Mª Blanca Mac-Mahon Ordoñana

Por Mª Dolores Barreda Pérez

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Mª BLANCA MAC-MAHON ORDOÑANA

 

MAC-MAHON ORDAÑANA, Mª Blanca        P   1885      LA HABANA       VALLADOLID

Mª Blanca Mac-Mahon Ordoñana se inscribió en nuestra entidad como “Pintora”. Socia de número, no podemos determinar exactamente su fecha de alta.

La artista, nació en París el 15 de agosto de 1926.

María Blanca en una imagen de su juventud

Contrastamos los datos con su encantadora hermana, Rosa Mac-Mahon, quien guarda de la artista un recuerdo de absoluta admiración, solo superado por el sentimiento de profundo afecto y cariño a quien tan unida estuvo en vida.

Era hija de Manuel Mac Mahon y Valarino, fallecido en Madrid en 1968, y de Ángela Prudencia Ordoñana Gordovil, fallecida en 1993, matrimonio que tuvo dos hijas: Rosa, pintora autodidacta de vocación más tardía, maestra y catequista y Mª Blanca, tres años mayor, pintora y restauradora que falleció sin descendencia.

En su infancia, la familia regresa a Madrid hasta que estalla la guerra civil, que gracias a la doble nacionalidad, pasan la madre y las hijas en París,  mientras su padre permanece en Madrid toda la contienda.

María Blanca a los dos años de edad

Desde su más tierna infancia destacó su inclinación por las bellas artes, e inspirada por su madre,  una mujer adelantada a su tiempo que vio en sus hijas cualidades artísticas, comenzó copiando con dibujos que fue perfeccionando gracias a sus indicaciones.

En París donde destacó también por sus dotes artísticas y ya de regreso a España, se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios, cuando contaba tan solo con 14 años, y donde destacó rápidamente en las clases de dibujo.

De allí pasaría a la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Ángela Prudencia Ordoñana Gordovil y sus hijas María Blanca y Rosa

En un artículo sin datar publicado en la prensa bajo el título de “A las sobrinas de Apeles les espera una labor dura”, bajo el subtítulo de “Nosotras, las mujeres”, y firmado por Ángeles Villarta, se describe así a Blanca: …”Era una adolescente alta, delgada, muy bonita… Blanca tiene ojos profundos, soñadores y largas manos expresivas… de familia bilbaína, concluyó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid… Blanca era alumna de la Escuela de Artes y Oficios, donde destacó en clase de dibujo. Tenía vocación de pintora, pero es tímida y posiblemente no se hubiera arriesgado a manifestar su deseo porque temía el fracaso. A sus padres les gustaban mucho los dibujos de Blanquita. Un profesor, el señor Bermejo, intervino afortunadamente. –Fue a visitar a mi madre y le dijo que yo no debía desaprovechar mis condiciones para la pintura. Que ingresara en San Fernando. Fue el día más feliz de mi vida. Pero comprendí que una cosa era querer ser alumna de la Escuela y otra distinta conseguirlo. Mamá me animaba mucho. Es bilbaína, y, por lo tanto, muy tenaz. Le encantó la idea de tener una hija pintora. Puede decirse que fue mi “manager”. Un “manager” maravilloso. No sería exagerado asegurar que entré en San Fernando por delegación-“… Blanca prefiere el óleo, la composición… Su pintura, cuajada de aciertos, fue favorablemente juzgada por los mejores críticos. No resultó la presentación prematura de una obra y consiguió un gran éxito. Hoy lo conseguiría mayor porque ha realizado grandes progresos artísticos… La pintura es un arte caro, y Blanca ha buscado una fórmula que le permita preparar sus trabajos para la próxima exposición sin resultar, en exceso, gravosa al presupuesto familiar… Blanca Mac Mahon se ha especializado en el arte de restaurar. Con un grupo de compañeros realizó tan delicada labor en el retablo de San Juan de los Reyes de Toledo. Estuvo también en El Escorial. Actualmente trabaja en el Palacio Real… -Me gusta, no siento la menor afición por la copia, pero la restauración me atrae. Encontrarte con un cuadro destrozado, casi destruido y, poco a poco, devolverle todo su valor… En muchas ocasiones es preciso rehacer partes absolutamente perdidas sin restar nada al conjunto, siguiendo rigurosamente las características del resto de la obra, el estilo del artista que lo creó. Es una ocupación que proporciona sentido de la responsabilidad. Te confían una obra de gran mérito que puedes estropear si te descuidas, si no estás alerta pendiente de tu trabajo… Además de los conocimientos generales a todo artista, un restaurador precisa conocimientos de elaboración y preparación de materiales y una gran precisión de pincel. En España se puede hacer una labor importantísima, puesto que la riqueza pictórica es muy grande. Hay muchos cuadros deteriorados que podrían salvarse, lo mismo que en los museos, en las pinacotecas, en tantas iglesias y conventos-“.

La joven artista modelando en la Escuela de San Fernando

De aquellos días de estudios y trabajo, de esfuerzos y aprendizaje, Blanca recordaría que en su promoción eran apenas una docena de mujeres como ella las que cursaban estudios, pero que la mayor parte de las jóvenes, abandonaron los mismos para contraer matrimonio.

Como además era bellísima, en la escuela sirvió de modelo para sus compañeros, que hicieron de su imagen infinidad de retratos y esculturas, ya que veían en ella el ideal de belleza que pretendían copiar.

Autorretrato a los 18 años

De 1943 a 1947 cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Allí fue donde conoció a su marido, compañero de estudios, con quien contrajo matrimonio, el también pintor Rafael Reyes Torrent, artista valenciano de merecida fama en los círculos culturales y artísticos de la capital que retrataba a la más alta sociedad de la época y miembro también de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1940, en donde aparece registrada como “María Blanca Mac-Mahon y Ordañana, natural de París. Domiciliada en Madrid, calle Mercenado, 46. Alumna de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid”. A la misma presentó la obra inscrita con el número 431 y titulada “Orvieto” (óleo).

María Blanca pintando al aire libre

A lo largo de su vida, María Blanca compaginó su faceta de pintora con la de restauradora, lo que le permitió vivir siempre de su trabajo, que como nos confiesa su hermana, “necesitaba pintar para vivir”.

Participó en el XX Salón de Otoño de 1946 y según confesión aparecida en una revista de la época sin poder determinar, bajo el título de “Las 3 Marías en el Salón de Otoño”, firmado por Juan de Diego, “… -el cuadro que yo expongo es un retrato de mi padre. Lo hice este verano en quince días y pensando en el Salón de Otoño-. María Blanca tiene una mirada llena de ilusiones. Piensa casarse cuando ella y su novio hayan vendido muchos cuadros. Entonces pondrán un estudio precioso y vivirán para el Arte y por el Arte. A María Blanca le hubiese gustado ser autora de “El Cardenal”, de Rafael… y a la pregunta de si piensa ganar mucho dinero con la pintura contesta que –sí… por ambición-… María Blanca recibió el primer encargo cuando copiaba un cuadro en una galería de la Escuela de San Fernando. Era un embajador extranjero, y la copia le valió quinientas pesetas; lo que ella había pedido en su inocencia… -Soy muy deportista, pero no practico ningún deporte. De niña saltaba muy bien a la comba eso de “al cocherito leré”… y en París gané una copa de plata en el internado por saltos de altura y de longitud-. A la pregunta de si existe algo en la vida por lo que dejaría de pintar contesta enérgica: -¡No! ¡Nada existe en el mundo capaz de hacerme olvidar que soy pintora!… Usted no sabe lo que se disfruta pintando-”.

