Juana Francisca Rubio García

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

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Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

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Juana Francisca Rubio García

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Juana Francisca Rubio García (Paquita Rubio)

Nació en Madrid el 27 de diciembre de 1911, y falleció también en Madrid, el 28 de enero de 2008, a los 96 años de edad.

Esposa de José Bardasano, también socio de la AEPE, tuvieron dos hijos: Maruja y José Luis, todos ellos socios de la AEPE, por lo que podemos decir que es la primera familia completa que fue socia de nuestra centenaria entidad.

Fue una extraordinaria dibujante e ilustradora de gran personalidad y rica fantasía, una de las dos únicas mujeres cartelistas en los años de la Guerra Civil.

Descubrió que le gustaba el dibujo cuando era una niña y, a la salida del colegio, se fijaba en los carteles de Federico Ribas, que eran los que anunciaban los productos de Gal. Luego ella trataba de imitarle.

También le gustaban Rafael Penagos y Méndez Bringa, y hacía ilustraciones sobre la Primera Guerra Mundial, aunque en realidad le gustaban más los que eran un poco más frívolos.

En 1930 se incorpora como técnica a la sección de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Instrucción Pública, a la vez que inicia su formación pictórica con José Francés.

En 1935, realiza su primera exposición en el Liceum Femenino de Madrid, presentada por Manuel Abril, y expone ese mismo año en el Patronato de Turismo de París.

Una año antes, había contraído matrimonio con el pintor José Bardasano Baos, y ambos trabajaron realizando carteles de propaganda en el taller madrileño de La Gallofa, de las Juventudes Socialistas Unificadas, que él mismo fundó y dirigió.

Ninguno de los dos eran cartelistas, pero en aquel preciso momento “pusieron su arte al servicio de una causa que les parecía justa”.

En un primer momento, la sede del taller estaba en la Gran Vía. Y la imprenta, en la cuesta de San Vicente. ‘Eran los talleres de la editorial Rivadeneyra. Más tarde, La Gallofa se trasladó al palacio March, un edificio pegado a la actual fundación que lleva ese nombre, en pleno barrio de Salamanca. En aquellos tiempos, se había convertido en la sede del Partido Comunista.

Juana Francisca estaba muy vinculada a una agrupación denominada la Unión de Muchachas, perteneciente a las Juventudes Socialistas Unificadas. Más tarde formó parte de la Unión de Mujeres Antifascistas. La mayoría de los carteles que pintó entonces aludían a la mujer y su colaboración en la guerra.

Allí nació su primera hija, con la cual tuvo que marchar a Valencia al mismo tiempo que el Gobierno republicano era evacuado. Pero cuando tuvo bien situada a su hija, que contaba con tres años de edad, se montó a hurtadillas en un camión de verduras y, rodeada de coles, volvió a la capital junto a su esposo.

Juana Francisca realizó también ilustraciones para el álbum “Mi Patria sangra”, dibujos para el periódico “Frente Universitario” y para organizaciones de mujeres como “Muchachas de Madrid”, “Unión de Muchachas de Valencia” o publicaciones de guerra, como “Espartacus” o “Companya”, revista publicada en Barcelona en 1937-38.

Cuando los nacionales tomaron Madrid el gobierno se trasladó a Valencia. También La Gallofa lo hizo, así como Juana Francisca y José, que se reunieron allí con su hija pequeña, Maruja.

Pensando en el exilio, cruzaron andando los Pirineos y Juana Francisca y su hija se dirigieron a París, en un tren que salió de Barcelona pero que fue bombardeado. Juana Francisca fue apresada y trasladada al campo de concentración de Arràs; José tuvo peor suerte, ya que fue llevado al campo de concentración de Aregeles sur Mer.

Pero Paquita, que ya estaba en París, movió allí sus influencias y consiguió que su esposo se reuniera con ellas. Poco después salieron todos en el buque Sinaia, fletado por el Gobierno de Lázaro Cárdenas para trasladar a los exiliados españoles a México, en donde residieron durante veinte años, desarrollando una intensa labor de colaboración con su marido a través de numerosas exposiciones, apoyando a revistas, ejerciendo la docencia e impartiendo clases de pintura.

Sobre todo, se dedicó a la ilustración de libros infantiles (“Manon Lescaut”, “Marcelino Pan y Vino”, etc.), aportando sus dibujos en campañas de alfabetización, iluminando portadas de revistas, postales y tarjetas de felicitación navideñas, si bien no dejó del todo el cartelismo, ya que realizó carteles para el gobierno republicano español en el exilio.

Además, diseñaba carteles para marcas de moda y productos de belleza, como los de la firma Sara Glein, y expuso su obra en el Círculo de Bellas Artes de México (1949), entre otros muchos lugares.

La familia regresa a España en 1960, tras sufrir José un infarto. A partir de entonces Juana Francisca participa en los Salones de Otoño del Retiro y expone su obra regularmente en el Salón Cano, de Madrid, desde 1962.

Tras el fallecimiento de José Bardasano, en 1979, continuó su trabajo en la intimidad, sin mostrarlo al público, dedicada casi por entero a su familia y siguió pintando, aunque en los últimos años sólo dibujaba “de vez en cuando”.

Cultivó además con notable éxito el retrato y la ilustración. Su calidad de dibujante, la gracia y la elegancia de sus composiciones y un cierto carácter lírico y nostálgico que impregna su manera de hacer, la sitúan entre las más destacadas artistas españolas.

En 1964, se le concedió la Cruz al Mérito de Sciences et Letres, de Francia y en 1966, la Primera Medalla de Dibujo y Pintura del Salón de Otoño de Madrid.

Está representada en la Colección de Grabados de la Biblioteca Nacional.