Críticas de Arte

Por Itziar Zabalza Murillo

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Silos. Tricromía. MARINA OLALLA

El grabado consiste en usar diferentes técnicas de impresión, pero todas ellas tienen en común un aspecto muy importante, sin el que nunca se podrían llegar a hacer las planchas o matrices, y esa característica es el dibujo. Antes de empezar a hacer esa superficie rígida en la que se alojará la tinta hasta ser estampada sobre papel, es esencial el dibujo, porque sin él no se podría tallar la matriz.  Pero realmente, el dibujo es un paso fundamental en otras técnicas, se podría decir que son los pilares del arte, es un paso que el artista debe dominar a la perfección antes de pasar a la siguiente fase.

Marina Olalla es una artista madrileña que se formó en la Universidad Complutense de Madrid y que fue integrante, a lo largo de 11 años, de la Junta Directiva de la AEPE. Ha participado en un sinfín de exposiciones individuales, colectivas y ferias de arte, y a través de esta constante presencia en el mundo del arte, y obviamente, por su trabajo, ha conseguido un gran número de premios y reconocimientos a lo largo de su trayectoria profesional.

En su obra, muestra un gran interés por esas construcciones diseñadas para almacenar el grano y otros materiales a granel llamados silos. Esta atracción por los elementos que son parte del ciclo de acopio de la agricultura se ha transformado en una investigación que combina imágenes sacadas de fotografías, apuntes o de la propia imaginación de la artista.

Se puede decir que Marina intenta actualizar estos solitarios rascacielos de antaño, testimonio de un pasado agrícola, buscándoles salidas, reconstruyéndolos o adaptándolos al presente. Pero su investigación va más allá, de la mera forma y estética de las construcciones, también se centra en la función y el habitar de los silos. Estos gigantes no solo son unos almacenes de grano, un depósito de comida y una solución para la hambruna, sino que se pueden transformar y convertir en viviendas, o centros de cultura, entre otras muchas funciones que le llevan a reflexionar sobre el uso que se les puede dar a estas construcciones que, a día de hoy, muchas de ellas se encuentran abandonadas. Para ello, busca embellecer, modernizar tanto el exterior como el interior de los silos, destacando por encima de toda la luz, que ayuda a la percepción de los volúmenes y las formas de las construcciones.

La artista, trabaja cuatro técnicas en concreto, el dibujo, la fotografía, el collage y el grabado. En este caso, nos centraremos en el grabado, ya que la obra titulada “Silos, Tricromía” (490 x 685) está hecha con esta técnica. En ella se aprecia el vínculo de conexión entre la matriz y el papel, que se unen para grabar una obra que perdure a lo largo del tiempo.

Refleja claramente el tema principal de su producción artística, y los objetivos que se ha propuesto. Es más que evidente el predominio de la línea sobre la mancha. De hecho, en ocasiones, usa la línea como sustituto de los borrones de color, por ejemplo, a la hora de hacer los claroscuros. Además de mostrar un gran dominio del dibujo y la perspectiva, que le ha ayudado enormemente a dar profundidad al grabado.

Las dos protagonistas, los silos, representados de una manera totémica, imponente (en el margen derecho del papel), junto a las vías del tren, que se encuentran a mano izquierda, muestran al espectador la situación en la que se encuentran éstas antiguas construcciones agrícolas, además, las vías del tren, vacías, ningún tren pasa por ellas, ayudan a resaltar lo descuidados que se encuentran los silos.

Por otro lado, el uso del contraluz, resalta la forma de los silos, y, de hecho, refuerzan el aspecto imponente que les ha dado Marina en este caso, como si se tratara de dos construcciones góticas, enormes, con el único objetivo de imponer al visitante y recordarle que se encuentra en una construcción importante merecedora de respeto.

Tornado. Mª CARMEN DE LA CALLE LLURBA

El 16 de mayo inauguró en la sala de exposiciones Eduardo Chicharro de la AEPE Mª Carmen de la Calle Llurba, su exposición titulada “Solo el cielo lo sabe”, que, tal y como indica el encabezamiento, el único y el indiscutible protagonista es el cielo.

La madrileña ha escogido un tema tan antiguo como el mundo, pero a la vez, sorprendentemente a día de hoy sigue siendo un desconocido. Se trata de la atmósfera, esfera aparentemente azul y diáfana que rodea la tierra en la que están las nubes y en donde se ven parte de las estrellas más importantes, como el Sol. Es un aspecto abordado por diferentes religiones a lo largo de la historia, como por ejemplo en el cristianismo que defiende que las almas de los justos, allí gozarían de felicidad completa junto a la presencia de Dios; mientras que los infieles se encontrarían en el infierno, situado en las mismas entrañas de la tierra, sufriendo un sinfín de desgracias.

Lo que no cabe duda es que el ser humano desde siempre ha sentido una gran atracción por el cielo, bien fuese por desconocimiento, porque lo relacionamos con el término de grandeza o libertad, o por su gran capacidad de destrucción, entre otros muchos motivos. Pero lo que sí se sabe a ciencia cierta es el gran interés que tiene Mª Carmen, por este aún misterio.

Hay una obra, que en mi humilde opinión me ha llamado fuertemente la atención entre todos los espaciosos lienzos que componen la exposición, y es la titulada “Tornado”, un óleo sobre lienzo de 120 x 50 cm. Es muy interesante como a través de una forma tan simple ha llenado de dinamismo el lienzo y de contenido narrativo. Este tornado, que puede dar lugar a infinidad de historias, es el único elemento de la composición, el protagonista que ocupa el 85% de la superficie y que únicamente deja a la luz el poco terreno que aún no ha desbastado.

Esta masa de aire impetuosa y giratoria, generalmente conlleva un oscurecimiento del cielo, en este caso, todo lo contrario, da la sensación de que el terror se está terminando, dando pie a la calma. Además, podría decirse que no es la representación de un tornado, como tal, sino del “lado amable” de este fenómeno atmosférico, es decir, de un pequeño tornado inofensivo que está llegando a su fin, y que más que desbastar todo lo que encuentra a su paso, está haciendo una pequeña e inofensiva exhibición para el espectador, que parece estar observándolo a través de una “ventana rectangular”, el lienzo, a salvo de cualquier peligro que pueda darse.

En realidad, en muchos de los cuadros que conforman la muestra, este factor denominado catástrofe natural, se repite, de tal manera que la artista ha representado el lado más sereno de estos fenómenos atmosféricos sin olvidar en ningún momento de lo que éste puede llegar a hacer.

Aun y todo, es asombrosa la facilidad y el cariño con el que ha representado la bóveda terrestre, un tema que a simple vista es bastante básico, pero en realidad no es así. También sorprende, cómo unas figuras tan simples son capaces de condensar tanta vitalidad y dinamismo.

Carnaval 1936, Hotel Ritz. LUIS BEA PELAYO

Luis Bea (Madrid, 1878-1963) es un fotógrafo y pintor español, destacado en el ámbito del retrato y del paisaje. En el año 1925, muere su hermano y hereda el título de Marqués de Bellamar. Ingresa en la Academia Hispano-Americana en Cádiz, institución que más tarde, en 1928 le reconocerá como académico de San Luis de Zaragoza.

No era para nada frecuente encontrar obras suya en las Exposiciones Nacionales, ya que solo participó en 1924 con dos retratos. Se conocen dos donaciones suyas de obras al antiguo Museo de Arte Moderno y al Museo del Prado.

A través del también pintor español, Eduardo Chicharro, se relacionó con la colonia de artistas españoles residentes en París, ciudad donde Luis Bea también estuvo viviendo durante una etapa de su vida. Entre los pintores que conoció en la capital francesa, se encontraban Joaquín Sorolla y Manuel Benedito.

También ejerció de coleccionista de arte a lo largo de muchos años, hasta que en 1948 tomó la decisión de donar su importante colección pictórica al Museo de Bellas Artes cordobés. Entre las obras que otorgó a dicho museo había tanto piezas hechas por él mismo (como por ejemplo un corpus), como pinturas de otros artistas españoles y franceses contemporáneos a él. Cabe destacar que gracias a este obsequio que le hizo al museo cordobés se dio a conocer una nueva faceta de Luis Bea: la de viajero y gestor cultural, además de las que ya se conocían de artista y coleccionista.

Fue una figura muy importante en la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores, ya que no solo fue Socio Fundador, sino que también fue miembro de la Junta Directiva durante los primeros años de la AEPE.

En las paredes de tan popular asociación, se puede apreciar una de sus obras, y por coincidencias de la vida se trata de un retrato, campo en el que él era destacado.

