Venancio Blanco recibió la “Medalla de Honor” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

El escultor que ha revolucionado el arte sacro, Venancio Blanco, recibió el pasado viernes día 24 de febrero la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, rodeado de numerosos amigos y socios que no quisieron perderse este sencillo homenaje al que acudieron numerosos amigos y seguidores del artista salmantino.

1

La mesa presidencial estaba formada por el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, por el Vicepresidente de la centenaria entidad, Juan de la Cruz Pallarés García, por el homenajeado, Venancio Blanco, la Secretaria General de la AEPE, Mª Dolores Barreda Pérez, por el Socio de Honor y también escultor Julio López Hernández, que no quiso perderse el acto, y por el Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, Tomás Paredes.

2

Además del hijo del homenajeado, en el acto estuvieron presentes distintos miembros de la Junta Directiva de la institución, como los Vocales Juan Manuel López-Reina, Alicia Sánchez Carmona, Pedro Quesada, la Tesorera Ana Martínez Córdoba, el Bibliotecario Fernando de Marta y Sebastián, y la Asesora de Presidencia Itziar Zabalza Murillo, además de distintas personalidades como Francisco Molina, Director del Taller del Prado, la Directora de la Fundación Venancio Blanco y multitud de artistas y socios de la entidad.

Repleto de referencias personales y artísticas transcurrió un acto emocionado en el que a modo de introducción, la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, realizó un breve recorrido por la trayectoria artística y profesional del reconocido escultor haciendo especial hincapié en proporcionar a los presentes un bosquejo resumido de cómo es Venancio Blanco, y no sólo de su biografía, con datos y fechas frías y distantes, sino introduciendo a los presentes en la vida, el pensamiento y un poquito en el alma mágica del artista.

Por lo entrañable de sus palabras y por la encendida defensa de su perfil humano, reseñamos a continuación toda la intervención de la Secretaria General:

“Señoras y señores, queridos socios y amigos, muy buenas tardes a todos y bienvenidos a esta casa común que es la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Celebramos hoy el acto de imposición de la Medalla de Honor de la entidad a D. Venancio Blanco.

Este es un acto sincero y sentido que lo único que pretende es homenajear a un gran artista, a una gran persona.

Debo plasmar aquí una recapitulación de su trayectoria artística a grandes trazos, pero qué decir de un genio como él… creo que siempre me quedaría corta.

De su relación con esta Asociación Española de Pintores y Escultores sí puedo citarles que Venancio ha participado en las Exposiciones Nacionales, de las cuales posee la Primera Medalla, y ha sido varias veces miembro del Jurado del Salón de Otoño, la última vez en el año 1990, cuando se llegaba a la edición número 57 de tradicional certamen.

De su biografía, como en las anteriores ocasiones que se ha concedido este galardón, me gustaría remitirles a cualquier enciclopedia, o mejor aún, a la página web de la Fundación Venancio Blanco, en donde encontrarán pormenorizada información acerca de su vida, de la cual trazaré sólo a grandes rasgos unas líneas, ya que lo que aquí nos interesa, es el perfil humano de un gran hombre como Venancio Blanco.

Venancio Blanco nació en 1923 en Matilla de los Caños del Río (Salamanca), aunque luego se crio en la localidad vecina de Robliza de Cojos, pueblos ganaderos con toros bravos y encinares, que marcarán su obra.

Estudió en la Escuela Elemental de Trabajo y en la de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Salamanca y en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.

En Italia, descubrió la escultura, no solamente como elemento de expresión artística, sino como forma de vida. Allí aprendió en su totalidad el proceso de fundición del bronce. Y como él mismo asegura: “Roma para mí lo ha sido todo”.

Mucho más tarde descubriría la Grecia clásica donde se extasió de ese despojo de esencias formales, en la depuración total que siempre había intuido y que allí encontró.

Profesor de Modelado en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, es Académico de Bellas Artes y miembro correspondiente de la Pontificia Insigne Academia Artística dei Virtuosi al Pantheon, además de otras muchas como la Real de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, la Real de Córdoba y de la Purísima Concepción de Valladolid.

En 1981 fue nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma.

La obra de Venancio se vuelca en dos grandes temas: el religioso y la tauromaquia.

En el tema religioso coinciden sus preocupaciones estéticas y espirituales con la renovación del Concilio Vaticano II, pero sin descuidar la imaginería tradicional.

