Las Medallas de la AEPE: Francisco Pradilla

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla de Pintura Francisco Pradilla

Del Certamen de Pequeño Formato

 

La pintura de pequeño formato es una síntesis de lo mínimo y no obstante es completa, plena, sorprendente y satisfactoria. Trabajar en un formato reducido permite la inmediatez, la experimentación creativa, el derroche de imaginación, el despliegue de color que no abordamos en obras de mayor escala.

Desde esta tradición pictórica, la Asociación Española de Pintores y Escultores convoca anualmente el Certamen de Pequeño Formato que siempre supone un gran éxito tanto en la participación de los socios como en la calidad de las obras presentadas.

Son obras grandes, pese a su pequeño formato, que nunca nos dejan indiferentes porque encierran, de la misma forma que una preciosa y costosísima esencia, lo mejor de los sentimientos de los maravillosos artistas que componen nuestra entidad.

En el año 1979, la Asociación Española de Pintores y Escultores llegó a un acuerdo con la Galería Eureka, situada en la vecina calle Caballero de Gracia, para realizar una exposición de pequeño formato que se celebraría en el año siguiente, buscando una continuidad en el futuro y llegando a ser ya una de las convocatorias más tradicionales de la entidad.

El I Certamen tuvo lugar del 28 de marzo al 12 de abril de 1980 con un límite de tamaño de 46 cms.

En Eureka se llevaron a cabo las seis primeras ediciones del premio, trasladándose en 1986 a la Galería Infantas hasta su cierre, y encontrando desde entonces cabida en distintos locales e instalaciones municipales que siempre ceden sus espacios expositivos para acoger una muestra tan característica.

El arraigo definitivo de este certamen hace que estemos a punto de llegar a su edición número 40, todo un logro que destila fragancia y crédito.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Certamen de Pequeño Formato, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura Francisco Pradilla y Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara.

 

Francisco Pradilla y Ortiz

 

En el número de la Gaceta de Bellas Artes correspondiente al 15 de febrero de 1930, Ramón Pulido firmaba un artículo en el que se quejaba… “los que el año 1921, en Madrid, asistimos a su entierro éramos un número contadísimo, y el desprecio y la indiferencia de la crítica al dar noticia de su muerte, no podemos por menos de sentir tristeza al ver de qué modo muchas de las grandes figuras del arte, en el ocaso de su vida, son olvidadas, y ni la patria grande ni la chica tienen para ellos esos recuerdos póstumos de ternura y amor para quien, en vida, las dio tantos días de gloria”. Unas palabras que lamentable y tristemente un siglo después, mantienen su vigencia.

Francisco Pradilla es justamente considerado como uno de los máximos exponentes de la pintura española del último cuarto del siglo XIX, además del último gran maestro del género histórico en esta centuria.

Autorretrato de juventud

 

Consiguió situar a las grandes composiciones históricas, que tanto éxito tenían en el siglo XIX español, en lo más alto de la pintura europea. Su Juana la Loca bien puede considerarse como una de las mejores obras del siglo, gracias a la brillantez y la fuerza de su estilo realista, en el que las pinceladas de óleo vibran y se aprecian claramente en el lienzo.

Francisco Pradilla y Ortiz nació el 24 de julio de 1848 en Villanueva de Gállego, un pequeño pueblo de Aragón. De muy joven entró como aprendiz en el taller de pintura del escenógrafo de Zaragoza Mariano Pescador, quien le animó a acudir a la Escuela de Bellas Artes de San Luis.

El profesor Bernardino Montañés ve en él unas dotes excepcionales, encaminando sus pasos hacia Madrid, donde compaginará su trabajo como ayudante en el estudio de los escenógrafos Augusto Ferri y Jorge Busato, con la asistencia a la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, donde tuvo como maestros a Federico Madrazo y Carlos Rivera.

Incitado por José Casado del Alisal, primer Director de la Academia Española en Roma, que deseaba contar en la primera promoción de pensionados con las mejores promesas del panorama artístico español, en 1874 ganó la pensión de la primera promoción en la Academia de España en Roma, junto a Casto Plasencia, Jaime Morera y Alejandro Ferrant y Fischermans, estos últimos, Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

El trabajo correspondiente al tercer año de pensión le supone a Pradilla un éxito rotundo. Se trata de Doña Juana la Loca, con la que consigue la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878 y la Medalla de Honor en la Sección Española de la Exposición Universal de París de ese mismo año.

Doña Juana La Loca

 

Desde entonces empezó Pradilla a pintar encargos para los amantes del arte del mundo entero, cotizándose sus obras a precios muy elevados.

Este sonoro triunfo le llevaría a recibir el encargo del Senado para la ejecución del cuadro La rendición de Granada, cuya difusión le catapultaría a una fama internacional.  Tan gran éxito obtuvo el cuadro, que el Senado no sólo recompensó al artista con mayor cantidad que la contratada, sino que durante muchos días permitió la entrada al edificio a todo el que quiso admirar la obra. Madrid entero desfiló por el salón de conferencias del Senado. Y es que esta obra produjo entre los pintores y los críticos profunda admiración, rindiéndosele homenaje en Roma por parte de todos los pintores. Las revistas del mundo entero reprodujeron la obra y publicaron todo tipo de elogios. En Francia, se le otorgó la cruz de la Legión de Honor y se le nombró además individuo extranjero de la Academia de Bellas Artes de París.

La rendición de Granada

 

Su nombramiento como Director de la Academia de España en Roma, sustituyendo a Casado del Alisal, le hizo fijar su residencia en la ciudad eterna, donde, emulando a su admirado Fortuny, abrió un estudio al que acudían los más importantes coleccionistas y marchantes de Europa. Pero agobiado por las obligaciones administrativas del cargo, presentó su renuncia a los ocho meses.

Los años vividos en Italia, alternando su trabajo en Roma con los veranos pasados en las Lagunas Pontinas de Terracina, fueron los más felices de su vida.

En 1896 es nombrado Director del Museo del Prado, un cargo que colma las ambiciones de cualquier artista, más él que gozaba de un extraordinario reconocimiento artístico entre coleccionistas y marchantes de todo el mundo, viéndose obligado a regresar a España.

La situación real del Museo, las críticas a la conservación de la colección, el vivir atrapado nuevamente por las limitaciones administrativas, desatendiendo su verdadera vocación de pintar, hicieron que en 1989 abandonara el cargo y con cincuenta años, cansado, se alejó voluntariamente de actos sociales y políticos, dedicando su vida a pintar.

Autorretrato de 1917

 

En su magnífico palacio-estudio recibía a numerosos amigos como Pérez Galdós, Núñez de Arce, el Marqués de Pidal y al mismísimo rey, que solía visitarlo con frecuencia.

Aunque su muerte sorprendió a muchos por el alejamiento del pintor de la vida social, la exposición póstuma de sus obras que se instaló en su propio domicilio, fue un éxito de concurrencia, ya fuera para visitar un lugar difícilmente accesible o por ver «los Pradillas» que conservaba su propio autor.

