Publicadas las bases del Cartel Anunciador del 86 Salón de Otoño 2019

Como todos los años, en el mes de enero queda abierta la convocatoria, exclusiva para los socios de la AEPE, del Cartel Anunciador del 86 Salón de Otoño 2019.

La importancia que está cobrando esta cita queda de manifiesto al convertirse en la imagen visual de la convocatoria, con la publicidad en distintos medios que ello conlleva, una oportunidad única para los socios de hacerse más visibles y estar presente en las distintas redes de comunicación sociales como facebook, twitter e Instagram, en las que tiene presencia real la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Incentivos que unidos a la promoción del evento y la cartelería utilizada en la convocatoria, se convierten en un anuncio del artista y del evento.

Tal y como señala el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo López, al cerrar su intervención en la inauguración de la pasada edición del Salón de Otoño, “ya estamos preparando y trabajando en el 86 Salón de Otoño”, y buena prueba de ello es la convocatoria que se publica, para una gran cita artística del arte y la cultura como es el tradicional Salón de Otoño, y todo ello, de la mano de esta Asociación Española de Pintores y Escultores.

Recordemos que en pasadas ediciones los ganadores del certamen fueron José Manuel Chamorro, Manuel Gracia, Carmen Durán, Rodrigo Hurtado Parra y Luis Javier Gayá.

Bases del concurso del cartel anunciador 86 Salón Otoño 2019

 

 

 

 

Fallece Julio López, el escultor del alma

La Asociación Española de Pintores y Escultores quiere expresar su más sentido pésame por la triste pérdida de uno de los más grandes artistas de España, a sus familiares y amigos, especialmente a sus hijas y a Marisa y Miguel Ángel Codina, a quien unía una estrecha amistad.

José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, junto a Julio López y S.M. la Reina Doña Sofía, Presidenta de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en el acto de entrega del 50 Premio que lleva su nombre

El escultor Julio López Hernández, perteneciente al grupo de los «Realistas de Madrid», falleció el pasado día 8 de mayo de 2018, en una clínica de Madrid, a la edad de 88 años,  donde estaba internado desde hace un mes tras sufrir un ictus.

Julio López pertenecía al grupo de grandes artistas, junto con Antonio López, y su propio hermano Francisco, fallecido en enero de 2017, que en la década de los 50 retomaron una alternativa de la tradición realista, con el llamado realismo mágico o transcendente, alejado del realismo más académico y del vanguardismo que en esa época cultivaron Saura, Tápies y Millares.

De hecho, defendía el realismo como una de las expresiones artísticas propias de la actualidad: «El realismo está hoy tan vigente como la abstracción.

Julio López formaba parte junto con su mujer, la pintora Esperanza Parada, del grupo histórico y generacional de pintores y escultores que vivieron y trabajaron en Madrid desde la década de 1950, unidos tanto por el vínculo de su formación y de su trabajo como por sus relaciones personales y familiares.

Además de por este matrimonio, el grupo estaba compuesto por Antonio López García, su esposa, María Moreno, el escultor Francisco López Hernández, hermano de Julio, su mujer, la pintora Isabel Quintanilla y Amalia Avia, casada con el artista Lucio Muñoz. Aunque no todos ellos habían nacido en Madrid, esta ciudad fue el lugar principal de residencia y trabajo.

Hijo y nieto de orfebres, nació en Madrid en 1930. Se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, y con 19 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde entabló amistad con otros artistas como Antonio López García y Lucio Muñoz. Obtuvo una beca del Liceo Francés y la Pensión de Bellas Artes de la Fundación Juan March, lo que le permitió ampliar su formación en Francia e Italia.

En 1962 contrajo matrimonio con la pintora Esperanza Parada (fallecida en 2011), con la que tuvo dos hijas, modelos de muchas de sus obras. Desde 1970, ejerció como profesor de Modelado en la Escuela de Artes y Oficios. A lo largo de su vida, recibió numerosos premios y distinciones, entre ellos, el Premio Nacional de Artes Plásticas 1982, el Premio Nacional de Medalla Tomás Francisco Prieto de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. En 1986, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Julio López ha volado hoy en Madrid

Desde sus primeras tallas religiosas, evoluciona del expresionismo al realismo y sus obras van ganando cotidianeidad, con el bronce como material más empleado y una gran relevancia a las texturas. A principios de los 50, participó en el Proyecto de Escuela de Escultores de Coca, donde conoció a César Montaña y Eduardo Capa. Algunas de sus grandes obras públicas son el torso de Jorge Manrique, el monumento a Federico García Lorca o el busto de Fernando de los Ríos.