En sus tauromaquias, de las que parte de los modelos de Mariano Benlliure, prescinde de la minuciosidad del detalle para centrarse en la búsqueda de las formas con una evidente economía de la materia, en una línea muy próxima a la abstracción.

Cuando recuerda al toro en el campo, lo hace primero con miedo, después con respeto y más tarde con el ideal de la belleza que desprende el animal, trasladándola a la escultura, a la figura, a la estética y dinámica, a la grandeza de su nobleza.

Otros temas presentes en su obra son el deporte, el flamenco, el cante jondo, el desnudo femenino… todo ello expresado a través de formas elementales que se identifican con el abrumador peso del sentimiento en las formas. Y también como tema los toreros, que al principio eran impersonales y abstractos pero que terminaron adaptándose a determinados diestros como el sevillano Juan Belmonte.

Es miembro del grupo de los Seis Escultores, formado por José Carrilero Gil, Joaquín García Donaire, César Montaña, Benjamín Mustieles y Jesús Valverde.

El grupo de los Seis Escultores se constituyó en los años 60 en Madrid y se integra en el marco de la escultura neofigurativa, tendencia que muestra un interés por representar la realidad a través de formas entre la figuración académica y el informalismo.

Es la de Venancio una larga trayectoria repleta de exposiciones, premios y reconocimientos de diversa índole, que refleja el arte de un escultor de lo óptimo, que ha sabido encontrar y mantener la pureza de las formas, y de un escultor optimista, que ha estado siempre aprendiendo y empezando.

En el año 1997 Venancio Blanco creó la Fundación que lleva su nombre, dirigida a promover la difusión de la escultura y el dibujo en la sociedad, sobre todo entre los jóvenes y niños.

Formado a la estela de los clásicos dentro de las vanguardias más actuales, Venancio Blanco es una figura por derecho propio en el mundo del Arte. Dentro de las corrientes del naturalismo, para algunos estudiosos de su obra, parte del grupo próximo al neofigurativismo de los Seis Escultores para otros y un genio libre imposible de encasillar en una tendencia concreta para la mayoría de quienes observan su obra, el artista salmantino crea con la necesidad de “descubrir la belleza y transmitirla”, como ha manifestado en multitud de ocasiones.

Blanco considera la vida y las experiencias personales como una sucesión de talleres de los que han partido en un viaje sin fin centenares de obras de arte, hoy repartidas por nuestro país y más allá de nuestras fronteras.

Como todos los grandes artistas, considera imprescindible una excelente formación técnica en dibujo y modelado. Prueba de ello son sus propias composiciones, perfectas, inspiradoras, figurativas o esquemáticas, su impresionante visión del vacío, de los vacíos, que el espectador puede entender como el alma de las piezas.

En definitiva, una creación meditada, detenida, llena de sensaciones que magistralmente traduce a un material como el bronce.

En su trabajo como creador hay una constante presencia del dibujo que él define como un misterio. En sus propias palabras, “Si sabes dibujar, pocas veces pierdes el tiempo mirando a cualquier parte. El dibujo es entendimiento, incluso de lo que puede ser sorpresa. La belleza siempre va unida a la sorpresa, al dibujo, a la vida. Si quieres gozar la vida, no tienes más remedio que observar la naturaleza y mirar cómo te enseña el dibujo. La idea, hasta que no encuentra la materia, es un hecho mental. Es el dibujo el que elige la materia idónea para que el capricho de la idea –casi siempre la idea es caprichosa- no pierda su sentido”.

Valora sobremanera el hombre, el amigo, la amistad. Echa de menos la crítica constructiva que siempre ha cultivado rodeado de amigos y alumnos y es amante del sentido del humor, de la confianza y de la sinceridad.

A los artistas sólo les da un consejo: “que dibujen todos los días y que conozcan las distintas materias para tener la libertad de poder expresar una idea. Y sobre todo, que cada día tengan mayor ilusión”.

Se siente orgulloso de ser Académico, porque en sus propias palabras, “la Academia está llena de maestros, que respetan el trabajo que uno hace”. Y sigue pensando que para un artista, ser académico es uno de los galardones más importantes.

El aspecto humanista de Venancio ha influido toda su labor creativa y docente, lo que nos hace ver la profunda dimensión religiosa de toda su obra. Porque Venancio es un artista cristiano y un escultor creyente.