La obra hecha sobre papel y trabajada con lápiz normal y de colores, muestra a una mujer en un único plano, ya que en el fondo solo se ve el papel y en la zona de la cabeza, el autor ha pintado unas líneas blancas para resaltar la oscuridad del cuello del abrigo. Podría decirse que la única zona terminada de la obra es el rostro de la mujer y la máscara que porta en la mano. El resto, manos y vestimenta, están coloreados con “garabatos”, dando a entender que se trata de un boceto.

Gracias a la máscara de carnaval que sostiene la modelo en su mano izquierda y a la nota que el autor ha escrito en el margen inferior derecho de la obra (el nombre del autor y el título del dibujo Carnaval 1936 Hotel Ritz), sabemos que se trata de una mujer disfrazada.

No solo por el abrigo, típico de la moda en los años veinte (ancho, liso y con los cuellos y el puño de pelo) que tapaba por completo los deslumbrantes vestidos que llevaban debajo las mujeres, sino que también por el rostro con el que posa la mujer, podría existir una referencia al concepto de “femme fatale” (mujer fatal) que surgió en el siglo XIX, gracias a las obras de diversos escritores y pintores.  Esta palabra francesa hace referencia a un personaje tipo, que por lo general se trataba de una villana que usaba su sexualidad para atrapar al desventurado héroe. Actualmente, este concepto ha evolucionado a un arquetipo visto como un personaje que constantemente cruza la línea del bien y del mal, actuando sin escrúpulos, sea cual sea su voluntad.

La mujer está representada en el momento en el que recurre al arma más básica de la seducción, la mirada. A través de este sensual examen visual de su víctima, intenta que su objetivo haga lo que ella quiere. Podría decirse que su recurso está respaldado por su postura, la mano derecha en la cadera y en la izquierda, la máscara.

Hamlet. CODERCH & MALAVIA SCULPTORS

El 3 de marzo de 2017 se inauguró la exposición del prestigioso concurso convocado por la AEPE, el 52 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura. Sus orígenes se remontan al Salón de Otoño (evento también convocado por la misma entidad), en donde hasta el 10 de enero del 2014 era un premio de dicho acontecimiento, y no es hasta esa fecha cuando se decide convertirlo en un concurso aparte. Esta iniciativa del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, no sería del todo posible sin el patrocinio de Google.

El misterio del ganador no se resolvió hasta el día 14, en el que S.M. la reina Doña Sofía entregó el premio a: Joan Coderch y Javier Malavia Tabares, si bien se presentan a los certámenes como Coderch & Malavia Sculptors.

Joan Coderch nació en el año 1959 en Casteller del Vallés (Barcelona), y más tarde, se mudó a la capital de la provincia, Barcelona para estudiar Bellas Artes y especializarse en escultura, estudios que finalizó en 1979.

Su compañero, Javier Malavia, nació en 1970 en Oñati (Guipúzcoa), y estudió la misma carrera que su compañero, pero en una universidad española diferente: la Facultad de Bellas Artes de San Carlos en Valencia, terminando sus estudios en 1993.

Los artistas se conocieron en la empresa de porcelana Lladró, donde los dos formaron parte del equipo de escultores de dicha compañía y aprendieron a trabajar tan delicado material, a la vez que llevaban a cabo demostraciones de su trabajo por todo el mundo. No es hasta el año 2015, cuando deciden embarcarse en un proyecto conjunto.  Los dos se sentían especialmente interesados por la escultura figurativa, el ser humano es el elemento central de su discurso estético. Partiendo siempre de modelos naturales, sus esculturas realizadas en bronce exploran diferentes actitudes humanas frente a la vida y que el espectador descodificará según sus propias vivencias estableciendo una relación singular que proporcionará una experiencia personal.

A pesar de su corta trayectoria artística, esta pareja de escultores ha participado en un gran número de exposiciones colectivas e individuales, habiendo sido seleccionados en varias ocasiones y en otros logrando el reconocimiento. Algunas de sus obras forman parte de colecciones prestigiosas europeas, americanas y asiáticas.

El título de la obra que presentaron al 52 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura es Hamlet (173 x 42 x 37 cm), un tema que sin duda puede dar mucho que hablar, debido a las dudas sobre la autoría de las obras de Shakespeare, y por la cercanía de ciertos aspectos muy humanos que aborda la tan popular obra de teatro, como: la ira, la locura, la venganza, la corrupción moral, el incesto, la muerte o el honor, entro otros.

A primera vista, se ve la principal característica de Coderch & Malavia: el ser humano como elemento central del discurso estético. Se trata del propio príncipe Hamlet, el hijo del rey asesinado. Este crimen lo llevó a cabo Claudio, el tío paterno del joven infante, que asesinó al monarca vertiendo veneno en su oído mientras el rey dormía.

Pero en esta ocasión no aparece representado con la vestimenta típica de una persona perteneciente a la realeza, aparece con una especie de corona hecha con una serie de elementos afilados y sostenidos con una cuerda que le tapa los ojos, impidiéndole ver. Las muñecas y el cuello los tiene adornados con unos elementos ornamentales, y viste un tipo de muda. La figura es de pequeño tamaño, y se encuentra sobre una especie de peana, un tanto rudimental. A pesar de que todos sepamos la trama de la historia, la obra no termina de aclarar el momento exacto de la historia que aborda, lo que da pie especular.

Una de ellas podría ser, que se trata de la representación del momento en el que a Hamlet se le aparece el fantasma de su padre y descubre la verdad. Éste se postra ante la aparición, principalmente como su hijo, sin olvidar quien es, pero sobre todo como un primogénito que descubre que su padre ha sido asesinado (de ahí que la figura esté prácticamente desnuda).

En cuanto a su posición, a primera vista parece de sumisión, pero cuando nos empezamos a fijar transmite todo lo contrario, una tensión y una firmeza impresionante, que hace que pueda confirmar el momento de la historia que ésta hipótesis defiende.

El último elemento que da pie a pensar en ese momento de la trama es la corona, se trata de una corona un tanto arcaica, hecha con una especie de elementos planos pero muy afilados, sujetos a la cabeza del chico mediante una cuerda que no le deja ver, haciendo alusión a la idea de lealtad. El joven siempre va a saber que su familia es lo primero, es decir, le debe lealtad al clan, en este caso, a su padre, que, por coincidencias de la vida, también es su rey.

Por otro lado, no podemos obviar la peana, también cumple una función. Además de sujetar la obra y formar parte de ella. Este elemento estructuralmente bastante rudimentario y que alza a la pequeña figura, ayuda a crear esa tensión y firmeza de la obra.  Estos dos elementos juntos hacen de la pequeña obra algo imponente y digno de admirar.

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Sin título. MARCELIANO SANTAMARIA SEDANO

Este mes volvemos al baúl de los recuerdos, a la cámara donde se hallan los santos griales de nuestra antiquísima asociación, para hablar sobre otra figura fundamental en la historia de ésta, nuestra entidad artística: Marceliano Santamaría Sedano (Burgos, 1866-Madrid, 1952), que el 24 de enero de 1936 fue nombrado Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en la renovación parcial de la Junta Directiva de la entidad.

Este pintor español inició su formación artística como platero y orfebre, al igual que su padre. Más tarde asistió, a diferencia de su padre, a la Academia de Dibujo del Consulado del Mar de Burgos. Una vez terminados sus estudios en la academia local, se trasladó a Madrid, en donde continuó con su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en el Círculo de Bellas Artes y en el estudio del pintor Manuel Domínguez.

A lo largo de su trayectoria artística, obtuvo un gran número de reconocimientos como la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1887 y la Segunda Medalla en la misma muestra en 1892; la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Sevilla en 1929; o la Beca de la Academia de España en Roma (1891 y 1895), donde pintó una de sus más famosas obras (El Triunfo de la Santa Cruz) que más tarde expondría en las Exposición Internacional de Madrid y en la Exposición Universal de Chicago.

También se dedicó a la docencia. Fue profesor de la Academia de Artes y Oficios de Madrid, y en 1934, llegó a ser Director de la misma. Con el paso del tiempo, fue ocupando diferentes cargos oficiales, mientras seguía creando obra, en la que se ve cómo trabajó las diferentes temáticas existentes, aunque fue especialmente reconocido por sus paisajes castellanos, sus cuadros de historia y retratos.

En este caso nos enfrentamos con un paisaje rural en el que, en el centro, dividiendo la acuarela en dos partes prácticamente exactas, hay un pastor rodeado por sus ovejas, y al lado derecho del personaje hay un árbol casi de la misma altura que el protagonista. El guía está en una posición relajada, observando, a través de lo poco que le deja ver el gorro, cómo pastan los esponjosos animales.

