Las Medallas de la AEPE: Marceliano Santa María Sedano

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones. 

Medalla de Dibujo “Marceliano Santa María Sedano”

del Salón de Dibujo, Grabado e Ilustración

En el año 2016 la Asociación Española de Pintores y Escultores convocó por vez primera el Salón de Dibujo de la AEPE, que constituyó un rotundo éxito.

Con este Salón, buscamos que sea a través del lenguaje universal que representa el dibujo, una de las formas de engrandecer la manifestación artística de la pintura, mediante la eclosión de una técnica de representación elevada, base de toda la creación plástica, en una exposición de obras seleccionadas, siguiendo estrictos criterios de calidad y excelencia.

Además del dibujo, el grabado ha sido también una técnica muy utilizada por los artistas, que estamos intentando recuperar y elevar al nivel que merece. Y lo mismo ocurre con la ilustración, mermada drásticamente de cualquier presencia expositiva, que debe ocupar su espacio y que nos gustaría dignificar.

El Salón del Dibujo, Grabado e Ilustración de la AEPE, constituye pues una cita grandiosa, una excelente oportunidad de presentar el talento y la calidad de todos los artistas y cuenta con dos premios instituidos especialmente para honrar a los fundadores de la centenaria entidad y para terminar de reconocer la importancia que esta cita tiene en el calendario expositivo de la entidad.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Salón del Dibujo, Grabado e Ilustración, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los siguientes premios: La Medalla de Dibujo Marceliano Santamaría Sedano, la Medalla de Grabado Francisco Esteve Botey y la Medalla de Ilustración Eulogio Varela Sartorio.

MARCELIANO SANTA MARIA SEDANO

SANTAMARIA SEDANO, Marceliano  P   1923  18.jun.1866   BURGOS   MADRID  12.10.1952

Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores

Director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos

El año 2021 se cumplen 155 años de su nacimiento

Autorretrato

El pintor, academicista e impresionista Marceliano Santa María Sedano o Marceliano Santamaría y Sedano como también lo escriben distintos medios, nació en Burgos, el 18 de junio de 1866, en el seno de una familia artesana dedicada a la platería.

Con su padre, Luciano, aprendió los oficios de platero, oribe (el trabajo con oro) y joyero, y básicamente a dibujar, a fuerza de diseñar cálices y custodias, construyendo candelabros y martillando bandejas.

Es en el taller donde adquiere una sólida formación estética y espiritual que le acompañaría de por vida, en la ciudad sonora del pasado, en el taller de orfebrería religiosa y repartida entre libros y pinceles. Este sedimento romántico saldrá siempre a la superficie en sus obras y en su vida personal, que reflejará la emoción y el alma del artista.

Alternó los estudios de bachiller, que terminó en Palencia, con los artísticos de la Academia de Dibujo, situada en la antigua sede del Consulado del Mar de Burgos, donde impartían clases los maestros Isidro Gil Gavilondo y Evaristo Barrio.

En compañía de su tío Ángel Sedano Espiga, canónigo de la Catedral, se trasladó a Madrid, en 1885, con el deseo de asistir a las clases del Círculo de Bellas Artes y a la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando.

Apenas llegado a Madrid, un trágico accidente puso en gravísimo peligro su vida. En la calle de San Bernardo le atropello un tranvía, destrozándole la mandíbula inferior y parte del cuello. Sacado de entre las ruedas y conducido a su domicilio, después de la primera cura en la Casa de Socorro, tardó más de diez meses en triunfar su robusta naturaleza contra la muerte. 

Entró después como aprendiz al estudio del pintor Manuel Domínguez Sánchez, teniendo como compañeros a los artistas Fernando Álvarez de Sotomayor y Eduardo Chicharro Agüera, ambos fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores y además, Presidentes, como él mismo luego, de la misma, llegando el uno a Director del Museo del Prado y a Director de la Academia Española de Roma el otro.

En 1885 obtuvo el Segundo Premio en la Exposición de Bellas Artes de Burgos con un estudio de paisaje, después de haber realizado diversos trabajos de ilustraciones.

En el campo

Logró el Primer Premio al año siguiente y tras la concesión de la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890, fue becado por la Diputación Provincial de Burgos para ampliar estudios en Italia, fijando su residencia en Roma durante cinco años, compartiendo pinceles con Rafael Romero de Torres, con Mateo Inurria, con artistas que como él, ansiaban la gloria y rezumaban un intenso amor al arte.

Fue allí donde pintó el famoso lienzo El triunfo de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa, en el que ha sabido conservar como tantas otras obras del maestro, hitos de los momentos evolutivos de su arte, y del que la crítica italiana destacó que era “miltoniano de concepto y miguelangesco de ejecución”. Todo en él es arrogante y gigantesco: cerca de 6 metros por cinco, la composición, el episodio que conmemora, la técnica segura, la frescura del trazo, la espontaneidad de la ejecución…

Paisaje castellano

Pintado en pleno verano, el terrible calor húmedo de Roma se lo puso difícil al maestro, que se encerró con el cadáver de un enorme caballo blanco, recién muerto, y tres negros vivientes y sudorosos. La descomposición del equino y la exudación, causaban una atmósfera nauseabunda que el artista venció, pese a los desvanecimientos, contando el autor en entrevistas posteriores, que perdió parcialmente el sentido del olfato de buenos olores, conservando de forma pertinaz el de los repugnantes, lo que nos da idea de su concepto realista de la pintura.

El triunfo de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa

En 1895 vuelve a España para afincarse en Burgos, donde el Ayuntamiento de Burgos le requiere para pintar cuadros, murales y techos.

A partir de 1900 se dedica a la enseñanza en Burgos y crea una famosa escuela de pintores que siguieron con su estilo; además, el pintor realizó numerosos retratos reales, retratos de aristócratas y burgueses locales. No obstante, el sobrenombre de «Pintor de Castilla» le viene por sus innumerables paisajes, de una sensibilidad cercana a la mostrada en literatura por la generación del 98, que consideraba Castilla y sus paisajes como médula de España.

Ya en Madrid, inició nueva etapa artística que incluyó también una intensa dedicación pedagógica, ejerciendo la docencia en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

Sol de verano

La Medalla de Primera Clase la ganó en la Exposición Nacional de 1910 con Angélica y Medoro. Destaca su colaboración en muchos concursos y escritos en publicaciones de la época (Blanco y Negro, Revista Moderna, La Ilustración Española y Americana, Boletín de la Real Academia de San Fernando, Caras y Caretas, etc.).

Angélica y Medoro

En 1912 fue elegido miembro de la Real Academia de San Fernando a los cuarenta y seis años de edad.

En diciembre de 1914 falleció su madre.

Vivía Marceliano con su hermana Carmen, viuda de Teodoro Boneta y Osés, Mayor de Intendencia Militar, hasta que se casó con Carmen Arán, aunque en algunos inventarios figura como Orán, si bien el chalet donde vivía era “Villa Arán”, y los familiares mantienen el apellido Arán.

La fama del pintor fue extendiendo la enorme popularidad adquirida hasta que en 1914 apareció, en las columnas de La Esfera, el primer comentario del que fuera su principal cronista Silvio Lago, seudónimo de José Francés, además de otras muchas críticas que evidencian la estima hacia el pintor de ilustres personajes de la época, como Valle-Inclán, Azorín, Camón Aznar, fray Justo Pérez de Urbel, Armiñán, Sánchez Camargo, Cossío, de la Fuente, etc.

El río

Representó a la Academia de San Fernando en el Primer Congreso Nacional de Bellas Artes, en 1918, que fue organizado por la Asociación de Pintores y Escultores, perteneciendo al Comité Ejecutivo del Congreso.

Desempeñó entre otros, los cargos de Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Presidente de Honor del Círculo de Bellas Artes y Académico correspondiente en diversas Academias nacionales y extranjeras.

Retrató a innumerables personajes de la época como Echegaray, Eduardo Dato, Primo de Rivera, Franco y pintó en veintiséis ocasiones al Rey Alfonso XIII, la primera de ellas cuando aún no había sido proclamado Monarca de España, y en otras varias a su esposa, la Reina Doña Victoria Eugenia.

Programa de mano de la exposición de Burgos de 1923

En 1919 participó en una exposición hispano-francesa de Zaragoza junto a Beruete, Regoyos, Francisco Domingo, Picasso, Arteta, Vázquez Díaz, Gargallo, Bonnard, Vlaminck y otros. Era por entonces presidente de la sección de pintura del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Pasaba las vacaciones en su ciudad natal, dedicando gran parte de la actividad a pintar el paisaje burgalés, ganándose el apelativo de “Pintor de Castilla”, como hasta hoy se le conoce.

El Ayuntamiento organizó una exposición individual en 1923 y acordó nombrarlo Hijo Predilecto de Burgos el año siguiente, entregándoselo junto a la Gran Cruz de Isabel la Católica, solicitada previamente por el Concejo.

La Ilustración Española y Americana de 1913

Premiado en numerosísimas ocasiones, fue condecorado con la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, la Gran Cruz de Leopoldo II de Bélgica, el título de caballero de la Legión de Honor, la Medalla de Oro de la Cruz Roja Española, la Medalla del Trabajo, entre otros honores, como el de caballero del Santísimo y Santiago de Burgos.

En 1934 fue nombrado Director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, cargo que ocupó hasta su jubilación.

En este año, recibe la Medalla de Honor en la Nacional de Bellas Artes, lo que supone su definitiva consagración en el mundo de la pintura.

Durante la Guerra Civil, su salud empeora y tiene que ingeniar soluciones para poder pintar, ya que le era imposible comprar los instrumentos necesarios. Tras la contienda, continuó su actividad con mucha menos intensidad. En esta época recibió la Medalla de Oro Extraordinaria del Círculo de Bellas Artes en 1943, y también se convirtió en mentor, protector y benefactor de jóvenes artistas.

Rebaño

Gracias a su mediación, en agosto de 1944 el Ayuntamiento de Burgos cedió el Palacio de la Audiencia de Burgos, a la Asociación Nacional de Pintores y Escultores para llevar a cabo una muestra cuyos protagonistas fueron los burgaleses Marcela Escolano, que presentó doce obras, en su mayoría paisajes, y Pablo Remacha, en la especialidad de forjado. Fue una gran innovación el coprotagonismo del género femenino en la muestra, siendo Marcela Escolano la única mujer que triunfó dentro del panorama de la pintura burgalesa en la época.

