoba.

Durante los primeros días del conflicto, su casa de Madrid, situada en la Calle Gobernador, 21, frente al Jardín Botánico, es semidestruida en un bombardeo.

La familia Botí se desplaza a Manzanares, en Ciudad Real, donde su padre ejerció como Profesor de Dibujo y como Bibliotecario en un Instituto de Segunda Enseñanza.

Terminada la Guerra Civil, la familia regresa a Madrid, en donde aunque pequeño, nuestro Rafael comparte el ambiente artístico y cultural que rodea a su padre, acercándose a figuras como Vázquez Díaz, José Caballero, la Duquesa de Alba, Sáez de Heredia, Micaela Amaya “La Chunga”, José Camón Aznar, Antonio Manuel Campoy, Marino Gómez-Santos, Elena Flórez,….en tertulias y visitas en las que acompañaba a su padre, que de niño lo llevaba a todas partes, yendo de su mano a los estudios de todos sus amigos.

Así, tuvo la dicha de ser un niño que jugaba entre los lienzos y pinceles de Vázquez Díaz, los hermanos Solana y otros grandes artistas amigos de la familia.

Según él mismo ha declarado, posó mucho para Vázquez Díaz entre los años 50 y 55. Lo hacía en su estudio, los domingos por la mañana y allí lo pasaba de maravilla.

Por este motivo, ha vivido toda su vida rodeado de arte y de artistas.

Por eso, podemos decir que lleva el arte dentro.

Desistió de pintar desanimado por su progenitor, ya que según ha declarado en alguna ocasión, su padre le dijo: «Mira, niño, dedícate a otra cosa que Dios no te ha llamado por ese camino»…

A fuerza de batallar por reivindicar la figura paterna, de invertir trabajo y dadivosidad a favor de Rafael Botí padre y de Vázquez Díaz, muy poco sabemos en realidad de Rafael Botí hijo.

Rafael Botí Torres estudio Economía y trabajó en la Banca, con categoría de Director de Sucursal.

Agente de la Propiedad Inmobiliaria, empresario y emprendedor, editor de numerosas obras sobre el arte, director de la Sala del Banco de Córdoba en Madrid, promovió la difusión del arte de los andaluces y, en general, del arte español comisariando exposiciones y escribiendo textos para catálogos.

Miembro de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte

Miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte

Miembro de la Asociación Española de Escritores y Artistas

Ha luchado incansablemente, y lo sigue haciendo, por la difusión y trascendencia de la obra de su padre, el músico y pintor Rafael Botí Gaitán.

Lucha que se materializó en la adquisición de parte de sus obras por la ciudad de Córdoba, a través de su Diputación provincial, ya que había apoyado al artista en vida con la concesión de diferentes becas.

La necesidad de gestionar este legado es el germen para la creación de la Fundación provincial de artes plásticas Rafael Botí, de la que nuestro Rafael es Miembro del Consejo Rector, además de Miembro de su Comisión Técnica.

Sus desvelos y trabajos culturales y artísticos le llevaron a la Vicepresidencia de la Academia Libre de Arte y Letras de San Antón.

Es además Socio de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores

En el año 2010 fue nombrado Hijo Adoptivo de Torrelodones (Madrid), donde organiza el “Certamen de Pintura en Directo Rafael Botí”

En el año 2012 fue nombrado Académico de Honor de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba

En 2016, y coincidiendo con la celebración del día de Andalucía, recibió la insignia de oro y plata y Diploma de Honor del Real Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario de Córdoba.

Como coleccionista de obras de arte, con predilección por las de Vázquez Díaz, y José Caballero, Rafael Alberti, Antonio Cobo y otros muchos pintores maestros en los que ha centrado su difusión, es el máximo especialista, experto  y conocedor de la obra de Vázquez Díaz y de Juan Antonio Morales

Su generosidad es bien conocida por la donación de obras de Vázquez Díaz y de Rafael Botí, y por el préstamo de otras muchas para su exhibición en importantes exposiciones pictóricas.

En la actualidad, colabora siempre que es convocado, como Miembro de Jurados de premios, certámenes y bienales.

Enamorado de Córdoba, pasión que comparte con su esposa, reparten su tiempo entre Madrid y esta ciudad en la que posee una vivienda junto a los jardines de Los Patos, muy cerca del palacete que perteneciera a Manolete, y que a su padre le habría encantado, por lo mucho que a él le gustaban los toros.

Allí miran también el patio de la Calle Isabel II, en el que sus padres se conocieron y en el que por iniciativa propia, logró ubicar una placa alusiva al pintor y músico cordobés como reconocimiento del que fuera su hogar.

Rafael es discreto, elegante, una excelente persona. No habla mal de nadie, no falta nunca a nadie, es generoso, amigo de sus amigos, paciente, luchador, optimista y creyente fiel de la realidad de las cosas.

Sincero y sensato, lo único que le hubiera pedido a la vida después de tantos sacrificios compartidos con su esposa Dely Blanco, presente en este homenaje como no podía ser de otra manera, es tener descendencia, pero echando mano de su optimismo, eso también lo han arreglado, haciendo hija a la hermosa ciudad de Córdoba, de la que ambos están completamente enamorados, y no sin razón, me consta.

