Charo Crespo expuso en el CC de Moncloa

La socia Charo Crespo ha estado exponiendo del 18 de abril al 17 de mayo, sus últimas obras de pintura y dibujo en el Centro Cultural Moncloa de Madrid.

La muestra, en la que ha tomado parte también la escultora Lorna Benavides, la presentó así Gregorio Vigil – Escalera, de AECA.AICA/Spain

“Charo Crespo: Las texturas no tienen límites

Cuando se llega a este informalismo depurativo es como si ese cosmos fuese la síntesis y la deconstrucción de un signo que lo significase todo: vida, éxtasis, dolor, soledad, amargura y ventura. El artista se queda poco a poco visceralmente ensimismado según va avanzando el proceso de realización porque ve captada hasta en el tacto su singladura.

“El color, las texturas, los materiales, se fusionan y se transforman a través de la autora en su espejo de experiencias y vivencias, en la expresión de un área que se conjuga en la mirada como si fuese la poesía de una revelación escondida o un espíritu que aparece como portavoz de una naturaleza que sigue siendo milenaria.”

La madrileña, poseedora de un gran oficio, es la artífice de esta aleación que infunde en la visión del espectador lo que nunca esperamos de la materia, esa interlocución e interrelación entre pensamiento y la armonía lírica de la sensación, ofreciéndonos un enigma que está por desvelarse.

DIBUJOS

Estos portentosos dibujos de Charo Crespo, tanto en sus vertientes figurativas o abstractas, parten de un espontaneidad aparente, una duda que poco a poco se va convirtiendo en idea y que cuando llega al papel adquiere la dimensión de múltiples significados dentro de una realidad que le suscita siempre incógnitas y melancolías.

Su cuidada ejecución depura todo aquello que sobra, porque sólo necesitas unas representaciones limpias, nítidas, que no distraigan la atención de esa carga emocional que transmiten y se posen en la mirada como el canto de una belleza solitaria que no cree en sí misma. Y sin ella misma esperarlo, otra de sus grandes significaciones se le cuela en el hacer, como ese sentido del transcurrir, de la vejez, cuando aún no crees en ella y, después, cuando ya está ahí.

Por eso la abstracción va hacia la luz, a un tejer y destejer que aunque tiene sus reversos oscuros su misión es construir un tiempo abierto a iluminaciones, a ensueños, mediante pátinas cromáticas que se revelan y se acarician, se mueven y se sitúan, como el duende, en una fantasía que no tenga fin”.