Desde su primera exposición individual en 1965, en la Galería Juana Mordó de Madrid, su obra ha sido expuesta en importantes salas de todo el territorio nacional, desde la Fundación Rodríguez Acosta de Granada a la Caja de Ahorros de Asturias, el Monasterio de San Francisco en Cáceres, el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, la Fundación Santillana o la Galería Leandro Navarro de Madrid.

Sus obras se pueden encontrar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, Museo Nacional de la Moneda, Museo de Figueira de Foz, Museum Atheneum de Helsinki, Muzeum Sztuki Medalierskiej de Varsovia, British Museum, Museo Vaticano, Colección Fundación Juan March, Museo al Aire Libre de Hakone (Japón), Museo del Prado, Palais de l´Europe (Estrasburgo) y Chase Manhattan Bank (Nueva York), entre otros.

A los 88 años, continuaba trabajando incansable. El año pasado inauguró dos exposiciones en Madrid: fue uno de los protagonistas de la muestra que el Museo Thyssen dedicó al realismo madrileño y expuso en solitario en la Academia de Bellas Artes. “Mis esculturas se reencuentran y dialogan con los dibujos que las originaron. Yo hago dibujos muy acabados, que no son bocetos, y de grandes dimensiones. Son la esencia de la creación de un escultor».

Al quedarse viudo empezó también a escribir. Publicó además el libro «Notas a pie de obra», en el que hacía comentarios sobre «la médula de mis creaciones». Algunas de sus piezas más conocidas, como «El pintor del Prado» o los homenajes a Lorca, lucen en las calles y plazas de Madrid, como en la de Santa Ana, el Teatro Español o al pie del Museo del Prado.

Su relación con la Asociación Española de Pintores y Escultores comenzó en el año 2013, cuando el recién nombrado Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, le invitó a participar en el Jurado del que fue el 80 Salón de Otoño. Su amistad venía ya de lejos, y eso facilitó que quisiera participar en el proyecto.

De izquierda a derecha: Tomás Paredes, Julio López, Antonio López, Rafael López-Sors, Mª Dolores Barreda Pérez, José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Alma Ramas y Lucas Ferreira, Jurado del 80 Salón de Otoño

 

El consejo de sabios que reunió José Gabriel Astudillo en mayo de 2014, en una  importante reunión de trabajo a la que asistieron el pintor manchego Antonio López, el escultor madrileño Julio López, el Catedrático de la Facultad de Bellas Artes de la UCM, José Mª Cuasante y el Doctor en Dibujo de la Facultad de Bellas Artes de la UCM, Luis Mayo, sentó las bases del que sería en nuevo Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura, fruto de las directrices de los “grandes maestros del arte actuales”, que desde hacía ya tiempo, mostraban una muy positiva disposición a colaborar con la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Esta actitud se vio muy pronto reflejada a través de su participación en los Jurados de los Salones de Otoño correspondientes a las ediciones número 80, 81, 82, 83 y 84, así como del 50, 51, 52 y 53 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura.

De izquierda a derecha: Mª Dolores Barreda Pérez, José Vicente Moreno, Rafael López-Sors, Eduardo Naranjo, Antonio López, José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Tomás Paredes, Rafael Canogar, Javier Rubio y Julio López, en otro Jurado del  Salón de Otoño

 

El 21 de febrero de 2014, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores tenía el honor de entregar a Julio López la Medalla de Honor de la AEPE, en reconocimiento a su personalísimo estilo realista y fuera de los cánones académicos y a la revitalización lograda del espíritu clasicista.

Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, Julio López y José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores

El homenaje espontáneo, nacido del corazón de todos los que formamos la Asociación Española de Pintores y Escultores, no sólo quiso recordar al genial escultor en su vertiente artística, sino que hizo especial hincapié en los valores humanos que siempre han rodeado a la persona de Julio López.

José Gabriel Astudillo lo reflejó muy acertadamente cuando expresó que este renovador de la escultura siempre se ha caracterizado por “el profundo respeto hacia la obra y estilo de los demás artistas y creadores, por su trato amable y cortés, por el profundo amor a su familia, por la honestidad reflejada en sus acciones y palabras,… todo ello no son más que la demostración tangible de la grandeza de su alma, de la generosidad de su corazón y de la rectitud de sus sentimientos”.