Por la ropa de abrigo que lleva el zagal, el cielo despejado y la luz, podría tratarse de uno de esos primeros días de primavera, en el que el sol, no solo empieza a calentar de verdad, sino que también irradia luminosidad. Uno de esos días en los que nos podemos pasar un largo rato al sol, medio adormilados, mientras nuestros huesos se calientan, dejando el frío del invierno atrás.

A lo lejos, en los demás planos del fondo, no solo se aprecian montañas, sino que también hay una especie de tienda de campaña blanca, como la típica de las películas de indios y vaqueros.

Aunque el artista la definiera como una acuarela sobre papel, también vemos otras dos técnicas. Una de ellas es el dibujo, presente en toda la obra, de hecho, el autor no ha intentado disimularla, sino que en ocasiones está aún más acentuada para marcar las siluetas de las figuras, para que no exista ninguna duda sobre la forma de cada una de ellas. Por otro lado, está el lápiz de color, que utiliza como herramienta para oscurecer determinadas zonas del paisaje, para aumentar el contraste de claroscuro en la obra, herramienta a través de la cual no solo se acentúan más las formas y sus detalles, sino que también, obviamente, el clima.

Marceliano Santamaría

Espirna. JUAN ESPINA Y CAPO

El despacho del Presidente de la AEPE es como la cueva de Alíbaba, una cámara repleta de tesoros. Ahí se encuentran un gran número de obras de todos los grandes maestros que han formado las diferentes Juntas Directivas de la Asociación, desde su fundación en 1910. Como Bernardino de Pantorba, Fernando de Marta o Emilio Pina Lupiáñez, entre otros muchos.

Pero en este caso nos vamos a centrar en un pequeño grabado de Juan Espina y Capo (1848- 1933), pintor y grabador español, que fue el Secretario General de la Asociación Española de Pintores y Escultores (desde el año 1917 hasta el 1920).

El hijo del escritor vanguardista Pedro Espina Martínez, viajó siendo él muy joven a París, concretamente en el año 1863, a la edad de 15 años. A la vuelta de éste temprano viaje, ingresó en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, como discípulo del paisajista belga Carlos Haes. Años más tarde fue becado durante tres años por la Academia de España en Roma. Y antes de volver a España, pasó una temporada en la ciudad que visitó siendo todavía un niño, París.

A lo largo de su carrera profesional, recibió un gran número de reconocimientos, como la tercera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1881, y la segunda medalla en la misma exposición en las ediciones celebradas en 1884 y 1895. También participó en exposiciones internacionales como la Exposición Internacional de Berlín en 1866, en Viena en 1892 y en Chicago en 1893. Además, fue el representante de España en las Exposiciones de Suecia y Noruega en el año 1890. Es importante mencionar, que fue quien impulsó y organizó el Primer Salón de Otoño, uno de los certámenes más antiguos y prestigiosos de nuestro país, que a día de hoy lo sigue realizando la AEPE cada año, con el mismo objetivo, ganas e ilusión con el que lo hicieron antaño.

Pero, a pesar de ganar un gran número de reconocimientos tanto en el campo de la pintura como en otros, sobre todo, destacó como grabador, campo en el que en 1926 recibió el máximo galardón, en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1926.

En esta pequeña obra (grabado 10,5 por 13 cm, y papel 21 por 26 cm) de esta importante figura artística, aparece representado un paisaje, temática en la que se especializó, siguiendo las directrices de la Escuela de Barbizon, formada por un conjunto de pintores franceses reunidos en torno al pueblo de Barbizon (Francia), que no solo crearon una tendencia artística, sino que también trabajaron el orden social de este mismo pueblo (esta escuela estuvo activa durante los años 1830 y 1870 aproximadamente) y de Carlos Haes, paisajista belga del que fue discípulo.

Se trata de un paisaje campestre, en el que entre la frondosa vegetación alrededor de un río que casi divide la composición en dos, se aprecian dos figuras. Una de ellas, la que se encuentra en la parte derecha de la composición, está mucho más definida que la del lado izquierdo. Pero no lo suficiente como para poder identificar con certeza de lo que se trata. Por la perspectiva, lo más lógico sería decir que se trata de una construcción, una edificación situada a lo lejos del bosque. ¿Pero porque esta construcción se repite, un poco más difuminada en el margen izquierdo de la obra?

En esta ocasión, el título de la obra Espirna, no nos ayuda lo suficiente como para poder resolver el acertijo. Por lo que sí que da pie a echar a volar nuestra inventiva.

¿Quién no conoce al italiano Sandro Boticelli (1445-1510) y su obra Escenas de La Historia de Nastagio degli Onesti que alberga el Museo del Prado? Pues en cierta manera me recuerda a estas escenas, y ¿en qué sentido? Boticelli, en un mismo cuadro representó diferentes escenas, como si fuera un comic.

Pues bien, en ese aspecto es en lo que me recuerda esta obra de Juan Espina y Capo, en utilizar una obra para representar diferentes escenas.  Lo más interesante es como, a través de esta obra que fácilmente se reconoce que es un paisaje, introduciendo estos dos elementos, se da pie a la especulación.

Es lo más fascinante del arte, que a pesar de que la obra sea cien por cien figurativa, vemos reflejados aspectos nuestros, tanto de nuestra inventiva como de nuestra vida cotidiana.

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Tach/139. MANUEL GRACIA GARCIA.

Hace ya más de un año desde que esta obra fue anunciada como el cartel del 82 Salón de Otoño. Saben ya a que obra me refiero, ¿verdad? Se trata de la pintura de Manuel Gracia titulada Tach/139, hecha con óleo y acrílico sobre lienzo.

Éste es un madrileño cuyos planteamientos artísticos se comprenden en un espacio íntimo, donde interactúan la emoción, la musicalidad, el análisis y la reflexión. En la actualidad su trabajo se centra en tres series diferentes: la denominada “Ambient” (un estudio ligado a lo ambiental cinestético a través de la línea, la cual no determinada nada), “Geo” (obras en las que se deja a la vista la huella del proceso, bajo unas estructuras geometrizantes), y las conocidas como “Logos” (en esta serie se adentran el orden natural y el orden humano como dicotomías destinadas a convivir).

Esta pieza sobre la que vamos a hablar, es una de las selectas obras que presiden una de las salas de la AEPE, concretamente la sala donde se desarrollan los talleres. Se trata de una creación a primera vista minimalista, que únicamente consta de un único plano, en el que como protagonistas hay 6 figuras, alargadas como palos, y todas ellas en la parte superior tienen una especie de corte, como si de 6 rostros se trataran y esos cortes fueran la barbilla.

Todas las siluetas están situadas de mayor a menor tamaño (las del lado derecho son mayores que las del izquierdo), bien pudiendo ser por la perspectiva o porqué simplemente se tratan de una serie de figuras dispuestas de mayor a menor tamaño, sobre un fondo simplificado, en lo que parece haber un cielo blanco y la tierra, de color marrón.

Obviamente, esta obra está dentro de las diferentes series que aborda el artista. Pero muchas veces, también es interesante saber lo que a cada persona le inspira, o le dice una pieza, ya que cada uno ve las cosas con diferentes ojos.

¿Recuerdan la película Rapa Nui? Una película de 1994, cuya trama se basa en las leyendas de la Isla de Pascua o Rapa Nui (tal y como las llaman en su idioma original), en Chile. En concreto se refiere a uno de sus mitos conocido como “carrera por el huevo del manu tara” o Tangata Manu. Pues bien, la forma de las 6 protagonistas de la obra de Manuel Gracia, recuerdan a los Moái, las esculturas monolíticas localizadas en esa isla chilena, y que no solo son protagonistas de la película, sino también uno de los principales atractivos indiscutibles de ese país.

La posición y tratamiento de las protagonistas de la obra, son unos aspectos importantes, y por los cuales posiblemente se relacionen con estas esculturas Moái.

En un primer lugar, la colocación de estas siluetas transmite protección, están vigilantes de cualquier peligro; tal y como las famosas esculturas chilenas hacían.

Por otro lado, la ejecución de la obra está hecha con espátula, de tal manera que hay zonas más empastadas que otras y los colores no llegan a estar mezclados
por completo. Podría decirse que, esta ejecución le da un aspecto más “rocoso”, de escultura de piedra que pase lo que pase va a estar ahí, como los Moái.

Pero… ¿Y si en realidad las figuras de la obra de Manuel Gracia no estuvieran protegiendo al espectador? ¿Y si en realidad fuera una alegoría al artista? La carrera de los artistas es una carrera constante y muy dura, en la que estos deben de estar siempre al pie del cañón, pase lo que pase, firmes, y siempre al día de todo.  Este largo trayecto hace que los artistas se conviertan en rocas, que han sufrido un sinfín de golpes, tormentas, y demás factores tanto naturales como humanos que pueden crear diferentes deterioros, como abrasiones, cavernas o corrosiones entre otros.