En Burgos logró ser profeta en su tierra, con una estima popular tan importante, que la corporación municipal acordó concederle la Medalla de Oro de Burgos en 1946.

Busto del artista en el Paseo del Espolón de Burgos

En 1948 el Gobierno Civil, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Burgos patrocinaron una exposición individual en el Teatro Principal de Burgos, que también dedicó al pintor de Castilla un museo, instalado en el antiguo Monasterio de San Juan y el salón o andén central del paseo del Espolón, que está presidido por su busto.

Programa de mano del homenaje del Club Rotary

Además de pintor, Marceliano Santa María fue ilustrador, director artístico de empresas dedicadas a las artes industriales, proyectista de obras de orfebrería, alfombras y vidrieras, jurado casi sin cesar y promotor de exposiciones; es decir, uno de los prohombres que tuvieron en sus manos un magnífico tanto por ciento de la actividad artística española de la época.

Programa de la exposición en las Galerías Layetanas de Barcelona de 1935

Y si por todo ello no fuera suficiente, podía haber ejercido perfectamente la escultura, que también practicaba con acierto; dio conferencias; se entregó a la enseñanza; estimuló vocaciones mediante el magisterio artístico, incluso negándose legítimos ocios de jubilado. Y escribió un muy considerable puñado de artículos y discursos académicos, donde se evidencian sus inquietudes culturales y su insobornable pasión por Burgos y por Castilla.

Fotografía aparecida en La Esfera, en 1914

Silvio Lago, el crítico, y José Francés, el amigo, escribían así acerca de su figura:

…”el maestro alcanzó gloria pronto en el arte de retratar gentes, componer humanas escenas y evocar aventuras y poemáticos idealismos… y se dio a amar por entero la contemplación y relato de su tierra nativa y a mantener ferviente la nostalgia de la figura del Cid…

…murió en plena dedicación de lo que constituyera la ilusión y la actividad infinita de toda su vida: el arte….

…cada verano, Santa María volvía a su tierra, lo que se traducía en una serie, sin cesar renovada, de visiones frescas, fragantes, plenas de claro optimismo, felizmente opuestas a la tendencia monocroma que suele oscurecer el arte de los pintores en su máxima senectud….

… artista dotado de una inmarchitable ingenuidad, de una casi infantil ufanía… la sensatez noble, el equilibrio reflexivo y, sobre todo, su infinita bondad y tolerancia… su obra estuvo saturada de cultura literaria, de apasionado conocimiento de la historia de la patria…

… entre el Triunfo de la Santa Cruz y Angélica y Medoro, se suceden veinte años de una renovación estética constante, de un permanente anhelo de perfecciones sensoriales y espiritualismos cada vez más sensibles, hasta llegar a la depurada quintaesencia de su arte, donde la verdad y el ensueño se fundían en unas creaciones que heredaban legítimas la aúrea atmósfera y voluptuosa complacencia cromática de los venecianos…

… Marceliano rinde tributo a su época. Está siempre en la vanguardia y compite con los maestros coetáneos. Así, no solamente puede estudiarse a lo largo de la dilatada obra de Santa María su propia personalidad, sino hallar como un resumen de las diversas tendencias que han agitado la pintura española durante el último período del siglo XIX y los primeros del XX.

… aborda y triunfa en todos los géneros:

El lienzo histórico: Triunfo de la Santa Cruz, Las hijas del Cid, Se va ensanchando Castilla …

El cuadro simbolista: El mar dará sus muertos (La Resurrección de la carne)…

La pintura decorativa: techos del Ayuntamiento de Burgos y del Palacio de Justicia de Madrid… El cuadro anecdótico y costumbrista: ¿Será difteria?, A la Epístola…

Los cuadros de tendencia social y melodramática…

El cuadro al gusto finisecular: Entierro de una niña, A mejorar la raza burguesa. …

Los temas religiosos: Santa Teresa, El Buen Pastor, Santa Casilda, San Benito, Las Animas, La Santísima Trinidad…

El cuadro de tema rural, de concepto reciamente naturalista: El esquileo…

… pero predominan en su obra los temas cidianos, reflejados con un esplendor cromático propio de Tiziano, composición robusta, sobria de tonos, enérgica de trazo, con la obsesión de enaltecer lo supremo de la pintura y la personificación de la misma y la lealtad castellanas.

… Sus paisajes rurales son obras con un aparente aspecto de grandes bocetos de impresionistas y fugaces interpretaciones, donde predominan las gamas claras, azules, transparentes, rosadas lejanías, verdores jugosos y la canción del agua en regatos y arroyos, o majestades fluviales. Son obras que siempre interpretó del natural y jamás reinterpretó en el interior de un estudio.

… Pasó la guerra civil en Madrid, con angustia e inquietud, pero con la alegría inesperada de recibir un sobre franqueado en la zona nacional, con un sello en el que se reproducía su cuadro “Se va ensanchando Castilla” y que constituía un homenaje al arte del pintor. 

… Marceliano Santa María es robusto, musculoso, bien plantado, con los hombros anchos de un guerrero de castellana historia … Y es, al mismo tiempo, sencillo, parco y sentimental, como un pastor de égloga o un oteador de horizontes en el ingente silencio de las cumbres…

… He sido testigo tembloroso, apenado, de los últimos momentos de Marceliano Santa María y puedo decir que la última impresión vital que se llevó al otro mundo fue la de una infinita alegría, al decirle yo —el amigo y el crítico tan leal a él— que su cuadro Ya se van los pastores a la Extremadura y el boceto del retrato de su sobrina con el hijo, niño, me parecían admirables. Fue esta idea la postrera de su pensamiento….  

Paraje con pinos

Marceliano falleció a las dos de la tarde víctima de una bronco-neumonía, en su casa estudio de la calle Abel, 17, cuando contaba con 86 años. Cuatro días antes, seguía pintando su cuadro “Ya se van los pastores a la Extremadura”, aquejado de un fuerte catarro que degeneró pero que le mantuvo en pleno uso de sus facultades.

En el momento de su muerte se encontraban con él su sobrino, Juan Antonio Arán Martínez de Setién Santa María (al que había adoptado como hijo propio al carecer de descendencia) y el crítico y amigo Juan Francés.

Retrato de Carmen Orán, esposa del pintor

Fue enterrado en la Sacramental de la Almudena, junto a su esposa Carmen Arán.

Junto a su hijo adoptivo

Marceliano Santa María y la AEPE

* En el XII Salón de Otoño de 1932:  Aparece inscrito como Santa María, (D. Marceliano). Reside en Madrid, Abel, 11. Sala V Pintura:

21.- “Un páramo” (óleo, 0,76 x 0,90

22.- “Aldea solitaria” (óleo), 0,90 x 0,97

* En el XIII Salón de Otoño de 1933, el maestro contó con una Sala propia en la que exhibió 33 obras: Luz dorada, El sendero, Ancha es Castilla, Burgos, El Tajuña, Calle de Poza de la Sal, El Manzanares, Cauce en el Soto, Urones, Villalvilla, Cuestas de Zulema, Ventorrillo, Pradoluengo, Gavillas, Ermita de Toberna, Casas rústicas, El esquileo, Campo de Burgos, Tierra labrada, Calle de Pradoluengo, Quintanilleja, Páramo, El río Henares, El Pardo, Aldea solitaria, Arroyo de Gredos, Tierra encendida, Calleja sombría, Campos de oro, Arboleda, Serranía, Pinar y Calle de Cotar.

* En el XV Salón de Otoño de 1935 apareció inscrito como “Santa María (D. Marceliano), natural de Burgos. Reside en Madrid, Abel, 19. Socio de Honor del Salón de 1923. Al mismo, concurrió con cinco obras que se exhibieron en la Sala III:

29.- “Covarrubias” (óleo) 0,65 x 0,71

30.- “El vado” (óleo) 0,65 x 0,71

31.- “Lejanía” (óleo) 0,80 x 0,85

32.- “Ribera frondosa” (óleo) 0,65 x 0,71

33.- “Molinillo” (óleo) 6,65 x 0,71

Molinillo, obra presentada al XV Salón de Otoño

* En el XXIV Salón de Otoño de 1950 estuvo también presente en la Sala XI, dedicada a los Fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores, junto a artistas como Espina y Capo, Moreno Carbonero, Pinazo, Joaquín Sorolla, Zubiaurre… con tres obras:

21.- “Quintanilla Vivar”

22.- “Fruta del tiempo”

23.- “Puente rústico”.

Fruta del tiempo, obra presentada al XXIV Salón de Otoño

* En el XXV Salón de Otoño de 1952 también presentó tres obras:
246.- “Aldea castellana” (óleo)

247.- “Camino de Lilaila” (óleo)

248.- “Panorama burgalés” (óleo)

Aldea castellana, obra presentada al XXV Salón de Otoño

* En el XXIX Salón de Otoño de 1957 estuvo presente ya que la Junta Directiva quiso recordar al maestro dedicándole una Sala de Honor (Sala IV) al que “fuera nuestro Presidente, Socio de Honor y Fundador, Medalla de Honor de las Nacionales, gloria de la pintura española, aquel simpático y cordial ejemplar humano que fue el Sr. D. Marceliano Santa María”. En la misma, se exhibieron las obras: “Sra. Dª Milagros de la Paz de Matos” (retrato), “Bodegón”, “D. Florencio Rodríguez” (retrato), “Conchita” (retrato), “La resurrección de la carne”, “Esposa del autor” (retrato), “Ilmo. Sr. D. Luis Sánchez Cuervo” (retrato), “Excmo. Sr. D. Ricardo Rada” (retrato), “D. José Rodiles de  Salas” (retrato), “María Luisa Simón” (retrato), “Retrato familiar” (obra póstuma), “D. Juan Antonio de Arán” (retrato), “Excmo. Sr. D. José Echegaray” (retrato), “Excmo. Sr. D. Manrique Mariscal de Gante” (retrato), “Dña. Carmen Heredia de Regueral” (retrato), “D. José Rodiles Pascual” (retrato), “Bodegón”, “Dña. María Fabra de Fraile” (retrato), “Regreso de la cacería”, “La solana”, “Villalvilla”, “Orbaneja”, “Zagala”, “Vivar del Cid”, “Gavillas”, “Tierras del Cid”, “Panderetera”, “Sesteando”, “Nieve en Amaniel”, “Lavadero de Cortes”, “La parva”, “Río Cardeña”, “Autorretrato”, “Tierra mater”, “Portillo”, “Trillando”, “Lavanderas del Arlanzón”, “Serpenteo del cauce”, “Panorama burgalés”, “Sigüenza”, “Castellana”, “Vado de Escaño”, “Parador de Villatoro”, “Calma estival”, “Lavadero cubierto”, “Calle de Poza de la Sal”, y “Colegiata de Peñaranda”.