La artista, a la derecha, restaurando en la Escuela de San Fernando

En 1951 expuso en la Sala Macarrón de Madrid y en 1953 participó en el Homenaje a Vázquez Díaz que tuvo lugar en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, junto a artistas como Eva Aggerholm, Venancio Blanco, Pilar Calvo, Ángel Ferránt, Ramón Lapayese, Jorge de Oteyza, José Planes, Ricardo Baroja, José Beulas, Rafael Boti, Canogar, Ramón Casas, Javier Clavo, Cossío, Salvador Dalí, Díaz Caneja, Luis Feito, M. A. Ferránt, Menchu Gal, Gutiérrez Solana, Agustín Ibarrola, Francisco Iturrino, José Lapayese, Aurora Lezcano, Ricardo Macarrón, Martínez Novillo, Enrique Mélida, Benjamín Palencia, Darío Regoyos, Rafael Reyes Torrent, Rubio Camín, Vaquero Turcios, Cristino de Vera, …

Niña sentada, sanguina

En 1953 intervino en la Exposición de Pintores españoles contemporáneos en Viareggio (Italia).

Participó también en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1954, en donde aparece registrada como “María Blanca Mac-Mahon y Ordañana, natural de París. Domiciliada en Madrid, Fernández de los Ríos, 96. Alumna de la Escuela Central de Bellas Artes”. A la misma, concurrió con la obra inscrita con el número 294, titulada “Guisando (Gredos)”.

La artista el día de su boda con Rafael Reyes Torrent, quien también fuera miembro de la AEPE

En 1955 cursó estudios en la Academia Española de Roma, aprovechando el premio “Roma” que obtiene su marido, y coincidiendo allí con otros compañeros de la Escuela de San Fernando como Joaquín García Donaire y Francisco Echauz.

Durante su estancia en Roma, que duró más de tres años, eran frecuentes los viajes del matrimonio a capitales europeas como Austria, Alemania, Dinamarca, Holanda, Bélgica o Francia, en las que recogían la influencia de los artistas clásicos.

Plumilla con aguada

En 1957 la Accademia Mondiale degli Artisti e Professionisti de Roma otorga el título de Maestro Accademico honoris causa a Blanca Mac Mahon, en reconocimiento a su trabajo en el campo de la pintura.

En 1959 Blanca fue condecorada con la Medalla de Plata en el Concurso Internacional de Roma Olimpiónica.

Autorretrato con bastidor

En 1961 realizó una exposición junto a su marido en la Sala Libros de Zaragoza, donde María Blanca presentó unos retratos que “demuestran una gran soltura y dominio técnico, tanto con la espátula como con el pincel”.

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1962 con la obra inscrita con el número 60 titulada “Madrid”, Sala III. P.V. En el catálogo se especifica que era “natural de París, domiciliada en Madrid, Marcenado, 42. Alumna de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Ha expuesto en Mostra dei pittori Espagnoli, residentes en Roma, Salones Macarrón. Tiene obras en la Diputación Provincial de Ciudad Real y en colecciones particulares en Italia, Francia, Dinamarca y España. Profesora de dibujo. Premio Corporaciones en la Nacional de Bellas Artes de 1960”.

De regreso a Madrid, el matrimonio se instala en un estudio en la calle Sánchez Pacheco, 61.

Un retrato rápido hecho por su marido, Rafael Reyes Torent

En los años 60 llevó a cabo distintas exposiciones, como la realizada en los Salones Macarrón de Madrid.

En 1965 presentó en la Galería de Arte Atril una serie de óleos, dibujos y acuarelas “suficientes para acreditarla de la mejor manera entre nosotros. Figuras concebidas con brío y amplitud varoniles y tratadas con un colorido armonioso y transparente que revela una alta calidad pictórica (Blanca se ha dedicado algún tiempo a la restauración de cuadros antiguos. Nada tan útil para profundizar en las técnicas). Confieso mi predilección por los dibujos a pluma, terminados a la aguada. Es en ellos donde la artista se manifiesta más espontánea, más “suya”, recogiendo en una Parente facilidad una larga experiencia. Todo vibra, todo vive en aquellos trazos delicadísimos, manejados con maestría insuperable”…dice al presentárnosla el Marqués de Lozoya”, según apareció en el ABC el 7 de enero en una breve reseña firmada por Juanvi.

La promoción de la artista en los estudios de restauración

María Blanca modelando

La artista sorprendida con los pinceles

En 1968 consiguió una Mención Honorífica por su dibujo titulado “Palamós”, en el III Premio de Pintura “Villa de Palamós”, que mereció una reseña en la revista Proa en la que se dice: “Dibujar, para Blanca Mac-Mahón, es algo extraordinariamente sencillo. Ella habla con la pluma, se expresa con los trazos con tanta seguridad y con tanta vehemencia, como lo era el hablar para García Sanchíz o lo es para Beulas, ese coloso, el pintar las estepas aragonesas. Sus retratos, que hace con la rapidez con que manos expertas realizan un encaje de bolillos o un bordado de filigrana, contrariamente a su condición de maestra mano femenina, tienen una fuerza varonil, son recios y expresivos, fieles y espontáneos. Viajera incansable, ha recorrido junto a su marido casi toda Europa, obteniendo premios resonantes, mereciendo en 1968 el ser nombrada miembro académico Honoris Causa de la «Academia Mondiale degli Artisti e Professionesti» de Italia. Su obra está representada en Museos y numerosas colecciones extranjeras y nacionales. Palamós supo aceptarla y admirarla. Esperamos que en un futuro próximo nos vuelva a honrar con una nueva muestra de su arte”.

Retrato de mi padre

Tras la muerte de su esposo en 1984, María Blanca continuó pintando y restaurando, dedicada a la que fue su gran pasión hasta pocos meses antes de su fallecimiento, que tuvo lugar el 16 de agosto de 2016, justo al día siguiente de cumplir los 90 años.

Retrato de mi hermana Rosa

Mujer inteligente, sanguina

Mª Blanca Mac-Mahon Ordañana y la AEPE

* Al XX Salón de Otoño de 1946 concurrió inscrita como Mac-Mahon (María Blanca), con el número de obra 118. Titulada “Retrato de mi padre” (óleo)

* En el XXII Salón de Otoño de 1948 se presentó como asociada, Mac-Mahon (María Blanca), e inscribió con el número 266 la obra titulada “Horizonte”.

Retrato de mi padre, con el que participó en el XX Salón de Otoño de 1946

La Anunciación, óleo

Plumilla del monumento al General Martínez Campos, en el Retiro

Iglesia de Madrid, plumilla

Puerta de Alcalá, plumilla

Niña sentada, sanguina

Bibliografía y webgrafía

https://ddd.uab.cat/pub/llibres/1960/191258/expnacbel_a1960.pdf

http://www.joyanco.com/EnciclopediaArbillas/arbillas/fam19362.html

https://ddd.uab.cat/pub/llibres/1954/191178/expnacbel_a1954.pdf

https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-madrid-19681101-101.html

https://www.myheritage.es/names/maria_ordo%C3%B1ana

https://ddd.uab.cat › pub › llibres › expnacbel_a1962

https://ddd.uab.cat › pub › llibres › expnacbel_a1960

http://ganatiempos.blogspot.com/2019/09/las-ovejas-perdidas-de-hoy.html

http://tietarteve.com/exposicion-san-pedro-de-alcantara-y-su-santuario-en-oropesa/

https://ganatiempos.blogspot.com/2016/08/requien-para-un-ser-querido.html?zx=f0b4eb00aa67f16e

“Tradición y modernidad: Arte en Zaragoza en la década de los años cincuenta”, Mª Isabel Sepúlveda Sauras, Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2005.

