(Español) Aurora Lezcano y de Saracho

Sorry, this entry is only available in European Spanish.

The distinction of Javier Sierra, in the Diario de Teruel

The cover of the Diario de Teruel of November 12, 2019, echoes the news of the recognition of the Turolense Javier Sierra as Honorary Member of the Spanish Association of Painters and Sculptors.

Inside, the news expands and we discover how everything related to the writer is reported in his hometown, the most prominent example of a “prophet in his land,” who recently also received the distinction of Teruel’s Favorite Son, which has a park near the neighborhood where he lived that now bears his name, and that houses the legacy of Javier Sierra in the Public Library of Teruel, which since September, was officially renamed the State Public Library in Teruel Javier Sierra.

As we can see, any news related to one of his most illustrious “children” interests and even more so when it comes to a distinction such as that of Honor Partner, going to swell the list of names among which kings appear, such as Alfonso XIII or the Queen María Cristina, to patrons like the Duke of Alba or the Marquis of Aledo, personalities from the world of culture as writers, composers, art critics and gallery owners such as José Francés or Antonio Cobos and artists such as Eugenio Hermoso, Benedito, Vázquez Díaz. ….

 

Las Medallas de la Asociación Española de Pintores y Escultores

La Medalla de Fructuoso Orduña

Por Mª Dolores Barreda Pérez

La Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores celebrada el 10 de febrero de 2017, aprobó la propuesta planteada por el Presidente de la centenaria entidad, José Gabriel Astudillo López, relativa a la reorganización de los premios y galardones que otorga la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

     Los análisis realizados por la Junta Directiva sobre el más que positivo aumento del número de esculturas que se presentan en cada convocatoria, hacían necesario distinguir definitivamente las secciones de pintura y escultura, dotándolas con premios bien diferenciados, de forma que no compitan entre sí dos elementos tan distintos y cuyo contenido da nombre a la Asociación Española de Pintores y Escultores.

     Ante esta situación, se hizo imprescindible revisar y reformar las bases de las distintas convocatorias que lleva a cabo la AEPE, y teniendo en cuenta que algunas de ellas tenían medalla propia, aunque sin especificar si era de pintura o de escultura, se hacía del todo necesario analizar los premios y distinciones que hasta la fecha otorgaba la institución, planteando una propuesta justificada del por qué y del cómo hacer bien las cosas.

     Es triste y descorazonador pensar que las distinciones y los premios, más allá de la pura anotación que nos queda en la actualidad, no tienen ningún tipo de soporte documental ni histórico. Más descorazonador aún pensar que hay medallas con reglamento específico del que no sabemos nada pese a haber visto la luz en nuestra entidad.

     El extravío de la documentación que se custodia en la institución, en el transcurso de los años, de forma cotidiana y habitual, nos priva de archivos históricos más completos en los que apoyarnos y poder entender mejor el cómo y por qué de cada acción.

     Partiendo del documento base de la Asociación Española de Pintores y Escultores que nos proporciona un mínimo soporte histórico como es el libro de la Historia elaborado por el Bibliotecario, Fernando de Marta y Sebastián, vamos a tratar de saber cómo y cuándo nacieron los premios y distinciones, y sobre todo, por qué y con qué fin, nacen los nuevos para cubrir la necesidad planteada de distinguir entre disciplinas artísticas.

Pero antes de nada, debemos saber más acerca de la Medalla de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Fructuoso Orduña, Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores y autor de la Medalla de la AEPE

Creación de la Medalla

Bajo la presidencia de Pedro Poggio y siendo Secretario General Pedro García Camio, se reúne la Junta Directiva, informándose de ello en la Gaceta del 15 de junio de 1926, en donde aparece publicado textualmente, bajo el título de “Una Medalla de Oro”: “La Asociación de Pintores y Escultores, y por acuerdo de la Junta Directiva, ha creado una “Medalla de Oro” que, al igual que la del Círculo de Bellas Artes de Madrid, será otorgada en las Exposiciones Nacionales, y por primera vez en la actual Nacional que se celebra en el Retiro. Ha movido a ello, no sólo el deseo justificadísimo de que nuestra Asociación, a este respecto, no fuera menos que cualquier otra entidad, sino, además, el afán de acuciar la creación de premios especiales, de que tan faltas están nuestras Exposiciones. Da grima, en verdad, comparar cómo se estimula a los artistas, por los particulares, en otros países y lo muy poco que en España se hace en este aspecto. Esta nueva “Medalla de oro” será obra del escultor Fructuoso Orduña, que se ha ofrecido a modelarla gratuitamente”.