Venancio es un hombre que reza. Cuando hoy en día sonroja confesar unas creencias, Venancio es valiente y asegura que “me ensañaron a rezar de pequeño, y rezando aprendí a dibujar”. El Padrenuestro es el primer dibujo que hace cada mañana, porque después, “las ideas son más claras”.

Por todo ello Venancio Blanco ha contribuido a la transformación del arte sacro español, es un referente de la renovación de este arte, debiendo apreciar su capacidad para renovar las fuentes de la inspiración cristiana desde una actitud de fe que lo equipara a otros artistas consagrados, por su calidad artística y su creatividad, que trasciende el anacronismo en el que se sumió el arte religioso.

Su obra transmite una fuerte expresividad y espiritualidad, que inundan todas sus formas. La evidente gravedad de sus creaciones, el dramatismo trágico y la estilización hacia la verticalidad sumen toda su obra en un mundo ascético repleto de esperanza.

Para Venancio, el ejercicio de la escultura es casi contemplativo porque al ser un artista creyente, se ha convertido en un experto de la búsqueda trascendente en base al cotidiano diálogo con Dios, con los otros y con la materia.

Venancio es un hombre amable, atento, sabe escuchar, reprende con cariño, con ganas de incentivar y sacar lo mejor de cada uno.

En el recorrido de su obra no hay un dilema entre abstracción y figuración. Ambas cualidades van siempre unidas y son inseparables. La realidad nos presenta formas, aparentemente comprensibles, tangibles pero que portan consigo un componente de abstracción que es el que las distingue y las individualiza.

Por eso, cuando disfrutamos de la obra de Venancio podemos vislumbrar en ella, algo más que se esconde detrás de la superficie. Un gesto, una textura, el trazo intenso realizado con el carbón. Son los que convierten al dibujo o a la escultura en algo que trasciende la materia. Es lo que nos conmueve y nos emociona, nos transmite verdad, bondad y belleza, tres cualidades implícitas en cada una de sus piezas independientemente del tema que sea.

Todo ello no es más que la demostración tangible de la grandeza de su alma, de la generosidad de su corazón y de la rectitud de sus sentimientos.

Por eso, para esta Asociación Española de Pintores y Escultores es un honor otorgar esta distinción a un excelente escultor y a una extraordinaria persona.

Venancio: sólo queremos que sea ésta una muestra de la profunda admiración que todos los socios y amigos aquí reunidos, sentimos por tu trabajo y los méritos para la concesión de esta Medalla que hoy orgullosamente te distingue.

Muchas gracias.”

6 a

A continuación, el Presidente entregó la Medalla de Honor a Venancio Blanco, quien la recibió emocionado y dirigió unas palabras a los asistentes en las que sólo pudo agradecer el honor y declararse feliz y emocionado por el hecho de estar allí, y saberse de verdad objeto de una atención tan especial.

Las palabras del Presidente fueron:

“D. Venancio Blanco, miembros de la Junta Directiva, autoridades asistentes, queridos socios y amigos, bienvenidos todos y gracias por vuestra presencia en este acto que me honra presidir.

Esta Asociación siempre ha creído que homenajear a los grandes artistas que tiene España era un deber con la historia, con la propia Asociación Española de Pintores y Escultores y con todas las personas que habéis demostrado vuestro amor y vuestro compromiso con esta institución y con el mundo de las bellas artes.

España está perdiendo la costumbre de rendir homenaje y tributos monumentales a los auténticos genios del arte. Ya no se glorifica ni perpetúa la memoria de personalidades artísticas que engrandecen nuestra sociedad con su arte. Ya no hay encargos importantes para realizar grandes monumentos en los que buscar los valores escultóricos más permanentes y de secular vigencia.

Esta es la gran reivindicación que hoy quiero hacer desde esta tribuna. Desde nuestros medios, con nuestro granito de arena, queremos rendir tributo a uno de los grandes genios de la escultura: Venancio Blanco.

No lo hacemos con collares o condecoraciones, ni pomposos actos repletos de medios de comunicación y de curiosos. Nosotros lo hacemos de forma sencilla, sentida y humilde, en un reconocimiento sincero a quien tanto ha hecho por la escultura en España.

Mañana no habrá titulares en los periódicos ni reseñas televisivas porque España ya no gusta de rendir honores ni tributos.