Revista Proa de Palamós, Nº 38, julio y agosto de 1968

“Instituciones artísticas del franquismo

ABC 07/01/1965   08/09/1968   12/10/1984   06/10/1956   30/09/1961

¡Hola!  10/4/1965

El Diario de Ávila   25/7/2011  20/9/2012

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Archivo familiar de Dña. Rosa Mac Mahon, a quien desde estas líneas deseo agradecer su colaboración y esfuerzo por rescatar del olvido la figura artística de su hermana María Blanca

El Museo Reina Sofía incorpora a su colección 2 obras de Rafael Botí

El MNCARS, que ya contaba en su colección con dos obras del pintor cordobés Rafael Botí, (De la sierra de Córdoba, 1922 y Bodegón de los papeles, 1928), incorpora en 2019 las obras pictóricas El Bidasoa en Fuenterrabía I, 1925 y Árboles del Botánico (Madrid), 1933.

El 1935, el Estado español adquirió la pintura de Botí, De la sierra de Córdoba (también denominada la Casa maldita), que obtuvo una mención en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924 y fue premiada en 1929 en la Exposición Regional de Arte Moderno de Granada.

Posteriormente, el hijo del pintor, Rafael Botí Torres donó al Museo Reina Sofía -en 2002- Bodegón de los papeles, fechado en 1928.

Tal como asegura Jaime Brihuega, debido a los avatares de su extensa biografía, la figura del cordobés Rafael Botí corre paralela a la totalidad del curso del arte español del siglo XX.

Desde sus inicios en Córdoba bajo el magisterio de Julio Romero de Torres hasta el estallido de la guerra civil en 1936, Botí participa decididamente en el proceso de renovación de la plástica española del primer tercio de la pasada centuria. De estos años datan los dos cuadros que recientemente ha donado el hijo del pintor a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Durante la década de 1920, de la cual es buen ejemplo la pintura El Bidasoa en Fuenterrabía I (1925), su estilo, en palabras de Paloma Esteban, conservadora del Museo reina Sofía, se va configurando de manera personal gracias a la utilización de un cromatismo cada vez más definido y de una estética basada las enseñanzas del cubismo de Vázquez Díaz, que en esta misma composición se revelan tanto en el colorido y la estructuración formal como en el propio tema tratado, tan querido para el pintor onubense.

Cuando en 1929 y en 1931 viaja a París pensionado por la Diputación de Córdoba, Botí entra en contacto con los últimos movimientos de vanguardia, así como con muchos de los pintores españoles de la denominada Escuela de París. Conoce ahora de primera mano las creaciones de los fauvistas y los nabis, experiencias plásticas que, en opinión de la conservadora, se materializan en composiciones posteriores como la segunda de las obras objeto de estas líneas, Árboles del Botánico (Madrid) (1933), en la que destaca el color y la originalidad en la visión. Ambas obras, de relevancia en la trayectoria de Rafael Botí, refuerzan la producción del artista cordobés en la colección del Museo Reina Sofía.

SOBRE RAFAEL BOTÍ

El cordobés Rafael Botí diversificó desde muy joven sus estudios, aprendiendo dibujo con Julio Romero de Torres en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba, modelado con Victorio Chicote, Historia del Arte con Ricardo Agrasot, y música en el Conservatorio Superior con Cipriano Martínez Rücker. En 1917 se traslada a Madrid, perfeccionando su aprendizaje tanto en la Escuela de San Fernando como en el Conservatorio Superior de Música y entrando a formar parte ese mismo año de la Orquesta Filarmónica de Madrid, y en 1930 de la Orquesta Nacional de España.

A partir de 1918 asiste como discípulo al taller de Daniel Vázquez Díaz, celebrando su primera exposición individual en 1923, en el Círculo de la Amistad. En 1931, desde la Agrupación Gremial de Artistas Plásticos, de la que es cofundador, contribuye a la promoción de un manifiesto de vanguardia con la finalidad de renovar a la vida artística nacional. El Ministerio de Cultura le concede en 1980 la Medalla de Plata al Mérito en las Bellas Artes, galardón que iría seguido en 1992 de la concesión del Premio Especial del Jurado en los Premios Nacionales de Artes Plásticas. En 1998 la Diputación de Córdoba constituye la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí.

 

El viernes se entrega la Medalla de Honor a Rafael Botí Torres

El próximo viernes día 21 de diciembre de 2018, en la sede social de la Asociación Española de Pintores y Escultores, situada en la Calle Infantas, número 30, a las 19 h. tendrá lugar el acto de entrega de la Medalla de la AEPE al mecenas y filántropo Rafael Botí Torres.

Rafael Botí Torres, hijo del pintor cordobés Rafael Botí, figura importante formada en el taller de Vázquez Díaz, creció en ese mundo artístico paterno y hasta en alguna ocasión fue modelo de Vázquez Díaz para realizar la figura de un torero; y ya de mayor se afanó en formar una colección que, con el tiempo, alcanzó un alto nivel al adquirir numerosas obras de Vázquez Díaz. Un fondo patrimonial que desde hace años trata de compartir y por ello donó una parte sustancial de las obras de su padre a los cordobeses, donación hecha a la Diputación Provincial que difunde la Fundación Rafael Botí, constituida en un factor cultural con notable proyección; y en su testamento deja en herencia al Museo Vázquez Díaz de Nerva (Huelva) los bocetos y dibujos realizados por don Daniel Vázquez Díaz para realizar los frescos del Descubrimiento de Santa María de la Rábida.

Coleccionista, mecenas, emprendedor; una vida dedicada al fomento de la cultura. Patrocina certámenes artísticos e impulsa exposiciones; es miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte; académico… Y la Asociación Española de Pintores y Escultores reconoce esa labor desprendida e inteligente otorgando a Rafael Botí Torres su Medalla de Honor.

Al término del acto, celebraremos la tradicional copa de navidad.

Os esperamos

 

Inaugurado el XXXVII Certamen de Pequeño Formato de la AEPE

El día 20 de noviembre, en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Moncloa, tuvo lugar el acto de inauguración de la edición número 37 del tradicional Certamen de Pequeño Formato, una concurrida muestra que contó con un magnífico escenario y que estuvo presidido por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y a la que también asistieron la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez y distintos miembros de la Junta Directiva, como Antonio Téllez, Fernando de Marta, Ana Martínez e Itziar Zabalza Murillo.

Además, por parte de la Junta Municipal de Moncloa-Aravaca, estuvieron presentes el Coordinador del Distrito, Javier Machetti Bermejo, quien disculpó la asistencia de la Concejala y la Directora del Centro Cultural Moncloa, Mª Jesús Escotet González. Por supuesto, también asistieron algunos Socios de Honor como Rafael Botí y distintas personalidades como Sonia Pradilla, biaznieta de Francisco Pradilla, cuyo nombre refleja la Medalla creada a tal fin para este certamen, así como numerosísimo público que hizo del acto uno de los más concurridos actos culturales de la semana.

El Jurado encargado de la selección y calificación del XXXVII Certamen de Pequeño Formato ha esta constituido por: José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, actuando como Presidente del Jurado y Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria de la AEPE, en calidad de Secretaria del mismo, ambos con voz y sin voto; y como Vocales Paloma Casado y Alicia Sánchez Carmona, ambas directivas de la AEPE, y Rosa María Sanz Bueno, pintora y socia de la AEPE elegida al azar.

La exposición, que se prolongará hasta el 12 de diciembre, cuenta con 95 obras de distintos autores, y ha contado además con la Medalla de Pintura Francisco Pradilla y la Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara, además de distintas Menciones de Honor.