En muchas ocasiones, lo interesante del arte no es la técnica con la que se ha llevado a cabo o los materiales que se han usado para llevarla a cabo, sino que ideas nos inspiran o transmiten.

Y a ustedes… ¿qué les transmite?

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Silencio equivocado. ENRIQUE RODRÍGUEZ GARCÍA, GUZPEÑA

Otro año más, se ha celebrado a comienzos de noviembre, en concreto el día 4 de noviembre, el conocido Salón de Otoño, evento oficiado en España a lo largo de 83 ediciones. Pero no es solo una costumbre de nuestro país, el resto de naciones europeas también lo celebran. De hecho, esta iniciativa fue creada en Francia el 31 de octubre de 1903 en el Petit Palais, de la mano del arquitecto y crítico de arte belga Frantz Jourdain (1847-1935), contando con la ayuda de artistas de la talla de Henri Matisse (1869-1954), Georges Rouault (1871-1958), Pierre Bonnard (1867-1947) o Albert Marquet (1875-1947), entre otros. Los objetivos que perseguían a través del Salón de Otoño eran dos: ofrecer salidas a los jóvenes artistas y descubrir las tendencias artísticas del momento.

A día de hoy, gracias a la Asociación Española de Pintores y Escultores, entidad organizadora del Salón de Otoño, ha conseguido que no se pierdan los ancestrales principios de este evento artístico. Para ello, la AEPE se ha valido de la noble colaboración de la Fundación Maxam, empresa patrocinadora del proyecto. Ambos, han conseguido reunir a un jurado inmejorable, que ha hecho que no se pierdan los principios por los cuales nació el Salón de Otoño. Éste estaba formado por artistas de la talla de Alejandro Aguilar Soria, Eduardo Naranjo, Julio López, Rafael Canogar y Evaristo Guerra, así como por el crítico de arte Javier Rubio Nomblot, el Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte Tomás Paredes, y por José Vicente Moreno Hunt, en representación de la Fundación Maxam. Todos los miembros del jurado estuvieron acompañados por el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo López, y la Secretaria General de la misma, Mª Dolores Barreda Pérez, ambos con voz, pero sin voto, y siempre en representación de la AEPE.

Tras muchos debates, el jurado decidió otorgar el Premio El Corte Inglés y la Medalla de Pintura “Eduardo Chicharro” de la Asociación Española de Pintores y Escultores a Enrique Rodríguez García, conocido artísticamente por el seudónimo Guzpeña.

Este artista natural del Prado de la Guzpeña, cuyo seudónimo hace honor a este pequeño pueblo situado en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, en el norte de la provincia de León, presentó a la 83 edición del Salón de Otoño, su obra titulada Silencio equivocado (162 x 162 cm). Este acrílico sobre lienzo, se basa en la tradición leonesa de los ramos y los mayos. El ramo leonés es un elemento decorativo que consta de una estructura de madera en la que colocan diferentes ofrendas de colores muy vivos, como cintas, lazos, o hilos, entre otros. El árbol de madera que compone el cuerpo del ramo, puede adoptar diferentes formas (triangular, circular, cuadrada, etc.).  Esta gran variedad de ramos, en cuanto a geometría estructural u ornamentación ha dado lugar a múltiples variantes. A día de hoy, no se puede precisar con total exactitud el origen del ramo, pero está aceptado que se trata de una tradición  ancestral,  anterior  a  los  romanos

Estos  ramos  y  mayos estaban ligados a la naturaleza y a los bosques, y servían de ofrenda a los dioses, para propiciar la fertilidad. Estos rituales se llevaban a cabo en el solsticio de invierno, con el aumento de la duración de los días, o bien con la llegada de la primavera. A través de estos instrumentos con los cuales se atraían a los espíritus benefactores que se cobijan en el mundo vegetal para que la primavera sea propicia, el campo fértil y el año proporcione abundantes alimentos.

Curiosamente, con el paso del tiempo, esta tradición ancestral de decorar un árbol, una rama o conjunto de ellas fue absorbida por Roma y por el Cristianismo evolucionando poco a poco a la decoración navideña de adornar un pino de navidad.

El mayo y el ramo que nos muestra Enrique Rodríguez García, también conocido como Guzpeña, no es una distorsión de la forma real de los ramos típicos leoneses, sino una creación de nuevas formas, que, dado a su naturaleza ambigua, contienen conceptos abstractos. Es decir, son como las puertas a un mundo misterioso, que va más allá de lo visible. Toma como punto de partida una realidad que puede ser reconstruida; después, regenerada esa verdad, con la voluntad de ofrecer un objeto insólito, que puede tener una presencia ambigua y ser sometida a múltiples interpretaciones. Esta ambigüedad, se mueve entre la realidad y la ilusión creando una desemejanza que posee una vida diferente, un temperamento y una función distinta.

Tal y como es costumbre, el artista ha dejado plasmado su limpia, depurada y minuciosa técnica de trabajo, así como su gusto por las formas geométricas, a través de las cuales ha sido capaz de plasmar una música y una coreografía adaptada a su peculiar universo plástico. Podría decirse también, que la obra tiene un carácter teatral, es decir, los elementos geométricos y las organizaciones rítmicas parecen componer la escena de una función. Todo ello lo ha conseguido a través de un lenguaje plástico coherente y eficaz.

Para terminar, me gustaría dar la enhorabuena al artista por su galardón, y a la Asociación Española de Pintores y a la Fundación Maxam, porque eventos culturales de tanta importancia sigan presentes en nuestra agenda cultural. ¡Enhorabuena y a por la edición número 84!

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Día oscuro. BERNARDINO DE PANTORBA

José López Jiménez (Sevilla 1896 – Madrid 1990), conocido popularmente como Bernardino de Pantorba, fue un hombre polifacético, aunque principalmente se le conoce como historiador. Lo que no todos saben es que abordó diferentes aspectos del arte, además del de cronista, también fue investigador, crítico de arte y pintor.

El hijo del pintor Ricardo López Cabrera vivió durante ocho años con su familia en Argentina, donde se inició en la pintura de la mano de su padre y participó en varias exposiciones colectivas. No es hasta 1920 cuando regresa a España y se instala en Madrid, en donde a lo largo de su vida llegaría a pintar medio millar de retratos y más de ochocientos paisajes, por los cuales se le reconoció artísticamente.

Poco es lo que hay escrito sobre su obra, pero se sospecha que debió de ser un pintor de la escuela realista, capaz de pintar exquisitos paisajes y un fino dibujante. Al no haber una biografía en la que se hable sobre su faceta como pintor, y por qué el que dio a conocer a tantos pintores, no fue capaz de darse a conocer a sí mismo como pintor, se especula con la idea que, dedicado al estudio de los grandes artistas, debió de sentirse incapaz de igualarlos y decidió orientar su vida artística por el derrotero de la crítica de la obra de los demás, dejando el pintar reducido a un pasatiempo privado.

Lo que es cierto, es que sus escritos llegaron a un punto en el que, si los artistas españoles no aparecían en ellos, no eran nadie. También era muy común ver que todas las galerías y anticuarios tenían un ejemplar de sus libros, para comprobar si las obras de los artistas estaban reconocidas por Bernardino de Pantorba o no.

Por suerte, en la sede de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en concreto en el despacho del presidente, cuelga de sus paredes una tímida obra de Bernardino de Pantorba, titulada Día oscuro, ejemplo a través del cual se puede conocer esta desconocida faceta de este conocido cronista.

Como bien se ha dicho anteriormente, Bernardino de Pantorba fue conocido principalmente por uno de los temas más recurridos a lo largo de toda la historia del arte, los paisajes.

Se trata de la representación de un paisaje natural. En medio de la naturaleza se aprecia una serie de casas. Por el tipo de vegetación, abundante y verde, podría decirse que se trata de un paisaje típico del norte de España, lleno de hierba, árboles y todo tipo de vegetación.

En el tercer y cuarto plano, hay unas montañas picudas e imponentes, que parecen estar vigilando el pequeño pueblo que en sus faldas se halla, como la muralla y las almenas de un castillo, vigilando que nadie se adentre en el muro y descubra esos “caseríos” o “baserris”, como se les suele llamar en el País Vasco, rodeados de un oasis de vegetación.

En este caso, el cielo nublado también es una característica esencial. Las nubes parecen que abrazan a ese pequeño paraíso natural lleno de paz y de belleza. Además, el tratamiento de este esponjoso elemento, transmite la sensación de movimiento,  podría decirse incluso que podemos saber el tiempo que hace en el momento en el que Bernardino de Pantorba plasmó esta imagen en el lienzo. Un día nublado y con un gélido viento, en los que poco a poco el sol va venciendo a las nubes. Y uno de esos días en los que un rayo de sol es capaz de calentar absolutamente todos los huesos de nuestro cuerpo, ayudándonos a combatir esa corriente que nos hiela hasta las orejas.