* En el XXXIII Salón de Otoño de 1962, con motivo del aniversario de la fundación de la entidad, estuvo también presente en la Sala Quinta, llamada Sala de Fundadores, junto a otros artistas como Joaquín Sorolla, Valentín Zubiaurre, Chicharro, Álvarez de Sotomayor, … en la que se exhibieron sus obras:

143.- “Término de Villacienzo” (óleo)

149.- “Parador de Villatoro” (óleo)

165.- “Retrato de Inmaculada Martínez de Setién” (óleo)

Ventorrillo, obra presentada al XXXIII Salón de Otoño

* En el XXXVIII Salón de Otoño de 1967 se presentó una Sala de Maestros con nombres señeros como Chicharro, Soria Aedo, Roberto Domingo, Cruz Herrera, Bardasano… exhibió dos obras:

321.- “Figura”

322.- “Paisaje”

Retrato de Inmaculada Martínez de Setién que se exhibió en el XXXIII Salón de Otoño

EN 2021 SE CUMPLE EL 155 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL ARTISTA

La conmemoración de los nacimientos o las defunciones, por la proximidad a los seres eminentes que han merecido este homenaje, casi pueden reducirse a una entrañable evocación. Si en el momento de su óbito surgió la necrología, aún viva y caliente, al correr de los años su recuerdo se encuentra en una zona de transición, en la que gravita el pasado, en colisión con los gustos, los modos y las modas del presente.

Tan sólo en el curso de varias generaciones llega a consolidarse la fama, y así podemos afirmar que por un escalonamiento de juicios llegamos a hacer un análisis sereno del pretérito, tanto por lo que respecta al personaje como a sus obras.

A veces la estela de la vida de un gran hombre se pierde en un Guadiana espiritual para aparecer en la superficie pasados muchos años como en un descubrimiento maravilloso, que, pese a los avatares del olvido, justifica esa constante de las artes y de las letras, ya que, sin el apoyo de lo que fue, lo llamado nuevo y lo moderno, con cierta petulancia de inventores gregarios, no podría existir. Son importantes, sin embargo, estos recuerdos y volver nuestra atención a los que por sus obras fueron objeto de admiración, estima y enseñanza.

Mas sin pasado, sin memoria para juzgar el pasado, lo presente no tendría sentido.

Ribera

Santa María triunfó en las difíciles circunstancias del renacimiento contemporáneo, sin apartarse sin embargo, de lo que resultaba todavía discreto. Pero su verdadera cumbre la alcanzó en 1933, en el marco del Salón de Otoño, organizado por esta Asociación de Pintores y Escultores, con en una sala repleta de paisajes de Castilla, junto a otra sala de extraordinario valor consagrada a Julio Romero de Torres. El éxito es popular, de una espontaneidad extraordinaria, de una unanimidad de crítica de los matices más contrarios en el campo del periodismo. La pintura española había sabido interpretar de una manera original los valores ambientales del paisaje burgalés, donde se resume una Castilla no del todo esteparia, sino una Castilla con reflejos de agua, con alcores amables, con lejanías íntimas y acogedoras vistas, e interpretadas de una manera espontánea, sin profundizar en valores anecdóticos de un puro paisaje o valores sicológicos del paisanaje, con la inspiración del paisaje burgalés sentido a la manera de un profeta (frase que repetía muchas veces Santa María), que capta rápidamente, taquigráficamente, la extraña enseñanza de una luz superior, esta luz admirable y difícil de Castilla, tratada de una manera etérea con un mínimo de plasticidad, con fugacidad instantánea, en una especie de síntesis de dos horas de observación, donde se expresa y recoge un mundo en el solo instante de unas pinceladas.

Así como la escuela impresionista francesa había conseguido esa misma expresión en el color, Santa María trató de crear otra escuela de valores ambientales puramente luminosos, con una vibración acertada de colorido, del que no se aparta, pero que no es lo esencial en sus cuadros. Es precisamente cuando pretende resaltar con preferencia efectos de color, cuando sus paisajes resultan ser acertados, porque su verdadera originalidad está, como repito, en conseguir el valor expresivo de una luz viva, como aquel Zohar o luz mística propia de sus antepasados israelitas en Castilla.

Marceliano había ya ganado la medalla de honor, máximo galardón, un año antes de que se la concediesen en la exposición nacional de 1934. La había ganado en ese Salón de Otoño de 1933. Poco importaba ya el cuadro concreto a que se había de otorgar ese galardón, en lucha con colosos como Gutiérrez Solana, Soria Aedo y Maiffren. Ese premio sólo podía ser el resumen de un historial y la creación de un estilo. El estilo fue el de sus paisajes burgaleses que habían quedado consagrados desde el año anterior. Santa María conjuga su libertad y espontaneidad a una especie de ascenso de escalafón, de avance firme entre distinciones oficiales y trabajo de academias.

El esplendor lo vivió en ese Salón de Otoño, luego en Burgos, cuando recibió la Medalla de Oro de la ciudad, la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio,… el ocaso lleva viviéndolo ya desde hace casi medio siglo en el que su visión de Castilla ha sido poco a poco olvidada de manera trágica e imperdonable.

EL OLVIDADO PINTOR DE CASTILLA

El Museo del Prado está en deuda con el artista. La mayor pinacoteca nacional cuenta en su inventario con cinco obras del pintor burgalés. Sin embargo, ninguna de ellas se puede ver en Madrid:

* “La misa de pontifical”, para cuyo personaje central, el obispo arrodillado, tomó como modelo a su amado tío, canónigo de la catedral de Burgos, se encuentra en depósito en el Palacio Real de Riofrío.

La misa de pontifical

* “El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa”, pertenece al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, pero se encuentra en depósito en el Museo Marceliano Santa María, aunque ahora mismo no se exhibe debido a las obras que acaban de llevarse a cabo en el Monasterio de San Juan que acoge la colección.

El Triunfo de la Santa Cruz en la Batalla de las Navas de Tolosa tal y como se exhibía en el Museo Marceliano Santa María

* “Angélica y Medoro”, también del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en depósito en el Museo Marceliano Santa María de Burgos.

Angélica y Mérodo

* “Las hijas del Cid”, perteneciente al Museo del Prado, pero que aparece como “No expuesto”, comprensible al apreciarse perfectamente el ruinoso estado de conservación que muestra y cuya fotografía exhibe la propia web del Museo.

Las hijas del Cid

* “Páramo”, perteneciente al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, pero actualmente en depósito en el Museo de Salamanca.

Páramo

Incomprensible pero cierto… la obra de este gran pintor no tiene cabida en el Museo del Prado ni en el Reina Sofía. Definitivamente, no interesa. Además, habría que añadir la censura moralizante que en la actualidad sufrirían algunas de estas obras, cuya exhibición sería impensable: una misa… que a nadie ya interesa, la batalla de las Navas de Tolosa, en donde los esclavos negros, (me niego a escribir aquí hombres de color porque ¿de qué color son?, ¿en qué contexto histórico nos encontramos?) son arrollados por la victoriosa y triunfante Cruz… imposible exponer este cuadro en el contexto actual, visto con los ojos maledicentes de la progresía absurda, como imposible es aquel otro de Soria Aedo titulado “Turbas sin Dios”, que representa la quema de una iglesia y la profanación de un crucifijo por las turbas republicanas…. Porque como escucho ahora en las visitas guiadas, un desgraciado incendio ocurrido en 1936, destruyó el edificio…

En Madrid, la ciudad que le aplaudió y encumbró, solo pueden verse dos lienzos suyos en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: el titulado “Atalaya castellana” y el “Retrato de Carmen Orán”, en cuyo inventario nadie ha reparado que el apellido de su mujer no se corresponde a la ficha, ya que figura como Orán, siendo Arán el correcto.

Retrato de Carmen Orán, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Pueden verse también, aunque sólo en los días visitables, los frescos que pintara en el Palacio de Justicia de Madrid, tan de actualidad hasta hace poco, ya que bajo sus techos se ha llevado a cabo el famoso juicio del proceso de Cataluña.

Atalaya castellana, también en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Y quitando las colecciones y coleccionistas privados, cuyo número será elevado, pero de los que el común de los mortales no tenemos acceso, ninguna otra obra de Marceliano Santa María puede verse en Madrid.

Una deuda que bien podrían reparar algunas instituciones echando mano a la familia, deseosa de perpetuar el reconocimiento del artista, con sus magníficos paisajes tan característicos tan diferentes a los evocados por la generación del 98, pero tan esenciales para entender la vida y el arte de ese periodo de la historia artística de España que parece esfumarse sin remedio.

MUSEO MARCELIANO SANTA MARIA DE BURGOS

El Museo Marceliano Santa María de Burgos se encuentra enclavado en el Claustro del Monasterio de San Juan Bautista de la capital burgalesa. De titularidad municipal, ha atravesado por distintas etapas de olvido por parte del consistorio, que actualmente ha vuelto a reunir al patronato desde que en 1979 lo hiciera por última vez, para determinar el futuro de la sede.

Las obras de la cubierta del claustro han obligado a desmontar las obras de este museo, que aguardan custodiadas lo que al respecto determine el patronato, que debe ahora aprobar un proyecto de musealización y lanzar un concurso de ideas que adapte un espacio tan complejo y permita la colocación de las obras.