En el acto de inauguración se hizo entrega de los premios, que resultaron ser los siguientes:

Medalla de Pintura Francisco Pradilla, dotada con Medalla y Diploma de la AEPE, a Martha Lucila Gómez. Jana. Óleo / lienzo. 53 x 64

Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara, dotada con Medalla y Diploma de la AEPE, a Julio Nuez. Mini estructura. Hierro soldado. 43 x 40 x 16

Mención de Honor, dotada con diploma, a Francisco Bertrán Hernández. La isleta del moro. Acuarela / papel. 33 x 50

Mención de Honor, dotada con diploma, a Enrique López Sardón. Dos transparencias. Óleo / lienzo. 38 x 48

Mención de Honor, dotada con diploma, a Pilar Vich. Origen. Talla en alabastro y resina. 35 x 22 x 22

 

Los artistas participantes en la exposición de este XXXVII Certamen de Pequeño Formato  son: Joaquín Alarcón González – Marta Argüelles Sangro – María Socorro Arroyo – Juan Carlos Atroche – Asunción Bau Forn – Francisco Bertrán Hernández – Teresa Blanco del Piñal – Nicolás Blanco Muelas – Carmen Bonilla – Rosa Elvira Caamaño – Tomi    Caballero Sánchez – Alfonso Calle – Martina Cantero – Manuela Carcelén – Ataúlfo Casado Bustarviejo – Lola Catalá –  M. Ángeles Conesa Artés (G. Artés) – Pilar Cortés  – José Manuel Chamorro – Carmen de la Calle Llurba – José Antonio de la Peña – Paz Díaz de Espada – Higinio Díaz-Marta (Gini) – Emilia Díaz Rull – Sopetrán Doménech – José Domínguez – Rocío Domíguez Perals – Carmen Durán – José Luis Fiol Valero – M. Esther Flórez Fuentes – Mariano Galán – Victoria Gándara – Fernando García de Juan – Ángeles García-Quismondo – Carmen García Mesas (Naná Mesas) – Manuel Gascón – Raúl Gil Rodríguez – Rafael Gómez Mena (Mena) – Martha Lucila Gómez Serrano – Eva González Morán – Sergio González Riveiro – Lydia Gordillo – Víctor Gosálvez – Dorothee Heiden – Felipe Hodgson Ravina – Victoria Jáimez – Sonsoles Jiménez – Fidel Latiesas – Enrique López Sardón – Luis López Terciado – Paulino Lorenzo Tardón – María R. Maluenda –  Carmen Marcos – José Luis Martín de Blas – Emilio Martínez Sánchez – Christian Mera – Isabel Monfort Siso – David Montes Alonso – Antonio Municio – Concha Muñoz – Pedro Muñoz Mendoza – Julio Nuez – Beatriz Olabarría del Corral – José Luis Ortega Flórez de Uría (José Luis Flórez de Uría) – Enrique Pedrero Muñoz – José María Pedrosa – Luis Pereira – Juan Fco. Pérez Somalo – Nieves Pezzi – Paloma Ramírez Montesinos – Pura Ramos Calderón – Marcelo Daniel Rodríguez (Daniel Rod) – Milagros Rodríguez Bautista – Cristóbal Rodríguez Leiva (Cristóbal Leiva) – Avelina Sánchez-Carpio – Antonio Segovia – Jorge Andrés Segovia – Esdras Serna Pichat – Pilar Silva Mora (Pilar Quirós) –  Miguel Sokolowski – Emilio Sotomayor – Arturo Tejero Esteban – Antonio Téllez de Peralta – Austión Tirado – Mª Rosa Tortajada Perrote – Ana Undurraga – Pilar Vich – Jorge Rodríguez Fernández (Jorge Yunta).

 

En esta misma web en la pestaña “Certámenes y Premios”, subpestaña “Certamen de Pequeño Formato”, puede consultarse el catálogo digital de la muestra realizado para la ocasión.

XXXVII Certamen de Pequeño Formato

Del 15 de noviembre al 13 de diciembre de 2018

Inauguración: martes 20 de noviembre, 19 h.

Sala de Exposiciones

Centro Cultural Moncloa

Junta Municipal de Moncloa-Aravaca

Plaza Moncloa, 1

28008 Madrid

Horario de visitas L a V: de 11 a 14 h. y de 17 a 20’30 h.

Metro: Moncloa (líneas 3, 6)

Bus: 1, 44, C2, 82, 132, 138, 160, 162, C1, 161, 83, 133, A, G, 46, 16, 61

 

 

 

 

Rafael Botí Torres, Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores

La Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores, AEPE, presidida por José Gabriel Astudillo, ha concedido su Medalla de Honor al coleccionista Rafael Botí Torres, ‘en reconocimiento y agradecimiento’ a su confianza en la Asociación, inquebrantable fe en la entidad, máxima cordialidad ‘y gran predisposición mostrada siempre a la hora de colaborar con nuestra institución’. La Medalla de Honor se entregará el 21 de diciembre de 2018 en la sede social de AEPE, al término de la tradicional Copa de Navidad.


Rafael Botí Torres, hijo del pintor cordobés Rafael Botí, figura importante formada en el taller de Vázquez Díaz, creció en ese mundo artístico paterno y hasta en alguna ocasión fue modelo de Vázquez Díaz para realizar la figura de un torero; y ya de mayor se afanó en formar una colección que, con el tiempo, alcanzó un alto nivel al adquirir numerosas obras de Vázquez Díaz. Un fondo patrimonial que desde hace años trata de compartir y por ello donó una parte sustancial de las obras de su padre a los cordobeses, donación hecha a la Diputación Provincial que difunde la Fundación Rafael Botí, constituida en un factor cultural con notable proyección; y en su testamento deja en herencia al Museo Vázquez Díaz de Nerva (Huelva) los bocetos y dibujos realizados por don Daniel Vázquez Díaz para realizar los frescos del Descubrimiento de Santa María de la Rábida.
Coleccionista, mecenas, emprendedor; una vida dedicada al fomento de la cultura. Patrocina certámenes artísticos e impulsa exposiciones; es miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte; académico… Y la Asociación Española de Pintores y Escultores reconoce esa labor desprendida e inteligente otorgando a Rafael Botí Torres su Medalla de Honor.

Rafael Canogar recibió la Medalla de Honor de la AEPE

En un acto celebrado el pasado día 26 de enero en la sede institucional de la AEPE, el genial artista recogió la “Medalla de Honor”, que le fue otorgada de manos de su Presidente José Gabriel Astudillo, en reconocimiento a su producción artística, que no tiene comparación posible con la obra de ningún otro artista a nivel mundial, y también por su talento, por la extraordinaria calidad de su técnica y pinceles, y por su personalísimo estilo”.

Repleta de asistentes, entre los que se encontraban numerosos socios y amigos, los también Medalla de Honor de la AEPE,  Tomás Paredes Romero, Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, y de todos los miembros de la Junta Directiva de la AEPE, Rafael Botí y el propio hijo del homenajeado, Diego Canogar, así como diferentes entidades colaboradoras de la Asociación Española de Pintores y Escultores, transcurrió un acto emocionado en el que a modo de introducción, la Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Mª Dolores Barreda Pérez, realizó un breve recorrido por la trayectoria artística y profesional del reconocido artista de talla internacional, haciendo especial hincapié en lograr un bosquejo resumido de cómo es Rafael Canogar, y no sólo de su biografía, con datos y fechas frías y distantes, sino introduciendo a los presentes en la vida, el pensamiento y un poquito en el alma del artista.

Por su parte, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, recordó a todos que su arte está caracterizado por el personal estilo que ha hecho de este pintor un referente para las nuevas generaciones creadoras.

Hizo además referencia al homenaje espontáneo, nacido del corazón de todos los que forman la Asociación Española de Pintores y Escultores, no sólo por distinguir al genial pintor en su vertiente artística, sino especialmente por los valores humanos que siempre han rodeado a la persona de Rafael Canogar.