Los árboles en un primer plano, parece que carecen de importancia, pero realmente, estos elementos son los que aportan ese punto realista a la composición. Además, parece que son parte de esa muralla que protege a los “baserris” de los enemigos.

Se aprecia una gran influencia impresionista, como bien puede ser la pincelada suelta o la ausencia del color negro, los impresionistas evitaban ese tono, ya que defendían que no existía. En su lugar, recurre al violeta y al verde oscuro, transmitiendo así una serie de sensaciones, a menudo contradictorias unas con otras, como, por ejemplo: estabilidad, energía, magia, misterio, nostalgia, romance, melancolía, tristeza o incluso frustración.

Gracias a la Asociación Española de Pintores y Escultores tenemos un ejemplo de la tan poca conocida faceta artística de este famoso cronista español, gracias al cual conocemos a un gran número de artistas españoles como internacionales.

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La Paz. PEDRO FRÍAS ALEJANDRO

Una vez dijo alguien “pienso, luego existo”, o como se diría en latín “cogito ergo sum”, frase a través de la cual se explicaba que todo ser capaz de pensar, tiene alma. Pero no se paró a pensar en si “los seres pensantes” son capaces de dotar de alma a los objetos.

El arte, tal y como he mencionado en más de una ocasión, es una de las ciencias que estudia el ser humano desde tiempos inmemorables, y…curiosamente es la única que alberga un pedacito del alma de sus creadores. Por lo que se podría decir que la teoría de René Descartes, que se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental, no es del todo certera.

Hasta el día de hoy, no me he enfrentado a ninguna escultura, posiblemente sea porque me parece una de las representaciones artísticas que más respeto me imponen. Os preguntareis, ¿respeto? ¿Por qué una escultura te impone respeto? Pues bien, todo comenzó cuando en el instituto cursé la asignatura de Historia del Arte. Todas y cada una de las esculturas me transmitían una total y absoluta cercanía, era como si se tratara de personas reales que por diversos motivos, se quedaron petrificadas en diferentes posturas, y si a este factor se le une la monumentalidad con la que ejecutaban las obras, lo que éstas transmiten es respeto.

Además, no solo me transfiere ese sentimiento, sino que también, me parece una de las representaciones artísticas más difíciles, y a su vez, si se ejecuta bien, una de las más agradecidas. Aspecto que pude comprobar durante la carrera.

Creo que uno nunca se cansa de observar una escultura. Esto no quiere decir que de otras representaciones artísticas como la pintura, grabado o fotografía, nos cansemos más fácilmente. Simplemente, la escultura tiene una aurea, una esencia, que es capaz de atraparnos y hacer que estemos observándola horas y horas sin cansarnos. Posiblemente ese sea el motivo por el cual hasta el día de hoy no haya tenido agallas suficientes para enfrentarme a una escultura.

El lugar en el que está expuesta la obra sobre la que os voy a hablar, no está al alcance de los ojos de todos, ya que se encuentra en el despacho del Presidente de la AEPE, oculta tímidamente detrás de una pizarra.

Se trata de un busto, titulado “La Paz”, del artista Pedro Frías Alejandro. Este imaginero palentino posee un estilo bastante característico que se encuentra a caballo entre el clasicismo, movimiento cultural, estético e intelectual inspirado en los patrones estéticos y filosóficos de la antigüedad clásica, caracterizada por una incansable búsqueda de la perfección del hombre en sus aspectos físicos y la vanguardia, tendencia artística, cultural, política, filosófica y literaria que se refiere a las personas o las obras que son experimentales o innovadoras.

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La obra de Pedro Frías Alejandro se desarrolla en diversos campos dentro del arte con una gran variedad de temas. Pero su especialidad es la creación de imágenes y cuerpos modelados y definidos de forma rígida y simétrica.

A lo largo de su trayectoria artística, se aprecia una constante, la figura de la mujer, la cual trabaja a través de líneas angulosas y calmadas. Se trata de un característico estilo estético y plástico por el que sobresalió por encima de los artistas de aquel entonces, y por el que, a día de hoy, se le sigue reconociendo.

En esta escultura, fechada en 1936, se aprecia que está esculpida desde el sentimiento más íntimo del artista, denotando así el reflejo de su personalidad artística y demostrando la calidad de su trabajo.

Se trata de la representación del concepto de paz, a través del busto de una mujer. Por aquel entonces, era muy común representar conceptos abstractos como el amor, la ira, etc. a través, sobre todo, de la figura femenina.

Por otro lado, también cabría mencionar que esta pieza es como el buen vino, es decir, el paso de los años ha hecho que el blanco característico de la escayola haya desaparecido, dotándola así de personalidad propia, de manera que ya no es tan evidente el material del que está hecha.

Como bien se ha dicho anteriormente, esta pieza pertenece al patrimonio artístico de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y participó, en el 2013, en el denominado Salón Para el Recuerdo, muestra organizada por la AEPE en La Vaguada. En ella, se expusieron las obras de setenta artistas españoles de peso, de la talla de Julio Antonio, Rafael Argelés Escriche, Luis Bea Pelayo, Enrique Brañez de Hoyos, Juan Espina Capo o Manuel de Íñigo Camús, entre otros.

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El Grabador. GB COTYR

El ser humano es inconformista por naturaleza, siempre queremos más. Esta característica es un arma de doble filo. Por un lado, nos incita a estar continuamente intentando superarnos a nosotros mismos. Pero también tiene un lado oscuro, como gran parte de las cosas de esta vida, que es la capacidad de no saber apreciar lo que ha evolucionado el ser humano en absolutamente todos los campos: científico, artístico, literario, etc. ¿Recordáis como localizabais a alguien antes de tener móvil? O, ¿recordáis  cómo había que conecta un cable al ordenador y al teléfono fijo de casa para poder navegar por la red, y que esta virguería impedía que te pudieran llamar a casa?, o ¿recordáis las cámaras de usar y tirar, y el proceso de revelado, en el que no sabías con total certeza si saldrían todas las fotos, y si además saldrían sin moverse, sin velados, etc.?

Estos son algunos de los avances a los que me refiero, y como bien he dicho, ha pasado en todas y cada una de las diferentes ramas que el ser humano estudia en la antigüedad. El arte es una de ellas, y en cada una de las diferentes categorías artísticas se han dado pasos de gigante, pero siempre dejando una huella, la del hombre. El arte, a diferencia de la medicina o la ciencia, entre otras, las cuales intentan borrar la huella del hombre haciendo que el trabajo cada vez sea más impersonal; el arte, siempre deja constancia de que durante el proceso de creación de la obra siempre ha habido un proceso artesanal, el cual, dependiendo de la obra, puede ser más o menos visible o importante, pero siempre está ahí.

En una de las salas de la sede de la AEPE, pude ver una obra, que recordaba al espectador la antiquísima manera en la que se hacían los grabados. Se trata de una prueba de artistas hecha por la artista conocida como Gb Cotyr, cuyo nombre realmente es Carmen Ortiz de la Torre, una Socia de Honor de ésta antiquísima entidad. En este grabado sobre papel titulado El grabador, tal y como su nombre indica, la artista ha representado un grabador, pero no uno actual, sino uno de los de antaño, podría decirse que se trata de la edad media.

Lo que es interesante en esta obra es cómo la artista, mientras lo hacía ha reflexionado sobre cómo ha evolucionado esta técnica, desde tiempos inmemorables como la edad media, hasta nuestros días, y ha querido dejar constancia de ello, para que el espectador reflexione sobre ello, de la misma manera que lo ha hecho el autor. Son pocos los artistas que hacen este tipo de reflexiones.

En el aspecto técnico, también tiene características interesantes, como por ejemplo la exquisitez con la que está trabajada, es decir, el artista ha intentado, y lo ha conseguido, que la imagen sea lo más legible posible, y además la ha trabajado con un detallismo exquisito. Por ejemplo, a pesar de tratarse de una obra no muy grande, la plancha medía 20,5 x 16,6 cm, y el papel 44,4 x 38,6 cm, desde una cierta distancia, se aprecia el rostro de la persona que está trabajando en el grabado, y eso que se encuentra en un segundo plano, pero este no es el único detalle que se puede apreciar en la composición, en toda esta obra, se pueden ver un sinfín de detalles a la hora de representar el taller del artista que hacen de esta obra una pieza digna de mirar con total detalle, como por ejemplo la manera en la que el autor trabaja las luces y las sombras.