“Su valor no será inferior a 500 pesetas, cantidad que se recaudará por suscripción, agradeciendo mucho que los que deseen suscribirse lo hagan rápidamente, pudiendo dirigirse para ello a esta Secretaría, Jovellanos, 8, Madrid. (La tan repetida Medalla será otorgada en las mismas condiciones que la de Honor, y firmando el votante la candidatura)”.

El día 12 de junio se celebró la votación de la Medalla de Oro de la Asociación de Pintores y Escultores en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926, otorgándose a Martínez Vázquez por su cuadro “La Rondeña”. La Gaceta de Bellas Artes del 1 de junio de 1927 (Año XVIII, Núm. 313) publicó en su portada una fotografía original de Moreno, (Pl. de las Cortes, 8), del Anverso de la Medalla de Oro creada por la Asociación de Pintores y Escultores, para ser concedida en las Exposiciones Nacionales, obra del escultor Fructuoso Orduña.

Medalla de la AEPE obra original de Fructuoso Orduña

La Medalla en el Salón de Otoño


Portada de la Gaceta de Bellas Artes del 1 de junio de 1927 (Año XVIII, Núm. 313)

El I Salón de Otoño de 1920 nació …“Sin recompensas, sin presiones, sin apasionamientos, sin envidias ni prejuicios, el próximo Salón Otoñal ha de ser, no el campo de batalla de odiosas comparaciones, sino el santuario en el cual cada manifestación, cada destello tenga su propio altar, su merecido respeto y sus creyentes, todo en un ambiente de paz, de dulzura y compañerismo, que haga de ella en los años sucesivos el lugar consagrado a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad de los artistas y sus admiradores”…”Íntegro, sin prejuicios, en apretado haz, los artistas españoles inaugurarán, entregando al juicio público, al de la Prensa y a los altos poderes de toda clase, de quienes esperarán tranquilos el fallo”…

Como vemos, el Salón de Otoño nació con la idea de exhibir solo las obras, pero no otorgar ningún tipo de recompensa ni distinciones.

Sin embargo, en el III Salón de Otoño de 1922, y con la aprobación de la Junta General de 25 de mayo de ese mismo año, ya se hicieron propuestas de socio para los que no lo eran, propuestas que incluían la exención de la cuota de entrada, y para los que ya eran asociados se proponía que se les pudiera nombrar Socio de Mérito o Socio de Honor.

De esta forma, las primeras recompensas en un Salón de Otoño se otorgaron en el III Salón de 1922 y fueron el nombramiento de Socios de Honor, que según resaltaba el Reglamento, se acordaron por mayoría de votos, y que recayeron en José Moreno Carbonero, Julio Moisés, Jaldón, José Gutiérrez Solana y Miguel de la Cruz.

Así transcurrieron los salones hasta el año 1936, en que la actividad de la Asociación de Pintores y Escultores se vio interrumpida por la contienda civil.

En mayo de 1939, el Secretario de la entidad, José Prados López, envió una carta a los socios, que se difundió en los distintos medios de comunicación de la época, en la que rogaba a los artistas que poseían la Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, para que la entregasen en un acto altruista que ayudara a la reconstrucción de la España de la posguerra.

Toda la prensa recogió esta solicitud y la generosidad de los artistas que finalmente la entregaron, insistiendo en la voluntariedad del acto, y a quienes se les ofreció recibir otras medallas fundidas en inferior metal, para recuerdo.  

El plazo inicial fue hasta el 31 de mayo, pensando poder entregarlas al Vicepresidente del Gobierno el día 2 de junio, pero esta audiencia no tuvo lugar hasta el día 17, cuando el Conde de Jordana recibió en Burgos a la Junta Directiva de la Asociación y aceptó para el Tesoro Nacional las primeras 15 Medallas recibidas.