Entre todos los géneros pictóricos que cultivó, la pintura de historia fue la que más fama le proporcionó. Se interesó por las anécdotas más emotivas de la historia. También pintó retratos de la aristocracia madrileña y conjuntos decorativos, como la ornamentación del Palacio de Linares de Madrid, para el que ejecutó la Lección de Venus al Amor, en el techo del salón de baile.

Pradilla por Alejandro Fischermans

 

Pradilla fue también un gran paisajista, como ya demostró en sus composiciones de historia. Intentaba ambientar las escenas en exteriores y con una depurada técnica, organizaba amplias perspectivas panorámicas con multitud de figuras y de motivos.

La faceta más moderna de su obra son los abocetados paisajes que realizó tomados del natural, en los que busca plasmar sensaciones atmosféricas y paisajes, y donde abundan las luces efectistas.

Falleció en Madrid a causa de un cáncer en la boca, en su casa estudio situada en la calle Quintana,33, el 1 de noviembre de 1921. A su entierro, celebrado en el cementerio de Santa María, acudieron multitud de miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores como Mariano Benlliure, Moreno Carbonero, Álvarez de Sotomayor, Casado del Alisal, Miguel Blay, Benedito, Cecilio Plá, Aniceto Marinas, Marceliano Santamaría…

Huecograbado del pintor

Autorretrato

 

La Asociación Española de Pintores y Escultores dedicó una corona al finado que la familia, agradecida, no aceptó porque la modestia de Francisco Pradilla así lo tenía dispuesto, y abrió con la triste noticia el número de la Gaceta de Bellas Artes del 1 de noviembre de 1921, en la que además de una semblanza y biografía de su vida, se acompañaba en el sentimiento a la familia.

Su nivel de maestría fue tal, que una narración de la historia de España sin sus cuadros es una crónica huérfana de imágenes.

Su obra fue ingente y se halla dispersa en colecciones particulares españolas y en diferentes países europeos y sudamericanos.

También fue un buen ilustrador gráfico de publicaciones literarias, un maestro retratista y un gran pintor costumbrista, siendo las pinturas de este último género las más abundantes y cotizadas.

Cortejo del bautizo del Príncipe Juan

 

Pradilla supo crearse un estilo personal fruto de la observación, aquilatando valores, con un espíritu analítico, dominando el color sin ser colorista, la técnica, la composición, el dibujo, y con un concepto estético muy elevado y espiritual del arte, creó obras que tuvieron un público entusiasta que en todo momento le rindieron franca y sincera admiración.

Juana La Loca recluida en Tordesillas

 

Sus cuadros de costumbres italianas y españolas son obras sugestivas, tienen interés y belleza, en ellas buscó Pradilla la psicología de los personajes y el ambiente de su propia naturaleza.

Las lagunas pontinas y los pueblos de Galicia recogieron una gracia extraordinaria cuyo profundo estudio supone la contemplación de la naturaleza como pocos pintores hicieran, trasladando esa atmósfera a sus lienzos con recogimiento.

El suspiro del moro

 

El pintor era amante del aislamiento: vivía entregado al trabajo, correcto, sin ganas de visitas y reuniones, lo que le hacía poco asequible. Los domingos por la tarde recibía en su estudio a sus amigos íntimos, artistas y no artistas, y si le pedían consejos los daba sin apelar a medias tintas, en forma clara y concreta, fuesen gratos o desagradables, él, a quien le molestaba la adulación profundamente.

Sorolla, que fuera discípulo de Pradilla en Roma y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, recibió del maestro consejos tan sinceros que le molestaron por su rudeza, llegando a distanciarlos en el transcurso de sus vidas, si bien finalmente el valenciano tuvo para Pradilla frases de justicia y de cariño.

Últimas nieves en Terracina

 

Pintaba la figura de un modo admirable y era un gran paisajista, creando obras que es difícil superar. Fue además un acuarelista extraordinario, dando a este género de pintura la solidez y calidad del óleo, sin perder el encanto y la gracia de la acuarela.

Hizo retratos muy bellos, pero no transigía con adular al retratado, rechazando la mayoría de encargos si conllevaban esta “pena”.

Primavera

 

Sus cuadros eran de una preparación lenta y minuciosa, debido a los muchos apuntes, dibujos y estudios que hacía antes de dar comienzo a la obra definitiva; preparaba el fondo, sobre todo en sus cuadros de historia. En el aire libre buscaba el momento de luz y hora que respondiese de modo muy expresivo al asunto que había concebido para su cuadro, los efectos de nubes, los terrenos en que los grandes carros marcaban las huellas de las ruedas… todo era objeto de profunda observación.

Amparito

 

Consiguió todos los honores que su talento le granjeó: fue académico de Bellas Artes en España y en las academias de París, Berlín, Munich y otras más. Fue condecorado con grandes cruces nacionales y extranjeras y sus cuadros se pagaban a precios muy elevados.

En palabras de Wifredo Rincón, especialista en la figura del aragonés, y quien fuera también Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, fue un pintor muy versátil que rivalizó en popularidad y prestigio con Joaquín Sorolla. Practicó todos los géneros: el retrato, la pintura de historia, estampas populares y costumbristas, paisajes, cuadros alegóricos y mitológicos próximos al simbolismo en ocasiones, aunque fue en la pintura histórica donde logró sus mayores éxitos y su maestría indiscutible. Fue un pincel refinado de ‘realismo ambiental’.

La tarde

 

Hace no mucho tiempo, recibimos emocionados en la AEPE la visita de la bisnieta del maestro Pradilla, Sonia Pradilla, quien nos habló de la familia y de su abuelo, el también pintor e hijo del aragonés, Miguel Pradilla, figura desconocida que siguió los pasos de su padre.

En una exposición celebrada en octubre de 2018 en Pozuelo de Alarcón, se rindió homenaje a los dos artistas, pintores que compartieron el amor a Italia, donde Francisco vivió tantos años y Miguel pasó toda su infancia, y la pintura de uno y otro volvía a los mismos escenarios (como las Lagunas Pontinas) con décadas de distancia.

Bajo el árbol consagrado a Ceres

 

Padre e hijo coinciden también en su interés por las escenas populares y costumbristas de fiestas, romerías, procesiones, mercados, etc. Y en la pasión por el paisaje, aunque con estilos muy diversos, con Francisco endeudado con el preciosismo y Miguel influido ya por el impresionismo.

La lectura de Anacreonte

 

En la página web de la AEPE www.gacetadebellasartes.es  publicamos también en el apartado “Recordando a nuestros socios”, la documentación que tan amablemente nos hicieron llegar en el ánimo de ayudar a difundir la memoria de ambos, que a todos recomiendo visitar.

Miguel recordaba a su padre “conmovido por su amor de hijo y su vocación de artista… yo consideraba a mi padre como a un dios, como a un coloso al que nunca podría llegar”… motivo por el que tantas veces declinó presentar sus trabajos al público, temiendo quizás, España es así… antes, durante y me temo que después… que la comparación entre uno y otro destrozaría su vocación.

Manolas en el palco

 

Pradilla gustaba de Rembrandt, Velázquez, Tiziano, el Greco y Ribera. Apasionado de Wagner, lector incansable, viajero y deportista, buen alpinista, gran nadador, practicante de gimnasia, senderista… el lado más personal del maestro así nos lo recordó su bisnieta, merced a las impresiones que su abuelo Miguel escribiera de él.

