Teresa Condeminas Soler

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Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

 

TERESA CONDEMINAS SOLER

 

CONDEMINAS SOLER, Teresa P  1928.  1905 BARCELONA

Nació en Barcelona el 27 de febrero de 1905 y falleció en la misma ciudad el 24 de enero de 2002.

Pintora clasicista-novecentista formada en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona, también conocida por Escuela de la Lonja, desde los 13 años y a lo largo de los 10 siguientes, tuvo como maestros a Félix Mestres, de quien aprendió el refinamiento y la corrección de la línea, y a Vicente Borrás, quien le transmitió el interés por la luz, rasgos siempre presentes en su producción artística.

Miembro de la Asociación de Arte de la Llotia, constituida en 1926, participó en las exposiciones colectivas que dicha entidad realizaba.

«El espejo»

En 1927 participó en el VII Salón de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores, con dos óleos titulados “Manzanas”, de 43 x 57 cms. y “Paisaje de San Ginés”, de 53 x 69 cms. y en cuya ficha de inscripción figuraba que era natural de Barcelona, donde residía, en la Calle Provenza, 332.

Participó desde muy joven en las Exposiciones de Primavera y en las Nacionales de Bellas Artes de Barcelona, donde muy pronto consiguió algunos premios.

Está documentada su repetida participación en las bienales de Venecia, como en la de 1938, en la que el comisario de la muestra fue Eugenio d’Ors, quien además de a Teresa, eligió a otros artistas como Zuloaga, Togores o Ciruela, si bien su nombre no consta en la relación del libro editado por el Ministerio de Asuntos Exteriores “Un siglo de arte español en el exterior. España en la Bienal de Venecia 1895 a 2003”.

Sí consta sin embargo, que participó en las de 1940 y de 1944. También lo hizo en la Exposición de Arte Español de Berlín en 1941.

«La carta»

En 1937 la artista donó dos de sus óleos titulados “Naturaleza muerta con frutas” y “Naturaleza Muerta con manzanas y uvas” para la exposición-subasta que debía celebrarse en México y recaudar fondos para las víctimas del fascismo. El barco que transportaba las obras de 121 artistas catalanes, fletado por la Generalidad de Cataluña, fue capturado por el bando nacional y las obras confiscadas y trasladadas a Burgos.

A pesar de las reiteradas participaciones en concursos y exposiciones colectivas de todo tipo, Teresa Condeminas no llevó a cabo ninguna exposición individual hasta enero de 1948, en el que se estrenó en la Sala Gaspar.

«Plenitud»

Posiblemente su producción no fue demasiado regular, pero siempre se mantuvo fiel a su manera de pintar, a su clasicismo-novecentismo de la primera época.

Cultivó casi todos los géneros pictóricos: paisajes, bodegones, figuras y sobre todo, desnudos femeninos de formas redondeadas, clásicas, claramente novecentistas. Los desnudos femeninos ocuparon un relevante papel en su producción de los años 30. En ellos queda patente su técnica cuidada y el refinamiento empleado en la representación de los cuerpos desnudos de texturas nacaradas, de líneas perfectas, de composiciones estudiadas y pinceladas tan suaves que parecen casi imperceptibles; en definitiva, unos rasgos que junto con el tratamiento de las telas llevaron a los críticos a hablar de pintura ingresiana.

Con todo, sus figuras respiran cierta frialdad cercana a una falta de sentimiento o una actitud extremadamente distante que posiblemente la llevaron a una obsesiva representación de los rostros, repetidos muchas veces, algunos de los cuales tienen cierta apariencia de máscara picassiana.

Su manera de hacer ha sido considerada de pulcra, reposada y de un perfecto clasicismo.

Sus desnudos y las representaciones de figuras femeninas se pueden considerar como los últimos coletazos del clasicismo novecentista.

También se dedicó a la docencia: impartió clases de dibujo y de pintura en su estudio situado en los alrededores de la Sagrada Familia de Barcelona.