Entre quienes desinteresadamente las aportaron, y cabe recordar que dichas Medallas eran ciertamente de oro, figuran Mariano Benlliure, Aniceto Marinas, José Garnelo y Alda, Fructuoso Orduña, Daniel Vázquez Díaz, José Gutierrez Solana, Julio Prieto Nespereira, José Bueno Gimeno, Jacinto Higueras Cátedra, Eugenio Hermoso, Eduardo Chicharro Chicharro, José Ortells…

En la Junta Directiva del 15 de marzo de 1940, bajo la presidencia de Fructuoso Orduña y siendo Secretario José Prados López, se decidió que la leyenda de las medallas de bronce que sustituían a las medallas de oro entregadas por los artistas fuera: “España, por tu oro, te devuelve este honor -1940”, y de ellas se hicieron cincuenta ejemplares, aunque en una Junta anterior se habían aprobado 30, que fueron hechas por la Casa Teu, sobre el modelo realizado por José Ortells. Dichas medallas fueron entregadas por Juan de Contreras y López de Ayala, más conocido como el Marqués de Lozoya, que ocupaba el cargo de Director General de Bellas Artes, en su despacho oficial el 17 de junio de 1940.

Como veíamos anteriormente, hasta este momento, las recompensas del Salón de Otoño se limitaban a los nombramientos honoríficos de Socios de Honor y de Mérito.

En 1942, para el XVI Salón de Otoño, se establecen por primera vez premios económicos, que conviven con los honoríficos: el Ministerio de Educación Nacional aportó 10.000 pesetas, y 1.000 pesetas el Ayuntamiento de Madrid y la Diputación Provincial de Madrid otras 1.000.

Para el XIX Salón de Otoño de 1945 la Dirección General de Bellas Artes concedió 10.000 pesetas para premios-adquisición de obras con destino al Museo de Arte Moderno.

También hubo premios de 5.000 pts del Banco de España, de 2.500 del Duque de Alba y del Marqués de Aledo, así como los ofrecidos por el Ayuntamiento y la Diputación de Madrid.

En principio, los premios del Salón los votaban los mismos expositores, pero en Asamblea Extraordinaria del 14 de enero de 1946 se llegó al acuerdo de nombrar un jurado que quedó formado por Daniel Martínez Vázquez y José Prados López, en representación de la directiva y por los pintores Joaquín Valverde y Gregorio Toledo, y el escultor Juan Adsuara, designados por la Asamblea General. Finalmente Adsuara fue sustituído por José Ortells.

Los premios a otorgar fueron, además de los de la Dirección General de Bellas Artes, otros dos de 2.500 pesetas del Marqués de Aledo y del Duque de Alba, y se había establecido que los primeras medallas presentados al salón no obtasen a premios.

El hijo de Martínez Vázquez pidió ser considerado fuera de concurso al haber sido designado su padre como jurado, y Planes decidió no aceptar el cargo para el que, al parecer, fue votado, por la misma razón de que se presentaba su hijo.

Para el XXII Salón de Otoño de 1948, y por acuerdos de la Asamblea General, se establecían por primera vez medallas de primera, segunda y tercera clase, para pintura, escultura, grabado y dibujo y arte decorativo en general, distinguiéndose en pintura entre figura y paisaje. La acuarela estaba incluida en la pintura.

El número de medallas para pintura fue de dos, cuatro y seis respectivamente para primera, segunda y tercera clase y fueron concedidas por voto escrito y firmado de los expositores y, posteriormente, los premios en metálico asignados por el mismo procedimiento de voto entre los medallados, recayendo entre ellos mismos.

Las medallas así establecidas se dejaron de adjudicar a principios del siglo XXI, siendo retomadas en el año 2014 por el Presidente de la AEPE José Gabriel Astudillo López, si bien no de la misma forma.

Simultáneamente, continuaban los nombramientos de Socio de Honor y de Socio de Mérito entre 1942 y 1963, a artistas dentro del Salón de Otoño, pero sin tener acreditada su participación en ellos.