Por otro lado, cabría mencionar también, que incluso la firma que se encuentra en la esquina inferior derecha, dentro de la misma plancha del grabado, está ambientada en la edad media, es decir, Carmen Ortiz de la Torre ha escrito las iniciales I.A. con la letra típica de aquellos tiempos.

Pero sobre todo,  es interesante, cómo la artista ha tenido presente la evolución de esta técnica artística, mostrando así al espectador que a pesar del desarrollo de este tipo de trabajos, su característica, y también la del arte, a pesar de lo mucho que las técnicas puedan evolucionar o no, es el contacto directo que tiene el artista con la obra, peculiaridad que otras muchas ciencias carecen.

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La vida. LAURA CASTELLANOS

La Vida: “Propiedad o cualidad esencial de los animales y las plantas, por la cual evolucionan, se adaptan al medio, se desarrollan y se reproducen.” Esta se trata de una de las definiciones que podemos encontrar sobre la vida. Pero se encuentra incompleta. La vida también es felicidad, tristeza, agobio, decepción, amistad, amor, miedo etc. ¿Quién no ha tenido alguna vez pavor a algo, oscuridad, a alguien…? O ¿Quién no ha estado tan feliz que veía el mundo del color de rosa?. Estos aspectos de la vida los han tenido todos los seres humanos y animales, pero cada uno los vive, de manera diferente o en circunstancias diversas, y a menudo se  olvidan de ponerlas en éste tipo de definiciones. La vida son sentimientos y sensaciones, ya sean positivas o negativas, y éstos son unos pilares fundamentales dentro de esta palabra tan bonita “vida”, que en cuanto la decimos se nos llena la boca.

Curiosamente, en las obras de arte, esto aspectos se transmiten de una manera muchísimo más intensa y evidente que en otros medios artísticos. ¿Será porque los artistas viven al máximo todos los sentimientos que puede transmitir la vida? O ¿o será porque por esa locura típica de los artistas de la que todo el mundo habla?. Ya sea una razón o por otra, lo que sí que es cierto, es que los artistas, además de tener el don de poder realizar creaciones artísticas, son capaces de empatizar con todo aquel que vea su obra, les tocan “la fibra sensible” de una manera o de otra, lo cual es mucho más importante que el poder hacer a la perfección una perspectiva, el saber mezclar los colores, o cualquier otro tipo de ejecución artística.

La obra de éste mes, es de Laura López Castellanos, tal y como su título indica, lo que transmite es VIDA, en todos sus aspectos, la autora en un simple grabado ha sido capaz de transmitir todos aquellos matices que no aparecen en los diccionarios, pero que sí que aparecen de una manera notoria en el día a día. Para ello el autor ha recurrido a los animales. Podemos ver desde el nacimiento de un polluelo, que transmite felicidad, ternura y amor; hasta la unión de dos insectos, dando miedo, incertidumbre, o curiosidad. Todos ellos trabajado con una línea poco exacta, que es otro medio que transmite infinidad de sentimientos, muchísimos más de los que puede hacerlo una línea perfecta hecha con la regla.

Además, el grabado es un medio artístico que cada vez usan menos artistas, con lo que podría decirse que la obra del artista no es, en si,  el grabado, sino el hecho de trabajar el propio grabado, con lo que intenta mantenerlo en vida y mantener la importancia que ha tenido a lo largo de la historia . Nunca he visto una obra en que en tantos aspectos haga referencia a esta preciosa palabra, “vida”

Aunque esta obra tenga un formato pequeño (46 x 32 cm) y participase en el certamen de pequeño formato, es una de las mayores obras que he visto y una de las mayores que alberga la AEPE en sus salas.

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El cupón de la ONCE. EMILIO PINA LUPIÁÑEZ

¿Coincidencia? O ¿Me ha traicionado el subconsciente? No lo sé. Pera esta obra de Emilio Pina Lupiáñez titulada “El cupón de la ONCE”, al igual que la de Juan José Vicente Ramírez, de la que habláramos el mes pasado, me ha transportado a otros tiempos pasados de mi vida, en este caso en concreto a mi niñez.

¿Se acuerdan de aquellas ilustraciones de los libros de matemáticas, conocimiento del medio, y demás asignaturas? ¿Quién no le ha pintado un bigote, un sombrero, o cualquier otra cosa a esas ilustraciones en medio de una clase no muy entretenida en el colegio? Pues bien, en este caso, la obra me ha transportado al colegio, a aquellas tediosas clases de matemáticas en las que las ilustraciones de los libros servían de apoyo para las explicaciones, y en algunas ocasiones, ya sea por aburrimiento o por mera venganza por no gustarme las matemáticas, me dedicaba a pintarles bigote o cambiarles el peinado a aquellas ilustraciones.

Este óleo sobre lienzo que cuelga de una de las salas de la sede de la AEPE, es igual que las ilustraciones de aquellos libros. Los dibujos de los personajes que aparecen en la obra están tan simplificados como en las ilustraciones de los libros de primaria, es decir, se impone la línea sobre el color.

El dibujo es una parte muy importante en una obra, y curiosamente, a menudo pasa desapercibida. Puede ser porque a la hora de apreciar un cuadro nos sea más llamativo el color que la línea. Pero como  bien dicen muchos eruditos de ésta materia, “si el dibujo está bien hecho, el resto es coser y cantar”; lo cual, en parte, es cierto, ya que como podemos ver en esta obra, el autor con tan solo “4 líneas”, ha sido capaz de representar diferentes personajes haciendo diferentes acciones y gestos.

En esta pieza, el color no es tan importante como la línea, tal y como se ha mencionado anteriormente,  pero no por eso no hay que nombrarlo. En el lienzo de 46 centímetros de altura por 61 centímetros de anchura, predominan las tonalidades marrones. Éstas están trabajadas de una manera bastante plana, apenas se aprecian matices de color, así como tampoco apenas se encuentra rastro de las huellas de los pinceles. Estas características cromáticas, recuerdan, en cierta manera, a las obras de Pop Art, aunque en este caso, los colores a los que recurre el artista no son chillones, como los que se utilizaban en este movimiento modernista de los años sesenta y setenta del siglo XX. Esto hace que la obra de Emilio Piña Lupianez sea más cálida, transmita serenidad, y le quita el toque artificial que tienen estas obras modernas.

La temática de la obra tiene un carácter social, tal y como se intuye por su título, El cupón de la ONCE. Este tipo de temáticas, también era común en el Pop Art, en el que recurrían a imágenes de cultura popular (anuncios, cómic, ilustraciones de libros, etc.), para llegar al mayor número de personas posibles. Se trata de una serie de personas de diferentes edades y actitudes que están haciendo cola delante de un puesto de la ONCE para comprar un boleto de lotería. Resulta curioso, ya que podría decirse que el espectador de la obra se ha convertido en alumno y la obra en un libro de primaria, en donde enseña lo que todos deberíamos hacer más a menudo, pero por diferentes motivos no lo llevamos a cabo.

Es importante mencionar, que el artista madrileño Emilio Pina Lupianez ganó el certamen de Guadalajara, organizado por la AEPE, con ésta obra en el 2014.

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Itziar Zabalza Murillo, ponente de la AEPE en el I Congreso de Jóvenes Historiadores de la URJC

En representación de la Asociación Española de Pintores y Escultores y de la Fundación Maxam, Itziar Zabalza Murillo presentará el próximo día 19 de abril una ponencia en el marco del I Congreso de Jóvenes Historiadores de la Universidad Rey Juan Carlos, cuyo título es La “Gioconda” de Madrid y del Louvre, y acerca de la cual, adelantamos su sinopsis:

“El trabajo La “Gioconda” de Madrid y del Louvre, surge durante el proceso de digitalización de la Gaceta de Bellas Artes, un boletín de periodicidad mensual que publica la Asociación Española de Pintores y Escultores. En esta revista apareció un artículo con el mismo nombre en el que su autor, José de Armas, desmonta lo dicho por Giorgio Vasari  sobre la Gioconda.

Además, el tratado de Giovanni Paolo Lomazzo, los recientes descubrimientos sobre la Gioconda y la aparición de la supuesta “Gioconda rusa”, hacen que surjan más dudas sobre la Gioconda del Louvre”.

Esta será la primera vez en lustros, en los que la Asociación Española de Pintores y Escultores vuelve a ser protagonista directa de la vida académica y artística y por la que tenemos que felicitar a su autora, Itziar Zabalza, y a la Fundación Maxam, que verá así también reflejado el fruto de un buen trabajo y gran apoyo al mundo del arte en España y a la AEPE.