Retrato de la Marquesa de Encinares

 

Francisco Pradilla y la AEPE

En el III Salón de Otoño de 1922, Francisco Pradilla expuso tres obras cedidas para la ocasión por Félix Boix. Se trataba de hacer un pequeño homenaje al gran artista fallecido unos meses antes. Las obras expuestas fueron:

471.- “Recogedora de algas” (Vigo), óleo

472.- “El suspiro del moro” (boceto), óleo

473.- “Estudios de bordados y telas para La rendición de Granada” (acuarela)

En el V Salón de Otoño de 1924 estuvo presente también en la Sala de Recuerdos, junto a obras de Goya, Eugenio Lucas, Palmaroli, Rosales y otros muchos artistas fallecidos, con una obra propiedad de F.F.

413.- “Dibujo”

Niebla de primavera en Italia

 

 

Webgrafía y bibliografía

https://historiaragon.com/2016/11/01/francisco-pradilla/

AUTORRETRATOS DE FRANCISCO PRADILLA. A PROPÓSITO DEL CONSERVADO EN EL MUSEO DE ZARAGOZA Wifredo Rincón García online: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/35/21/52rincon.pdf

http://www.bibliotecalazarogaldiano.es/carhis/descargas/Rincon-Garcia_De-pintura-y-fotografia-cartas-de-Francisco-Padilla-Ortiz-a-Antonio-Canovas-y-Vallejo-Kaulak.pdf

Wifredo Rincón ‘Francisco Pradilla’ (Aneto, 1999)

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Las Medallas de la AEPE: Federico Coullaut Valera

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

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Medalla de Escultura “Lorenzo y Federico Coullaut Valera”

del Salón de Primavera de Valdepeñas

 

Como hemos visto en el número anterior, la Asociación Española  de Pintores y Escultores creó para Valdepeñas el Salón de Primavera “Por Tierras de Castilla-La Mancha”, instituyendo especialmente para el mismo, dos premios con los que honrar a los fundadores de la centenaria entidad y que vienen así a terminar de reconocer la importancia que esta cita tiene en el calendario expositivo de la entidad: la Medalla de Pintura José Moreno Carbonero y la Medalla de Escultura Lorenzo y Federico Coullaut Valera.

 

FEDERICO COULLAUT VALERA MENDIGIOITIA

 

COULLAUT VALERA MENDIGOITIA, Federico       E    1936 25.abr.1912 MADRID

MADRID/LA GRANJA     13.oct.1989

 

Nació en Madrid el 25 de abril de 1912. Su padre, Lorenzo Coullaut Valera, fue un afamado y reconocido escultor, fue su maestro, y además, uno de los Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Se crió en el estudio de su padre, entre barro y escayola, rodeado de tallas de madera, de estatuas de bronce y de figuras de piedra, y allí, de la mano de tan insigne maestro, adquirió los conocimientos técnicos que el oficio requiere.

De un neoclasicismo con matices modernistas, ha sido fundamentalmente un escultor de monumentos y retratos, pero su increíble obra religiosa es digna de encomio y lo convierten en uno de los más importantes imagineros del Siglo XX.

Cuando tan solo contaba con 15 años de edad, talló la obra titulada “Mater Salvatoris”, que presentó a varias Exposiciones.

En 1932 fallece su padre y Federico se ve obligado a acabar varios trabajos iniciados por éste, como el del Parque de El Retiro de Madrid, el jinete andaluz, en bronce, correspondiente al monumento a los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, y el monumento a Miguel de Cervantes de la Plaza de España de Madrid, con las figuras de las dos Dulcineas, Rinconete y Cortadillo (10 figuras) y La Gitanilla (6 figuras).

Desde muy joven participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, pero sin llegar a conseguir recompensas importantes. En cambio, alcanzó destacados premios en otros terrenos, como la Medalla de Oro en la II Exposición de Estampas de la Pasión (1942), las primeras medallas de la Exposición Nacional de Deportes de 1944, de la Exposición de Artesanía de 1945 y del Salón de Otoño de 1978; segunda medalla de la Bienal de Marbella de 1981, así como el premio especial de escultura de la XX Exposición de la Asociación de Pintores y Escultores (Madrid, 1983). Oficial del Mérito Nacional de Francia desde 1965, era académico correspondiente de la de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla desde 1979.

Virgen, Reina y Madre 

Poco a poco se va afirmando como un gran maestro, y así, entre 1958 y 1959 se ocupó de restaurar los elementos escultóricos de la Puerta de Alcalá. De 1961 data la ampliación del Felipe II, de Leone Leoni, que realizó para la explanada contigua a la Plaza de la Armería con motivo del IV Centenario de la capitalidad de Madrid, existiendo otra copia junto a la iglesia de San Pablo en Valladolid. En 1963 realizó el sencillo monumento dedicado a las víctimas del atentado de la boda del rey Alfonso XIII en 1906 en la calle Mayor de Madrid, para sustituir a otro anterior de Aniceto Marinas.

Maestría que logró junto al reconocimiento artístico total, con el famoso “Ángel de Madrid” del edificio Metrópolis, que el 11 de Octubre de 1977 coronó con una Victoria Alada de 6 metros y 3000 kilos de peso, realizada en bronce, sustituyendo al Ave Fénix en la cúpula del edificio y que desde entonces está asociada a los cielos de nuestra capital.

El jinete del Monumento a los Hermanos Álvarez Quintero en el Retiro

 

Trabajó muchos años en silencio, y dispersó sus obras por el territorio español y países como México, E.E.U.U., Alemania, República Dominicana, Bélgica, etc.

Con su obra civil, en bustos y retratos llega a la perfección y a la proximidad humana, observando el detalle más íntimo. Conjuga los monumentos con el entorno manteniendo un enorme sentido del equilibrio, pero la faceta que más desarrolló y que, posiblemente, hiciese más popular su firma fue la realización de esculturas religiosas y de Semana Santa.

Vivió siempre del encargo, motivo por el que no podía reunir obra suficiente como para hacer exposiciones, debiendo cumplir con las entregas.

Distintas imágenes de la Victoria Alada que culmina el edificó de Metrópolis, en la madrileña Gran Vía y dan cuenta de las colosales dimensiones de la obra

 

Su inmensa obra imaginera se compone de casi cuarenta pasos de Semana Santa, cada uno de ellos compuesto por una docena de figuras policromadas que se reparten por la zona de Levante; millares de bustos, según confesión del propio Federico, repartidos por domicilios particulares de todo el mundo, ocho obispos gigantes para el frontispicio de la Diputación de Soria, un Carlos III de colosales proporciones en Corpus Christi, Los Ángeles (California), el monumento en recuerdo de las víctimas del atentado a SS.MM. los reyes Alfonso XII y Victoria Eugenia, el del músico Enrique Iniesta, a Pío Baroja, a Joselito el Gallo en Sevilla, a Diego Laínez en Almazán (Soria),

Falleció en la Granja de San Ildefonso, Segovia, el 13 de octubre de 1989.