Al realizar este perfil, creo que la AEPE no puede ocultar su alegría y entusiasmo por otorgar hoy esta merecida Medalla, un honor que debe convertirse en estímulo cargado de pleno y consciente sentido de responsabilidad que todos compartimos con Rafael.

Gratitud y reconocimiento son los sentimientos que en este momento nos embargan a la hora de pensar en Rafael y analizar el devenir de su vida, rodeado de arte y de artistas y de vivencias que han sido constante preocupación en su vida.

Constituye no sólo un noble hábito, sino un obligado gesto el reconocimiento y recuerdo de las virtudes humanas y valores artísticos de un mecenas como Rafael. Estoy convencida de que todos los aquí presentes, todos los que te conocemos, corroboramos el sentimiento generalizado de quienes te hemos tratado, destacando tus afables dotes personales y tu extraordinaria vocación altruista.

Nos gustaría que este acto constituya para todos el recuerdo de tu figura, nobilísimo arte y una ejemplo de energía y fecundidad al servicio de los demás.

Etimológicamente el término proviene del nombre del famoso consejero de Augusto, Mecenas, protector de las letras y de las artes, que implica una idea y conciencia del arte como realidad que incluye unos valores y unos sentimientos de amor y generosidad como los que encarnas.

Estamos acostumbrados a entender el mecenazgo como un amor por las letras y las artes que se manifiesta en forma de acción de estímulo y ayuda de gobiernos y de hombres ricos y poderosos. Incluso hoy en día, esa generosidad está ligada a motivos utilitarios de poder, de prestigio social y de otro tipo de iniciativas de los grandes grupos industriales y económicos.

En el caso de Rafael, debemos entender el mecenazgo como misión, tal y como nos advertía en su momento el propio Ortega y Gasset.

No pretendo en esta introducción acumular sólo datos de un currículo de Rafael Botí Torres. Creo que era indispensable presentar aquí un apretado perfil humano de quien se ha pasado la vida difundiendo con eficacia el legado de los demás.

Al rememorar su presencia activa en todo tipo de actos de difusión de otros pintores, destacaremos sobre todo la fecunda labor que viene realizando en la ciudad de Córdoba, en la Fundación que lleva los apellidos de su padre. Una Fundación que intenta de forma cíclica renovarse y transformarse en una institución sólida y a la altura, y que tanto hace en el campo de las artes.

Desde la AEPE, desde AECA, podemos dar fe de los esfuerzos realizados en épocas de bonanza y de crisis para cumplir las ilusiones y los sueños de su fundador, contando siempre, eso sí, con su extraordinaria generosidad a la hora de ceder obras en beneficio y consecución de este fin.

Me resulta indispensable vincular el entusiasmo que ha puesto en realizar publicaciones de gran calidad que rememoren el importantísimo trabajo de los pintores, en realizar exposiciones antológicas, temáticas, y una fecunda labor que se acompaña de múltiples gestiones y trabajos cuyo detalle oscuro, laborioso, callado, no cabe aquí.

Me he resistido con todas mis fuerzas a hablar en esta introducción de Rafael Botí Gaitán como artista, no así como padre y amigo, y de Daniel Vázquez Díaz, puesto que hoy el protagonista indiscutible y absoluto de nuestro reconocimiento es Rafael Botí Torres. Él sólo y por él mismo. Por su trabajo, y su personalidad.

La callada memoria del olvido debe ser devuelta y recordada para homenajear a Rafael Botí Torres.

Por eso quiero proclamar que Rafael Botí Gaitán será por siempre el maestro y pintor cordobés por excelencia del siglo XX, pero tú, Rafael, sólo tú, serás únicamente nuestro Rafael, con entidad propia más allá de la memoria de tu amado padre, nuestro Rafael más allá de posibles comparaciones o referencias, nuestro Rafael más allá de quienes te asocien únicamente a él.

Tú serás ya por siempre el Rafael de la Asociación Española de Pintores y Escultores que hoy te agradece una vida entera dedicada al arte y los artistas.

Felicidades y muchas gracias

 

A continuación, el Presidente entregó la Medalla de Honor a Rafael Botí Torres, quien la recibió emocionado y dirigió unas palabras a los asistentes en las que sólo pudo agradecer el honor y declararse feliz y emocionado por el hecho de estar allí, y saberse de verdad objeto de una atención tan especial.

Las palabras del Presidente fueron:

Queridos socios y amigos:

Hacemos esta tarde un hermoso acto de reconocimiento a la generosidad.

La AEPE siempre ha sabido reconocer todas las disciplinas que conforman las Bellas Artes: la formación de una base sólida, la selección de la mejor materia prima, la suma de destrezas y buen gusto, la búsqueda de la belleza, en suma, el aroma que, como la cultura, caracteriza a una prestigiosa entidad como la nuestra.

En los últimos años la AEPE ha sabido reescribirse: con decisión firme y vocación de servicio bien demostrada, ha apostado sin ambages por la pintura y la escultura, dos de las más nobles entre las Bellas Artes, para convertirse en el catalizador del arte y los artistas en Madrid y en toda España.

En un siglo tan agitado como en el que nos ha tocado vivir, este reconocimiento al mérito que hoy otorga la AEPE es también una invitación a detenerse en una biografía ejemplar, en esa parte inmutable de la vida que es la inquietud artística. No hay más que mirar su rostro para descubrir la suma de facultades, afán y trabajo que representa y que hoy se concentran en esta Sala “Eduardo Chicharro”.