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EL CONGRESO

Celebración del Congreso

El I Congreso de Jóvenes Historiadores se celebrará los días 19, 20 y 21 de abril en sesión de mañana y tarde en el Campus de Madrid de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos (Paseo de los Artilleros s/n, Metro Vicálvaro).

Presentación

La misión principal de este encuentro es el intercambio de ideas y proyectos de trabajo entre los futuros historiadores a la vez que ofrecer un marco de diálogo con investigadores y docentes de reconocido prestigio. Además, la publicación de las comunicaciones aceptadas y presentadas en el marco del Congreso permitirá a los jóvenes historiadores enfrentarse a la tarea de difundir el resultado de sus investigaciones.

El I Congreso de Jóvenes Historiadores de la Universidad Rey Juan Carlos surge en el año 2015 como proyecto de los estudiantes de la titulación de Historia y sus Dobles Grados, con el apoyo de la Coordinación de la titulación, el Decanato de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y el Vicerrectorado de Estudiantes, para fomentar y acercar el mundo de la investigación a los estudiantes. A su vez, tiene como objetivo dar a conocer el Grado en Historia y los Dobles Grados ofertados por la Universidad Rey Juan Carlos, a la vez que mostrar el conjunto del proyecto formativo y académico de excelencia y calidad de dicha Universidad.

Este Congreso pretende, en un marco de debate y reflexión, facilitar a todos los estudiantes de la titulación de Historia y las Dobles Titulaciones, así como a otros estudiantes de otras universidades, la posibilidad de iniciarse en el mundo de la investigación con el fin de que los jóvenes historiadores comiencen el camino hacia el desarrollo de su carrera profesional.

Participantes

El I Congreso de Jóvenes Historiadores está dirigido a todos los estudiantes de Historia, así como a estudiantes de otras carreras, interesados en este ámbito del conocimiento. Además, aquellos que estén realizando la Tesina de Licenciatura, el Trabajo de Fin de Grado, el Trabajo de Fin de Máster o la Tesis Doctoral están invitados a presentar una comunicación siempre que ésta se encuentre dentro del marco de la temática del Congreso.

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La AEPE y MAXAM juntos en el I Congreso de Jóvenes

Historiadores de la URJC

Gracias al trabajo y esfuerzo de Itziar Zabalza Murillo

En representación de la Asociación Española de Pintores y Escultores y de la Fundación Maxam, Itziar Zabalza Murillo presentó el pasado día 19 de abril una ponencia en el marco del I Congreso de Jóvenes Historiadores de la Universidad Rey Juan Carlos, cuyo título era”La “Gioconda” de Madrid y del Louvre”, y acerca de la cual, os presentamos una sinopsis, a la espera de que se presente también a todos los socios y amigos de la AEPE, en un acto convocado a tal fin en nuestra sede social:

“El trabajo La “Gioconda” de Madrid y del Louvre, surge durante el proceso de digitalización de la Gaceta de Bellas Artes, un boletín de periodicidad mensual que publica la Asociación Española de Pintores y Escultores. En esta revista apareció un artículo con el mismo nombre en el que su autor, José de Armas, desmonta lo dicho por Giorgio Vasari  sobre la Gioconda.

Además, el tratado de Giovanni Paolo Lomazzo, los recientes descubrimientos sobre la Gioconda y la aparición de la supuesta “Gioconda rusa”, hacen que surjan más dudas sobre la Gioconda del Louvre”.

Esta ha sido la primera vez en lustros, en los que la Asociación Española de Pintores y Escultores ha vuelto a ser protagonista directa de la vida académica y artística y por la que tenemos que felicitar a su autora, Itziar Zabalza, y a la Fundación Maxam, que verá así también reflejado el fruto de un buen trabajo y gran apoyo al mundo del arte en España y a la AEPE.

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El Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado del Director de la Asociación de Jóvenes Historiadores, del Vicepresidente de la AEPE, Juan de la Cruz Pallarés, y del Bibliotecario, Fernando de Marta, quisieron arropar, acompañar y apoyar a la ponente, Itziar Zabalza Murillo, en todo momento.

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Interior Woodwork. JUAN JOSÉ VICENTE RAMÍREZ. 50 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura

¿Alguna vez han visto alguna obra y les haya recordado alguna película? ¿O al menos, ciertos aspectos de la obra? Personalmente, a mi sí. En ésta ocasión, la obra de José Vicente Ramírez por dos  factores, me ha recordado a las películas del director norteamericano Tim Burton. Lo que alude a las obras de éste director de cine, es la facilidad que éste tiene para convertir espacios fríos, incómodos e incluso siniestros, en entrañables e incluso hasta cálidos. Pero sobre todo es por el tratamiento de la luz, ilumina lo justo y necesario, para no perder la sensación de misterio.

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En el caso de ésta obra titulada Interior Woodwork, me pasa lo mismo, el autor ha representado un espacio, un taller, que por lo general suele ser un espacio frío incómodo y para nada acogedor, y lo ha tratado de tal manera que a mí me inspira la misma sensación que los paisajes de las películas de este famoso director de cine americano.

Esta tabla, podría dividirse en tres planos diferentes. En un primer plano, justo en el centro de la composición, se encuentra una mesa de madera, en la que encima hay diversos elementos con los que trabajar e incluso instrumentos para medir la madera (por el título de la obra se deduce que es una taller de madera). En el siguiente plano, un gran número de medios con los que poder trabajar. Y en el último plano, otra serie de instrumentos para obrar, un acceso a lo que parece ser un almacén,  la puerta del taller y el conducto de ventilación. Tanto la puerta que se encuentra en el centro de la composición, como del conducto de ventilación, dan directamente al exterior, por lo tanto, son el único foco de luz de la composición. Todos los elementos de los diversos planos están envueltos en un aura de misterio, que el autor ha conseguido difuminando los colores, más en unas zonas determinadas de la representación que en otras.

Por otra parte, esta imagen, por los colores que ha utilizado Juan José Vicente Ramírez, podría recordar también, a las fotografías que se hacían antaño en tonalidades sepias. Como si se tratase de una fotografía antigua, que transporta al espectador a un momento del pasado que recuerda con mucha añoranza.

Personalmente, a mí, esta imagen me recuerda a las aulas y talleres de la facultad de Bellas Artes de la universidad en donde estudié la carrera, lo que en parte me inspira recuerdos muy buenos de una etapa de mi vida. Esta misma sensación que transmite la obra al espectador, también ayuda a disminuir esa sensación de frialdad e impersonalidad.

Otro de los aspectos a resaltar en este trabajo, es el uso de la perspectiva y del claroscuro, elementos que han ayudado enormemente a que el espacio representado sea cuanto menos lo más realista posible. Y a través del uso del color, y con una pincelada casi imperceptible, ha conseguido reducir la siniestralidad, y convertirlo en un espacio más acogedor, algo que pocos consiguen.

Actualmente está tabla se encuentra colgada en una de las paredes de la sede de la AEPE, tímidamente expuesta dentro de una de las aulas, y como bien se ha mencionado anteriormente, el autor de ésta obra es Juan José Vicente Ramírez, un madrileño que además de participar en numerosas exposiciones, tanto colectivas como individuales, ganó con esta misma obra el 50 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura de la AEPE del año pasado.

Mujer dormida. JUSTO REVILLA

Desde hace bastante tiempo se encuentra colgada en las paredes del largo pasillo de la Asociación Española de Pintores y Escultores una obra que destaca sobre las otras debido a la sensibilidad y tranquilidad que transmite a cualquiera que lo observe.

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Se trata del cuadro titulado Mujer Dormida, del  artista Justo Revilla. Este artista madrileño se caracteriza por observar y penetrar en los temas, y esta obra no es una excepción. Podría decirse que éste tema, la vida humana, es uno de los temas que con mayor frecuencia aborda en sus pinturas.   La empatía con la que pinta a las personas retratadas es también, una de sus principales señas de identidad. Es importante mencionar que para él, las experiencias de la vida son las que hacen a las personas sabias, de ahí que retrate a gente adulta, siempre con una belleza y unas proporciones exquisitas.

Todas sus características, como no, se reflejan también en la obra colgada en las pareces de la AEPE. En  un primer y único plano se encuentra la señora dormida en una sillón a la cual se le ha caído el libro mientras estaba durmiendo, de ahí que tenga una mano colgando y el libro en el suelo.  Justo Revilla, para darle mayor protagonismo a la figura, además de ponerla en el primer plano, ha decidido pintar el fondo de negro, de forma que no haya nada más además de la figura, el sillón en el que está sentada la figura principal y el libro que caído.  Toda la obra está trabajada con una pincelada bastante suelta, y no se ha parado en trabajar ningún tipo de detalle de la obra, dando así importancia a la acción y no a la persona retratada. A pesar de eso, el dibujo que ha hecho el autor de este óleo sobre lienzo de gran tamaño (130 x 97,1 cm) es excelente, ya que con “cuatro pinceladas sueltas”, y sin ningún detalle,  ha logrado que se vea lo que está representando.