El autor ante su obra El Prendimiento

 

Su relación con la Asociación Española de Pintores y Escultores venía de lejos, ya que su padre, como hemos mencionado anteriormente, fue uno de los Socios Fundadores.

Participó en la Junta Directiva de la AEPE, ya que fue Vocal entre los años 1944 y 1946.

Pío Baroja en bronce

 

Obtuvo la Primera Medalla en el Salón de Otoño de 1978 y el Premio Leonardo Martínez Bueno de ese mismo año, la Medalla Mateo Inurria en el de 1979, Premio especial de Escultura en el Certamen de San Isidro de 1983 y finalmente, Premio Especial de Escultura en el Certamen de San Isidro de 1983.

Tuvo como discípulos destacados a Docha Rioboó, también socia de la AEPE y a Luis Sanguino.

Arquero

 

Federico Coullaut y la AEPE

  • XI Salón de Otoño de 1931, inscrito como Federico Coullant, natural de Madrid, Viven en Torrijos, 19, Sala 9, presentó la obra:
  1. “Ensueño” (desnudo en escayola)
  • Al XVII Salón de Otoño de 1943, inscrito como Federico Coullaut Valera, presentó la obra:
  1. “Virgen, Reina y Madre” (escayola)
  • En el XVIII Salón de Otoño de 1944 presentó la obra:

33.- Busto retrato (escayola)

  • Al XLVII Salón de Otoño de 1979 presentó dos obras:

170.- “Disparate matrimonial”

171.- “Ceballos rejoneando”

  • En el XLIX Salón de Otoño de 1981 presentó las obras: “Torso de mujer” y “Perezosa”
  • En el 50 Salón de Otoño de 1983, en la Sala Homenaje a los artistas del I Salón de Otoño de 1920, exhibió dos obras: “Relas” y “Los sueños de la razón”.
  • En el 51 Salón de Otoño de 1984 presentó el “Boceto en Bronce de Pío Baroja”.

 

Distintos retratos de Federico Coullaut-Valera

Busto de mujer

Desnudo femenino

Distintas instantáneas del escultor

Felipe II

El  Quijote del Monumento a Cervantes

 San Fernando de la Catedral de la Almudena 

 

 

Bibliografía y webgrafía

El Liberal 14/6/1930

Ahora 11/2/1932

El Imparcial 12/2/1932

Nuevo mundo 31/10/1931, 3/6/1932

La Libertad 29/6/1932

La Época 12/4/1935

Yugo 17/3/1944,  9/4/1960, 10/4/1960, 13/4/1960,

Fotos 29/3/1947, 2/7/1960

Faro de Vigo 22/1/1966

Proa 20/3/1964, 27/2/1975

Diario 16 15/10/1977

Cinco días 29/12/1979

El País 26/12/1979, 19/12/1982

Ideal 15/4/1973, 28/3/1983, 15/4/1984, 18/4/1984, 19/4/1984

La Voz de Almería 8/4/1980, 11/4/1981, 7/4/1985, 23/3/1986

ABC  15/6/1932, 31/10/1931, 3/11/1931, 6/4/1944, 15/11/1951, 30/11/1943, 23/4/2017,  18/3/1980, 9/7/1964, 9/12/1944, 21/11/1950, 3/10/1978, 30/9/1984, 14/3/1986, 10/4/1966, 1/10/1964, 26/12/1979, 6/3/1953, 8/6/1930, 16/6/1935,29/6/1943, 30/4/1969

Blanco y Negro 10/10/1964

LORITE CRUZ, Pablo Jesús. «Federico Coullaut Valera, un imaginero preocupado por la iconografía.» Getshemaní Cofradía de Nuestro Señor de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora de la Esperanza. Úbeda, 2010. N.º 27. Págs. 59-64.

-LORITE CRUZ, Pablo Jesús. Parangón y diferencias entre la Virgen de la Esperanza de Úbeda y la Soledad de Cuenca, ambas obras de Federico Coullaut Valera. Getshemaní Cofradía de Nuestro Señor de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora de la Esperanza. Úbeda, 2011. N.º 28. Págs. 57-60.

https://es.wikipedia.org/wiki/Federico_Coullaut-Valera

https://xn--jesusconlacaa-tkb.es/la-hermandad/el-escultor/

http://dbe.rah.es/biografias/5311/federico-coullaut-valera-mendigutia

http://cervantes.bne.es/es/exposicion/obras/federico-coullaut-valera-termina-monumento-cervantes-plaza-espana

Bibl.: J. M.ª Gajate García, La obra escultórica de Lorenzo y Federico Coullaut-Valera en Madrid, Madrid, Safel Editores, 1997; F. J. Portela Sandoval, “Federico Coullaut-Valera Mendigutía”, en VV. AA., Libro de la Venerable Hermandad de la Soledad de San Agustín, Cuenca, Diputación Provincial, 1997, págs. 99-102; J. M. Carretero, “Federico Coullaut- Valera” en VV. AA., Coullaut-Valera. Tres generaciones de escultores, Segovia, Diputación Provincial, 2002, págs. 67-96.

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Mª Dolores Cid nos acercó a Marcelina Poncela, Socia Fundadora de la AEPE

El viernes 15 de noviembre la Asociación Española de Pintores y Escultores vivió una jornada especial en la que, gracias a la Catedrática Mª Dolores Cid Pérez, pudimos conocer más acerca de la Socia Fundadora Nª 29 de nuestra centenaria institución.

Tras una breve presentación del Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, en la que agradeció la colaboración de la autora del estudio acerca de la magnífica pintora, fue la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez la encargada de introducir a los asistentes en la relación de Marcelina Poncela con la AEPE, a través de sus maestros y numerosos amigos, la mayoría socios fundadores también de la entidad.

La Secretaria General comentó que tal y como ocurre en todas las biografías de artistas del siglo XIX y XX, en ningún texto, tesis doctoral o libro suele figurar su relación con esta casa, lo cual nos hace aprender que para que algo se conozca, debe ser primero estudiado y ofrecido después al público. Además, comentó cómo el Presidente ha intentado potenciar este hecho a través de nuestro Archivo Histórico Bernardino de Pantorba, y de forma específica también con la creación de la MEDALLA DE PINTURA MARCELINA PONCELA DE JARDIEL creada en el año 2017.

Añadió además que es intención de la AEPE pedir que el plan memoria de Madrid la tenga presente, instalando una placa en la calle donde vivió.

Como curiosidad de la tarde, la presentación contó con la presencia de dos nietos del famoso hijo de la pintora, Enrique Jardiel Poncela, quienes asistieron a la interesante charla agradeciendo el recuerdo para con su bisabuela.

Mª Dolores Barreda Pérez resaltó varios hechos de la biografía de la artista, como que conoció a su marido cuando vivía en la Costanilla de San Pedro, junto a la Iglesia de San Pedro el Viejo, donde se venera a Jesús el Pobre, imagen de la que también ella es devota.

Resaltó la suerte que tuvo su hijo Enrique, a quien su madre puso como mote «Potito», que contaba que a los siete años solía visitar el Museo del Prado en compañía de su madre y, a los nueve acostumbraba a acompañar a su padre a la tribuna de prensa del Congreso de los Diputados, donde presenció numerosos debates políticos. La tendencia a dibujar apareció en Enrique antes que la de escribir.