Museo Marceliano Santa María en Burgos

Otro gran problema que debe vencer el patronato es la asignación en los presupuestos municipales de un presupuesto propio, del que hasta este momento ha carecido el museo, ya que el potencial del museo, que es excelente y de primer orden, necesita de otros proyectos especiales (como exposiciones temporales o cualquier otro tipo de evento), para mantener el museo activo y convertirse en una opción que el público aprecie y distinga. De ese movimiento y de esa intensidad, dependerá el interés del público, posibilitando que se ofrezca a los visitantes una forma interesante de conocer el arte y al artista.

De todo ello depende que el futuro Museo Marceliano Santa María se convierta en un auténtico referente cultural de Burgos, de España y por supuesto, de la escena internacional.

Museo Marceliano Santa María

El museo se nutre de fondos propios de la ciudad de Burgos, pertenecientes al Ayuntamiento, así como de obras en depósito, donaciones y la obra cedida por los familiares de Marceliano Santa María, integrantes del Patronato y que viene a ser aproximadamente el 60 % de la colección.

La familia del artista, representada en el Patronato por Pilar Arán, Juan José Setién, Cristina Romano y otros sobrinos, ven con preocupación el futuro del Museo, sobre todo en los tiempos que vivimos, sobre todo por los largos plazos y las trabas administrativas que parecen no tener fin, pero pese a las que confían, pueda llegar a recuperarse la memoria de tan insigne artista.

Museo Marceliano Santa María

Según nos asegura Ignacio González, técnico responsable del Ayuntamiento de Burgos, la totalidad de la obra del museo se encuentra inventariada y debidamente embalada para evitar que los trabajos de la cubierta pudieran dañar cualquier obra, a la espera de que el concurso de ideas pueda al fin ver la luz y se proceda a la adjudicación del mismo, interrumpido por la inesperada pandemia que sufrimos, y cuya licitación se esperaba para el segundo semestre del año.

A la espera de una nueva reunión del Patronato, el interés por la obra de este burgalés universal no decae, sobre todo ahora, que una de sus obras más emblemáticas, va a estar presente en la exposición que bajo el título de “Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)”, inaugurará próximamente el Museo Nacional del Prado y que podrá visitarse del 6 de octubre de 2020 al 14 de marzo del año 2021.

EL PALACIO DE JUSTICIA

Ocho  grandes e ilustres pintores y escultores españoles, todos ellos miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores, se encargaron de la decoración pictórica y escultórica del nuevo Palacio de Justicia de Madrid: Marceliano Santa María, José Garnelo, Alvaro Alcalá Galiano, Enrique Simonet, Miguel Blay, Lorenzo Coullaut Valera, Mario Capuz y Fructuoso Orduña.

Nos referimos al Tribunal Supremo, cuya sede se encuentra en el antiguo Monasterio Real de la Visitación de Nuestra Señora, conocido popularmente en Madrid como las Salesas Reales, que en 1915 sufrió un incendio que devastó completamente el edificio y ocasionó su posterior reforma por parte del arquitecto Joaquín Rojí y López Calvo.

Frescos de Marceliano Santa María en el Tribunal Supremo

Se encargó a artistas del momento, esculturas y frescos que enriqueciesen las fachadas y estancias nobles. Estas obras realizadas ex profeso para el edificio se centraron lógicamente en representaciones referidas a la Justicia, la Equidad, el Derecho y la Jurisprudencia, el gran cuarteto de las alegorías jurídicas.

En el antiguo vestíbulo de la Audiencia Provincial, situado junto a la entrada de la calle del Marqués de la Ensenada, se encuentran una serie de medallones pictóricos firmados por Álvaro Alcalá Galiano, conde del Real Aprecio: Derecho Natural, Derecho Romano, Derecho Canónico, Derecho Internacional y La entrega a Moisés de las tablas de la Ley. Se trata de alegorías que simbolizan la Administración de la Justicia, que se completan con cuatro mosaicos también alegóricos, situados sobre las puertas que se abren en los muros laterales, y que representan a la Ley, La Fortaleza, La Igualdad y la Elocuencia.

Alcalá Galiano también realizó las pinturas de los tramos alternos del techo de la galería de los pasos perdidos de la planta superior, que hacen alusión a conceptos relacionados igualmente con la Justicia: el delito, la riqueza, el progreso y la verdad desnuda.

El Salón del Pleno del Tribunal Supremo, la estancia de mayor riqueza del edificio, y donde se celebra el acto solemne de apertura del año judicial presidido por el rey, está cubierto con una bóveda esquifada y un techo moldurado con dorados. En el centro se sitúa la composición pictórica La Ley triunfando sobre el mal o El vencimiento de los delitos y los vicios ante la aparición de la Justicia, realizada por Marceliano Santa María Sedano en 1920, composición que simboliza la esperanza y la espera de la aplicación de las leyes y del cumplimiento de las sentencias.

El antedespacho del presidente del Tribunal Supremo, en el frente norte del edificio, está cubierto con una cúpula semiesférica con pinturas de José Garnelo y Alda, ejecutadas en 1924 y cuyo trabajo puede considerarse como la exaltación final de la Justicia.

La iluminación de la bóveda se consigue por medio de cinco ventanales elípticos, que rodean el contorno de la línea de arranque, y entre las vidrieras, se sitúan alegorías de las distintas ramas o modalidades del Derecho: Derecho Natural, Derecho Civil, Derecho Canónico, Derecho Internacional, Derecho Mercantil y Derecho Penal. 

En el centro de la cúpula se desarrolla el tema principal del conjunto: La imposición por España del collar de la Justicia a la Magistratura. Del anillo de la base de la bóveda arranca un árbol, el árbol de la justicia, entre cuyo ramaje se despliegan las representaciones alegóricas de las virtudes y dignidades, que han de tutelar la acción de los magistrados: la Asiduidad, la Vigilancia, la Perseverancia, la Reflexión, la Fama, el Amor a la Justicia, la Verdad, la Meditación, la Memoria, el Entendimiento, la Gloria y la Voluntad.

La entrada principal y la escalera se cubren con una gran vidriera de la casa Maumejean, en las que aparecen de nuevo figuras alegóricas de la Justicia, y una serie de pinturas en la cornisa que presentan escenas costumbristas, que hacen referencia a las regiones españolas y las principales fuentes de producción obra de Enrique Simonet Lombardo.

Descendiendo por la escalera, se sitúan junto a su arranque dos esculturas de Lorenzo Coullaut Valera que representan a Justiniano y Alfonso X el Sabio, dos alegorías de la Jurisprudencia.

En la fachada principal, situada frente a la plaza de la Villa de París, el único elemento que destacaba era la portada de acceso, rematada por un gran frontón triangular, sobre el que se colocó en 1920 un grupo escultórico firmado por Miguel Blay, La Justicia amparándose en la Equidad y el Derecho.

A los lados del grupo central, encontramos otras dos esculturas realizadas también por Blay. A la derecha, la representación del Derecho Romano. En el lado contrario, tenemos el Derecho Civil.

Las hornacinas situadas a los lados de la entrada principal albergan las estatuas de los juristas Papiniano y Gayo, obras de Mario Capuz y Vicent, que simbolizan a la Jurisprudencia.

En cuanto a las esculturas de las hornacinas laterales, representan a hombres de leyes, que simbolizan otra vez la Jurisprudencia: Gregorio López y Jacome Ruiz. La escultura de Jacome Ruiz fue realizada por Fructuoso Orduna y la de Gregorio López es obra de Mario Capuz.

Bibliografía y webgrafía

http://dbe.rah.es/biografias/7518/marceliano-santa-maria-sedano

“Necrología. D. Marceliano Santa María y Sedano”, por José Francés

Biografía de Marceliano Santa María y Sedano, por José Pablo Arévalo García-Galán

“Las exposiciones de los pintores burgaleses en las salas de arte y galerías de burgos. (I)”. Almudena Alonso González

La Esfera 26/12/1914 13/4/1918 14/2/1920 3/7/1920 4/2/1922  29/11/1924

Mundo Gráfico 14/4/1915

La Epoca 11/2/1915  26/6/1920

La Ilustración Española y Americana 22/6/1917

La Ilustración artística 5/7/1915

Mundo gráfico 26/5/1915

La Correspondencia de España 27/2/1916

Hojas selectas 1/1917

Nuevo mundo 24/11/1916  2/2/1917 3/11/1933

Actualidad hispana. 7/1934

Castilla (Madrid. 1924). 2/11/1924

Francisco de Cossío, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Nº 24 de 1967

Museo del Prado

https://realacademiabellasartessanfernando.com/es

http://www.aytoburgos.es/direcciones/museo-marceliano-santa-maria-0

http://www.museodeburgos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=851&Itemid=121

https://www.diariodeburgos.es/noticia/z2117bbd8-ee14-80e1-ae2a05226616d7c0/los-sucesores-de-marceliano-santa-maria-defienden-el-museo

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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Las Medallas de la AEPE: Juan Bautista Adsuara

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara Ramos

del Certamen de Pequeño Formato

 

En 1980 la Asociación Española de Pintores y Escultores convocó el I Certamen de Pequeño Formato, con gran tradición entre los asociados y que este mismo año llega a su edición número 39.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Certamen de Pequeño Formato, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura Francisco Pradilla y Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara.

 

JUAN BAUTISTA ADSUARA

 

ADSUARA RAMOS, Juan Bautista  E 1924   31.jul.1891  CASTELLON     MADRID/CASTELLON   17.ene.1973

 

Juan Bautista Adsuara Ramos nació en Castellón de la Plana, el 31 de julio de 1893.

Hijo de José Adsuara, natural de Alfara de Algimia (Valencia) y de Mariana Ramos (Castellón), era el cuarto de los seis hijos de un modesto matrimonio de artesanos alpargateros.

Sin ningún tipo de influencia artística, su hermano Emilio, siete años mayor que Juan, se inclina hacia la pintura, y guiado por Eduardo Laforet, profesor del instituto de Castellón, llega a trasladarse a Madrid para continuar sus estudios, si bien falleció prematuramente en 1911.

Autorretrato de 1926

 

El mismo profesor contempló las actitudes que para el dibujo y el modelado en barro tenía Juan Bautista, al que animó a seguir estudios de la Academia de Dibujo.

Becado por la Diputación Provincial de Castellón, en 1907 comienza sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, teniendo como maestros a dos de los Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores: José Garnelo y Miguel Blay.