A partir de 1963 y para su concesión exclusiva en el Salón de Otoño y fuera de las bases, se creó la Medalla de Honor, formándose para ello expresamente un jurado especial. La última otorgada de esta manera lo fue en el Salón de 1978.

Coincidiendo con la celebración de la última Exposición Nacional de Bellas Artes, la Medalla de Oro que concedía la Asociación de Pintores y Escultores deja de tener sentido, por lo que es muy probable que se decidiera hacer de la Medalla creada por Fructuoso Orduña la pieza “estrella” de los Salones de Otoño, quedando ya para siempre unida a la centenaria entidad y a su más prestigioso galardón.




El Heraldo de Zamora 4 mayo 1939
Anverso de la Medalla de José Ortells para quienes entregaron su Medalla de Oro al Tesoro Nacional

Reverso de la Medalla de José Ortells

Lo que encierra la Medalla

Más allá de lo que formalmente representa, la Medalla de la AEPE constituye la seña de identidad de la centenaria institución. En ella se muestra claramente la capacidad del autor para el estudio anatómico y su excelencia como retratista, con simbología simplificada y líneas en las que las figuras sobresalen con una fuerza y energía acentuadas siempre por su excelente complexión física. Una obra que muestra rotundidad en la composición y un modelado de gran potencia y maestría.

Antes que la recompensa en metálico, que bien es verdad que a nadie le amarga un dulce, obtener la Medalla de la AEPE significaba lograr el reconocimiento del artista, pero no un reconocimiento cualquiera, sino la aprobación y afirmación de otros artistas, y entre iguales, esa hazaña alcanzaba aún más importancia y repercusión.

Que quienes se dedican a la pintura y la escultura, con conocimientos propios de la materia y experiencia personal acerca del mundo de las bellas artes, del difícil mundo del arte, de sus penas y alegrías, sinsabores y vanaglorias, sean quienes reconozcan que el trabajo realizado es digno de una medalla, va más allá de cualquier otro tipo de distinción, puesto que dice mucho a favor de quienes hacen de la creatividad y la calidad, el oficio de los artistas con todos los valores que ello encierra. Por todo ello, lograr la Medalla de la AEPE es un gran honor que quizás pocos artistas puedan aún comprender, pero por el que merece la pena intentar conseguirla.

Sujetamedallas de la AEPE, obra de José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE

Presented the book “Salon Vilches” in the AEPE

On Friday March 23 took place at the headquarters of the Spanish Association of Painters and Sculptors, the presentation of the book entitled “Salon Vilches. Art galleries with history “, by the author Susana Vilches Crespo, which includes an arduous investigation about the author’s grandfather, Manuel Vilches Ramón (Córdoba, 1870 – Madrid, 1940), founder of the Salón Vilches, also known as Sala or Casa Vilches.

The event was attended by José Gabriel Astudillo López, President of the Spanish Association of Painters and Sculptors, who, in an introductory manner, highlighted the work that people like Vilches carried out in the late 19th and early 20th centuries in favor of Spanish art.

He also mentioned the great exhibitions that some of the partners of the entity, took place in the Salon Vilches, as was the brothers Zubiaurre, Eugenio Hermoso, Gonzalo Bilbao, Benedito, Argelés, Plá, Barbasán, Beruete, Bilbao, Domingo, Sorolla, Lupiañez, Mir, Regoyos and many of the founding partners of the centenary entity, linked this way and in this way to our institution.

But in addition, in 1952 the Association of Painters and Sculptors organized an exhibition of still lifes in the Salon Vilches, generously provided for this purpose, with works by Fausto A. Moya, Renata Obijou, Mercedes Pérez Ahumada, Ladislao Tinao, Rafael de Infantes, Manaut , Enrique Segura …

José Gabriel Astudillo, made a prologue in which he analyzed the art galleries and their importance that we reproduce here:

“Art galleries have very particular characteristics, they are often immaterial, a volatile but always material, changing and phoenix-like entity. They possess a moral entity, which denotes in a society a cultural maturity and a taste for the conservation and promotion of that heritage that elevates it to a higher instance of advanced society, capable of valuing and treasuring what its artists do.