Las Bellas Artes requieren el impulso generoso y apasionado de los mecenas y de quienes trabajan en beneficio de la cultura sin esperar nada a cambio. Por eso reconocemos hoy la labor de Rafael Botí Torres, que ha dedicado su vida al estudio y la difusión del arte, presentando una atención especial a la obra de su padre y a la de su maestro, Vázquez Díaz, a través de todo tipo de trabajos y desvelos, actividades, y por cuantos medios han estado a su alcance.

En la AEPE abundan los mecenas y benefactores culturales, ya que como sabéis, todos los miembros de la Junta Directiva trabajamos por amor al arte.

De igual forma, Rafael une a su cualidad de mecenas y benefactor, la de académico: su vida ha sido una perseverante investigación de toda aquella  manifestación artística relacionada con la obra de su padre, que le apasiona, logrando la excelencia y la fama por sus estudios al respecto. Como promotor cultural, ha depositado todo su talento y su energía en detectar, impulsar y hacer brillar las obras de los demás.

En realidad, su trabajo constituye también toda una auténtica obra de arte, porque sin él, sin su empuje e iniciativa, muchos talentos permanecerían ocultos toda la vida y nos privarían, a quienes disfrutamos a diario de la cultura, del placer de conocerlos.

Por eso hoy reconocemos y galardonamos a uno de esos grandes exponentes de la promoción cultural, a Rafael Botí Torres.  Toda su vida ha sido un esfuerzo constante por acercar al público el arte y la creación cultural. La divulgación pictórica de la obra de su padre, y de su maestro, es la pequeña muestra de cómo ha logrado contagiar su pasión pictórica a tantos ciudadanos, a través de la generosidad extrema y gracias a la perseverancia de una vida dedicada a ello.

Rafael Botí Torres es un modelo de conducta para la sociedad; un alma que ha logrado superarse en la conquista de la excelencia, haciendo de su trabajo una transmisión y difusión de la pintura y del arte que no puede pasar inadvertida.

Pero hoy Rafael no está aquí como representación ni como difusor de la obra de otros artistas, sino que está con nosotros por ser reconocido como un gran filántropo y una excelente persona. Está aquí por méritos propios y no cabe hablar más que de él.

Decía la Secretaria General en su nota biográfica, que no quería hablar más que estrictamente lo necesario del pintor Botí y de Vázquez Díaz. Efectivamente, hoy el único protagonista aquí es Rafael, cuya forma de ser, cuya bondad y  cuyo perfil humano le ha granjeado el cariño y el agradecimiento de cuantos estamos en esta sala, de los que no están, de los cordobeses, de los españoles, de todos los que amamos el arte y alabamos la generosidad de su vida.

El esfuerzo que hoy reconocemos no caerá en saco roto. Porque toda una vida entregada a las Bellas Artes es una enorme fuente de fecundidad y riqueza para toda la sociedad, y es, además, un orgullo para todos los españoles, para todos los artistas y para esta Asociación Española de Pintores y Escultores que hoy te aplaude.

Hoy es un día para celebrar. La Asociación Española de Pintores y Escultores está de fiesta y este acto de entrega de la Medalla de Honor es una buena muestra del espíritu de agradecimiento y de servicio que vivimos en esta centenaria institución a la que me gusta llamar casa de todos.

Hemos aprendido de nuestros predecesores -y hoy lo vemos encarnado en Rafael- a trabajar con alegría y con afán de ayudar a los demás, al servicio del arte y de los artistas. Probablemente todos me habéis oído decir que cada día nos empeñamos en que la AEPE sea uno de los mejores lugares del mundo en donde reconocer el arte y la creación. Estoy persuadido del privilegio que tenemos quiénes cada día compartimos una misión tan relevante en servicio de la sociedad.

Por supuesto, los obstáculos no nos faltan: así ha ocurrido en el pasado y así seguirá sucediendo en el futuro, en medio de las tormentas se descubre el temple de los buenos marineros. Y ahora podemos estar contentos porque las circunstancias del entorno nos hacen ver que ni podemos ser mediocres, ni podemos vivir instalados en la cultura de la queja.

Pero mis palabras deben ser fundamentalmente de felicitación y agradecimiento a Rafael Botí. Hoy recordamos la suma de muchas tareas sencillas, silenciosas, calladas, realizadas con el empeño de servir: a la memoria de su padre, a la del maestro Vázquez Díaz, a la de ciudades como Córdoba, Nerva, Jaén, a empresas y fines de todo tipo relacionados siempre con el mundo del arte… a la de nuestra propia entidad y a la de otras muchas instituciones.

En un gesto más de generosidad y altruismo, Rafael nos ha hecho llegar la obra que aquí exhibimos del pintor Rafael Botí Gaitán, cuya donación a esta Asociación Española de Pintores y Escultores quedará reflejada en el acta que a continuación firmaremos para que quede ya por siempre unida a nuestra institución, en un acto que nos abruma y recuerda la grandeza de quien hoy homenajeamos.

Por esta ingente tarea, llena de coraje y magnanimidad, la Asociación Española de Pintores y Escultores te manifiesta su reconocimiento y su gratitud. Rafael: te quiero dar las gracias, en nombre de todos, porque con tu compromiso, con tu capacidad de superar las dificultades con paciencia, ingenio y creatividad, has contribuido a plasmar el espíritu que da vida al acto creativo y al arte.