Mientras duraron sus estudios trabajó en un taller modelando medallas conmemorativas.

En 1912 consiguió la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su obra “Estudio. Cabeza de niño” y tras cumplir el servicio militar en Marruecos, regresa a su tierra natal para realizar algunos trabajos, regresando en 1916 a Madrid.

Comienza a trabajar en los talleres del sacerdote Félix Granda, dedicados a la imaginería religiosa principalmente. Allí entablará amistad con otro de los firmantes del acta fundacional de la AEPE, el escultor José Capuz.

«El mago de la madera», como fue bautizado por la prensa, trabajando en su estudio

 

En 1920 firma un contrato con la compañía de seguros La Aurora Polar, para la realización de una obra monumental que culminará el edificio que la entidad poseía en el Paseo de Recoletos de la capital.

El mismo año en el que consigue también la Segunda Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes con la obra “San Juan Bautista”.

En esta época montó su propio taller animado por los encargos de retratos y distintos monumentos, que le permiten ya dedicarse por entero a la profesión.

Participa entonces en las distintas exposiciones nacionales hasta que en 1922 lleva a cabo un largo viaje por distintos países europeos como Francia, Italia, Grecia y Alemania.

En 1923 logra el Primer Premio de la XVI Bienal de Venecia y al año siguiente es galardonado con la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes con un yeso titulado “Piedad”, que adquiere el Estado para el Museo Nacional de Arte Moderno.

En 1925 participó en la Primera Exposición de Artistas Ibéricos y en 1926, y para Castellón, realizó el monumento al pintor Francisco Ribalta.

En 1927 expuso en la ciudad holandesa de La Haya y dos años más tarde, participó con la maternidad titulada “La Carga”, en la Exposición Internacional de Barcelona, cuyo ayuntamiento compró la escultura.

Una fotografía de Juan Adsuara aparecida en la prensa en 1929

 

En 1929 consiguió el Premio Nacional de Escultura con dos alegorías tituladas “Las Artes” y “Las Ciencias”, que adornan la fachada del Ministerio de Educación y Ciencia con sede en la calle Alcalá de Madrid.

“Las Artes” y “Las Ciencias”, de la fachada del Ministerio de Educación y Ciencia de la calle Alcalá de Madrid, que le valieron el Premio Nacional de Escultura

 

En 1932 consigue la Cátedra de Dibujo de ropajes y del natural de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, cubriendo la vacante dejada por Julio Romero de Torres, quien también fuera uno de los Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Bañista

 

La docencia para él es una vocación a la que se entrega con fuerte sentido del deber, siendo reconocido no sólo como un gran escultor, sino como un gran maestro.

Siguió realizando encargos de todo tipo, especialmente de Castellón, donde pasaba sus vacaciones estivales y donde la sorprende el estallido de la guerra civil, que le acarreó que fuera desposeído de su cátedra sin más.

Testigo de saqueos y desmanes de todo tipo con valiosas obras de arte, alertó a las autoridades al respecto, siendo nombrado Delegado Oficial de la Junta de Protección del Tesoro Artístico de Castellón, salvando por su mediación importantísimas obras de arte religioso de la zona del Maestrazgo.

Eva

 

Reincorporado a su Cátedra en 1937, su vuelta a Madrid le depara, por imposición oficial, la tarea de depurar, junto al Director de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, Manuel Menéndez, otro de los Socios Fundadores de la AEPE, aquellos profesores considerados “fascistas” por las autoridades del momento. Su informe se limitó a calificar los valores profesionales y pedagógicos de los profesores.

Retrato de Juan Bautista Adsuara

 

De vuelta a Castellón, reanuda el rescate de obras de arte, siendo trasladado a Barcelona en 1938 y a Perelada, donde se depositaron las más importantes obras del Museo del Prado que fueron llevadas a Ginebra.

Terminada la guerra, volvió a Castellón a pasar sus vacaciones en un clima enrarecido en el que es acusado y detenido como colaborador del gobierno republicano.

Demostró que sus intervenciones fueron sólo de asesoría técnica, no política, como experto en Bellas Artes, poniéndose de manifiesto que su actuación en los primeros meses de la guerra fue meritísima, pues gracias a su celo se libraron de la destrucción multitud de obras de arte religioso que hoy se exhiben en iglesias y museos.

Juan Adsuara en la plenitud

 

La intervención a su favor de numerosos amigos como Álvarez de Sotomayor, nuevo director del Museo del Prado y uno de los Presidentes de la Asociación Española de Pintores y Escultores, fue decisiva para que la causa fuera sobreseída, y si bien era por todos conocido que Adsuara era republicano, incluso amigo personal de Azaña, su desinterés por la política activa también era más que sabida.

En 1940 se integró a su Cátedra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ocupándose de sus clases y de los encargos de obras originales y de restauraciones, como la reconstrucción que llevó a cabo del Monumento al Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles de Madrid.

Cadencia

 

Desde su casa y estudio en Madrid, situada en la calle Sánchez Bustillo, 3, y entre 1943 y 1946 realiza la que se ha considerado su obra más importante: toda la decoración escultórica de la iglesia del Espíritu Santo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, compuesta por diversas esculturas y relieves.

En 1948 es nombrado Académico de la Real Academia, cubriendo la vacante de Mariano Benlliure, otro de los Socios Fundadores de la AEPE, siendo contestado en su discurso de toma de posesión por José Francés, quien fuera también Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En 1958 ocupó el cargo de Director de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, hasta que por problemas de salud, presentó su renuncia en 1963.

Sello conmemorativo editado hace unos años 

 

Jubilado de su cátedra en 1961 y honrado como premio a su labor docente con la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, en 1964 y tras la muerte de Capuz, finalizará los relieves del Circulo de Bellas Artes de Madrid y en 1965 realiza una estatua de Carlos III para los jardines de Sabatini, por encargo del Ayuntamiento de Madrid.

Antes de fallecer legó a la Diputación Provincial de Castellón toda la obra que conservaba en su estudio madrileño y que hoy se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Castellón.

Su última exposición tuvo lugar en 1971, con motivo de la muestra que de Artistas Socios de Honor se llevó a cabo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

En 1973 se traslada a Castellón donde muere el 17 de enero de 1973.

Estudio. Cabeza de niño

 

Según nos describía F. Pérez Dolz, Juan Adsuara era “por naturaleza, modesto, serio meditativo, honestísimo y artista muy respetado. Desde niño, y antes de haber recibido lección alguna, en cascotes de yeso  tallaba graciosas filigranas. Juan es un caso de perseverancia en la personalidad nativa, sin vacilaciones ni desmayos”.

En el periódico El Debate se apuntó que Adsuara exhibía en sus obras la “exaltación de las cualidades que son el fundamento de su personalidad y de su carácter, fuerza, sinceridad, energía expresiva y delicadeza. Sencillo y claro como un buen levantino, es adorador de la forma, que bajo sus dedos y buscando siempre la mayor emoción, unas veces se hace amplia y barroca y otras se simplifica y estiliza en un ansia  de elocuencia sorprendente”.

Fauno

 

De él dijo Fernando Álvarez de Sotomayor, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, como Director del Museo del Prado: “No olvidare nunca su trabajo y desvelo para devolver a España su tesoro de arte depositado en Ginebra colaborando conmigo durante varios meses”.

Fue un artista deseoso de incorporarse a la renovación plástica, pero en él pesaba mucho su formación clásica así como su excesiva admiración por la imaginería barroca. De esta manera aunque su intención fuese honrada y sincera y su escultura cambie poderosamente de dirección, siempre va a dar la sensación de que su cambio es externo y formal, que no llega a entender en lo más profundo esta renovación y que prácticamente lo que hace es un lavado de cara de la escultura tradicional.

Escultor bien dotado, especialmente en su tallas de madera, entre 1927 y 1936 realiza su obra más valida con un cierto esquematismo de líneas y planos pero llena de una gracia especial con cierto ascendente Mediterráneo.

Crucifijo

 

Como otros muchos artistas que proceden de tierras valencianas, se integró en el llamado grupo del realismo castellano y en la denominada “Generación valenciana post Benlliure” en el que podríamos incluir escultores como Julio Vicent, José Capuz, Julio Antonio, José Ortells …. todos ellos socios, Socios Fundadores y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Estos artistas no crearon una Escuela ni un grupo homogéneo en sus tendencias, puesto que lo único que les unía era desvincularse del pasado e iniciar una renovación de la escultura. Lo hicieron cada uno según su entender, creando volúmenes y formas personales, aunque manteniendo su conexión con el clasicismo en la acepción más pura del término.

Adsuara estudió profundamente a Alonso Berruguete, al que llamaba su maestro y cuya obra es la “más extraordinaria del mundo, en cuanto a expresión de vida”, confesaba.

La cúpula del edificio de Seguros de la Aurora, en el Paseo de Recoletos, 4 de Madrid, con  la cuadriga en bronce de Juan Bautista Adsuara

 

Cultivó todos los géneros de la escultura y sus variadas técnicas, porque fue un artista formado e informado, destacando entre sus temas preferidos las maternidades, figuras femeninas, desnudos, obras religiosas, alegóricas, monumentos públicos y retratos.

Influido también por el escultor y amigo Victorio Macho, de gran expresividad, su escultura presenta una preocupación por formas y volúmenes. En sus imágenes religiosas se acerca más a la escultura castellana, mientras que en sus figuras femeninas y sus maternidades, son frescas y con unos planos llenos de gracia.

Parte trasera de la cúpula del edificio de Seguros de la Aurora y detalle de la cuadriga

 

Sus obras de madera tallada son exquisitas y sus alegorías, sin perder la raíz clásica, acentúan sobriamente la estilización de los planos y extrema rigidez de sus líneas, con vestigios de formas geométricas. Un idealismo novedoso de cierta influencia neocubista y de Mestrovic.

Relieves del edificio del Banco Bilbao Vizcaya situado en  la calle Alcalá, 45 de Madrid

 

Los principales monumentos que llevó a cabo se pueden contemplar en Madrid, Castellón, Vigo y Chile, y su obra religiosa en la Iglesia del Espíritu Santo de Madrid, Benicasim y en el Museo Provincial de Bellas Artes de Castellón.