One of the primordial functions of art galleries is that of the socialization of art. We could say that it is a bridge institution since it leads to other institutions that are much more consolidated, such as museums and collections of natural or legal persons. Another of its functions would be to revalue and put into circulation the works of art in a society.

In reality, the gallerist does what he does is translate a work of art into money while at the same time it is a quality filter of the work of art. That is to say that this translation is nothing more than an introduction of art in terms that society understands, an insertion in the economic and political-moral circulatory torrent of a society.

The galleries are commercial premises open to the public where you are not forced to buy, it is not a utilitarian trade, but is used by the community as a place of leisure and knowledge. In this sense, “the world of culture and art is a vast public good, a good that is bypassed by zones of total commerce and yet remains gloriously immune to a general commodification.

In addition to this essential purpose, to produce some benefits of intellectual or spiritual order, the artistic object has acquired a patrimonial value or of change that grants the social consensus based on the collective acceptance of its aesthetic and original content. The value of the work of art that leads to its acquisition, consists of three types of value: artistic value, use value, which in turn is characterized as value of enjoyment, production and exposure and the third value, of exchange.

“The creation of the salons …, where from the second half of the XVIII, periodically they were exposed to the public contemplation of the works of art, it was a clear antecedent of the current commercial galleries and supposed for the artist to have to face with a hitherto unusual situation of anonymous consumption, those clients without a face of the market, the freedom conquered against the a priori commission … propitiated the picturesqueness, sometimes tragic of the bohemian … “1. With the salons and the spirit of opening of artists appeared art exhibitions, first collective and later “the era of particular exhibitions was inaugurated, which became more and more frequent in the course of the XIX century … In truth, the interest of the artist to expose isolated sets of his production and the desire of the public to know such works, impelled the creation, apart from the official organizations, of the particular exhibition galleries and the new industry of the marchand … ”

Many galleries were created from shops related to the art world.

Exactly: houses of frames and mirrors, stamping shops, establishments selling products for the artist, antique dealers … When the old forms of patronage and the commission go into decline, the artist possesses the imperative need of public visuality. Then in a spontaneous way, from the method of trial and error, this type of establishments will exhibit works of art and with time they will begin to organize exhibitions.

There is a bibliographic gap on the art market and the world of galleries, motivated, among other reasons, by the great difficulty of the researcher to access primary sources. That is, to the archives of the galleries. The chrematistic dimension of the art market has motivated opacity and secrecy. And yet, every time we become aware that contemporary art is an ecosystem and that all agents, artists, critics, collectors, galleries, institutions, are interrelated and that one can not think without taking into account the other.

Contemporary art is a cultural process of interrelations and hence the growing interest in galleries and the need to study them. In the end it is about obtaining reading guidelines for the understanding of contemporary art.

That is what the book by Susana Vilches presents us, a must read to understand the current art, studying the past art that in such a masterful way, starred in the Salon Vilches.

For her part, Susana Vilches recalled the biography of the Vilches Salon founder, Manuel Vilches Ramón, who, at twenty years old, arrives in Madrid to try his fortune and is used there in the old café Fornos, where he begins to make contact with the Literary and artistic world of the capital. His boldness and unwavering confidence bear fruit in the opening of a first store in Calle del Principe 19 and 21, an establishment dedicated to the sale of artistic moldings, caricatures and miniatures, which would soon have a small space dedicated to exhibitions, since already in 1895 begins the direct deal with the artists.

Numerous are the exhibitions that are organized in the Salon Vilches during the first years of the 20th century, which will give prestige and fame to the House throughout its existence. It should be noted the passage through the establishment of such important figures in the history of Spanish art as Pradilla, Unceta, Pichot, Lam, Regoyos, Rosales, Pinazo, Rusiñol, Moreno Carbonero, Gutierrez Solana and many others.

In the twenties, the business expands its sights and moves to the Gran Vía 22 street (former Conde de Peñalver street and then José Antonio avenue) where it will remain until approximately 1955.

On the death of Manuel Vilches, in 1940, the Exhibition Hall passes into the hands of his children, although it will be José Luis, the oldest of them, present in his father’s business since his childhood, who will manage the room until the Fifties inaugurated a new room on Calle Serrano 50, while his brother Alfonso began his journey on Gran Vía 84 a few years later.