Destacó que Marcelina Poncela fue alumna de Alejandro Ferrant Fishermans, uno de nuestros socios fundadores, junto a su hijo, el escultor Ángel Ferrant y Vázquez, también socio fundador de la AEPE. Y que fue asidua al Círculo de Bellas Artes, fundado entre otros por Marceliano Santamaría, quien fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores elegido el 24 de enero de 1936, y que dimitiera tras ser nombrado Presidente del Círculo de Bellas Artes ese mismo año. Allí, se relacionó con otros socios y fundadores de nuestra institución, como Sorolla, Aureliano de Beruete, Cecilio Plá, Lhardy Garrigues, Luis García Sampedro, Fernanda Francés, Zuloaga, Aniceto Marinas,…

Tuvo relación en definitiva, con casi todos los artistas plásticos del momento, tanto personal como artísticamente, ya que coincideron en el Círculo de Bellas Artes como estudiantes y posteriormente concurrieron a casi todas las Exposiciones Nacionales.

La catedrática Mª Dolores Cid Pérez nos adentró en su biografía, haciendo especial reseña de su formación académica, que fue muy completa: buena técnica del dibujo preparatorio de sus pinturas. Siempre haciendo dibujos a lápiz y a carboncillo, que trasladaba después al óleo. Dibujaba sobre pequeño y gran formato; en este caso se trataba de obras acabadas, no simples apuntes, que destinaba a concursos. Empleaba la técnica del albayalde y también utilizaba el lápiz conté, muy popular en el siglo xIx. También dibujó a plumilla, con gran calidad y merecieron premios de primera clase, y utilizó también la pintura al pastel pero esta técnica es frágil y difícil de conservar por lo que apenas hay un par de ejemplares conocidos. Fue una gran acuarelista, utilizaba bien todas estas técnicas pero con lo que realmente se encontraba a gusto era con la pintura al óleo.

Además de los bodegones, las flores, los paisajes, las escenas costumbristas, Marcelina se ocupó del retrato tanto a lápiz como al óleo. A veces esos retratos se apoyaban en la existencia de una fotografía, práctica muy común a finales del siglo xix pues muchos artistas aprovechaban esta oportunidad para hacer óleos de retratos de personajes de difícil acceso pero que sus fotografías se podían encontrar con cierta facilidad.

 

Las Medallas de la AEPE: Ángel Ferrant y Vázquez

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla de Escultura “Ángel Ferrant y Vázquez”

del Salón de Arte Abstracto

     En el año 2015, la Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores creó el Salón de Arte Abstracto, que se ha convertido ya en una de las más esperadas convocatorias de la centenaria entidad, nacido para hacer de este arte una continua experiencia creadora que aporta todo tipo de conocimientos y la belleza de otra realidad, que sólo está en las manos de los artistas.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Salón de Arte Abstracto, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura José María López Mezquita y Medalla de Escultura Ángel Ferrant y Vázquez.

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ANGEL FERRANT Y VAZQUEZ

 

FERRANT VAZQUEZ, Angel   E     1910(F176)       1.dic.1890   MADRID       MADRID      24.jun.1961

El escultor  de arte cinético, relacionado también con el surrealismo, Ángel Ferrant Vázquez fue uno de los socios fundadores (Número 176), al igual que lo era su padre, el relevante pintor Alejandro Ferrant Fishermans (Número 116).

Nació el 1 de diciembre de 1890 en Madrid y estudió escultura en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en el taller del escultor Aniceto Marinas.

Con un realismo academicista propio del cambio de siglos, en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910 obtiene una Segunda Medalla por la obra “La cuesta de la vida” y a partir de entonces, comienza a viajar por Bélgica, Italia y Francia, donde vivirá algunos años.

En París entra en contacto con el movimiento vanguardista artístico del futurismo, fundado por Filippo Tommaso Marinetti, cuya influencia pesó durante algún tiempo en sus obras y con quien mantuvo una relación epistolar, pese a no centrarse en aquella corriente.

En el año 1918 realiza una oposición a la plaza de profesor de modelado y vaciado en la Escuela de Artes y Oficios, siendo destinado a La Coruña, donde pasará dos años. En 1920 traslada su plaza de profesor a la Escuela de la Lonja de Barcelona, que se hallaba en plena agitación artística, y se aproxima así al novecentismo y a las vanguardias que se advierten en sus obras, obteniendo además el Primer Premio del Concurso Nacional de Escultura de 1926.

El escultor trabajando en su estudio y abajo, dando clases

 

En 1927 viajó a Viena buscando la renovación de los métodos pedagógicos de la enseñanza de la escultura.

También expuso en galerías de la ciudad condal como la Sala Parés (1928) y las Galerías Syra (1931) y participó en muestras como la I Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, el Salón de los Evolucionistas, el Círculo de Sant Lluc, la Asociación de Escultores y los Amigos de las Artes Nuevas… iniciando también su faceta de escritor.

Su estética evoluciona influida por las esculturas clásicas griegas y egipcias, con un acercamiento a sus modelos y a las capacidades expresivas de algunos materiales.

En 1934 regresa a Madrid como profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Carabanchel.

En 1935 crea para la Asociación Auxiliar del Niño un Taller de Arte Infantil en donde pone en práctica sus ideas de renovación de la pedagogía artística y participa en la organización de la exposición de Picasso en el Centro de la Construcción de Madrid.

En 1936 firmó el «Manifiesto de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura» del diario La voz del 30 de julio de 1936. Un año más tarde se incorpora a la Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico, presidida por Roberto Fernández Balbuena (también socio de la AEPE) y como vocal a su hermano, el arquitecto Alejandro Ferrant.

Nombrado director accidental del Museo de Arte Moderno, al trasladarse a Valencia el crítico de arte y museólogo Ricardo Gutiérrez Abascal, conocido por el seudónimo de Juan de la Encina.

El 27 de mayo fue detenido en las dependencias de la Junta por agentes del Servicio de Investigación Militar del Ejército del Centro que la noche anterior habían detenido al arquitecto Francisco Ordeig, responsable del depósito que la Junta de Incautación a quienes se acusaba de connivencia con el enemigo.

El 30 de mayo los hermanos Ferrant fueron liberados, tras la intervención de Fernández Balbuena y los compañeros de la Junta, quienes advertían en las acusaciones de los agentes de la brigada de información exageraciones e interpretaciones forzadas.

El 1 de julio fue nombrado vocal de la Junta Delegada, encargado de las visitas e incautaciones por los pueblos de la región centro. En enero de 1938, tras el nombramiento de Fernández Balbuena como delegado en Madrid de la Dirección General de Bellas Artes y subdirector del Museo del Prado, Ángel Ferrant fue encargado de la presidencia de la Junta Delegada del Tesoro Artístico en Madrid.

Sus reticencias ante algunas peticiones de los responsables del ministerio y de la dirección de Bellas Artes fueron motivo de continuos choques. En marzo presentó su dimisión tras negarse a enviar a Valencia El descendimiento de la cruz de Rogier van der Weyden.