La Abundancia, obra presentada al IX Salón de Otoño

 

Juan Bautista Adsuara y la AEPE

Conocido como el “mago de la madera”, Juan Bautista Adsuara fue nombrado Socio de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores en 1927, año en el que ingresó como Vocal de la Junta Directiva, cargo que ocupó también en los años 1930 y 1931.

Participó en los siguientes salones:

* I Salón de Otoño de 1920, inscrito como “Juan Adsuara Ramos, natural de Castellón de la Plana, reside en Madrid, calle de la Reina, 45” con la obra:

852.- “Desnudo femenino” (bronce)

* III Salón de Otoño de 1922, “Juan Adsuara, natural de Castellón de la Plana, vive en Madrid, Ferraz, 61”, y la obra:

489.- “Estudio de Evangelista” para talla en madera, yeso patinado.

* VII Salón de Otoño de 1927, inscrito como “Juan Adsuara, n. de Castellón de la Plana; reside en Madrid, Sánchez Bustillo, 3”, con la obra:

554.- “El pintor Ribalta” (boceto en bronce).

* IX Salón de Otoño de 1929, apareció inscrito como “Juan Adsuara, natrual de Castellón. Vive en Madrid, Sánchez Bustillo, 3. (Socio de Honor de Salones anteriores)”. Presentó tres obras:

208.- “La abundancia” (yeso)

209.- “Flora” (yeso)

210.- “Maternidad” (madera)

* En el L Salón de Otoño estuvo también presente por conmemorarse el 50 aniversario de la creación del certamen, con el bronce titulado “Madrileña”.

Desnudo

Maternidad

 

Madrileña

Las tres Gracias (Castellón)

 

 

 

Webgrafía y bibliografía

La Voz 26/6/1925

El Imparcial 5/6/1929

La Libertad 7/7/1929  27/10/1922

La Gaceta literaria 15/10/1929,

Las Provincias: diario de Valencia 17/01/1910  18/06/1917

El Pueblo: diario republicano de Valencia 12/03/1912  02/01/1924  19/06/1924  26/06/1924

La Ilustración artística 25/10/1915

La Correspondencia de España 15/06/1917  26/06/1923

Diario de Valencia  04/03/1918  29/06/1923

La Esfera 05/06/1920  21/07/1923

La Prensa: 18/06/1924

El Heraldo de Castellón 05/06/1926 

Josefina Alix Trueba (1985). Escultura Española 1900-1936. Madrid Ed. El Viso

Jaime Peris Domínguez (1991). Adsuara(1891-1973). Castellón-Servei de Publicacions Diputació de Castelló.

“La obra artística de Fisac, Adsuara y Stolz en la Iglesia del Espíritu Santo”, Fidel García Cuéllar. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 2007

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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Mª Teresa Jiménez de Blas

Por Mª Dolores Barreda Pérez

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Mª TERESA JIMENEZ DE BLAS

JIMENEZ DE BLAS, Teresa   D.P      1930    1897    AVILA   MADRID

Teresa Jiménez de Blas se inscribió en nuestra entidad como “Dibujante y Pintora”, en 1930. Socia de número nacida en Ávila en 1897, y residente en Madrid, así lo hizo constar en su ficha de inscripción, si bien corroboramos ahora que por una cuestión de coquetería propia de la época, debió quitarse algunos años, puesto que familiares de la artista nos confirman como fecha de nacimiento el 16 de abril de 1894, en Ávila.

Autorretrato, Teresa Jiménez de Blas

Teresa era la segunda hija mayor del matrimonio formado por Arturo Jiménez García y Pilar de Blas Iturmendi. Sus hermanos varones, Arturo, José y Antonio, eran militares, mientras que su hermana María era maestra del Ayuntamiento de Madrid, destinada en las Escuelas Aguirre y la pequeña Carmen formó una extensa familia.

Su hermana María estaba casada con el pintor Leopoldo Barreda Aparici, que tenía su taller en la calle cardenal Cisneros nº 60 de Madrid, heredado de su padre, el también pintor Leopoldo Barreda Fontana.

Teresa vivió su infancia en Ávila, Valencia y Córdoba, ya que su padre era militar, rigiendo sus vidas los destinos asignados. Realizó sus primeros estudios en las religiosas escolapias de Valencia, donde recibió la primera comunión.

En 1906 fallece su padre y la familia se traslada a vivir a la calle Londres, 18 de Madrid Moderno, una colonia de hotelitos adosados de estilo modernista situada junto a la Plaza de Toros de Las Ventas, entre el barrio madrileño de La Guindalera y las Ventas del Espíritu Santo.

Retrato de María Salomé Montero en la revista Cosmópolis

El hotelito de la calle Londres era una casa que incluía comedor, despacho, cuarto árabe, salón japonés, mirador, balcón… y estaba decorada con piezas y muebles turcos traídos de la Exposición de París que combinaban con el estuco en las paredes, el artesonado del techo y el suelo de mosaicos de colores… e incluía también el estudio de la hija pintora que como vemos, estaba rodeada de estímulos artísticos.

Estudió en la Escuela de Bellas Artes, donde fue discípula de tres Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores: José Garnelo y Alda, Cecilio Plá Gallardo y Julio Romero de Torres, especializándose en dibujos y retratos infantiles al carbón.

Retrato de Lolita Blas Piquer en la revista Cosmópolis

Complementó su formación como copista del Museo del Prado, a donde acudió regularmente entre 1924 y 1929, figurando en el libro de copistas un total de 28 visitas que incluyen copias de “Las Hilanderas”, “Saturno devorando a sus hijos”, “Judit y Holofernes”, “ Felipe II”, de Tiziano, Ribera, Velázquez, Goya, Fortuny, Murillo, El Greco, Houasse, Alonso Cano, Vicente López…

En 1929 participa en la Exposición Iberoamericana de Sevilla con un diorama de la vida cotidiana de Goya, un encargo profesional que pudo verse en las salas del Pabellón de Goya inspirado del cuadro “El niño del carricoche”, junto a copias de la producción del pintor, como el boceto de un cartón para tapiz y lienzos como el “Autorretrato” de Goya y el “Retrato de su esposa Josefa Bayeu” y dos pinturas negras “Saturno devorando a sus hijos” y “Judit y Holofernes”. Los cuatro, copias que María Teresa Jiménez de Blas pintó entre noviembre de 1928 y enero de 1929.

Diorama de la Quinta de Goya ex la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930 (diario La Libertad) con dos retratos, uno de María Salome Mantero Meléndez y otro del dominico Padre Antonio García Figar, y en la Exposición Nacional del Trabajo de la Mujer Española, organizada por la Acción Femenina de Barcelona, en Mayo de 1930, además de en otras muestras como la Exposición con la Unión de Damas de París.

Retrato de Lolita Calatrava en la revista Cosmópolis

Por el ABC de diciembre de 1930 sabemos que en ese mes inauguró en los Salones de la Sociedad Española de Amigos del Arte (Palacio de la Biblioteca Nacional) una “Exposición de retratos”, dibujos al carbón en sepia, en su mayor parte femeninos, con un total de 37 obras logrando, a juicio del diario “la condición primordial de todo retrato, que es el parecido”. La muestra se inauguró el 20 de diciembre de 1930 y se prorrogó hasta el 11 de enero de 1931.

Se relacionó además con el grupo de pintoras de la época que incluía a Inés Camprubi Mabón, y con socias de la Asociación Española de Pintores y Escultores como Carmen Álvarez de Sotomayor y María de los Ángeles López Roberts.

De la revista Blanco y Negro de mayo de 1930

En el diario La Época de 1930 se informa de que el periodista en cuestión, que no firma la crónica, ha estado en el estudio de la pintora, donde ha visto “con gran complacencia los últimos trabajos hechos por la misma, dedicados más especialmente al dibujo. Se trata de una serie de retratos de niños, asunto por el cual tiene la artista una marcada predilección y en los que muestra el acierto con que sabe interpretar esos deliciosos momentos del alma de los niños, recogiendo los rasgos más característicos dé la ingenuidad y la gracia infantil. Entre otros dibujos figuran los hijos del general Goded y de los señores de López Puigcerver, Sandio Muñoz, Suances, Arias, Menzel, Boza, Maulero, Sanfelíu, Barreda, Meléndez, etc También hemos visto otros retratos del padre fray Antonio García D. Vigar, doctor Codina y señora, Dionisio Pérez, generala La Torre, señoritas de Olavide, Robles, etc”.

Mª Teresa a la izquierda, junto a su cuñada, en Barcelona

En la revista Cosmópolis de mayo de 1930 apareció un reportaje sobre Teresa en la que el escritor, periodista y político Dionisio Pérez Gutiérrez, escribía: “Modestamente, laboriosamente, se va formando con una técnica personal esta singular artista María Teresa Jiménez de Blas. Ya pueblan su estudio numerosos retratos de muchachas y de niños en los que el temperamento de la artista se define con singular originalidad y amor. María Teresa resucita un arte que dio fama al gran dibujante catalán Ramón Casas. No ha habido, sin duda, sugestión de ninguna clase en esta renovación de un arte delicioso. María Teresa comenzó el aprendizaje de su técnica firme y singular, más que en clases de dibujos, en el Museo del Prado, copiando al óleo cuadros de Goya, de Alonso Cano y de Ribera. Aprendió a dibujar, en realidad, con el pincel más que con la barra de carboncillo. Hay, sin duda, un dominio del dibujo cuando se adiestra la mano reproduciendo la luz imprecisa de los contornos vagos, que finge la sombra, reproducida por el óleo. Bien pronto María Teresa utilizó este perfeccionamiento de la técnica dibujando con el lápiz con la misma suavidad, con el mismo matizamiento, con el mismo vigor de contrastes con que lo hacía Ramón Casas. Y cito reiteradamente este nombre porque ningún otro llegó en nuestro arte moderno a lograr los efectos que alcanzara con el lápiz el admirable dibujante catalán.En este arte de María Teresa revelóse una verdadera vocación por el retrato, y singularmente por los retratos de niños y de muchachas jóvenes. En esta singular predilección llega ya María Teresa a un perfeccionamiento sorprendente. Fingir la vida con la paleta plena de colores, pudiendo reproducir en toda su integridad la luz que marca los planos y matizar los volúmenes y graduar los deliciosos juegos de la sombra, si es cosa bien difícil, es hacedera para muchos; pero lograr estos efectos con el único tono de blanco y negro de que puede disponer el lápiz, revelar un alma con el trazado de las líneas que componen un rostro, fingir con un trazo en unos ojos la pasión o la serenidad, la gracia alegre o la melancolía, es una dificultad casi insuperable. No se necesita conocer a los modelos que María Teresa va reproduciendo para entender espiritualmente, ideológicamente, a las retratadas. Pocas veces en este arte moderno del dibujo se atiende con mayor acierto a la expresión interior, al estado de alma de los modelos. Hay (cuantos se dedican al arte de reproducir la figura humana lo saben) una dificultad enorme para pintar o dibujar mujeres jóvenes y niños, llegando a determinar la personalidad de cada una de las figuras reproducidas. En los rostros de los niños apenas hay detalles fisiognómicos que los distingan unos de otros; acontece cosa semejante con los rostros de las mujeres jóvenes. Esta dificultad la vence María Teresa con una técnica sencilla e ingenua; es arte más de sentimiento, de expresión del artista, que arte de precisiones del dibujo; es un arte de colocación, de descendimiento de la luz, de utilización hábil y sagaz de todos los elementos para lograr una expresión definitiva y una revelación de alma.  Allá en un apartado estudio del solitario barrio de Madrid Moderno, esta artista novel trabaja afanosamente y depura su arte en un progreso diario. Seguramente algún día se revelará al gran público en una Exposición de muchachas lindas y niños graciosos. Vale la pena preparar la consagración de esta artista, que trae al entristecido y preocupado arte moderno esta alegría sana de los niños que ríen y de las muchachas guapas que miran ya con ojos llenos de pasión o turbados de ensimismamiento”.

