Sala AEPE 2019

 

La Junta Directiva reunida el día 23 de julio de 2015, acordó la nueva denominación de la remodelada Sala de Exposiciones de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que a partir de ese momento pasó a llamarse “Sala Eduardo Chicharro”, en honor al fundador y primer Presidente de la entidad.

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La Sala cuenta con un logotipo propio que se incorporará a la cartelería e imagen visual de las actividades ligadas a la misma, y que coincide en colores con la tonalidad predominante de la sala.

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Hemos revisado las normas mínimas para poder exponer en la sala, adjuntas a la solicitud y condiciones, que podéis descargaros aquí mismo:

ACUERDO-SOLICITUD-Y-CONDICIONES

Sala de Exposiciones de la AEPE PLANO

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LA ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

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Segunda quincena de febrero. ALICIA DA COL

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El martes 19 de febrero tendrá lugar el acto de inauguración de la exposición que bajo el título de “Percepciones”, nos presenta la socia Alicia da Col.

La muestra nos la presenta así la propia autora:

Alicia Da Col nació en Buenos Aires (Argentina) en 1948. Su interés por la pintura fue tardío. Llevaba algunos años trabajando en su profesión cuando sintió la necesidad de buscar alguna forma de canalizar sensaciones y mundos interiores. Los primeros pasos los caminó junto a la pintora Marta Zuik en Buenos Aires. Fue a clase a su taller durante cinco años que marcaron un antes y un después en su vida. Aprendió los rudimentos del dibujo y la pintura pero lo más importante fue aprender a mirar. Esa otra mirada fue y sigue siendo una experiencia vital.

Años más tarde trasladó su residencia a Madrid y después de un paréntesis bastante prolongado retomó el contacto con el arte asistiendo a los talleres del Círculo de Bellas Artes, allí practicó dibujo y pintura en figura humana, bodegones y motivos diversos, pero sin hallar un verdadero camino donde perderse para volverse a encontrar.

Asistió a varios cursos de perfeccionamiento, pero fue en unos de ellos, impartido por la artista Sonia Casero, donde descubrió las múltiples posibilidades del paisaje.

Sus obras, pintadas al óleo, son muy coloristas. Se acerca al límite de lo abstracto para volver luego a la figuración en una búsqueda constante. No concibe el paisaje como una mera copia de la realidad sino como una interpretación que necesita la complicidad del espectador para dar sentido a la obra.

Es miembro de la Asociación Española de Pintores y Escultores y de la Asociación Magenta de Fuenlabrada. Con ambas participó en varias exposiciones colectivas.

 

Primera quincena de febrero. DAVID VALOR

Catálogo digital David Valor

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El viernes 1 de feberero tuvo lugar el acto de inauguración de la exposición que bajo el título de “La realidad en mi pintura”, nos presentó el socio David Valor.

El acto estuvo presidido por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, acompañado del Vicepresidente, Juan Manuel López-Reina, de la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, y de los Vocales Alicia Sánchez Carmona, Antonio Téllez, Paloma Casado, Carmen Bonilla Carrasco, del Bibliotecario, Fernando de Marta, de la Tesorera, Ana Martínez Córdoba y de la Asesora de Presidencia, Itziar Zabalza Murillo.

La muestra nos la presentó así Eladio Sospedra:

Por primera vez, ve por fin la luz el arte agresivo y realista del pintor David Alejandro Valor, nacido en Maracaibo, Venezuela, pero de espíritu y raíces artísticas universales, como se ve reflejado en su pintura llena de crudeza, realidad y existencialismo.

Como la vida de grandes pintores, la de David Alejandro ha sido difícil y llena de obstáculos que ha tenido que superar. Desde sus inicios se ha dedicado al retrato en la calle, por lo cual, su estilo actual deriva de forma natural en plasmar con honestidad la vida de las personas en escenarios y situaciones cotidianas. Sin embargo, no por su juventud su obra es menos expresiva, si no, todo lo contrario, exhibiendo a través de ella un gran entusiasmo y una profunda fe en su futuro.

Desde un retrato, un grupo de personas caminando por un semáforo, un instante en un bar, hasta una redada policial, son solo algunos de los relatos que podrían enmarcar este periodo de su obra dentro del naturalismo y del costumbrismo.

En definitiva, aquí se puede ver una pequeña muestra de ese primer peldaño en la vida artística de David Alejandro, que espero que sea un gran empujón, y un punto de partida en esta gran aventura que es el arte.

Dios mediante, le espera un lugar en ese mundo misterioso e impredecible de la pintura.

 

Segunda quincena de enero. CHRISTIAN MERA

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Catálogo digital Christian Mera

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El viernes 18 de enero tuvo lugar el acto de inauguración de la exposición que bajo el título de “Apariciones automáticas”, nos presentó el socio Christian Mera.