El amor al trabajo bien hecho, el afán de descubrir la verdad y darla a conocer, la lealtad, el ambiente de afecto y preocupación por los demás, son rasgos de ese espíritu fundacional -que enseguida perciben quienes se acercan a la AEPE- y que son reales porque muchas personas como tú se empeñan en vivirlos cada día.

Además de felicitarte y de agradecerte que hayas hecho tuyos los fines y los proyectos de nuestra entidad, quiero decirte que tu espíritu de servicio es una fuente de inspiración para quienes trabajamos ahora en el difícil mundo del arte y la cultura.

Llevas toda una vida luchando por difundir el arte de los demás, el arte de muchos artistas y lo has hecho trabajando cada día con ahínco, no por vanagloria, sino por servir mejor a los demás, al arte, a los artistas, enseñando con el ejemplo y con la palabra, con toda tu vida, mediante publicaciones, textos, exposiciones, premios, certámenes, en definitiva, con logros repletos de beneficios para los creadores y para toda la sociedad.

Las instituciones, como las personas, se hacen mejores cuando se acostumbran a dar las gracias a quienes las sirven con lealtad. Esta entrega de la Medalla de Honor es, por tanto, un bien para todos y no sólo para el galardonado.

Por esta vida dedicada a preservar la memoria de los artistas, nuestra Junta Directiva ha acordado concederte la Medalla de Honor. Quienes hoy te acompañamos –y otras muchas personas que no han podido acudir- te felicitamos de todo corazón, y nos unimos a tu alegría y grandiosidad. Muchas gracias.

       

     

Lucía Velarde de Castro

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

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LUCÍA VELARDE DE CASTRO

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VELARDE DE CASTRO, Lucía    P    1911     1881    MADRID     MADRID

Lucía Velarde de Castro nació en Madrid en 1881. Al menos así consta en los archivos de la Asociación Española de Pintores y Escultores, a la que se asoció en el año 1911 haciendo constar que era pintora, si bien por las crónicas de la época, sabemos que era miniaturista.

Hija del poeta José Velarde Yuste y de Lucía de Castro y Hernández Pinzón.

Vivían en la calle Jorge Juan, Nº5, cuarto bajo, hasta que en 1892, cuando la pintora contaba con 11 años, falleció su padre, a la prematura edad de 43 años, dejando viuda y siete hijos: Dolores, Lucía, Agustín, Alfonso, José, Patrocinio, y Rafaela, en una situación económica complicada y difícil.

La prensa recogía la noticia haciendo constar aún más “el dolor de la pobre viuda, Doña Lucía de Castro y Hernández Pinzón que el mismo día que enterraban a su marido, veía morir a su último hijo, una niña de cuatro o cinco meses.

Dos de sus hermanas fueron Religiosas Reparadoras (con los nombres de María del Rocío y María de la Virgen de las Virtudes). Su hermano Alfonso fue redactor del periódico El Correo Español.

Encontramos reseñas de la artista en La Época del día 28 de junio de 1909, en donde se dice: “En San Sebastián, donde pasan el verano celebraron ayer sus bodas de oro los duques de Mandas. Con este motivo se recibieron en Cristina-Enea muchas felicitaciones. La duquesa de Mandas recibió también muchos regalos, entre ellos un pandenlif de brillantes y rubíes, de la duquesa viuda de Bailén. La joya lleva una preciosa miniatura, con el retrato del duque de Mandas, debido a una artista tan inteligente como distinguida, cual es la señorita Lucía Velarde, hija del difunto poeta D. José Velarde”.

En 1911 realizó una exposición en el Salón Iturrioz, que fue recogida en El Imparcial del 11 de enero, con esta reseña: “La señorita Lucía Velarde, hija del insigne poeta de tan grata memoria, es una miniaturista notabilísima. Presenta en la Exposición del Salón Iturrioz varias obras de muy distinto carácter. El retrato del príncipe de Asturias me parece la más bella. Se le representa de unos dos años y en su cabecita compéndianse todos los encantos de esa edad. El mueble en que aparece sentada la delicadísima figurita, el traje de ésta y el fondo están admirablemente pintados y contribuyen al realce del principito. También son muy bellas las miniaturas de S.M. la reina doña Victoria, la de S. A. la infanta doña Isabel y la de María Tubau. Tiene una de niña brillantemente pintada y la del Sr. Sánchez de Toca, que es un retrato brioso y de singular parecido. Lucía Velarde conoce todos los secretos de la miniatura sobre marfil y es una delicadísima artista, como demuestra esta colección de pequeños retratos”.

Esquela del insigne poeta José Velarde, padre de Lucía

 

Concurrió a la Exposición de Arte Decorativo de 1911, en donde figuraban obras completas, modelos, bocetos y cartones, pintura al fresco, temple y otros procedimientos, estofada e imitaciones de materiales estimables, retablos y muebles pintados, pintura en seda, vitela, cristal, etc., abanicos pintados, carteles decorativos y pintura escenográfica.