Teresa Condeminas se casó con el también pintor Lluís Muntané Muns (1899-1987), que fuera Director de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (1945-48), donde ejerció de profesor hasta su jubilación.

Al quedar viuda, vivió sola en su casa, teniendo su estudio en la cuarta planta de su mismo edificio y pintando hasta los 95 años de edad.

Bibliografía y Webgrafía

Lluïsa Sala y Tubert, En torn a la figura artística de la pintora Teresa Condeminas, «Revista de Catalunya» (Barcelona), junio de 2004, págs. 65-92

www.gacetadebellasartes.es

Referencias

Saltar a:a b Emiliano Vega (29 de septiembre de 2009). «Teresa Condeminas, en el ‘Espacio Dedicado’ del Museo Provincial». El Mundo (España). Consultado el 3 de enero de 2013.

Referencias 

↑ Ir a:1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 « Teresa Condeminas Soler ». Diccionario Biográfico de Mujeres Barcelona: Asociación Instituto Joan Lluís Vives Web ( CC-BY-SA vía OTRS ). [Consulta: 27 de marzo 2018].

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Sala y Tubert, Luisa (2004). «En torno a la figura artística de la pintora Teresa Condeminas» Revista de Cataluña, núm. 196 (junio de 2004) Barcelona, ​​p. 65-92.

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Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Joaquina Zamora Sarrate

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

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Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

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JOAQUINA ZAMORA SARRATE

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ZAMORA SERRATE, Joaquina Pintora. 1922 26.may.1898 Zaragoza / Madrid.2. agosto.1999

Joaquina Zamora Serrate, veterana asociada, primera mujer licenciada en Bellas Artes por la Academia de San Fernando en 1931, falleció a los 101 años, fue una pintora y profesora de dibujo española.

Inició sus estudios de dibujo y pintura con Enrique Gregorio Rocasolano, profesor de Dibujo y de los talleres de pintura del Hospicio Provincial. En 1924 la Diputación Provincial de Zaragoza le concedió una beca que le permitió matricularse en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de San Fernando en Madrid, en donde estudió tres años, y uno más prorrogado.

Tuvo el honor de ser la primera mujer que accedía a este centro. Fueron sus maestros, entre otros, Julio Romero de Torres, Cecilio Pla, José Moreno Carbonero o Rafael Doménech.

Allí se especializó en bodegones, retratos y temas paisajísticos.

En 1919 participó por primera vez en una exposición colectiva en Zaragoza, en una muestra de pintores nóveles e independientes. En 1933 realizó su primera individual junto a las obras del escultor Ángel Bayod. Ambas tuvieron lugar en el Casino Mercantil de Zaragoza.

Durante la Guerra Civil destacó como enfermera recibiendo la Medalla de Campaña por los servicios prestados. Marchó después a Francia con la Cruz Roja y a su regreso participó activamente en la vida artística de Zaragoza.

Joaquina Zamora se presentó ante la Junta de Burgos para pedir el reingreso en la capital navarra; sin embargo, fue destinada a Calatayud, donde permaneció unos años y a cuya biblioteca «Gracián» hizo donación de dos obras suyas muy interesantes, a través de la Diputación de Zaragoza. Se trataba de «El Viejo» y «Plazoleta de Ansó», que el entonces Presidente de la Corporación provincial, agradeció mucho por tratarse de obra de una «distinguida señorita pensionada que fue por la Diputación».

En el año 1939 ingresa en el Estudio Goya de Zaragoza, porque, por una parte, podía seguir practicando con modelos del natural e involucrarse en el ambiente de los artistas, participando de las mismas inquietudes y exposiciones que avalaba el Estudio, y, por otra parte, porque con esta actividad de mayor cultivo espiritual, podía evadirse de la asfixiante presión que sobre una laboriosa y competente jovencita ejercía el sobrevivir de una pequeña población de provincias de la posguerra rural. Y porque, además, vocación obligaba.