En abril de 1938 fue llamado a Barcelona donde permaneció hasta el mes de junio, dejando como responsable de la Junta a Matilde López Serrano, agente del SIPM franquista. El 6 de septiembre los responsables del Ministerio de Hacienda, al que habían sido transferidas las competencias sobre el Tesoro Artístico, procedieron a remodelar las Juntas Delegadas, a cuyo frente se colocaron los gobernadores civiles y Ferrant quedó como auxiliar técnico sin funciones ejecutivas.

Terminada la guerra, fue denunciado junto con su hermano por el duque de Valencia, cuyas propiedades se habían salvado gracias a la Junta Delegada de Madrid.Sometido a expediente disciplinario, en abril presentó un escrito exculpatorio detallando sus actuaciones al frente de la Junta Delegada.

En julio, Pedro Muguruza, comisario general del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, presentó un informe ante el Tribunal Militar de Funcionarios en el que reconocía el papel jugado por la Junta Delegada en Madrid, en orden a la conservación del patrimonio.

Finalizada la contienda recuperó la creación artística que había abandonado en tiempos de guerra con una serie de relieves en barro cocido de la Tauromaquia (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía), fechada en 1939, en la que retorna al arte figurativo desde presupuestos ajenos al academicismo.

Su primera exposición individual tras la guerra tiene lugar en la Galería Argos de Barcelona en 1942, donde muestra las cabezas de La Comedia Humana, la Tauromaquia y varios dibujos.

Participa en el I Salón de los Once (Galería Biosca, Madrid), apoya la labor de Eugenio d’Ors y su Academia Breve de Crítica del Arte, en su intento de dotar de nuevos aires al panorama artístico madrileño.

En 1943 recibió el encargo de los arquitectos Durán de Cottes y López Izquierdo para colaborar con un conjunto escultórico destinado a la fachada del Teatro Albéniz de Madrid, con la realización de once autómatas de madera que mediante un simple mecanismo movían las partes articuladas (tocando una guitarra, abanicándose, balanceando el torso…) que se conservaron en la fachada hasta 1983.

Autor de parte de los relieves de la columna del Descubrimiento en La Rábida, ​en 1948 realiza y expone en la Galería Clan las denominadas por él Esculturas ciclópeas y participa en algunas exposiciones colectivas (Buchholz, III Antológica de la Academia Breve).

En 1948 conoció al pintor alemán Mathias Goeritz y su Escuela de Altamira, que va a potenciar el trabajo con objetos de piedra o barro en los que se insinúan figuras humanas. En 1949 expuso sus móviles, cercanos a Calder, y su contrapunto, la serie de esculturas Estáticas.

Fruto de sus estudios sobre el juego y la combinación de piezas invariables surge el Maniquí estereotómico, pequeño muñeco compuesto por el ensamblaje de distintas piezas, que le permite adoptar numerosas posturas. A lo largo de su trayectoria Ferrant realizó otros cinco muñecos articulados.

A partir de 1959 las obras de Ferrant empiezan a verse con regularidad en los circuitos internacionales, siempre en colectivas junto con las de los más jóvenes. Este año expone en Pittsburg y Amsterdam.

En 1960 obtuvo el premio especial de escultura en la XXX Bienal de Venecia y el Premio Especial de la Fundación David E. Bright de Los Angeles, realizando exposiciones en Barcelona (Museo de Arte Contemporáneo), Madrid (Galería Neblí) y Bilbao (Museo de Bellas Artes) y en Londres (New London Gallery).

En 1961 los escultores catalanes brindaron un homenaje a su figura con una exposición celebrada en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

Ángel Ferrant y Vázquez falleció en Madrid el 24 de junio de 1961. Tenía fijada su residencia en el Paseo de Recoletos, 7 de Madrid.

Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores

Formó parte del Comité ejecutivo del I Congreso Nacional de Bellas Artes  en 1918.

Fue Vocal de la Junta Directiva en 1914. Donó obra para el festival que la AEPE realizó en 1915.

 

 

Bibliografía y Webgrafía

Alix, Josefina (1985). Escultura Española 1900/1936. Madrid, Ed. El Viso. ISBN 84-7483-412-0.

Álvarez Lopera, José, «Ángel Ferrant en la Guerra Civil», Anales de Historia del Arte, vol. extraordinario (2008), pp. 335-355

Arte protegido: memoria de la Junta del Tesoro Artístico durante la Guerra Civil, [exposición], catálogo coord. Isabel Argerich Fernández y Judith Ara Lázaro, 2009, ISBN 978-84-8181-387-6

www.buscabiografias.com

www.angelferrant.com

www.biografiasyvidas.com

web.educastur.princast.es

https://museoph.org/pagina/perfil-biografico-de-angel-ferrant

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Las Medallas de la Asociación Española de Pintores y Escultores

La Medalla de Fructuoso Orduña

Por Mª Dolores Barreda Pérez

La Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores celebrada el 10 de febrero de 2017, aprobó la propuesta planteada por el Presidente de la centenaria entidad, José Gabriel Astudillo López, relativa a la reorganización de los premios y galardones que otorga la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

     Los análisis realizados por la Junta Directiva sobre el más que positivo aumento del número de esculturas que se presentan en cada convocatoria, hacían necesario distinguir definitivamente las secciones de pintura y escultura, dotándolas con premios bien diferenciados, de forma que no compitan entre sí dos elementos tan distintos y cuyo contenido da nombre a la Asociación Española de Pintores y Escultores.

     Ante esta situación, se hizo imprescindible revisar y reformar las bases de las distintas convocatorias que lleva a cabo la AEPE, y teniendo en cuenta que algunas de ellas tenían medalla propia, aunque sin especificar si era de pintura o de escultura, se hacía del todo necesario analizar los premios y distinciones que hasta la fecha otorgaba la institución, planteando una propuesta justificada del por qué y del cómo hacer bien las cosas.

     Es triste y descorazonador pensar que las distinciones y los premios, más allá de la pura anotación que nos queda en la actualidad, no tienen ningún tipo de soporte documental ni histórico. Más descorazonador aún pensar que hay medallas con reglamento específico del que no sabemos nada pese a haber visto la luz en nuestra entidad.

     El extravío de la documentación que se custodia en la institución, en el transcurso de los años, de forma cotidiana y habitual, nos priva de archivos históricos más completos en los que apoyarnos y poder entender mejor el cómo y por qué de cada acción.

     Partiendo del documento base de la Asociación Española de Pintores y Escultores que nos proporciona un mínimo soporte histórico como es el libro de la Historia elaborado por el Bibliotecario, Fernando de Marta y Sebastián, vamos a tratar de saber cómo y cuándo nacieron los premios y distinciones, y sobre todo, por qué y con qué fin, nacen los nuevos para cubrir la necesidad planteada de distinguir entre disciplinas artísticas.