Según La Correspondencia de España del 31 de octubre, “Entre esta clase de trabajos hay algunos muy notables, mereciendo singular mención … una casulla, pintada al óleo, de la señorita Lucía Velarde, la distinguida miniaturista, que en este nuevo trabajo da una prueba más de su arte exquisito…”

Presente también en la Exposición de Bellas Artes de 1915, como queda reflejado en la prensa del momento como El Imparcial, La Época o La Ilustración Española y Americana, en donde se refieren a sus miniaturas como “llenas de delicadezas de línea y matiz” o “delicadas miniaturas de la señorita Lucía Velarde, insigne cultivadora del género”.

A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1917 presentó además distintas miniaturas de “fina línea y trazo seguro”.

Maestra del Taller de Miniatura y Esmalte de la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, así consta en la Guía Oficial de España entre los años 1918 y 1930. La Escuela estaba situada en el Paseo de la Castellana, 60, e incluía estudios generales (higiene  y  puericultura,  remedios caseros, cuidados a los enfermos, economía y contabilidad domésticas, entretenimiento y confección de ropa de uso diario y arte culinario), de aplicación (dibujo  lineal  y  artístico, composición  decorativa, miniatura  y  esmalte,  trabajos  en  asta,  cuero  y  batik,  corte  y  confección  de vestidos,  ropa  blanca,  sombreros  y  corsés,  confección  de  flores  artificiales, encajes,  bordados  a  mano  y  a máquina  y  labores), y   finalmente,  la  sección  de estudios  especiales  que comprendía  taquigrafía  y  mecanografía.

Alumnas de la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer en una imagen de la época

 

El 8 de enero de 1920 fallecía su madre, Lucía de Castro y Hernández Pinzón, Viuda de Velarde. Para entonces, Lucía tenía ya trazado su futuro.

Esquela del Lucía de Castro y Hernández Pinzón, Viuda de Velarde, madre de la artista

 

En 1922 se publica la Real Orden por la que Lucía Velarde de Castro es confirmada en su cargo como maestra de la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer.

En diciembre de 1944 el periódico ABC recoge la noticia del donativo que la artista realiza, como hija del poeta José Velarde, a la Real Academia Española de la Lengua, consistente en más de 25 cartas autógrafas de José  Zorrilla, algunas de las cuales hacen referencia a los derechos de autor de “Don Juan Tenorio”. Un legado “valiosísimo por el que la Real Academia comunicó a la señorita Lucía Velarde y a las demás herederas del poeta, la gratitud por tan generosa y ejemplar donación”.

Son cartas manuscritas enviadas por Zorrilla a Velarde desde Barcelona, Madrid, Zaragoza, Vidiago y Zarauz a partir del 19 de febrero de 1881.  En una epístola de fecha 6 de noviembre de 1944 al entonces director, José María Pemán, Lucía Velarde exponía el deseo de trasladar el archivo y los originales de su padre a la corporación.

ABC Madrid, 12 de Noviembre de 1944 

 

En 1947, por Orden de 11 de diciembre se reconoce derecho a quinquenio a la Profesora de la Escuela de Hogar doña Lucía Velarde de Castro, teniendo ya cumplidos treinta años de servicios en dicho Centro.

A partir de este año, nada más vuelve a saberse de la socia que hoy recordamos y que no caerá en el olvido.

Entrevista a Eduardo Naranjo

Por Lucía Sánchez

Eduardo Naranjo, pintor extremeño, máximo representante del realismo onírico actual de la pintura contemporánea española. Ha sido galardonado en numerosas ocasiones y ha llegado a ser uno de los primeros artistas occidentales en exponer en China en vida.

De su reciente exposición el recién rehabilitado Palacio de Gaviria, ¿qué datos ha recogido de ésta? ¿salió satisfecho?

Decir en primer lugar que se hizo todo con tanta premura, que la única forma posible de que se llevase a cabo fue por aquella por la que optamos; y es que estuviese formada por obra realizada en esta última década y de la que yo conservo a mi disposición, sin tener que pedirla prestada, pues no daba tiempo a mucho más. Soy enemigo de las prisas y me hubiera gustado haber podido estar más presente en la organización y tener más tiempo para realizar algunas pruebas de imprenta, por ejemplo. Sin embargo, al final, estoy muy satisfecho porque ha sido una exposición muy bien concebida y muy visitada. Mi intención era abrir las puertas de mi estudio a todos los visitantes, acompañándole por el recorrido expositivo, explicándole el significado y génesis de cada obra.

¿Qué temas o aspectos le interesan para la realización de sus obras actualmente?

Uno, aunque no lo quiera va variando, no somos los mismos siempre, evolucionamos. Con lo que tu obra lo hace contigo, llevándote por tus pensamientos, eso sí, cuando somos sinceros y no nos dejamos guiar por las modas. La obra es como la vida misma. Para mí lo único que me importa es que mis obras funcionen y me gusten.

Existe una constante en su obra por los autorretratos, ¿Qué cree que mueve y ha movido a los artistas ha autorretratarse a lo largo de la historia?