El 12 de abril de 1940 participa en el Salón de Artistas Aragoneses, en su V Edición de Pintura y Escultura, con un retrato femenino y dos paisajes, posiblemente pintados años antes.

Participa también en la gran Exposición Regional de Bellas Artes del XIX Centenario de la Virgen del Pilar, en la que destacaban sus notables paisajes titulados «Calle de Ansó» y «Plaza de Albarracín». Este último comprado por el Ayuntamiento de Zaragoza, a propuesta de la Comisión de Gobernación.

Lo curioso de las obras presentadas por Joaquina, fue que una de ellas, la de Ansó, era un lienzo reutilizado, pintado en su dorso, en el que aparece esbozado el torso de una bella modelo femenina desnuda y llena de una muy aparente sensualidad, correctísimo de dibujo, muy propio de la moda estética de mediados de los años veinte y que, por lo demás, coincide con el apunte académico que realizara durante su primer año de estancia en la Escuela Superior de San Fernando. El de la plaza de Albarracín, por su parte, era un óleo que había expuesto en su individual de Pamplona, en febrero de 1936.

La adquisición de su obra por parte del Ayuntamiento de Zaragoza, animó sobremanera a Joaquina Zamora para, no solo seguir intentándolo en el terreno de la pintura, sino para estar resuelta, además, a dedicarse exclusivamente a ello, incluso abandonando las clases de Calatayud donde, por cierto, apenas le quedaban ánimos para pintar, ya que no se prodigó en obras realizadas durante su estancia en la ciudad bilbilitana, pues no hay constancia de que sus rincones urbanos o paisajes fueran reflejados en sus lienzos y, por contra, a las exposiciones en las que participa durante aquellos años manda obras referidas a localidades como Ansó, Albarracín o a la propia ciudad de Zaragoza.

Sea como fuere, Joaquina Zamora dejó Calatayud a finales de 1941, para pasar a dar clases en el Instituto «Miguel Servet» de Zaragoza, durante el siguiente año; no obstante, y como ella afirmaba: «pronto me cansé de la pobreza de sueldos del Estado, dejando la enseñanza oficial». En consecuencia, decidió abrir una academia de dibujo y pintura en su propio domicilio de la calle Pignatelli, 88, al que acudieron jóvenes decididos a ser pintores como Juanito Borobia, Martínez Lafuente, Pilar Burges, Pilar Aranda,…

El año 1942 para Joaquina Zamora supondría un espaldarazo definitivo en su consideración como artista, entre otras cosas porque la Comisión Gestora de la Diputación Provincial la designa para formar parte del Tribunal de Oposición que ha de juzgar a los aspirantes presentados a la rebautizada edición de la Pensión de Pintura como «Beca Francisco Pradilla», dotada con 5.000 pesetas anuales por dos años improrrogables.

Los buenos comentarios sobre su arte debieron llegar a los oídos de los responsables de la barcelonesa Sala Gaspar, por parte de críticos y coleccionistas, para que en ese mismo año de su apertura como galería de arte en Zaragoza, decidiesen organizar una muestra individual a nuestra pintora, entre el 7 y el 14 de noviembre. Sin ninguna duda era una pintura interesante, tenía la factura de quien se había disciplinado en la Escuela Superior de San Fernando, respondía a las exigencias de una obra admitida en una Nacional y, por si fuera poco, era la creación de una mujer culta, comedida y muy inteligente, valores, sin duda, muy apreciados por los aviesos y emprendedores comerciantes artísticos catalanes.

Joaquina Zamora por su condición de mujer se enfrentó al impedimento para manifestarse con plenitud artística pero, también, dada su académica formación consigue atemperar prejuicios pictóricos, aunque su caso de «rara avis» entre la profesión, cuando menos hacía proferir expresiones tan cumplidas entre los críticos como «decoro artístico», «fina sensibilidad», «personalidad poco común», o «airoso encomio».