José Gabriel Astudillo lo reflejó muy acertadamente cuando expresó que la creatividad de este artista, la empatía que genera con las obras que crea y una biografía repleta de éxitos profesionales han hecho de “Rafael un referente en el arte, dentro y fuera de nuestro país, en donde sus obras han ofrecido respuestas a las inquietudes artísticas de varias generaciones de españoles con respuestas repletas de coherencia, seriedad, independencia y que cuentan con el rigor como señas de identidad”.

El Presidente comentó que “Rafael es un hombre grande, no sólo de estatura, porque es un gran contenedor de ingenio, emociones y talento que, en cierto sentido, puede resumirse o aglutinarse en la actividad creativa, que incluye la mayoría de los elementos que completan el abanico de las artes plásticas”.

“Esa capacidad de Rafael –continuó Astudillo- para renovarse en su trabajo cada día, con libertad y amplitud de miras y sin perder nunca la ilusión por los nuevos retos, ha sido fundamental a la hora de otorgarle esta Medalla de Honor, sobre todo por el excepcional momento que atraviesa de plenitud artística y por la pasión, valentía y excelencia con que aborda cada obra”.

Tras la imposición de la Medalla de Honor, el homenajeado dirigió unas palabras a los asistentes al acto, agradeciendo la distinción de la que era objeto y compartiendo la ilusión entre los asistentes por seguir creando belleza y generando arte.

Recuerdos muy poderosos y actuales que ha ido atesorando en su memoria a lo largo de los años, y que consiguieron emocionar al público allí congregado por la sensibilidad que transmitían las vivencias que de esta forma quiso compartir con todos.

Para finalizar el acto, Rafael Canogar aseguró que siempre estará muy cerca de la centenaria entidad y dispuesto siempre a colaborar con los artistas y creadores.

 

PALABRAS DE INTRODUCCIÓN DEL ACTO DE IMPOSICIÓN

DE LA MEDALLA DE HONOR DE LA AEPE,

DE LA SECRETARIA GENERAL, Mª DOLORES BARREDA PÉREZ

Señoras y señores, queridos socios y amigos, muy buenas tardes a todos y bienvenidos a esta casa común que es la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Celebramos hoy el acto de imposición de la Medalla de Honor de nuestra entidad a D. Rafael Canogar.

De su relación con esta Asociación Española de Pintores y Escultores puedo referir que Rafael Canogar ha participado como miembro del Jurado en los últimos Salones de Otoño, así como en la nueva convocatoria del Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura, contribuyendo así a engrandecer estos premios.

Pero además de su experiencia como artista y como asesor, ha dado cumplidas muestras al acudir a la llamada de esta presidencia en el estudio del estatuto del artista que desde esta institución se ha hecho con vistas a presentar nuestras conclusiones próximamente en el Congreso de los Diputados.

De su biografía, como en las anteriores ocasiones, me gustaría remitirles a cualquier enciclopedia, o mejor aún, a la página web del autor, un fantástico recorrido por su vida y obra, atractiva visual y conceptualmente, y en donde encontrarán pormenorizados cuantos datos deseen acerca de su autor.

A mi corresponde trazar a grandes rasgos el perfil humano y la especial dimensión artística de uno de los máximos representantes del arte español actual.

Nacido en Toledo, a los 14 años aprendió el oficio a manos del maestro Vázquez Díaz, uno de los grandes socios de nuestra entidad.

El arte de vanguardia le interesa desde muy pronto, cuando comienza a hacer abstracciones, incluso antes de ir a París, en el año 1954.

Allí se encontró con el informalismo, el movimiento en gestación más avanzado del momento. Así que, al volver, empezó a trabajar en la abstracción con lo que tenía a mano, que era su creatividad.

En la abstracción y también luchando por la libertad de la forma que podía, que era realizando un trabajo de renovación de la pintura.

Así surgió el grupo “El Paso”, un grupo de arte no figurativo o informalista, en donde sus integrantes, unidos, conseguirían ser oídos. Luis Feito, Antonio Saura, Millares, Pablo Serrano y Rafael Canogar, reinventaron el espacio pictórico con una pintura libre en un país que no lo era, y que llevó la pintura de España alrededor de todo el mundo, estableciendo su escuela en la ciudad de Cuenca donde se instauró el Museo de Arte Abstracto, gracias al mecenazgo de Fernando Zóbel.

Se afanó en el informalismo con una enorme intensidad, trabajando los cuadros directamente con las manos, dejando el color sobre la superficie, con el lienzo en el suelo, echando pintura líquida que se introducía por los surcos que habían dejado sus dedos sobre la materia, en sus propias palabras: “como la lluvia cuando cae sobre los surcos creados por el hombre”.

Como él mismo ha confesado, su gran lección de pintura la encontró en el Museo del Prado, porque es allí donde estaba la raíz de la pintura de vanguardia y de ruptura: en la tensión de Goya, en la elegancia de Velázquez o en la austeridad de Zurbarán.

También luchó contra la intensidad pictórica, esa libertad más allá de la estética, que si se convierte en constante se vuelve académica y retórica.

Por eso, igual que otros artistas como Vostell y John Blake, informalistas, sintió la necesidad de volver a la realidad, lejos de la “figuración”, creando para ello una nueva realidad.

Huyendo del academicismo experimentó con el realismo en un periodo marcado por el bulto, el relieve que surge de la bidimensionalidad de la superficie del cuadro hacia el espacio del espectador, mostrando una nueva realidad y derribando el muro entre la pintura y la escultura, buscando el realismo como un acercamiento al público.

En esos momentos, seleccionaba imágenes de los medios de comunicación y hacía un análisis sobre ellas, en las que el hombre está cosificado y fragmentado.

La lucha por las libertades que emprendió a partir de 1975, fue un gran motivo de trabajo que fue reconocido con el gran premio de la Bienal de São Paulo. Como él mismo ha comentado, “fue un premio pero también el comienzo de una demanda excesiva, un momento en el que tenías que rebelarte y alejarte de ese consumo que lo que hace es dividir al artista”.

En esa etapa, reivindicó la necesidad de volver a la pintura, a la bidimensionalidad de la tela, utilizando ropa para ser veraz, aluminio, objetos, moldes de manos… para hacer veraz la lucha del hombre.

Ese periodo tan fructífero e intenso fue agotando un poco su pintura. La larga serie de pinturas negras dieron paso a la necesidad de recuperar la imagen a través de “Las escenas urbanas”, estructuras donde está representado, casi simbólicamente, el hombre urbano: unos van y otros vienen, unos duermen, otros se despiertan…

En 1992 cambia nuevamente su trabajo e investiga sobre la destrucción y la reconstrucción, esa constante del hombre atemporal, trabajando con planchas de papel, troceándolas y recomponiéndolas con elementos geométricos muy simples pintados sobre diversas superficies, en un periodo conocido como de fragmentaciones.

Rafael Canogar pertenece a una generación que quiso abrir nuevos cauces sin dejar de pintar y siempre desde la pintura.

Por eso en la actualidad, confiesa que sigue creyendo en la pintura, incluso en este periodo en el que parece que la pintura interesa poco, que interesan más cosas que se muevan y que se enciendan o se adapten. Según sus propias palabras: “Yo creo en la pintura. En la Facultad de Bellas Artes ya casi ni se enseña a pintar, porque muy pocos saben pintar. Es un drama. Por eso he vuelto a la pintura, para reinventarme, para reactualizarme, porque lo que hago no tiene nada que ver con lo que hacía antes. No estoy dando pasos atrás. Me gusta trabajar con elementos mínimos para dar el máximo protagonismo expresivo a esos mínimos. Es la pintura: óleo sobre la tela y ya está”.

Rafael Canogar sólo quiere eso, pintar y hacer buena pintura, y no necesariamente inventar algo nuevo.