El acto estuvo presidido por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, acompañado de la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, y de los Vocales Antonio Téllez, Carmen Bonilla Carrasco, del Bibliotecario, Fernando de Marta, y de la Tesorera, Ana Martínez Córdoba.

La muestra nos la presenta así el propio autor:

Para despedirme de mi primera experiencia en España presentaré parte de la serie “Firmas” que empezó a formarse en el 2016 en Quito – Ecuador. Es una serie donde me muevo en el terreno del dibujo automático y en la que siempre termino encontrando rostros humanos.

La serie “Firmas” es el camino que elegí  tomar por la continua necesidad de llegar a mi propia abstracción.

Firmar es un impulso intencional para mover la mano y ser enteramente autentico; por eso he sostenido por algunos años la tesis de que cualquiera podría pintar un cuadro que resulte “genuino”. Hablando puramente en términos de expresión individual, sin importar la temática ni mucho menos la “contemporaneidad”.

En la serie “firmas” experimento con ampliar este micro momento de firmar nuestro garabato personal en un documento; extendiéndolo en tiempo y en el espacio de todo el cuadro.

Se crean así acumulaciones densas de líneas de colores, llenando cada espacio, encontrando un orden en mi caos; encontrando siempre caras escondidas.

Así me muevo ahora: en una delgada y delicada línea entre el abstracto y el rostro humano. El dibujo automático de mi más amplia y actual serie (“Firmas”) se ha vuelto este camino/lenguaje/forma de expresión. Ahora estoy en continuo movimiento, tanto en mi vida como en mi trabajo. No me siento cómodo y creo que esto es vital para mi búsqueda.

“En esta etapa, la figura humana, siempre presente en sus obras, se va diluyendo poco a poco, como un terrón de azúcar bajo el agua, van desapareciendo los rasgos característicos del rostro, la mandíbula, la nariz… los ojos, por último, se resisten a desaparecer y seguimos viendo las huellas en sus dibujos y pinturas, poco a poco hasta dejar solo las estelas del proceso, la desaparición de los vestigios humanos sustituidos por las firmas identificativas.

La figura y el símbolo, el rostro y la firma, dos maneras de identificar a una persona. ¿Quién soy yo? ¿Mi rostro o mi firma? El rostro me vino dado, la firma la elegí para identificarme. Mensajes codificados que es su conjunto componen abstracciones fantásticas. Estamos ante una investigación cuyo núcleo es la búsqueda de la identidad, de la esencia del ser humano.” Tomado del Texto escrito por María Jesús Abad Tejerina y Carlos Valverde. Artistas y Comisarios de mi exposición “Muy cerca, Muy lejos” en el Centro Cultural Ecuatoriano en Madrid, organizado por la Embajada de Ecuador en España.

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Primera quincena de enero. ALVARO GARCIA SANTAMARIA

El viernes 4 de enero tuvo lugar el acto de inauguración de la exposición que bajo el título de “El flujo pictórico”, nos presentó el socio Álvaro García Santamaría.

El acto estuvo presidido por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, acompañado de la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, y de los Vocales Antonio Téllez, Carmen Bonilla Carrasco, del Bibliotecario, Fernando de Marta, y de la Tesorera, Ana Martínez Córdoba.

La muestra nos la presentó así el propio autor:

Este proyecto partió de un objetivo, que a lo largo de su investigación, tomó una forma completamente distinta de la que se pretendía en su comienzo. La idea inicial, era la plasmación de la angustia apoyada en el lenguaje pictórico, una premisa sostenida más en la espontaneidad del pintor por expresar dicho concepto bajo la sombra dominante del pincel, sobre el blanco expectante de luz acrílica del lienzo, que de un despliegue de elementos artísticos actuales, con discurso marcadamente conceptualista. Todo esto, sujeto al abyecto referente visual que suponen las imágenes fotográficas del artista madrileño David Nebreda, quien, con su estética terriblemente aberrante y salvajemente gráfica, respecto al deplorable estado tanto físico como psíquico, en el cual se encuentra, afirma con estos actos la certeza de su propia existencia y el reclamo de su propia purificación, a través de estos dolorosos retratos. Retratos, que sin duda hieren la sensibilidad del espectador, mostrándole a él su propia realidad, con la esperanza de cambiarla y simultáneamente, salpicando al público de ese horror físico, que sacude visceralmente el alma, al asistir a tan desagradable espectáculo.

No obstante, como se señaló anteriormente, esta obra tan solo pretendía utilizar dichos recursos como soporte para levantar algo que nada tenía que ver con los trabajos ritualistas de Nebreda, pues estos se tomarían como inspiración estética y formal a fin de servir como vehículo transmisor de mi idea, la idea de la angustia, pues como el artista Luc Tuymans dijo en su momento, “uso todo lo que tengo en mis manos para llegar esa imagen, que es una imagen pintada”.