En cuanto a la manera en la que el artista ha utilizado la paleta de colores tierras, blanco y negro, podría recordar a un estilo de pintura barroca, que concretamente pertenece a su fase inicial (comienzos del siglo XVII), conocido como tenebrismo. Los principales exponentes de este estilo fueron Caravaggio y José de Rivera, y la característica principal de este estilo de pintura es el contraste violento entre las luces y las sombras a través de una forzada iluminación.

Es curioso ver como una imagen tan simple como esta pueda contener tanto significado, y solo basta con detenerse a mirar detalladamente e interpretar los detalles.

Madrid, 14 de diciembre de 2015

Constructor de aviones. LUIS JAVIER GAYÁ

El 5 de noviembre del 2015 tuvo lugar en la Casa de Vacas del Parque del Buen Retiro de Madrid, la 82ª edición del Salón de Otoño. Este acontecimiento anual lo organiza la Asociación Española de Pintores y Escultores, con el patrocinio de la Fundación MAXAM, y se trata de una de las convocatorias más antiguas y prestigiosas que se celebran en España.

A diferencia de los años anteriores, éste está marcado por dos aspectos. Uno es la alta participación de artistas, más de 200 participantes, que además de una gran calidad artística, combinaban arte vanguardista y tradicional. Además, en comparación con otras convocatorias, se observa un incremento en el número de esculturas presentadas al concurso.

El segundo factor a destacar es el gran jurado con el que ha contado para esta edición, el cual estaba formado por: el Director de la Fundación MAXAM, Rafael López-Sors; José Vicente Moreno, también miembro de MAXAM; Antonio López, pintor y escultor; Julio López Hernández, escultor; Eduardo Naranjo, pintor; Rafael Canogar, pintor; Javier Rubio Nomblot, crítico y comisario de arte; y Tomás Paredes, Presidente de la Asociación Nacional de Críticos de Arte.  Esta cúpula del arte español, estuvo acompañada por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE y por la Secretaria General de la AEPE Mª Dolores Barreda Pérez, ambos como representantes de la Asociación que organiza éste certamen, sin posibilidad de votar en la elección. Todas las decisiones que se tomaron aquel 21 de octubre, el día que se reunió el jurado, hicieron  que el 82 Salón de Otoño fuera un éxito.

La obra ganadora de ésta edición fue la de Luis Javier Gaya Soler, titulada Constructor de aviones, que obtuvo dos galardones: el Premio El Corte Inglés y la Medalla de Pintura “Eduardo Chicharro” de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En este óleo sobre tabla de gran tamaño (160 x 170 cm), vemos cómo el autor ha trabajado con un detallismo exquisito, el momento en el que se están construyendo unos aviones en la línea de montaje. En la imagen aparecen representados tres aviones, el principal es el que se encuentra en primer plano, que por el uso de la perspectiva central, lógicamente es el de mayor tamaño, todos ellos, al encontrarse en una línea de montaje están rodeados por andamios.

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Tanto en la parte superior como en la inferior, hay dos bandas, de menor tamaño, que parecen estar enmarcando la obra principal, que se encuentra en el centro. Tanto en la franja inferior como en la superior aparece el mismo molde central, que es un rostro deformado, mientras que el fondo de ambas cambia. En el fondo de la banda superior aparecen representados una serie de automóviles antiguos en la ciudad, mientras que en el fondo de la inferior, aparecen una serie de personajes que parecen estar simulando o recordando algún conflicto.  El autor, en ésta obra ha usado una tonalidad de colores tierra aplicados con una pincelada no muy suelta. Además cabría mencionar que el objetivo del autor era dar mayor importancia a la línea antes que a la mancha. Estos aspectos hacen recordar  al espectador una fotografía de época. Esto hace que al mirar la obra el visitante se trasladé a esos años pasados en los que esos tipos de vehículos eran una novedad, y que de alguna manera, les venga también a la mente otra serie de cosas referentes a aquella época, como: manera de vestir, el tipo de  ciudades, las primeras cámaras de fotos, etc.

Curiosamente, podría decirse que el autor hace referencia a la importancia de la fotografía en la pintura. La fotografía les permitía captar con total fidelidad las luces efímeras de los paisajes y el quehacer cotidiano de la gente, en contraposición de la pintura que representaba el color, cosa que la fotografía en aquella época no podía hacer. Esta referencia se basa en el guiño que hace Luis Javier Gaya Soler a la fotografía, convirtiendo una imagen fotográfica en una pintura. El invento de la fotografía, no fue muy bien reconocido artísticamente, pero gracias a la aparición de movimientos artísticos que defendían la importancia de esta en el arte, la fotografía se hizo un hueco.

 Madrid, 10 de noviembre de 2015

Infinito 45. CRISTINA GAMÓN. 51 Premio Reina Sofía de PIntura y Escultura

Por segundo año consecutivo, se ha celebrado el Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura organizado por la Asociación Española de Pintores y Escultores, que junto con el certamen del Salón de Otoño, es uno de los eventos más importantes y antiguos que organiza esta institución. La exposición tuvo lugar el 4 de febrero del 2016 en la Casa de Vacas del Parque del Buen Retiro de Madrid, y contó con el patrocinio de Google.

Este año ha celebrado su 51 edición, y para la selección de obras tuvo un jurado sin igual, formado por entidades muy importantes del mundo del arte, pintores de la talla de: Rafael Canogar, Eduardo Naranjo y Alejandro Aguilar Soria. También estaba el periodista y escritor, Javier Sierra; el representante de Google, Antonio Vargas; la directora de Xtrart y de la Fundación FIART, Alma Ramas; el director de Art Madrid, Alberto Cornejo Alcaraz; y el presidente de la Asociación Nacional de Críticos de Arte, Tomas Paredes. También estaban el Presidente de la AEPE José Gabriel Astudillo López y la Secretaria General, también de la AEPE, Mª Dolores Barreda Pérez, ambos con voz pero sin voto y en representación de la entidad organizadora del evento.

Todas las decisiones que se tomaron aquel 19 de enero del 2016, el día que se reunió el jurado, hicieron que la 51 edición del Premio Reina Sofía fuese un éxito, tanto por la calidad de la exposición como por el número de visitantes que acudió a verla.

La obra ganadora de ésta edición fue la titulada “Infinito 45”, de Cristina Gamón, que fue premiada con 10.000 euros.

En éste metacrilato trabajado con técnica mixta (125 x 200 cm), la joven artista valenciana muestra una expresión de color y un juego de formas que articula una abstracción expresionista fluida, a través de la cual muestra al visitante una de las múltiples realidades de la pintura abstracta.

Los colores cálidos y vivos, que se encuentran en continuo movimiento, recuerdan a las formas que dejan las olas al romper en la arena. Éstos, llaman la atención del espectador y lo atrapan de tal manera que hacen que se sienta cómodo viendo como los colores (rojo, magenta, negro, blanco y amarillo) se mezclan unos con otros en la obra y crean diferentes matices, o incluso intentando descifrar algún elemento reconocible en la pieza.

Podría decirse, que el color negro puesto en la parte central de la obra y los colores blancos en la parte tanto inferior como superior de la pieza, hacen que pueda dar la sensación de que se trata de un túnel, lo cual, da profundidad a la obra. O incluso, por la manera en la que ha trabajado la obra la artista que se trate de una especie de galaxia, en la que la zona oscura es la más leja y la clara la más cercana.

Cabe destacar, que el soporte, en este caso, tiene su significado, la artista lo utiliza porque el metacrilato es el soporte icono de la contemporaneidad, y a través de él ha conseguido fusionar el pasado, que podría decirse que es la técnica, con el presente, que como se ha mencionado anteriormente, es el soporte.

También es interesante mencionar los huecos, espacios vacíos, que hay en el lateral superior izquierdo y derecho de la obra, a través de los cuales pone de manifiesto el artificio de la pintura, elemento que ayuda al espectador. Podría decirse que son como las comas en la escritura, ya que gracias a ellos, el espectador puede “coger aire” para seguir contemplando la obra, elemento muy útil para que la obra no supere al espectador, y el visitante se sienta cómodo observándola.

Por último, felicitar a todos los concursantes, a la Asociación Española de Pintores y Escultores y a los miembros de jurado, que han conseguido que esta edición número 51 fuese un auténtico éxito en todos los aspectos. Todos ellos han hecho que el Premio Reina Sofía sea uno de los acontecimiento que marca la agenda cultural de éste país y que ganarlo suponga un gran logro en  los currículums de los artistas.

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