Sin embargo, también le interesan mucho las nuevas herramientas de los jóvenes artistas, motivo por el que aprecia y valora muchísimo, el trabajo de los artistas que reciclan y dan vida a cosas que estaban muertas, como el que realiza su hijo Daniel.

Rafael padece, sufre, sobrelleva el “terrible vicio” de la pintura; toda su vida es la pintura; se realiza pintando, creando o haciendo escultura; pintando todo el tiempo que le dejan; él piensa, como seguramente muchísimos de los presentes hoy en esta sala, que los pintores mueren pintando.

Califica de “horrible” la repetición de uno mismo y se niega a fabricar Canogares.

Pero hay en Rafael otra faceta que descubrimos, como su ayuda a la creación de colecciones y un fabuloso patrimonio de arte contemporáneo para el Estado español. Una gran etapa a la que llegó después de haber ayudado a la conquista de la libertad y que hoy confronta con la realidad que vivimos, desde una inmensa tristeza por presenciar cómo quieren destruir lo que hombres como él construyeron y que tanto costó conseguir: la concordia entre ideas tan diferentes, la capacidad de entender posiciones que no son como la tuya. Por eso ahora mismo la sociedad no es su fuente de inspiración.

Su reacción ahora es centrarse en su trabajo, en donde encuentra una serenidad necesaria ahora en su vida.

Reivindica la calidad, no la originalidad fruto de la novedad, sino el buen hacer, la buena pintura.

Lo difícil en toda su trayectoria ha sido mantenerse, conseguir que su obra tenga actualidad y puntualidad.

Fue vanguardista como artista informalista pero lejos de modas, buscó su propio estilo. Esa ha sido su originalidad.

Ver la obra de Rafael Canogar es ver auténticos autorretratos, pues todas y cada una de ellas contienen su experiencia, su ansiedad y desvelos, sus esfuerzos e ilusiones, su saber.

Ha trabajado obra gráfica, collage, escultura, pintura… y a través de su obra, como artista y creador, es como él defiende y apoya la cultura y la educación, defendiendo una visión crítica de la sociedad, reencontrando valores tan fundamentales como la ética y moral.

Rafael es un hombre recto, en quien no cabe engaño ni picardía; es directo, circunspecto y grave, eso no quiere decir que no sea también atrevido y soñador; prudente, discreto, contenido, intenso, puro, íntimo, espiritual; visceral, comunicativo, afable, cercano, asequible; es inspiración para sus cuatro hijos artistas, el ideal compañero de viaje, conversador avezado, rústico poeta minimalista de rimas y juez ingenioso en las sentencias de la vida; lector infatigable, hombre generoso… una bellísima persona y un gran pintor.

Entre los múltiples premios y galardones conseguidos por toda una vida creando, destacamos la Encomienda de la Real Orden de Isabel la Católica del Ministerio de Asuntos Exteriores de España; Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia; XIII Premio Tomás Francisco Prieto de la Fundación Casa de la Moneda; Hijo Predilecto de la ciudad de Toledo; Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes; Premio Artes Plásticas Cultura de la Comunidad de Madrid; Medalla de Oro de la Feria de Arte Contemporáneo Artesevilla; Premio Extraordinario de Castilla-La Mancha, Premio Nacional del Grabado, de Calcografía Nacional, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; Premio de la Academia Nacional China de Pinturas y Artes…

Es Miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; de la Junta Directiva del Círculo de Bellas Artes; del Consejo Asesor de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Vocal en el Consejo de Administración del Patrimonio Nacional…

Ha realizado más de doscientas exposiciones individuales, ha participado en cientos de colectivas, cuenta también con varias retrospectivas…

Ante todo este espectacular historial de galardones, nuestro premio de hoy a Rafael Canogar puede resultar tremendamente sencillo, pero a diferencia de estos, la Medalla que hoy te entregamos, es la única que nace de tus compañeros de profesión y fatigas; la otorgan los artistas a otro gran artista, por eso esta Medalla es única y especial, por eso es tan importante; porque con ella te conviertes en “profeta en tu tierra”, y eres homenajeado por cuantos hacen, como tú, del arte su vida.

La Medalla es la muestra de la profunda admiración que todos los socios y amigos aquí reunidos, sentimos por tu trabajo y por tu obra, porque los grandes artistas como tú son los que hacen grande a un país a través del arte.

Enhorabuena y muchas gracias

 

 

DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES,

JOSÉ GABRIEL ASTUDILLO LÓPEZ

Rafael Canogar, miembros de la Junta Directiva, autoridades asistentes, queridos socios y amigos, bienvenidos todos y gracias por vuestra presencia en este acto que me honra presidir.

Esta Asociación siempre ha creído que homenajear a los grandes artistas que tiene España era un deber con la historia, con la propia Asociación Española de Pintores y Escultores y con todas las personas que habéis demostrado vuestro amor y vuestro compromiso con esta institución y con el mundo de las bellas artes.

Y lo hacemos de forma sencilla, pero sentida y humilde, en un reconocimiento sincero a quien tanto ha hecho por las bellas artes en España.

Porque rendir homenaje siempre ennoblece a quien lo recibe, pero engrandece también a quien lo otorga. Porque es justo alabar y reconocer a quien debe ser admirado y respetado por su creación y por su ejemplo.

Rafael Canogar es un gran humanista cuya filosofía de vida descansa y se construye desde los valores y por ello, no sé si de forma consciente e intencionada, con la ilusión de que su existencia deje huella en la Historia de las Bellas Artes, al igual que hicieron los que nos precedieron.

La suya es una forma de vivir que nace de las historias de toda una vida dedicada a las bellas artes y a la creación. Una obligación moral contraída con la que ha logrado enriquecer nuestro entorno con sus propuestas artísticas.

Nuestra admiración se extiende tanto hacia sus espléndidas creaciones primeras, llenas de sentido poético, profundidad y connotaciones oníricas, como hacia toda su gran obra posterior, de una fuerza renovadora y trascendente, en la que ha sido capaz de incorporar casi todos los hallazgos técnicos propios del informalismo.

Esta Medalla que hoy te entregamos es el ideal y el compendio de lo que a lo largo de estos años hemos ido imaginando y construyendo, siempre con enorme ilusión. Es una Medalla que busca ser un modelo que ejemplifica cómo queremos que se fortalezca el arte en España, con qué ideales y anhelos, con qué valores.

Esta Medalla de la AEPE agradece la contribución de Rafael Canogar para que la luz de la cultura española sea más nítida, para que nuestro patrimonio sea más y mejor conocido, y tengamos renovadas razones para enorgullecernos y deleitarnos en él.

Es este un acto de reconocimiento y también la mejor ocasión para mostrar públicamente nuestro afecto y nuestro agradecimiento a Rafael Canogar, no solo por el servicio que está realizando a la sociedad, sino también por esa capacidad de aunar la excelencia en disciplinas tan diferentes pero intrínsecamente ligadas por el denominador común del talento creativo.

Es precisamente ese talento el que hace que sus trabajos estén abonados por las virtudes del esfuerzo, la constancia, la innovación, y la inquietud creativa; todas ellas con un denominador común: un profundo amor al arte y la cultura.

Su impecable trayectoria y su transversalidad entre disciplinas nos ayudan a entender mejor el espíritu de las vanguardias internacionales que él mismo encarna.

Su trayectoria no es solo la de alguien que ha hecho de su mirada de artista un modo de vida apasionante, sino que ha querido llegar más lejos, triunfando dentro y fuera de nuestras fronteras con la utilización de técnicas tradicionales aplicadas a un lenguaje contemporáneo, combinando su compromiso social con una incesante búsqueda de la belleza.

Rafael representa toda una vida dedicada al oficio de crear, y ha sabido combinar su maestría en el dominio de la técnica, con el acercamiento y experimentación con nuevos materiales de vanguardia.

