Elvira Medina de Castro

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

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ELVIRA MEDINA DE CASTRO

MEDINA CASTRO, Elvira   E.P               1968     1911                 SERRADA (Va)            MADRID

Elvira de Medina de Castro, retratista y paisajista.

Hija de César de Medina Bocos, Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, y de Ulpiana de Castro Rueda, hermana del también Académico de Honor y de Número, el escultor José Luis de Medina, del Teniente de Artillería Antonio de Medina Castro, que murió heroicamente en el Desastre de Anual, de los poetas Ernesto y José Luis de Medina Castro y de la también pintora Fuensanta.

Nacida en Valladolid en 1912, en el seno de una familia culta y sensible a las Bellas Artes, formada por el matrimonio y los trece hijos.

Autorretrato de Elvira Medina presentado al Salón de Otoño de 1968

Desde su infancia mantuvo el contacto íntimo con la tierra castellana, escenario preferente de su obra. El paisaje se convierte en un tema con el que estudiar y aprender mientras practica incansablemente el dibujo, con sanguinas y lápices como base de su técnica.

De forma autodidacta, gracias a la dirección y consejos de su padre, el autor de “Espigas y racimos”, acude al Museo de Escultura de Valladolid y realiza cursos de modelado, influida sin duda por la obra del gran escultor José Luis de Medina, su hermano.

En 1942 será premiada como escultora, con Medalla de Plata y beca de viaje de estudios por Italia.

Concurre a concursos y certámenes de pintura y escultura, siendo seleccionada en la Primera Exposición Bienal Hispanoamericana de Arte, celebrada en el Museo de Arte Moderno de Madrid en 1951.

En 1956 celebra su primera exposición de pintura en el Rincón de Arte de la Librería Meseta de Valladolid, con interesantes retratos, género por el que siente especial predilección.

Elvira Medina en una imagen de La Estafeta Literaria

Con este motivo, Francisco de Cossío escribió en El Norte de Castilla “…Demuestra unas condiciones personales relevantes, puesto que lo que pinta y modela no responde a ningún prejuicio de escuela, sino a pura espontaneidad. Esta casualidad presta a sus producciones un valor personal indiscutible, ya que recogiendo los efluvios de las tendencias modernas, no aparecen sus obras encasilladas en una fórmula definida, sino que se deja llevar por lo espontáneo y fluido, sin que en sus lienzos veamos esfuerzo ninguno de realización…”

Como Cossío, el crítico Alfredo Marqueríe afirmaba que “…Elvira es una gran artista que ha sabido poner en sus esculturas y en sus lienzos la mejor virtud de la artista que es la sinceridad…”

Participó en la Exposición Nacional de 1966, donde seleccionaron una de sus obras, y en la 1968, la última que se realizó, en donde obtuvo muy buenas críticas por un bello cuadro de una niña, verdadero prodigio de encanto y sencillez.

En abril de 1967 participó en una exposición en la galería de la Editora Nacional, en plena Gran Vía, colgando treinta y dos óleos en los que destacaban los retratos, paisajes y bodegones, recibiendo una inmejorable acogida por el público y la crítica.

Ese mismo año repitió el éxito de Madrid en Valladolid, en la Galería Castilla, donde llamaron la atención sus delicadas y franciscanas interpretaciones de los animales de granja y los admirables bodegones, repletos de armónicos colores y gran riqueza espatular.

Casona de los Medina en Serrada

Dos años después expuso en el Club de Arte Norteamericano de Madrid, pintando numerosos retratos de encargo, entre ellos el del Conde Albert Thuill, actualmente en el Museo de Filadelfia.

En 1967 fija su residencia en Madrid, acudiendo a dibujar asiduamente al Círculo de Bellas Artes, en la especialidad de “desnudos del natural”, mientras continúa realizando exposiciones individuales y participando en colectivas.

En noviembre de 1978 expuso sus obras en la Art-Galery de Madrid, con un juicio muy favorable de la crítica de la época. Para esta muestra contó con el prólogo del Marqués de Lozoya, quien dedicó a la pintora varios comentarios en los que decía que “… Elvira es pintora y no puede ser otra cosa. Y el ambiente no altera su personalidad, pero la perfila y la adapta al sentir de un determinado mundo. Elvira puso su nota de un arte personal y bello en el ambiente vallisoletano. Contaba además para enriquecer su estilo con su herencia rural, que le permitía un contacto directo con la tierra castellana y con sus abnegados y heroicos cultivadores, y que engendró en la artista un amor franciscano hacia nuestros hermanos inferiores, que se había de reflejar en su Arte. Esta vocación, esta herencia, este ambiente explican la calidad artística admirable de su obra…”

En 1975 es nombrada Académica de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid.

Bodegón

A partir de entonces despliega una gran actividad en el campo del retrato, que se convierte en su dedicación preferente cuando en 1987 decide regresar a su Valladolid natal junto a su hermana Fuensanta o “Santica”, como solían llamarla, trasladando su estudio y el piso de la calle del General Mola a un luminoso apartamento de la vallisoletana calle del Duque de la Victoria.