Bueno sí, soy uno de los pintores que más se ha autorretratado. En mi caso, me he sentido muy atraído siempre por el autorretrato, no sé muy bien por qué; a parte de la causa más obvia, que es, que nosotros mismos somos los modelos que tenemos más cercanos, y es lo más cómodo (no tenemos que “machacar” a nadie para que nos pose y demás). Pero ahondando más en la cuestión, pienso que quizás sea, ese deseo de conocerse a uno mejor, más en profundidad; porque cuando uno se autorretrata, en el fondo, lo que está haciendo, es un análisis profundo sobre sí mismo, hasta tal punto de que te ves envejecer, no solo entre un autorretrato y otro, si no en el transcurso de la elaboración de un mismo autorretrato. La diferencia con mi último autorretrato, el que estuvo en el Palacio de Gaviria, es que, con él, – y no lo he hecho premeditadamente, sino que ha sido una conclusión que he sacado después -, siento un precedente, en cuanto a que aparezco completamente desnudo y de frente, y le eche valor, porque no hubiera sido lo mismo este autorretrato con 20 años o 30…, pero ya con 73 años, creo que lo único que podía salvarlo era que fuese buena pintura, para que resultara menos ofensivo y se me “perdonara” que a esa edad mostrará mi desnudez.

Por otra parte, no creo que haya tantos artistas que nos hayamos autorretratado; Goya, Van Gogh… ambos dos grandes sufridores y seres atormentados, y puede que ese sea un factor.

¿Cómo crees que influye la constante exposición a imágenes e información a la que nos vemos sometida hoy en día (TV, redes sociales, internet…), no solo en la creación de arte y la cultura, sino también en su consumo?

De todo esto yo me he librado, rara vez yo miro en Internet o atiendo a mi móvil. Yo he vivido la transición, un extremo y otro, y creo que hoy en día hay mucha dependencia de todo esto y, sin embargo, en los medios televisivos e informativos, ya no se hace eco del arte y es una pena. No se muestra ninguna cultura o arte en la TV (que es la que más se consume en este país, la caja tonta).

¿Qué opinas del mercado del arte actual?

Está muy mal, muy mal, porque la crisis ha afectado mayormente a aquello que no es vitalmente necesario, como es comer, vestir, etc. El arte siempre ha sido el último capricho, pero claro si hoy faltan otras cosas, pues es difícil que se invierta en él. En cuestión de arte va a costar mucho, ¿qué paso con ese coleccionismo que estaba surgiendo en los años 80 y 90? Nacieron nuevos jóvenes coleccionistas, que hoy han desaparecido.

En la época en la que usted empezó a crear su obra, ¿cree que los artistas de su generación lo tuvieron más fácil para hacerse un hueco en el mundo del arte, que los que quieren iniciarse hoy en día?

El arte está completamente parado, jóvenes artistas muy valiosos se están yendo fuera; cosa que ha ocurrido toda la vida: Picasso, Gris…, todos los artistas famosos lo hicieron en busca de un reconocimiento que aquí no había. Pero hoy son muchos más, y lo malo es que tampoco fuera van bien las cosas. Hoy un artista lamentablemente lo tiene muy difícil. Es una pena, que los que están en el poder no apoyen más el arte. Tendríamos que apoyar más nuestro arte, pero claro para eso hay que valorarlo, ¿no?, pero hay un complejo de inferioridad que parece que va ser perpetuo e indeleble en este país nuestro, y eso hace que, si no eres bendecido en el extranjero, muchas veces aquí ni reparan en ti.

Concretamente en mi caso me tocaron unos años muy buenos. Salían artículos en la prensa anunciando los grandes eventos culturales. Por ejemplo, mi exposición del año 93 en el Centro Cultural de Villa recibió más de 250.000 visitantes – yo me quedé perplejo-, pero es compresible en cierto modo, porque el mismo día que se inauguraba ya lo estaban dando en los telediarios. La gente iba a las exposiciones, hoy está todo muy paralizado.

¿Qué conocimientos extrae de su experiencia en China dando clases y exponiendo sus obras?

Para mí lo más positivo ha sido precisamente eso, las lecciones y los cursos que di a gente ya graduada en Bellas Artes, en la Academia de Arte de Pekín, y en la Universidad de Arte de Hangzhou, ésta última, una ciudad preciosa. La verdad es que ha sido una experiencia muy bonita, y creo que también positiva para la mayoría de estos alumnos, que la mayoría de ellos habían oído hablar de mi obra. Y también ha sido muy importante para mí, el interés tan grande, casi devoción con la que han seguido mi obra, y han visitado mis exposiciones, recreándose en cada pintura o dibujo. Algo insólito, que allí me conocen y me admiran más que aquí.

¿Se plantea realizar nuevos proyectos artísticos o alguna retrospectiva próximamente?

Por ahora no me planteo realizar ningún proyecto expositivo, prefiero estar centrado en mi obra y estar tranquilo. No sé si quizás en un futuro no muy lejano, esta última exposición se lleve a mi tierra, Extremadura, al Museo de Bellas Artes Provincial de Badajoz. Pero por aquí (Madrid), no me atrae mucho la idea, dado lo parado que esta todo. Por supuesto que yo sigo realizando nueva obra, ¡no podría vivir sin hacerla!

Julia Peguero Sanz de Trallero

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

JULIA PEGUERO SANZ DE TRALLERO

PEGUERO SANZ DE TRALLERO, Julia  Pintora   1917  18.ene.1880  ZARAGOZA  MADRID   Calle Preciados, 27  4.dic.1978

 

Nacida en Zaragoza en 1880, esta maestra es bien conocida como periodista y especialmente por sus acciones feministas, pero escasamente se habla de su faceta artística, ya que como veremos, además de miembro de la Asociación de Pintores y Escultores, concurrió a distintos certámenes y convocatorias artísticas que organizaba la centenaria entidad.