Pero antes de nada, debemos saber más acerca de la Medalla de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Fructuoso Orduña, Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores y autor de la Medalla de la AEPE

Creación de la Medalla

Bajo la presidencia de Pedro Poggio y siendo Secretario General Pedro García Camio, se reúne la Junta Directiva, informándose de ello en la Gaceta del 15 de junio de 1926, en donde aparece publicado textualmente, bajo el título de “Una Medalla de Oro”: “La Asociación de Pintores y Escultores, y por acuerdo de la Junta Directiva, ha creado una “Medalla de Oro” que, al igual que la del Círculo de Bellas Artes de Madrid, será otorgada en las Exposiciones Nacionales, y por primera vez en la actual Nacional que se celebra en el Retiro. Ha movido a ello, no sólo el deseo justificadísimo de que nuestra Asociación, a este respecto, no fuera menos que cualquier otra entidad, sino, además, el afán de acuciar la creación de premios especiales, de que tan faltas están nuestras Exposiciones. Da grima, en verdad, comparar cómo se estimula a los artistas, por los particulares, en otros países y lo muy poco que en España se hace en este aspecto. Esta nueva “Medalla de oro” será obra del escultor Fructuoso Orduña, que se ha ofrecido a modelarla gratuitamente».

«Su valor no será inferior a 500 pesetas, cantidad que se recaudará por suscripción, agradeciendo mucho que los que deseen suscribirse lo hagan rápidamente, pudiendo dirigirse para ello a esta Secretaría, Jovellanos, 8, Madrid. (La tan repetida Medalla será otorgada en las mismas condiciones que la de Honor, y firmando el votante la candidatura)».

El día 12 de junio se celebró la votación de la Medalla de Oro de la Asociación de Pintores y Escultores en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926, otorgándose a Martínez Vázquez por su cuadro “La Rondeña”. La Gaceta de Bellas Artes del 1 de junio de 1927 (Año XVIII, Núm. 313) publicó en su portada una fotografía original de Moreno, (Pl. de las Cortes, 8), del Anverso de la Medalla de Oro creada por la Asociación de Pintores y Escultores, para ser concedida en las Exposiciones Nacionales, obra del escultor Fructuoso Orduña.

Medalla de la AEPE obra original de Fructuoso Orduña

La Medalla en el Salón de Otoño


Portada de la Gaceta de Bellas Artes del 1 de junio de 1927 (Año XVIII, Núm. 313)

El I Salón de Otoño de 1920 nació …“Sin recompensas, sin presiones, sin apasionamientos, sin envidias ni prejuicios, el próximo Salón Otoñal ha de ser, no el campo de batalla de odiosas comparaciones, sino el santuario en el cual cada manifestación, cada destello tenga su propio altar, su merecido respeto y sus creyentes, todo en un ambiente de paz, de dulzura y compañerismo, que haga de ella en los años sucesivos el lugar consagrado a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad de los artistas y sus admiradores”…”Íntegro, sin prejuicios, en apretado haz, los artistas españoles inaugurarán, entregando al juicio público, al de la Prensa y a los altos poderes de toda clase, de quienes esperarán tranquilos el fallo”…

Como vemos, el Salón de Otoño nació con la idea de exhibir solo las obras, pero no otorgar ningún tipo de recompensa ni distinciones.

Sin embargo, en el III Salón de Otoño de 1922, y con la aprobación de la Junta General de 25 de mayo de ese mismo año, ya se hicieron propuestas de socio para los que no lo eran, propuestas que incluían la exención de la cuota de entrada, y para los que ya eran asociados se proponía que se les pudiera nombrar Socio de Mérito o Socio de Honor.

De esta forma, las primeras recompensas en un Salón de Otoño se otorgaron en el III Salón de 1922 y fueron el nombramiento de Socios de Honor, que según resaltaba el Reglamento, se acordaron por mayoría de votos, y que recayeron en José Moreno Carbonero, Julio Moisés, Jaldón, José Gutiérrez Solana y Miguel de la Cruz.

Así transcurrieron los salones hasta el año 1936, en que la actividad de la Asociación de Pintores y Escultores se vio interrumpida por la contienda civil.

En mayo de 1939, el Secretario de la entidad, José Prados López, envió una carta a los socios, que se difundió en los distintos medios de comunicación de la época, en la que rogaba a los artistas que poseían la Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, para que la entregasen en un acto altruista que ayudara a la reconstrucción de la España de la posguerra.

Toda la prensa recogió esta solicitud y la generosidad de los artistas que finalmente la entregaron, insistiendo en la voluntariedad del acto, y a quienes se les ofreció recibir otras medallas fundidas en inferior metal, para recuerdo.  

El plazo inicial fue hasta el 31 de mayo, pensando poder entregarlas al Vicepresidente del Gobierno el día 2 de junio, pero esta audiencia no tuvo lugar hasta el día 17, cuando el Conde de Jordana recibió en Burgos a la Junta Directiva de la Asociación y aceptó para el Tesoro Nacional las primeras 15 Medallas recibidas.

Entre quienes desinteresadamente las aportaron, y cabe recordar que dichas Medallas eran ciertamente de oro, figuran Mariano Benlliure, Aniceto Marinas, José Garnelo y Alda, Fructuoso Orduña, Daniel Vázquez Díaz, José Gutierrez Solana, Julio Prieto Nespereira, José Bueno Gimeno, Jacinto Higueras Cátedra, Eugenio Hermoso, Eduardo Chicharro Chicharro, José Ortells…

En la Junta Directiva del 15 de marzo de 1940, bajo la presidencia de Fructuoso Orduña y siendo Secretario José Prados López, se decidió que la leyenda de las medallas de bronce que sustituían a las medallas de oro entregadas por los artistas fuera: «España, por tu oro, te devuelve este honor -1940», y de ellas se hicieron cincuenta ejemplares, aunque en una Junta anterior se habían aprobado 30, que fueron hechas por la Casa Teu, sobre el modelo realizado por José Ortells. Dichas medallas fueron entregadas por Juan de Contreras y López de Ayala, más conocido como el Marqués de Lozoya, que ocupaba el cargo de Director General de Bellas Artes, en su despacho oficial el 17 de junio de 1940.

Como veíamos anteriormente, hasta este momento, las recompensas del Salón de Otoño se limitaban a los nombramientos honoríficos de Socios de Honor y de Mérito.

En 1942, para el XVI Salón de Otoño, se establecen por primera vez premios económicos, que conviven con los honoríficos: el Ministerio de Educación Nacional aportó 10.000 pesetas, y 1.000 pesetas el Ayuntamiento de Madrid y la Diputación Provincial de Madrid otras 1.000.

Para el XIX Salón de Otoño de 1945 la Dirección General de Bellas Artes concedió 10.000 pesetas para premios-adquisición de obras con destino al Museo de Arte Moderno.

También hubo premios de 5.000 pts del Banco de España, de 2.500 del Duque de Alba y del Marqués de Aledo, así como los ofrecidos por el Ayuntamiento y la Diputación de Madrid.

En principio, los premios del Salón los votaban los mismos expositores, pero en Asamblea Extraordinaria del 14 de enero de 1946 se llegó al acuerdo de nombrar un jurado que quedó formado por Daniel Martínez Vázquez y José Prados López, en representación de la directiva y por los pintores Joaquín Valverde y Gregorio Toledo, y el escultor Juan Adsuara, designados por la Asamblea General. Finalmente Adsuara fue sustituído por José Ortells.