Los veranos sigue acudiendo a la casa familiar de Serrada, donde se reencuentra con los paisajes castellanos de su infancia, que tan felices la hacen.

De su amplia producción son testimonio las numerosas obras que se conservan en colecciones particulares de Norteamérica, Cuba, Italia y por innumerables poblaciones y capitales de España.


Esculturas de Elvira Medina de Castro

Desde el inicio de su vida artística, Elvira quiso ante todo ser una pintora de retratos, género al que mayor atención dedicó y el que cultivó con más fidelidad y agrado. En ellos vuelca el sensible humanismo con el que recrea a quienes la rodeaban. Son retratos trabajados con pulcritud, estudiados a conciencia, surgidos de poderosas dotes de observación, fieles al parecido, etéreos, vaporosos, poéticos, evanescentes, repletos de serenidad y delicadeza. Obras de fuerza expresiva que logra con pinceladas seguras, diestras, desflecadas y transparentes.

De ellos se ha dicho que son reflejos del ama, llenos de sensibilidad y naturalidad con los que no pretende alagar, sino que buscan la sinceridad y la intimidad del retratado.

En los retratos de Elvira predominan el color, armonioso de tintas y delicadas transparencias, con un cromatismo sutil y refinado, fieles al dibujo de trazo flexible y definidor.

Retrató a numerosas personalidades de la época, pero de entre todos ellos, destacaron especialmente los que realizó a personas entrañables y muy queridas para ella y las gentes sencillas del pueblo de Serrada, en los que capta el encanto y la magia infantil y la agudeza intuitiva de sus ingenuos y asustados rostros.

Distintos retratos realizados por Elvira Medina

El paisaje fue otro de sus principales motivos pictóricos, sobre todo el de los campos castellanos de su Serrada natal, en los que las lejanías infinitas abren la amplitud de las escenas, alejándose de los tópicos de aridez y aspereza que se convierten en color y poesía con sugestivas pinceladas de color y tonalidades armoniosas aplicadas con calidades nacaradas.

Es una pintura empastada, de factura casi abstracta, aplicada con espátula, pero sin llegar a ser desgarrada ni expresionista, sino con transparencias logradas con la superposición de ligeros toques.

Pero lo más original y personal de la pintura de Elvira de Medina son los deliciosos óleos de animales, llenos de amor a los habitantes de la granja familiar, que trata de una manera sensible en escenas inquietas y pacientes repletos de una sensación de viveza y ternura infinitas. La agilidad de ejecución está presente en los pequeños lienzos concebidos con el encanto y la magia de los cuentos infantiles.

Familia de leones

Los bodegones acercan la obra de Elvira a la abstracción, con un trazo vigoroso, casi expresionista, de toques líricos colmados de juegos de formas, planos y volúmenes en los que la sencillez refleja la espontaneidad y soltura de la autora.

La obra de Elvira es moderna, clásica, íntima, poética, sincera y natural. Pero más allá de su obra, la propia artista es una excelente persona de una excepcional calidad humana que marcaron su vida y la de quienes la rodearon.

Niña con perro

Consagró su vida a la pintura sin sentirse vinculada a escuela alguna, ya que siempre quiso seguir su propio camino, buscando su libertad y estilo propios, pero que trascienden la sinceridad y amor con el que están realizadas todas sus obras.

Falleció en 1998.

Elvira Medina y la AEPE

* En el XXXVIII Salón de Otoño de 1967 participó con dos obras tituladas “Niño” y “Naturaleza”.

* Al XXXIX Salón de Otoño de 1968 presentó también dos obras, un “Autorretrato” y “Naturaleza”. Tercera Medalla de Pintura.

* Al XLIII Salón de Otoño de 1973 concurrió con las obras “Retrato” y “Llanura”.

* En el XLVII Salón de Otoño de 1979 estuvo presente con tres obras, “Naturaleza viva”, “En el bar” y “Desnudo de niña”. Tercera Medalla de Escultura.

* El 51 Salón de Otoño de 1984 fue el último al que presentó obra, que en esta ocasión tituló “Una niña con perro”.

Paisaje

Vino

BIBLIOGRAFÍA:

Brasas Egido, J.C., Catálogo de la II exposición de pintores y escultores de la Real Academia de BB. AA de la Purísima Concepción.Valladolid, 1993; Brasas Egido, J.C.,

Contestación en nombre de la corporación La recepción pública como académica de Honor de la pintura de Doña Elvira de Medina de Castro. Real Academia de BB. AA. de la Purísima Concepción. Valladolid, 1993

http://www.pedrajas.net/pedrajas/NOTICIAS/2002/INVIERNO/cesarmedina.htm

La Estafeta Literaria: Nº 564 – 15 mayo 1975. Elvira Medina con Castilla al fondo

La Estafeta Literaria: Nº 637 – 1 junio 1978

SERRADA: UN PASEO POR EL ARTE