No obstante, su riesgo, su gran fe y su entusiasmo fueron «dignos del triunfo y su exposición individual en la «Sala Gaspar» prestigió definitivamente su labor para toda la posguerra, e incluso le sirvió para dar el paso definitivo al abrir su propio Estudio Zamora de dibujo y pintura, con el que pretendía independizarse económicamente para poder seguir pintando con cierta libertad.

Pero acudió a la cita con toda una serie de obras realizadas con mucha anterioridad y otras pintadas, como pudo, sobre tela reutilizada de sacas de harina o talegas, tal era la escasez y penuria general de aquellos difíciles años, para presentar con dignidad lo más florido de su arte que, en realidad, iniciaba una nueva carrera hacia la introspección e intelectualización de los temas y asuntos, como ya se manifestaba en su cuadro «Galas y juegos», cuya aparente y cándida inocencia temática a primera vista, un bodegón, sin más, muy académicamente resuelto, encerraba unas sutiles dosis de «surrealismo», bajo el siempre irónico trasunto de una «vanitas», que representaba con diversos objetos femeninos de aquella actualidad. Como ya sabemos, con este cuadro había participado en la Nacional de Barcelona recientemente.

Joaquina Zamora gozaba de muy buena estima profesional. Su consideración también llegaba a su Academia o Estudio de dibujo y pintura, a la que se dedicaba en cuerpo y alma, pues no en vano su sólida formación académica le hacía ser muy exigente con sus discípulos, en su mayor parte alumnas. Así que, entre la enseñanza y la práctica de la pintura en su propio estudio, fue pasando por los oscuros años de la década.

Su pintura siempre ha destacado por la corrección del dibujo; la organización de las masas de color, dependiendo de la iluminación, y por la sequedad y severidad de su pincelada, quizá como herencia inevitable de los que fueron sus maestros y sus más admirados artistas. Su estudio lo tuvo abierto y mantenido con encomiable ilusión hasta que marchó a Tarazona, en 1950, para dedicarse de nuevo a la enseñanza del dibujo en el Instituto Laboral turiasonense, coincidiendo con la reciente creación de quince de ellos en toda España.

Obtuvo plaza de Catedrática Numeraria de Institutos Técnicos de Enseñanza Media en 1960, siendo la primera mujer en lograrlo.

Tres años después es nombrada Consejera nata del Centro de Estudios Turiasonenses de la Institución «Fernando el Católico».

Primer Premio del Ayuntamiento de Zaragoza en la Exposición-Concurso Rincones y Jardines, en 1943.

Primer Premio del Concurso de copias de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, en 1944, al ejecutar una copia de la «Virgen con Niño» de ISEMBRANDT La espectacular copia de esa tabla flamenca del siglo XVI que efectuó Joaquina Zamora la llevó, casi involuntariamente, a revivir sus antiguas ejercitaciones como copista en el Museo del Prado durante su estancia madrileña, ya que, a partir de entonces, puede decirse que le Ilovieron los encargos de este tipo.

Treinta exposiciones, varios premios de su ciudad, pero fue la enseñanza la que ocupó gran parte de su vida. De hecho, abrió su propia academia, además de impartir clases en Pamplona, Calatayud, Tarazona o Zaragoza.

Su obra cercana al impresionismo es, en gran parte, propiedad de la Diputación Provincial de Zaragoza. La pintora legó la mayor parte de ella a la institución antes de fallecer, cuando también recibió la Medalla de Oro de Santa Isabel, que concede la Diputación de Zaragoza.

Dentro de la época destaca por su espíritu independiente y por su aportación en tareas docentes.

La pintora Joaquina Zamora falleció cuando le quedaban tres meses para cumplir los 101 años. La decana de los artistas plásticos de Aragón fue enterrada en su ciudad natal, la misma en la que vivió los últimos años de su vida.