Los premios a otorgar fueron, además de los de la Dirección General de Bellas Artes, otros dos de 2.500 pesetas del Marqués de Aledo y del Duque de Alba, y se había establecido que los primeras medallas presentados al salón no obtasen a premios.

El hijo de Martínez Vázquez pidió ser considerado fuera de concurso al haber sido designado su padre como jurado, y Planes decidió no aceptar el cargo para el que, al parecer, fue votado, por la misma razón de que se presentaba su hijo.

Para el XXII Salón de Otoño de 1948, y por acuerdos de la Asamblea General, se establecían por primera vez medallas de primera, segunda y tercera clase, para pintura, escultura, grabado y dibujo y arte decorativo en general, distinguiéndose en pintura entre figura y paisaje. La acuarela estaba incluida en la pintura.

El número de medallas para pintura fue de dos, cuatro y seis respectivamente para primera, segunda y tercera clase y fueron concedidas por voto escrito y firmado de los expositores y, posteriormente, los premios en metálico asignados por el mismo procedimiento de voto entre los medallados, recayendo entre ellos mismos.

Las medallas así establecidas se dejaron de adjudicar a principios del siglo XXI, siendo retomadas en el año 2014 por el Presidente de la AEPE José Gabriel Astudillo López, si bien no de la misma forma.

Simultáneamente, continuaban los nombramientos de Socio de Honor y de Socio de Mérito entre 1942 y 1963, a artistas dentro del Salón de Otoño, pero sin tener acreditada su participación en ellos.

A partir de 1963 y para su concesión exclusiva en el Salón de Otoño y fuera de las bases, se creó la Medalla de Honor, formándose para ello expresamente un jurado especial. La última otorgada de esta manera lo fue en el Salón de 1978.

Coincidiendo con la celebración de la última Exposición Nacional de Bellas Artes, la Medalla de Oro que concedía la Asociación de Pintores y Escultores deja de tener sentido, por lo que es muy probable que se decidiera hacer de la Medalla creada por Fructuoso Orduña la pieza “estrella” de los Salones de Otoño, quedando ya para siempre unida a la centenaria entidad y a su más prestigioso galardón.




El Heraldo de Zamora 4 mayo 1939
Anverso de la Medalla de José Ortells para quienes entregaron su Medalla de Oro al Tesoro Nacional

Reverso de la Medalla de José Ortells

Lo que encierra la Medalla

Más allá de lo que formalmente representa, la Medalla de la AEPE constituye la seña de identidad de la centenaria institución. En ella se muestra claramente la capacidad del autor para el estudio anatómico y su excelencia como retratista, con simbología simplificada y líneas en las que las figuras sobresalen con una fuerza y energía acentuadas siempre por su excelente complexión física. Una obra que muestra rotundidad en la composición y un modelado de gran potencia y maestría.

Antes que la recompensa en metálico, que bien es verdad que a nadie le amarga un dulce, obtener la Medalla de la AEPE significaba lograr el reconocimiento del artista, pero no un reconocimiento cualquiera, sino la aprobación y afirmación de otros artistas, y entre iguales, esa hazaña alcanzaba aún más importancia y repercusión.

Que quienes se dedican a la pintura y la escultura, con conocimientos propios de la materia y experiencia personal acerca del mundo de las bellas artes, del difícil mundo del arte, de sus penas y alegrías, sinsabores y vanaglorias, sean quienes reconozcan que el trabajo realizado es digno de una medalla, va más allá de cualquier otro tipo de distinción, puesto que dice mucho a favor de quienes hacen de la creatividad y la calidad, el oficio de los artistas con todos los valores que ello encierra. Por todo ello, lograr la Medalla de la AEPE es un gran honor que quizás pocos artistas puedan aún comprender, pero por el que merece la pena intentar conseguirla.

Sujetamedallas de la AEPE, obra de José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE

Entrevista a Marisa Codina, Gerente de la Fundición Codina

Por Miriana Quiel y María Priego Sánchez

  

Entrevista a la Gerente de la Fundición, que representa la cuarta saga de los fundidores

¿Cuál es la Historia de la Fundición Codina?

La historia de la Fundición se remonta a la primera noticia de obras fundidas en 1888, cuando nuestro antecesor Federico Mas Riera le encargaron hacer la estatua de Colón de Barcelona realizada ese mismo año.  A partir de ahí monto un taller de fundición y luego en 1904 se jubiló y su parte se la compró mi bisabuelo y la traslado a Madrid. Y a partir de ahí hasta hoy.

¿Qué obras fundidas son las más destacadas?

Muchas en Madrid casi todas, todos los monumentos grandes de Madrid se han fundido en Codina. Como las de la Plaza Cascorro, el monumento de Alfonso XII, El ángel que se encuentra sobre el edificio Metrópolis de Gran vía, las estatuas de Goya y Velázquez de la puerta del Museo del Prado.

¿Habéis fundido algún premio?

Todos los años realizamos los Premios Cervantes de Julio López, los premios de la música…

¿Habéis recibo como empresa algún premio?

El ayuntamiento de la Comunidad de Madrid nos dio un premio por ser una empresa tradicional y antigua.

¿Se trata de una sociedad anónima?

No, fue sociedad anónima, sociedad limitada y ahora mi hermano aparece como profesional.

¿Cuántos trabajadores tiene actualmente la Fundición?

Ahora somos siete, mi hermano y yo, mi hijo que sería la quinta generación y luego contamos con cuatro especialistas más.

¿Cómo llega uno a ser artesano?

Esto no se estudia, se entra de peón, de aprendiz y se aprende el oficio de un maestro. El trabajo es artesano es manual las maquinas influyen poco.

¿Cómo sobrevivió la Fundición en tiempos de entre guerras?

En la guerra civil la incauto una célula anarquista que estaban en Madrid en la calle Cartagena, incautaron la fundición para hacer bombas. Durante la época de la guerra, se fabricaron bombas que no funcionaban, por ello a mi abuelo le metieron en la cárcel porque las hacia mal, pues no tenía ningún interés en hacerlas. Todos los trabajos que estaban en proceso se fundieron para hacer las carcasas de los obuses.

Durante la dictadura se fundieron muchos retratos de Franco y esculturas ecuestres colocadas por toda España y muchas otras como los ángeles del Valles de los Caídos.

¿Cómo surgió la colección?

La colección surgió porque yo tengo mis propias piezas de escultores que acaban siendo amigos, aparte de clientes se establece una relación muy estrecha y muy entrañable. Unas veces le compras la pieza o se la cambias por trabajo o te la regalan, esto pasaba desde comienzos de la Fundición y se han ido conservando.

¿Qué clientes de renombre habéis tenido?

Españoles, la gran mayoría desde los primeros tiempos de Mariano Benlliure, Miguel Blay todos los catalanes de la época modernista importantes como Agapito Vallmitjana, Jacinto Higueras, Aniceto Marinas. Y luego Pablo Serrano, Julio López Hernández y Francisco su hermano, Antonio López y artistas de hoy en día y no solo importantes sino todo aquel que quiera tener una pieza de bronce y la haya modelado.

¿Puede venir cualquiera a fundir su obra?

Si y para nosotros están importante hacer una pieza de Julio López Hernández como si tú te modelas una cosa que te guste y te la fundimos.