En 1899 aparece como opositora a normales, en el «programa de Gramática general, Filología y Literatura castellanas» y en el de «Aritmética, Geometría y Álgebra».

En el escalafón general del Magisterio Primario publicado el 1 de enero de 1912, aparece como de grado superior, y que presta sus servicios en Madrid.

En 1913 Julia Peguero de Trallero, junto a Benita Asas Manterola y Pilar Fernández Selfa, crean la publicación quincenal El Pensamiento Femenino.

Parece ser que, a principios de 1915, se incorpora a la institución El Desayuno Escolar, presidida por Carmen Ramos (desde 1911, en que se fundó para «facilitar algún alimento a los niños menesterosos a su entrada en la escuela»). En 1917 Julia Peguero ya es secretaria de El Desayuno Escolar, «simpática institución de la que es presidente honorario el insigne Jacinto Benavente, gran entusiasta de esta obra».

En 1917 ingresó en la Asociación de Pintores y Escultores, indicando expresamente que lo hacía en la modalidad de Pintura.

El 20 de octubre de 1918, fundó junto a María Espinosa de los Monteros y a Dolores Velasco de Alamán, la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, de cuya directiva pasó a formar parte dos años más tarde para terminar siendo su cuarta y última Presidenta entre 1932 y 1936, cuando desaparece. ​

Su actividad en el Ateneo de Madrid también fue pródiga, siendo elegida para formar parte de la sección de Música en 1919.

De 1920 data uno de los apuntes que el Museo de Huesca conserva, obra de Julia Peguero, en el que retrata a Ramón Arsenio Acín Aquilué, el pintor, escultor, periodista y pedagogo natural de esa ciudad. Se trata de una obra realizada en grafito sobre papel, firmada en el ángulo inferior izquierdo, de 265 x 210 centímetros.

El mismo museo conserva además otro dibujo de la misma técnica y medidas, que retrata también al mismo personaje, por lo que deducimos que eran en realidad apuntes para la realización de una posterior obra, si bien no podemos aportar algún dato más.

En 1921 la Asociación Nacional de Mujeres Españolas comienza a editar la revista Mundo Femenino, que Julia dirigió desde 1932 y hasta su desaparición en el año 36.

Poco después del desastre de Annual (22 de julio de 1921), en su calidad de secretaria general de la Asociación Nacional de Mujeres de España, propuso que el Magisterio español contribuyese con uno o dos días de su haber para adquirir «tanques (si fuera posible) que, llevando el nombre de Magisterio, Educación u otro análogo, serían testimonio de que el maestro español no es ajeno al sentimiento unánime de la patria», se entiende que en la lucha contra el infiel mahometano («Loable iniciativa”). Y hasta se atrevió a definir rotunda y terminante –«esto quiere la mujer española»– el sentir de «La mujer española ante el problema de Marruecos».

En 1923, junto a Benita Asas Manterola e Isabel Oyarzábal, se sentó frente a Primo de Rivera y le pidió el derecho al voto femenino. A pesar de contestarle que sí, con algún que otro pero y algún que otro recorte, pero nada de universalidad.

De esta misma fecha, se conserva una tarjeta postal manuscrita enviada por Julia Peguero a Conchita Monrás, esposa de Ramón Acín, con quienes vemos, les unía una gran amistad.

La Revista de Bellas Artes Nº 15, de enero de 1923 publicó un extenso artículo titulado “El sentimiento de lo bello en el orden social” que según detallaba, era obra de Julia Peguero de Trallero, “exquisita artista que tanto se distingue en cuestiones de pedagogía”.

El periódico La Libertad publicaba las contestaciones que las fundadoras del  Lyceum Club Femenino Español debían redactar, respecto al nacimiento de la entidad y su porvenir, incluyéndose la respuesta de Julia Peguero, que fue publicada el 1 enero de 1927, y en la que decía que el Lyceum “no es hijo del simple deseo de aso ciarse por sociabilidad, sino de romper el círculo familiar y ampliarlo a otros niveles de comunicación donde broten entusiasmos y se despierten anhelos que proporcionen a la vida las aportaciones femeninas de que no debe estar privada”…

Pronosticaba que el Lyceum iba a representar “en la cultura española una adaptación del espíritu femenino al progreso”.

Casada con Ceferino Trallero Mateo, que falleció en 1930, comerciante natural de Calanda (Teruel), que contaba con un almacén de géneros de punto y blanco con su propio nombre, situado en la madrileña Plaza de Pontejos, añadió el apellido de su esposo al suyo. El matrimonio no tuvo hijos.

Publicidad de la época del establecimiento del marido de Julia Peguero

 

En marzo de 1930, Julia Peguero pasó a la historia del Ateneo de Madrid por haber sido la única ateneísta que, en la Junta General votó en contra del nombramiento de Miguel de Unamuno como Socio de Honor de la entidad, al considerar que este nombramiento tenía más un cariz político que un reconocimiento real de la valía de Unamuno.