Retrato de Homín Arias en la revista Cosmópolis

En 1931 Ángel Ferrant, Socio Fundador de la Asociación Española de Pintores y Escultores, firma un artículo en El Heraldo de Madrid en el que escribe: “Mano de mujer. Una mano de mujer que expone, igualmente—hay tres Exposiciones ahora—, en uno de los salones de los Amigos del Arte». Mano minuciosa que quiere para su arte una pulcritud de buena labor, como si se tratase de buenos bordados de monjas o de esa maquinita Kodak con la señorita del traje a rayas y todo. Nosotros no conocemos a los retratados por María Teresa Jiménez de Blas. Si los conociésemos diríamos, sinceramente, algo sobre el hallazgo de los parecidos, pero así sólo podemos decir algo acerca de la técnica. Técnica de labor presentada después de bien lavadita y con el planchado hecho de brillo. Hemos visto por ahí, por constantes Exposiciones, muchos retratos como estos, que pudieran ser de la retratista en cuestión. En papeles sin una arruga, con un cristal preservador y con ese tono sepia de lo que se pretende hacer agradable se exhiben las obras. Rostros y más rostros en los que los rasgos trazados con un ritmo muy aprendido suelen tener todos ellos—y los de todos—un carácter igual. Sin embargo, es de ver y de considerar lo que María Teresa Jiménez de Blas ha trabajado. Presenta muchísimos dibujos y en la cantidad se aprecia una voluntad pegada a la obra, a hacer una determinada jornada de labor. Cueste lo que cueste. Aunque se apliquen las palabras que el Dios de las alturas dijo al hombre. Entonces al hombre y no precisamente a la mujer. «Ganarás el sustento con el sudor de tu frente».

La Unión Ilustrada  del 22 de febrero de 1931 reproduce un dibujo de la artista, añadiendo que “en este cuadro María Teresa Jiménez de Blas, titulado «Candor», es eso, el candor del modelo, lo que resalta en primer término. Por eso es tan difícil pintar a los niños. Porque hay en sus caritas ingenuas una expresión deliciosamente candorosa, que no está al alcance de todos los pinceles”.

La Unión Ilustrada

En 1932 se publica el apéndice del Diccionario ESPASA, que incluye un artículo biográfico firmado por Dionisio Pérez Gutiérrez, al que acompañan la reproducción de seis de sus dibujos.

Dos años más tarde, en 1934, el diario monárquico La Nación, reseña el acto de la bendición de la bandera de la Juventud Católica Femenina de la Parroquia de Covadonga de Madrid, en el que destaca que era una “verdadera obra de arte, debida, la parte de pintura, a la señorita Teresa Jiménez de Blas, y el bordado y confección a la presidenta de dicha Juventud, señorita Pilar Castro”.

En los primeros meses de la guerra civil y debido a su orientación católica, Teresa estuvo escondida en casa de Jacobo Boza Montoto y de su prima Carmen de Blas Hernández, ya que era de la CEDA, y persona muy activa. Después pudo trasladarse a Valencia, donde pasó parte de la guerra con la familia Robles Piquer, llegando más tarde a San Sebastián, a casa de su hermana Carmen. Al finalizar la guerra volvió a casa, al hotelito de la calle de Londres.

Hasta que perdió mucha vista y habilidad con las manos, María Teresa siguió pintando temas religiosos y retratos de encargo, sobre todo dibujos de niños, viviendo gracias a la pensión militar que cobraba desde 1938, vacante por fallecimiento de su madre, que ascendía a 1.250 pesetas anuales, y a los múltiples encargos profesionales que atendía, como los ángeles que realizara para la Iglesia de Covadonga de la madrileña Plaza de Manuel Becerra.

Falleció el 23 de enero de 1960, en la residencia de los dominicos de la calle Claudio Coello, 141.

Teresa Jiménez de Blas y la AEPE

* Al X Salón de Otoño de 1930 se presentó en la sección de “Grabado y Dibujo”, inscribiéndose como Jiménez de Blas (Doña Teresa), natural de Ávila. Vive en Madrid, Londres, 18 (Madrid Moderno). Concurrió con dos obras:

323.- “Retrato de A.J. (su  hermano Antonio Jiménez)”

324.- “Retrato de Teresita Meléndez”

Retrato de A.J. (su hermano Antonio Jiménez) presentado al X Salón de Otoño de la AEPE

Retrato de Teresita Boza en la revista Cosmópolis

Webgrafía y bibliografía

Archivos de la familia proporcionados por su sobrina nieta Susana Mazzarino Jimenez

http://wm1640482.web-maker.es/Mujeres-pintoras/Teresa-Jimenez-de-Blas/

https://es.calameo.com/read/001179791ef0c868eef6e

https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1949/287/A04366-04367.pdf

http://bibliotecadigital.jcyl.es/bdter/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10064837

http://fernandoalcolea.es/Pintoras-extranjeras-en-Espanya/Ines-Camprub/

La Época 8/3/1930

Heraldo de Madrid 3/1/1931

ABC 21/12/1930

La Libertad 18/12/1930

El Imparcial 19/12/1930

Ahora 20/12/1930

La Libertad 20/12/1930, 11/6/1930, 18/12/1930, 7/1/1931

El Heraldo de Madrid 3/1/1931

La Voz 2/1/1931

El Liberal 7/1/1931

La Unión ilustrada 22/2/1931

La Nación 23/4/1934

La Correspondencia de Valencia 26/5/1906

Cosmópolis, Mayo 1930

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Las Medallas de la Asociación Española de Pintores y Escultores

La Medalla de Fructuoso Orduña

Por Mª Dolores Barreda Pérez

La Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores celebrada el 10 de febrero de 2017, aprobó la propuesta planteada por el Presidente de la centenaria entidad, José Gabriel Astudillo López, relativa a la reorganización de los premios y galardones que otorga la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

     Los análisis realizados por la Junta Directiva sobre el más que positivo aumento del número de esculturas que se presentan en cada convocatoria, hacían necesario distinguir definitivamente las secciones de pintura y escultura, dotándolas con premios bien diferenciados, de forma que no compitan entre sí dos elementos tan distintos y cuyo contenido da nombre a la Asociación Española de Pintores y Escultores.

     Ante esta situación, se hizo imprescindible revisar y reformar las bases de las distintas convocatorias que lleva a cabo la AEPE, y teniendo en cuenta que algunas de ellas tenían medalla propia, aunque sin especificar si era de pintura o de escultura, se hacía del todo necesario analizar los premios y distinciones que hasta la fecha otorgaba la institución, planteando una propuesta justificada del por qué y del cómo hacer bien las cosas.

     Es triste y descorazonador pensar que las distinciones y los premios, más allá de la pura anotación que nos queda en la actualidad, no tienen ningún tipo de soporte documental ni histórico. Más descorazonador aún pensar que hay medallas con reglamento específico del que no sabemos nada pese a haber visto la luz en nuestra entidad.

     El extravío de la documentación que se custodia en la institución, en el transcurso de los años, de forma cotidiana y habitual, nos priva de archivos históricos más completos en los que apoyarnos y poder entender mejor el cómo y por qué de cada acción.

     Partiendo del documento base de la Asociación Española de Pintores y Escultores que nos proporciona un mínimo soporte histórico como es el libro de la Historia elaborado por el Bibliotecario, Fernando de Marta y Sebastián, vamos a tratar de saber cómo y cuándo nacieron los premios y distinciones, y sobre todo, por qué y con qué fin, nacen los nuevos para cubrir la necesidad planteada de distinguir entre disciplinas artísticas.

Pero antes de nada, debemos saber más acerca de la Medalla de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Fructuoso Orduña, Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores y autor de la Medalla de la AEPE

Creación de la Medalla

Bajo la presidencia de Pedro Poggio y siendo Secretario General Pedro García Camio, se reúne la Junta Directiva, informándose de ello en la Gaceta del 15 de junio de 1926, en donde aparece publicado textualmente, bajo el título de “Una Medalla de Oro”: “La Asociación de Pintores y Escultores, y por acuerdo de la Junta Directiva, ha creado una “Medalla de Oro” que, al igual que la del Círculo de Bellas Artes de Madrid, será otorgada en las Exposiciones Nacionales, y por primera vez en la actual Nacional que se celebra en el Retiro. Ha movido a ello, no sólo el deseo justificadísimo de que nuestra Asociación, a este respecto, no fuera menos que cualquier otra entidad, sino, además, el afán de acuciar la creación de premios especiales, de que tan faltas están nuestras Exposiciones. Da grima, en verdad, comparar cómo se estimula a los artistas, por los particulares, en otros países y lo muy poco que en España se hace en este aspecto. Esta nueva “Medalla de oro” será obra del escultor Fructuoso Orduña, que se ha ofrecido a modelarla gratuitamente».