Sin embargo, a lo largo del proceso creativo, se produjo un encuentro con una nueva premisa para el proyecto, algo que arrojaría luz a un planteamiento más conceptual y de gran atractivo temático. Este nuevo punto de partida hablaría del suceso que se produce al trasladar una imagen fotográfica dentro del lenguaje de la pintura. Es un tema que nos habla acerca del fenómeno mágico de esta estrategia artística que transforma la evidencia física captada por la tecnología humana en nueva realidad que se elabora en la paleta del mago, cargando el pincel con ese fuego creador que configurará una nueva imagen a partir de la ya existente, dotándola de esos atributos que la pintura transfiere al pasar por su filtro.

Esto nos abre un amplio debate acerca de la imagen como un fuerte componente dentro del arte, algo que puede utilizarse para distintos fines, algo que puede sufrir una transmutación al sacarla de su entorno contextual y depositarla en otro. No obstante, es importante señalar la crudeza referencial de la cual partía, dado que el soporte utilizado eran unas escabrosas fotografías del artista español David Nebreda. Imágenes perturbadoras, que en cierto modo entablan un diálogo con la angustia.

Pero lo interesante de la cuestión, es el hecho de que, al pasar un objeto de un estadio a otro, este va adquiriendo otras connotaciones, que derivan, en un paliativo, a la bestialidad, que Nebreda, deja caer sobre el espíritu lacerado, de un público, que sufre los latigazos, de tal realidad registrada. De este modo, los cuadros han ido perdiendo esa intensidad gráfica punzante, a favor de una reflexión más espiritual sobre el dolor humano. Si Nebreda representa el dolor inhumano y salvaje, estas pinturas se convierten en el antídoto a tal aflicción provocada. Algunos de estos lienzos incluso respiran una cierta religiosidad, fruto de unos sombreados que acaban creando un fuerte contraste entre la figura, sus sombras y el fondo oscuro. Se podría decir, que existe una cierta tendencia tenebrista, la cual aleja a estas figuras del sórdido espectáculo desarrollado por la mente quebrada de Nebreda para traernos a un nuevo recinto, provisto de ciertas reminiscencias estilísticas reconocibles en la tradición clásica, que inevitablemente cruzan nuestro conocimiento histórico de la pintura, el cual supone un escudo poderoso, frente a las acres connotaciones fotográficas de Nebreda. Por otro lado, debemos hablar, de una cierta libertad a la hora de desechar, ciertos elementos compositivos, que desde mi punto de vista, se encontraban en términos, de prescindibles. En lo que respecta al acometimiento de mi pintura, he lanzado siempre una vista general, al conjunto, para poder determinar, si debía eliminar o no, alguna parte de la fotografía, para su mejor o peor captación, de lo que realmente trasciende visualmente. De lo que se corresponde con unos códigos muy concretos, insertos en una estructura que solo el creador de esa fotografía conoce, y para con la cual resultaba innecesario contar, Francis Bacon, quien compone el grupo de antecedentes de este proyecto, en una ocasión habló de ello diciendo, “la foto me echa una mano, me sirve de apoyo, me recuerda y me provoca imágenes. La fotografía me permite arrancar; después borro, resto, hago desaparecer 31.”

Durante el proceso creativo, siempre he tratado de guardar una distancia física, entre mí mismo y el lienzo, para así poder manejar un mayor control proporcional, de lo representado, y no caer de esta manera en una peligrosa discordancia formal del conjunto retratado. Se han dado casos, en los cuales, me he visto inclinado, por un afán, más experimental y transgresor, en lo que se refiere, al cambio del color, por blanco y negro, en estas figuraciones pictóricas. Así, he podido comprobar, los cambios estéticos desarrollados, a partir de este punto de partida cromático. También es interesante, hablar del proceso estilístico, que han ido experimentando estas pinturas. Si bien en unos cuadros, se ha manifestado una tendencia expresiva, dentro del formato en que estos se hallaban, otros han recorrido terrenos más espirituales, cercanos a la pintura religiosa del barroco. De esta manera, han quedado unas imágenes más calmosas, e insertas en un lenguaje, que la historia del arte reconoce. Por lo que toda esa anterior agresividad hiriente creada por Nebreda, se disipa, dando paso a un discurso de espiritualidad humana, que no ejerce ningún poder de repulsión, sobre el espectador, más bien, plantea un ejercicio de interiorización.

Otros en cambio, han circulado por campos más contemporáneos, volcando el gesto pictórico, en unas manchas de colores grises, superpuestas sobre una figuración, operada con gran dinamismo y espontaneidad, dando como resultado, una representación, que respira esencia humana.

Catálogo digital Álvaro García Santamaría