Rendir homenaje siempre ennoblece a quien lo recibe, pero engrandece también a quien lo otorga. Porque es justo alabar y reconocer a quien debe ser admirado y respetado por su creación y por su ejemplo.

Nuestra sociedad actual, especialmente nuestros jóvenes escultores, necesitan referencias y valores, necesitan impulso y esperanza. Y eso es lo que representa Venancio Blanco: los valores humanistas que desprenden sus creaciones son fruto del trabajo, del esfuerzo y del sacrificio, que son la única vía para el éxito.

Pero además Venancio Blanco es referencia y ejemplo a seguir, un hombre capaz de ejercer influencia ante la juventud, con capacidad para ilusionarla y animarla a asumir los riesgos que todo artista debe afrontar, así como a volver a ponerse en pie ante los fracasos y las críticas.

La obra de Venancio Blanco es atemporal. Gusta a distintas generaciones porque trasciende, porque hace pensar, nos hace sentir, nos hace identificarnos como parte de una idea creadora que sabe proyectar y compartir su creación con el resto del mundo.

Y por ello debemos darle las gracias y por ello se ha hecho digno merecedor de este reconocimiento, porque sólo hombres como él están impulsando a los creadores y muestran a la perfección una descripción singular de nuestra identidad y nuestras cualidades como hombres.

Reconocemos aquí las dificultades con las que se ha encontrado Venancio a lo largo de su vida. Pero los sacrificios que ha realizado, las alegrías que ha experimentado y el singular significado que para él tiene el conjunto de su producción y experiencia artística y profesional son hoy ejemplo para muchos artistas de España. Porque el ejemplo de su vida nos interesa a todos.

Se ha dicho que quizá el sentido del arte sea ofrecer incesantemente la opción de perfeccionarse a los hombres. Por eso, este galardón reconoce una vida, un camino personal que nos lega en las obras entregadas, una referencia visible en la que se nos ofrece, al revivirlas y contemplarlas, ser también artistas. Se nos ofrece así una posibilidad de acción que trasciende el mero disfrute y nos permite, fundiéndonos en la dinámica de su propia fuerza, también mejorar.

La vida de Venancio Blanco representa un momento esencial de nuestra cultura escultórica; en todas y cada una de sus obras reconocemos algo nuestro y encontramos referencias para expresarnos y comunicarnos.

La Medalla de Honor que hoy te entregamos es un modo de confirmar, de reafirmar que, en pleno esfuerzo por superar circunstancias adversas, estamos contentos de vivir y que en la vida hay una gran belleza. Tú así nos lo has mostrado. Como también nos has enseñado que no hay progreso sin cultura. Y como también sabemos que España no progresará sin ejemplos como el que tú representas.

Tu trayectoria humanista, tu trabajo, tu ilusión, tu ejemplo, son las actitudes que hoy reconocemos con la concesión de esta Medalla que en nombre de todos los artistas de España tengo el honor de entregarte.

Después de escuchar las palabras de nuestra Secretaria General, que en esencia ha reflejado quién es Venancio Blanco, habría muchísimo más que decir sobre sus esculturas, porque aquí apenas hemos podido abordar de forma muy reducida su vida y obra, pero me gustaría que se fueran hoy de aquí después de haberles podido transmitir algo del espíritu que anima la extraordinaria obra de Venancio Blanco, que ahora estamos celebrando como se merece.

No obstante, antes de concluir, deseo dejar constancia de una parte excepcional de Venancio que directamente nos concierne y es el hecho de poder sentirnos orgullosos de que España posea un conjunto incomparable de piezas de este humanista, este trabajador, este caminante y asceta infatigable; ese mejor representante hoy en el mundo de lo que, gracias a él, seguimos llamando actualmente escultura. Pocas veces, me he sentido más orgulloso y feliz al participar en un solemne acto de reconocimiento como el presente.

Felicidades Venancio”.

Fue después requerido para que firmara en el Libro de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y así lo hizo, dejando además dibujada una cruz sencilla, vigorosa y de una tremenda fuerza que hizo las delicias de cuantos la contemplaron.

Además, Venancio Blanco tuvo la gentileza de obsequiar a la Asociación Española de Pintores y Escultores con un dibujo que entregó al Presidente de la entidad, José Gabriel Astudillo, como muestra de agradecimiento por el homenaje recibido.

6

7

9

8

10

11

12

13

14

15

16

21

17

18

19

20

22

20170224_183652

bbb

ccc