«Su valor no será inferior a 500 pesetas, cantidad que se recaudará por suscripción, agradeciendo mucho que los que deseen suscribirse lo hagan rápidamente, pudiendo dirigirse para ello a esta Secretaría, Jovellanos, 8, Madrid. (La tan repetida Medalla será otorgada en las mismas condiciones que la de Honor, y firmando el votante la candidatura)».

El día 12 de junio se celebró la votación de la Medalla de Oro de la Asociación de Pintores y Escultores en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926, otorgándose a Martínez Vázquez por su cuadro “La Rondeña”. La Gaceta de Bellas Artes del 1 de junio de 1927 (Año XVIII, Núm. 313) publicó en su portada una fotografía original de Moreno, (Pl. de las Cortes, 8), del Anverso de la Medalla de Oro creada por la Asociación de Pintores y Escultores, para ser concedida en las Exposiciones Nacionales, obra del escultor Fructuoso Orduña.

Medalla de la AEPE obra original de Fructuoso Orduña

La Medalla en el Salón de Otoño


Portada de la Gaceta de Bellas Artes del 1 de junio de 1927 (Año XVIII, Núm. 313)

El I Salón de Otoño de 1920 nació …“Sin recompensas, sin presiones, sin apasionamientos, sin envidias ni prejuicios, el próximo Salón Otoñal ha de ser, no el campo de batalla de odiosas comparaciones, sino el santuario en el cual cada manifestación, cada destello tenga su propio altar, su merecido respeto y sus creyentes, todo en un ambiente de paz, de dulzura y compañerismo, que haga de ella en los años sucesivos el lugar consagrado a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad de los artistas y sus admiradores”…”Íntegro, sin prejuicios, en apretado haz, los artistas españoles inaugurarán, entregando al juicio público, al de la Prensa y a los altos poderes de toda clase, de quienes esperarán tranquilos el fallo”…

Como vemos, el Salón de Otoño nació con la idea de exhibir solo las obras, pero no otorgar ningún tipo de recompensa ni distinciones.

Sin embargo, en el III Salón de Otoño de 1922, y con la aprobación de la Junta General de 25 de mayo de ese mismo año, ya se hicieron propuestas de socio para los que no lo eran, propuestas que incluían la exención de la cuota de entrada, y para los que ya eran asociados se proponía que se les pudiera nombrar Socio de Mérito o Socio de Honor.

De esta forma, las primeras recompensas en un Salón de Otoño se otorgaron en el III Salón de 1922 y fueron el nombramiento de Socios de Honor, que según resaltaba el Reglamento, se acordaron por mayoría de votos, y que recayeron en José Moreno Carbonero, Julio Moisés, Jaldón, José Gutiérrez Solana y Miguel de la Cruz.

Así transcurrieron los salones hasta el año 1936, en que la actividad de la Asociación de Pintores y Escultores se vio interrumpida por la contienda civil.

En mayo de 1939, el Secretario de la entidad, José Prados López, envió una carta a los socios, que se difundió en los distintos medios de comunicación de la época, en la que rogaba a los artistas que poseían la Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, para que la entregasen en un acto altruista que ayudara a la reconstrucción de la España de la posguerra.

Toda la prensa recogió esta solicitud y la generosidad de los artistas que finalmente la entregaron, insistiendo en la voluntariedad del acto, y a quienes se les ofreció recibir otras medallas fundidas en inferior metal, para recuerdo.  

El plazo inicial fue hasta el 31 de mayo, pensando poder entregarlas al Vicepresidente del Gobierno el día 2 de junio, pero esta audiencia no tuvo lugar hasta el día 17, cuando el Conde de Jordana recibió en Burgos a la Junta Directiva de la Asociación y aceptó para el Tesoro Nacional las primeras 15 Medallas recibidas.

Entre quienes desinteresadamente las aportaron, y cabe recordar que dichas Medallas eran ciertamente de oro, figuran Mariano Benlliure, Aniceto Marinas, José Garnelo y Alda, Fructuoso Orduña, Daniel Vázquez Díaz, José Gutierrez Solana, Julio Prieto Nespereira, José Bueno Gimeno, Jacinto Higueras Cátedra, Eugenio Hermoso, Eduardo Chicharro Chicharro, José Ortells…

En la Junta Directiva del 15 de marzo de 1940, bajo la presidencia de Fructuoso Orduña y siendo Secretario José Prados López, se decidió que la leyenda de las medallas de bronce que sustituían a las medallas de oro entregadas por los artistas fuera: «España, por tu oro, te devuelve este honor -1940», y de ellas se hicieron cincuenta ejemplares, aunque en una Junta anterior se habían aprobado 30, que fueron hechas por la Casa Teu, sobre el modelo realizado por José Ortells. Dichas medallas fueron entregadas por Juan de Contreras y López de Ayala, más conocido como el Marqués de Lozoya, que ocupaba el cargo de Director General de Bellas Artes, en su despacho oficial el 17 de junio de 1940.

Como veíamos anteriormente, hasta este momento, las recompensas del Salón de Otoño se limitaban a los nombramientos honoríficos de Socios de Honor y de Mérito.

En 1942, para el XVI Salón de Otoño, se establecen por primera vez premios económicos, que conviven con los honoríficos: el Ministerio de Educación Nacional aportó 10.000 pesetas, y 1.000 pesetas el Ayuntamiento de Madrid y la Diputación Provincial de Madrid otras 1.000.

Para el XIX Salón de Otoño de 1945 la Dirección General de Bellas Artes concedió 10.000 pesetas para premios-adquisición de obras con destino al Museo de Arte Moderno.

También hubo premios de 5.000 pts del Banco de España, de 2.500 del Duque de Alba y del Marqués de Aledo, así como los ofrecidos por el Ayuntamiento y la Diputación de Madrid.

En principio, los premios del Salón los votaban los mismos expositores, pero en Asamblea Extraordinaria del 14 de enero de 1946 se llegó al acuerdo de nombrar un jurado que quedó formado por Daniel Martínez Vázquez y José Prados López, en representación de la directiva y por los pintores Joaquín Valverde y Gregorio Toledo, y el escultor Juan Adsuara, designados por la Asamblea General. Finalmente Adsuara fue sustituído por José Ortells.

Los premios a otorgar fueron, además de los de la Dirección General de Bellas Artes, otros dos de 2.500 pesetas del Marqués de Aledo y del Duque de Alba, y se había establecido que los primeras medallas presentados al salón no obtasen a premios.

El hijo de Martínez Vázquez pidió ser considerado fuera de concurso al haber sido designado su padre como jurado, y Planes decidió no aceptar el cargo para el que, al parecer, fue votado, por la misma razón de que se presentaba su hijo.

Para el XXII Salón de Otoño de 1948, y por acuerdos de la Asamblea General, se establecían por primera vez medallas de primera, segunda y tercera clase, para pintura, escultura, grabado y dibujo y arte decorativo en general, distinguiéndose en pintura entre figura y paisaje. La acuarela estaba incluida en la pintura.

El número de medallas para pintura fue de dos, cuatro y seis respectivamente para primera, segunda y tercera clase y fueron concedidas por voto escrito y firmado de los expositores y, posteriormente, los premios en metálico asignados por el mismo procedimiento de voto entre los medallados, recayendo entre ellos mismos.

Las medallas así establecidas se dejaron de adjudicar a principios del siglo XXI, siendo retomadas en el año 2014 por el Presidente de la AEPE José Gabriel Astudillo López, si bien no de la misma forma.

Simultáneamente, continuaban los nombramientos de Socio de Honor y de Socio de Mérito entre 1942 y 1963, a artistas dentro del Salón de Otoño, pero sin tener acreditada su participación en ellos.

A partir de 1963 y para su concesión exclusiva en el Salón de Otoño y fuera de las bases, se creó la Medalla de Honor, formándose para ello expresamente un jurado especial. La última otorgada de esta manera lo fue en el Salón de 1978.

Coincidiendo con la celebración de la última Exposición Nacional de Bellas Artes, la Medalla de Oro que concedía la Asociación de Pintores y Escultores deja de tener sentido, por lo que es muy probable que se decidiera hacer de la Medalla creada por Fructuoso Orduña la pieza “estrella” de los Salones de Otoño, quedando ya para siempre unida a la centenaria entidad y a su más prestigioso galardón.




El Heraldo de Zamora 4 mayo 1939
Anverso de la Medalla de José Ortells para quienes entregaron su Medalla de Oro al Tesoro Nacional

Reverso de la Medalla de José Ortells

Lo que encierra la Medalla

Más allá de lo que formalmente representa, la Medalla de la AEPE constituye la seña de identidad de la centenaria institución. En ella se muestra claramente la capacidad del autor para el estudio anatómico y su excelencia como retratista, con simbología simplificada y líneas en las que las figuras sobresalen con una fuerza y energía acentuadas siempre por su excelente complexión física. Una obra que muestra rotundidad en la composición y un modelado de gran potencia y maestría.

Antes que la recompensa en metálico, que bien es verdad que a nadie le amarga un dulce, obtener la Medalla de la AEPE significaba lograr el reconocimiento del artista, pero no un reconocimiento cualquiera, sino la aprobación y afirmación de otros artistas, y entre iguales, esa hazaña alcanzaba aún más importancia y repercusión.

Que quienes se dedican a la pintura y la escultura, con conocimientos propios de la materia y experiencia personal acerca del mundo de las bellas artes, del difícil mundo del arte, de sus penas y alegrías, sinsabores y vanaglorias, sean quienes reconozcan que el trabajo realizado es digno de una medalla, va más allá de cualquier otro tipo de distinción, puesto que dice mucho a favor de quienes hacen de la creatividad y la calidad, el oficio de los artistas con todos los valores que ello encierra. Por todo ello, lograr la Medalla de la AEPE es un gran honor que quizás pocos artistas puedan aún comprender, pero por el que merece la pena intentar conseguirla.

Sujetamedallas de la AEPE, obra de José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE