Eugenio López Berrón expone en Avila hasta el 16 de mayo

Bajo el título de «Huellas de Santa Teresa», el socio Eugenio López Berrón expone en el Palacio Los Serrano de Avila, una muestra que reúne 38 cuadros sobre el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, sobre su obra y fundaciones.

Se dice que Ávila es tierra de cantos y de santos, pero también lo es de escritores , soldados, maestros, pintores…, que con su obra. bien hecha, han contribuido a ensalzar a España. Uno de ellos es Eugenio López Berrón, artista de alma castellana, recia y austera, que ha sabido, con sus pinceles, dar valor a las tierras abulenses y a sus gentes, como lo hace ahora con Santa Teresa.

El espíritu de López Berrón se ha henchido de sentimientos teresianos inspirados en los aires de Gotarrendura, donde él nació, los mismos que respiró Teresa en su niñez. Este acercamiento anímico ha removido los deseos y anhelos del pintor de exaltar la esplendorosa gloria de La Santa que hace quinientos años nació un 28 de marzo.

La paleta del pintor López Berrón se ha colmado de misticismo, sus colores han tomado matices con tonos carmelitanos, realzados por luces encendidas, y de sus pinceles, llevados con amor y destreza, ha surgido esta serie de cuadros de temática teresiana para conmemorar el Vº Centenario del nacimiento de Santa Teresa.

En ella está todo el mundo terreno de La Santa, desde la cocina con sus pucheros, y por tanto Dios entre ellos, hasta su vuelo espiritual. Desde su tierra natal hasta su última morada en Alba. No podía faltar el itinerario de sus fundaciones conventuales representado por pinturas de cada uno de los monasterios.

Parece como si López Berrón, provisto de caballete y bártulos de pintar, hubiese seguido los relejes dejados por el carro que llevaba a Teresa para sus fundaciones, dando fe de cada “palomarcito” fundado por un paisaje urbano, bello, a veces místico, con fragancias teresianas, creación genial del artista abulense.

El palomar es el comienzo simbólico,López Berrón jugó en sus alrededores, igual que lo haría Teresa. El pintor vuela con este columbario al pasado, al suyo, al de Teresa, al de los tiempos. Sus nidos hacinados, pero vacíos, son recuerdos que no pasan atizados por la luz encendida por los pinceles mágicos de Eugenio.

Ávila es de La Santa y la ciudad es más con Teresa. López Berrón funde en el lienzo el signo de la intrépida monja,su cuna, su bautismo, su educación, su vida joven, la monjil, el espacio de sus tareas terrenas a las que en ocasiones bajaron los cielos. La marca teresiana está bien apiñada en la composición que ha hecho López Berrón,

La Santa, San Juan, el convento de Gracia, La Encarnación, San josé, al fondo la muralla que se eleva hacia los cielos en busca de Teresa. Ávila, viva, humana y terrenal, hizo soñar a Teresa en cosas mejores, para ello había que reformar maneras, sistemas, costumbres…, surgía la incertidumbre, la duda, la idea en el aire.

Y nadie mejor para pintar el aire que López Berrón, que en los Sueños de Teresa nos la presenta entre el suelo firme y claro de su proyecto y lo etéreo de su futuro, más allá de las puertas abiertas de la muralla abulense. El camino de la perfección es empinado,curvo y lleno de peldaños, con neblinas al fondo entre las que se vislumbra el castillo celestial, la morada excelsa, que nuestro pintor sabe adecuarlo todo a la senda a recorrer entre La Encarnación y Sán José.

La ruta decisiva de una Teresa valiente que iba a cambiar el Carmelo con la fuerza que se desprende del Padre Nuestro que estás en los cielos, pero cielos castellanos, abulenses, morañegos,es decir, los de Eugenio López Berrón. La cruz en lo más alto, de sus brazos magnánimos se desprende la espiga de trigo, el pan de cada día.

Pero también el sufrimiento necesario e impuesto, representado por el cardo florido. Es la vida de la monja abulense. Del interior teresiano salen palomas, igual que de sus libros de insigne escritora, tarea que desarrolló en buena parte de su vida, son las palomas de Teresa, cada una emprende el vuelo hacia su destino, posándose en diferentes lugares donde depositaron la semilla portadora del espíritu de cambio de la monja progresista y andariega.

Señalan las rutas de las fundaciones conventuales del Carmelo Descalzo, las mismas que nos reproduce López Berrón en cada uno de los cuadros representativos de los nuevos conventos fundados, plenos de maestría y conocimiento del oficio. La exposición que presenta Eugenio López Berrón en el Palacio de los Serrano de Ávila, nos deleita con su arte profundo y magistral, y nos hace caminar por las rutas teresianas por las que nuestra paisana dejó sus huellas impregnadas de santidad.

Francisco Vázquez García. Doctor en Historia

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