El 29 de marzo de 1930, lo explicaba en El Heraldo de Madrid, en una entrevista que concedió al periodista Alfredo Muñiz, a quien recibió en su casa de la calle de las Fuentes, “…Un vetusto recibimiento, presidido por una reproducción de «Las meninas», de Velázquez. Unas palabras a una criada. Unos segundos de silencio… Al fin, doña Julia Peguero de Trallero nos ofrece el encanto de su sonrisa”… Es en esa misma interviú donde se le pregunta direc tamente cuáles son sus ideas políticas.

Julia responde: “Pues verá: yo, políticamente, no estoy aún definida. Es una cosa un poco rara, lo comprendo; pero es así: no estoy definida. Soy monárquica; esto no cabe duda. Ahora soy monárquica tal vez como recurso. Soy, antes que nada, patriota. Amo a España con ese amor grande y abnegado que, por ser algo maternal, ustedes, los hombres, desconocen. Y este amor inmenso que le tengo a mi patria es lo que me hace ser monárquica, como sería comunista si en el comunismo radicaran la grandeza y la virilidad de nuestro pueblo”.

Revista de Bellas Artes Nº 15, de enero de 1923 publicó un extenso artículo titulado “El sentimiento de lo bello en el orden social”  y se acompañaba de esta fotografía

 

En enero de 1934 fundó el Partido Femenino Independiente, cuyo viraje hacia el conservadurismo a partir de 1933 provocó la escisión con Benita Asas y la reorganización de la revista Mundo Femenino alrededor de colaboradoras de la primera hora, o sea, ya mayores como Dolores de Alamán, y feministas católicas como Halma Angélico; la revista en 1934 afirmará su miedo al pueblo, a la revolución y seguirá existiendo con dificultad de publicación y timidez política.

En enero de 1934 Julia Peguero se lanza a la aventura de afirmarse apolítica y feminista a la vez, dando a este último concepto una orientación moralizadora limitadora de su republicanismo y reveladora de su incomprensión de la democracia. Este cambio la llevará hasta exigir el restablecimiento de la pena de muerte para los revolucionarios de Asturias; los temas más frecuentes a partir de 1935 serán la moralización de las costumbres y la higiene de la ciudad.

La ilusión del Partido Femenino Independiente, también caracterizado como “Acción política independiente” es animada por una persistente creencia en la mujer apolítica, moralizante, bienhechora; y la intervención de la mujer, al margen de la política activa, sería para Julia Peguero, el único modo de contrarrestar la “dictadura blanca o la tiranía roja”.

Tras la contienda, Julia Peguero continuó interviniendo en cuantas causas nobles merecían su concurso, tales como la Sociedad Española de Higiene, las obras sociales que realizaba la División Azul, o entidades creadas tras la guerra como Acción Española de la Palabra Culta y Buenas Costumbres de Madrid, con su Ropero de Suburbios y Presos, &c.

En 1946 Julia Peguero, viuda de Trallero, tiene reconocido su domicilio en la madrileña Plaza de Oriente, número 2, en donde se le realizan notificaciones oficiales.

De los años 40 hemos encontrado también unas cuartillas mecanografiadas con una poesía del poeta y pintor de Calatayud (1889-1975) Ángel Espinosa dedicadas a Julia Peguero. En la trasera de las mismas, se incluyen además poesías transcritas por la propia Julia, obra de Eduardo del Palacio y de Javier de Burgos.

Julia Peguero Sanz sobrevivió casi medio siglo a su marido, pues falleció en Madrid, a los noventa y ocho de edad, el 4 de diciembre de 1978: la esquela del ABC reza así «Maestra Nacional (jubilada)».

Julia Peguero se presentó al menos a cuatro Salones de Otoño organizados por la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En el IV Salón de Otoño de 1923, se inscribió literalmente: “Peguero, Dª Julia; natural de Zaragoza; reside en Madrid, Preciados, 27”. Presentó dos obras que quedaron recogidas en el catálogo como:

Nº 246. “Jardín de Maudes (Madrid)”, pastel; 0,40 x 0,46

Nº 247. “Jardín de Maudes (Madrid). Pilar del siglo XVI”, pastel; 0,40 x 0,46.

En el V Salón de Otoño de 1924 aparecía inscrita como “Peguero de Trallero, Dª Julia; natural de Zaragoza; reside en Madrid, Preciados, 27, 3º derecha”. Al mismo, concurrió con tres obras: Nº 264. “Plazoleta en Quinta Julia (Madrid)”, óleo; 0,49 x 0,56.

Nº 265. “Paseo del mirador en Quinta Julia (Madrid)”, pastel; 0,49 x 0,42

Nº 266. “Emparrado en Manoles (Madrid)”, pastel; 0,49 x 0,42

En el XVII Salón de Otoño de 1943 figuró simplemente como Peguero (Julia), colgando dos obras en la Sala VII:

Nº 110. “Paseo del mirador en Quinta Julia”

Nº 112. “El emparrado”

Para el XXV Salón de Otoño de 1952, en el que figura también como Peguero (Julia), sólo concurrió con una obra, la Nº 409, titulada “Madrid desde la pradera de San Isidro”, (óleo).

 

BIBLIOGRAFÍA:

Julia Peguero Sanz Madrid4 de diciembre de 1978)

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 (ABC, Madrid, 6 de mayo de 1941, pág. 6.)

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 (ABC, Madrid, 29 de julio de 1943, pág. 10.)

 (ABC, Madrid, 28 de septiembre de 1943, pág. 2.)