Toda su obra es una audaz meditación sobre la propia vida, en la que la altura filosófica no está reñida con la facilidad para trasladar sus planteamientos a toda clase de obras. Y una obra, en suma, con la que el artista se descubre una vez más como uno de los creadores españoles más importantes de nuestro tiempo.

Sus obras nos ayudan a comprender mejor nuestro pasado y, por tanto, nuestro presente. Una tarea en la que hoy reconocemos a Rafael Canogar, que viene a ser algo así como una mirada al pasado renovadora y rigurosa, que es además una manera de desvelar las claves del presente artístico español.

Trabajo y talento son dos características que definen también a Rafael Canogar. Cabe destacar de él su capacidad para tratar el color, el uso original de formas y texturas que logra ser, al mismo tiempo, arquetípica y plenamente actual. Quizá porque su carrera se ha movido entre la revisión de los clásicos y el desarrollo de su propio territorio personal, por eso Rafael aúna el ideal de todo artista sobresaliente: aprender del pasado para mejorar el futuro.

Su creatividad, la empatía que genera con las obras que crea, y una biografía repleta de éxitos profesionales han hecho de Rafael un referente en el arte, dentro y fuera de nuestro país. Sus obras han ofrecido “respuestas a las inquietudes artísticas de varias generaciones de españoles”; respuestas repletas de coherencia, seriedad, independencia y que cuentan con el rigor como señas de identidad.

Rafael es un hombre grande, no sólo de estatura, porque es un gran contenedor de ingenio, emociones y talento que, en cierto sentido, puede resumirse o aglutinarse en la actividad creativa, que incluye la mayoría de los elementos que completan el abanico de artes plásticas.

Esa capacidad de Rafael para renovarse en su trabajo cada día, con libertad y amplitud de miras y sin perder nunca la ilusión por los nuevos retos, ha sido fundamental a la hora de otorgarle esta Medalla de Honor, sobre todo por el excepcional momento que atraviesa de plenitud artística y por la pasión, valentía y excelencia con que aborda cada obra.

Siempre que otorgamos esta Medalla de la Asociación Española de Pintores y Escultores, lo hacemos con intención de mostrar ejemplos a seguir para la sociedad, para las nuevas generaciones y en este aspecto, Rafael representa uno de los mejores modelos de las bellas artes españolas del último siglo.

A Rafael, mi felicitación y mi deseo de que esta Medalla sirva también de impulso para seguir desarrollando con igual pasión, o mayor si es que cabe, su contribución al mundo del arte.

Esta Medalla de la Asociación Española de Pintores y Escultores tiene de especial el hecho de que es un reconocimiento de otros artistas que como tú, buscan la belleza y la inspiración diarias para ofrecer lo mejor de sí mismos a la sociedad.

Es un homenaje de quienes comparten tus anhelos, tus sueños y el profundo amor por el trabajo; es una distinción que otorgamos tus compañeros de profesión en un sincero acto que representa todo nuestro respeto y admiración por quien tanto ha hecho por el arte y los artistas.

Después de escuchar las palabras de nuestra Secretaria General, que en esencia ha reflejado quién es Rafael Canogar, habría muchísimo más que decir pero me gustaría que al término de este acto, entendiéramos todos al menos la inmensa grandeza de este prolífico artista.

Me gustaría mucho dejar constancia del tremendo orgullo que a todos nos embarga poder realizar este acto, agradeciendo y devolviendo la generosidad que Rafael ha demostrado con la Asociación Española de Pintores y Escultores, colaborando con nuestra institución siempre que le hemos requerido, acudiendo presto y solícito nuestra llamada y siendo ya parte de la historia de los Salones de Otoño y del Premio Reina Sofía.

Siendo ya parte de la historia de una centenaria entidad como la nuestra, que hoy está plena y feliz al realizar este solemne acto de reconocimiento a Rafael Canogar.

Deseo, al concluir mis palabras, agradecer a esta audiencia la cariñosa acogida que está dando a Rafael Canogar.

Y a él mismo sólo repetirle que muchas gracias por hacer lo que haces y por ser como eres: maestro.

 

Tomás Paredes recibe la “Medalla de Honor” de la AEPE

En un acto celebrado el pasado viernes en la sede institucional de la AEPE, el crítico de arte Tomás Paredes recogió la “Medalla de Honor”, que le fue otorgada de manos de su Presidente, José Gabriel Astudillo, en reconocimiento a su aportación extraordinaria al mundo del arte.

Repleta de asistentes, entre los que se encontraban numerosos socios y amigos, así como diferentes entidades colaboradoras de la Asociación Española de Pintores y Escultores, transcurrió un acto emocionado en el que a modo de introducción, la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, realizó un breve recorrido por la trayectoria profesional del reconocido crítico y Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA), miembro de AICA y académico de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada.

El homenaje espontáneo, nacido del corazón de todos los que forman la Asociación Española de Pintores y Escultores, no sólo quiso recordar al extraordinario profesional, sino que hizo especial hincapié en los valores humanos que rodean a la persona de Tomás Paredes.

Tal y como aseguró la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, no se trataba de hablar de su faceta como profesor, periodista y crítico de arte, colaborador de tantas publicaciones, conferenciante, miembro de Jurados, curador y montador de exposiciones prestigiosas y autor de múltiples libros de especial sensibilidad lírica, sino de hablar y presentar a un Tomás Paredes comprometido con sus sentimientos y con el mundo de la creación.

Mª Dolores Barreda Pérez realizó el siguiente perfil del homenajeado:

«Tomás Paredes estudió en Granada, y más precisamente en El Escorial, y su aprendizaje estuvo a cargo de los Curas Agustinos. Fue una formación y educación sólida con una gran oferta cultural que despertó en él su interés por la estética.

Comienza la carrera de abogacía, es Licenciado en Derecho, pero aunque se graduó nunca llegó a ejercer la profesión. Licenciado además en Historia del Arte e Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid.

Admirador de exposiciones, a las que suele a acudir a diario, un método que practica y con el que a lo largo de su dilatada experiencia, ha aprendido a mirar, apreciar y trabajar.

Opuesto a la crítica descriptiva, que no es tal, sino más bien la intención de que la persona vea las cosas a través de los ojos de quien hace una crónica de actualidad del cuadro.

Como crítico su opinión no coincide con la del público, y no lo hace porque todos buscan un motivo y un significado en cada obra, mientras que Tomás sólo busca sentir algo con esa obra. Por eso prefiere trabajar como curador y como crítico, apreciando y sintiendo las obras.

Enamorado de la poesía y la prosa poética, concibe el arte como una búsqueda de armonía y orden en medio del caos que es el mundo antes de ser «cosmos», antes de ser esta unidad donde todo tiene su causa y su explicación. Es satisfacción y consuelo para el hombre.

Su clave para entender el arte pasa por la educación. En un mundo en el que el público parece no poseer un criterio, aquello que le indican que haga es lo que hace. La clave esta en la formación, en un espíritu crítico, de otra manera nos dejamos avasallar por la industria y sus modas, que todo lo masifica.

Elegir entre cosas malas no es crítica sino aceptación; y es la libertad lo que define al género humano. El hombre tiene un lado espiritual y debe trabajarlo,

Como Presidente de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte (AMCA), tuvo especial interés, y en eso se iguala a nuestro Presidente, en la actualización de la entidad y su adecuación a la legislación vigente, realizando una gran labor que por todos fue reconocida y le abrió las puertas de la Asociación Española de Críticos de Arte que actualmente dirige con tanto acierto.

Su interés como Presidente de esta entidad es la formación y actualización del critico, a través de la comparación, la contextualización histórico-social de obras, artistas y tendencias, la información al público a través de juicios y opiniones avaladas por profesionales y en definitiva, y en esto coincide con la labor que desde la Asociación Española de Pintores y Escultores estamos desarrollando, el respaldo profesional al crítico, en nuestro caso al artista, y una base sólida en materia de arte.

Él mismo se ha encargado de definir someramente cómo debe ser un crítico: calidad literaria, precisión en sus juicios, profundidad de pensamiento, hasta convertirse en un pensador de la estética, llevando sus conclusiones más allá de la mera crónica artística.

Todo eso reúne Tomás Paredes en su labor diaria, todo eso y si se me permite decirlo, con un claro estilo poético que le convierte en un artista más, como los que conforman esta AEPE, sólo que Tomás es un artista de la palabra, y de ahí nuestra profunda admiración por su trabajo y los méritos para la concesión de esta Medalla de Honor que hoy nos reúne aquí a todos”.

Por su parte, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, le dedicó las siguientes palabras:

“D. Tomás Paredes, miembros de la Junta Directiva, autoridades asistentes, queridos socios y amigos, bienvenidos todos y gracias por vuestra presencia en este acto que me honro presidir.

La historia de las instituciones se construye sobre la huella indeleble que marca el paso de quienes han formado parte de ellas. Sumando con el prestigio de las personas que obtienen su reconocimiento. Nutrimos su historia con el trabajo, el mérito, la capacidad y, sobre todo, la dignidad y la honestidad de quienes otorgan influencia, autoridad y ascendencia a las instituciones que las integran o las acogen. 

Es nuestra norma de honores y distinciones que la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores se concederá a personas de sobresaliente prestigio, nacional o internacional, en el campo de las artes, y a personas o entidades que hayan prestado servicios extraordinarios a la centenaria Asociación Española de Pintores y Escultores.

Es, pues, la Medalla de Honor un símbolo que consagra a quien aglutina méritos y reconocimientos. Sobresalir en alguno de esos ámbitos artísticos te hace acreedor de ella y es difícil, pero en tu caso, Tomás, hablamos de sobresalir, de distinguirte en el campo de la aportación extraordinaria que has realizado al mundo del arte.

Tu prestigio internacional queda puesto de manifiesto en los múltiples trabajos que llevas a cabo como Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA) y miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

En el campo de la crítica de arte solo hay que ver tus trabajos y publicaciones, reconocidas y estudiadas, tus colaboraciones en diarios y  revistas especializadas en arte,  en “La Vanguardia” de Barcelona, donde ahora trabajas, sobre  mercado del arte, y en revistas nacionales e internacionales.

En el apartado cultural nos regalas libros con textos y poemas que no hacen más que confirmar tu amor por la palabra, por el arte en todos sus géneros.

Y si de méritos y excelencia académica y de gestión hablamos, tu faceta de conferenciante, curador y montador de exposiciones y sobre todo como Presidente de Asociaciones especializadas, hacen de ti un experto que impulsa proyectos e integra colectivos, reivindicando la importancia de la educación en todas sus etapas.

Por todo ello, por creer en el arte, por apostar por los artistas de este país, por invertir en el conocimiento de su obra, por tratar del esfuerzo creador a diario y por unirnos en el esfuerzo común del arte, te has hecho merecedor de esta Medalla de Honor, que te distingue como defensor del mundo del arte y la creación.

Eres un crítico valiente para reclamar de la sociedad sus valores artísticos; valiente para mantener tus ideas desde el respeto al que opina de otra forma; valiente para defender a los artistas, demostrándonos que con las  palabras, que con la comunicación, podemos construir un modelo de sociedad mas justa, en la que los artistas podamos desarrollar todo nuestro potencial.

Tomás Paredes es además un Humanista preocupado por que las futuras generaciones conozcan y aprecien el arte, y eso lo hace a través de la pluma, con la que escribe los trazos de esa historia, de nuestra propia historia como artistas y de la historia de esta histórica Asociación Española de Pintores y Escultores.

Tu faceta de profesor la llevas a todo, desde tu humildad. Enseñas sacando todo lo que tenemos dentro. Enseñas mirando a los ojos con la verdad en ellos. Y nos has enseñado a jugar con las palabras, a medirlas, a quererlas.

A título personal existen dos palabras que siempre están y estarán en mi vida. Dos palabras que quiero transmitir en el día a día, con mi familia, con mis amigos, en mi trabajo y por supuesto en la Asociación Española de Pintores y Escultores. Sé que compartimos el amor por una de ellas que es “gracias”, pero esa hoy, te la dejo a ti.

La otra palabra es “verdad”, no tanto por lo bien que suena, lo elegante y equilibrada que es su escritura sino, como tú nos has enseñado, por lo que abarca, por lo que significa, por lo que lleva detrás. Esa palabra “verdad” hoy quiero transmitirla a todos y en especial a ti.

Esas sensaciones son las que experimentamos hoy al saberte parte de la Asociación Española de Pintores y Escultores, esa luz que veo reflejada en nuestros rostros al querer que te sientas uno más de nosotros. Dar es siempre recibir. La Asociación te entrega la Medalla de Honor y a cambio recibe el honor de contar contigo, entre sus miembros más preclaros.

No hay Medalla que pueda hacerse de la aleación del cariño, la amistad y el agradecimiento, con la que simbólicamente está hecha la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Permitirme que disfrute del honor de entregársela a D. Tomás Paredes Romero.

Permitirme que os invite a disfrutar del privilegio de contar entre los beneficiarios de este galardón con un hombre ilusionado por el mundo del arte, con un amante de la comunicación, amigo de la palabra y de las palabras, con un entusiasta de la enseñanza y del poder de la creación artística.

Queridos amigos, cuando se instituye un premio, que supone el máximo reconocimiento a su destinatario, por su trayectoria profesional y humana, no solo se encumbra a quien lo recibe, también se enaltece a quien lo otorga.

Tomás, ya formas parte de la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Una historia escrita también con el esfuerzo y la ilusión de los hombres y mujeres que trabajan día a día haciendo arte.

Recibe en nombre de todos nosotros el abrazo y el elogio unánime de esta Asociación Española de Pintores y Escultores 

Gracias en nombre de todos sus socios”.

Tomás Paredes, que en algunos momentos se mostró muy emocionado, agradeció la distinción que le otorga una entidad centenaria y tan reconocida como la Asociación Española de Pintores y Escultores, rica en historia y llena de nombres de primer orden en el mundo del arte. Su intervención le llevó a dirigir unas palabras a los numerosísimos asistentes en las que recordó la necesidad de la existencia de los artistas en la sociedad y de lo idóneo que sería la recuperación de los valores inmortales del mundo del arte.

Fueron muchos los amigos y admiradores que quisieron acompañar a Tomás Paredes en este acto, como el escultor Venancio Blanco, el académico José María Luzón, cuyo abuelo, el pintor Nogué, fue uno de los fundadores de la AEPE, el pintor Francisco Farreras, el coleccionista y académico Rafael Botí, el coleccionista portugués Agostinho Cordeiro, Rosa Martínez Lahidalga, Julia Sáez Angulo, Benito de Diego y un largo etcétera de socios y amigos, además de los miembros de la Junta Directiva como son Alejandro Aguilar Soria, Juan de la Cruz Pallarés, Juan Manuel López Reina, Mercedes Ballesteros, Fernando de Marta, Alicia Sánchez Carmona , Carlos Muro, Rosa Gallego, Pablo Reviriego,…

Para finalizar el acto, Tomás Paredes aseguró que este reconocimiento le impulsará para seguir trabajando con más ganas si cabe, en las emociones que cada una de las obras que contempla le transmiten, continuando con una labor que emprendió hace ya muchos años por el amor que siente por el arte.

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venancio, alex y juan

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