 

 

El emotivo acto de la entrega de la Medalla de Honor de la AEPE a Julio López

Y sobre todos estos valores, Astudillo destacó el del compañerismo, “del que sus propios amigos pueden dar buena fe y que junto a su cordialidad son los valores que más enriquecen su vida. Por eso, para esta Asociación Española de Pintores y Escultores es un honor otorgar esta distinción a un excelente escultor y a una extraordinaria persona”.

En el mismo acto, la Secretaria General de la AEPE, Mª Dolores Barreda Pérez, realizó una semblanza personal del homenajeado, en el que decía que …”Julio López ha sido siempre un artista lleno de nobles ideales. Lo que más me gustaría destacar de él es el hecho innegable, de que antes que escultor, antes que artista, es una buena persona que está llena de valores humanos… Me gustaría también poderles transmitir algo que no viene escrito en ninguna biografía, ni aparece en internet, ni encontramos en los libros que sobre él hablan: me refiero a su profunda humanidad, a los valores humanos que siempre le han caracterizado…. Los valores que atesora Julio López son las cualidades de su alma, son los principios que siempre le han impulsado a luchar por la vida, por su trabajo, por su estilo… Su profundo respeto hacia la obra y estilo de los demás artistas y creadores, su trato amable y cortés, el profundo amor a su familia, el reconocimiento de las virtudes de los demás, la responsabilidad que le otorga crédito y confianza, su esfuerzo y compromiso, la solidaridad que ha demostrado al sensibilizarse con las necesidades que esta Asociación le manifestó, la honestidad reflejada en sus acciones y palabras,… todo ello no son más que la demostración tangible de la grandeza de su alma, de la generosidad de su corazón y de la rectitud de sus sentimientos…

Con este motivo,  en febrero de 2014 se publicaron además la entrevista que al escultor realizó Mª Dolores Barreda Pérez, y el extracto de una tarde de diálogo compartida a tres bandas con el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y que pueden verse en la web, en los siguientes enlaces: http://www.apintoresyescultores.es/entrevista-a-julio-lopez-hernandez/

y http://www.apintoresyescultores.es/a-tres-bandas-julio-lopez-astudillo-barreda/

 

Julio López siguió colaborando con la Asociación Española de Pintores y Escultores en otro tipo de actuaciones, como su participación en la exposición que bajo el título de “Tres siglos de escultura: Fundición Codina”, comisariadas por la AEPE, se llevaron a cabo en Alcorcón, Getafe y Leganés en el año 2014.

El pasado viernes 4 de mayo, inauguramos en Toledo la mejor exposición de escultura de todas las que se celebrarán en España en este año 2018. Una exposición que se acaba de convertir en el mayor homenaje que pudiéramos hacer al artista, puesto que Julio López está presente en “EScultura” con cuatro piezas, siendo la imagen de portada del catálogo la penúltima escultura que realizó, ya que la que es la última, se encuentra en la Fundición Codina, en donde Julio trabajaba con ella.

Este es el texto que nos ha hecho llegar una de sus hijas, “Queridos todos, mi padre falleció esta mañana tranquilo y sedado. Había empeorado mucho el domingo. Se ha ido luchando hasta el final y con la discreción y elegancia que le caracterizaban. Estamos seguras que ahora sostiene una conversación con sus grandes amigos Lucio y Amalia, que está con su hermano y sobre todo que se ha reencontrado con mi madre a la que echaba tantísimo de menos. Un abrazo a todos y mil gracias por el cariño y admiración que le teníais”.

D.E.P.

José López Jiménez o Bernardino de Pantorba

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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No es el primer año en el que contamos con la especial colaboración en nuestra centenaria institución de becarios de distintas universidades madrileñas, estudiantes que nos ayudan en nuestro trabajo diario en los distintos departamentos que tiene organizados la entidad.

Nos nutrimos de universidades y de especialidades como periodismo, historia del arte, bellas artes y publicidad, con alumnos muy bien formados, ilusionados y deseosos de conocer el funcionamiento de una gran institución como la nuestra, asombrados por su maravillosa historia, deslumbrados por su legado y significación, de forma que vienen a nosotros con cartas de recomendación de importantísimas fundaciones y museos españoles.

Para nosotros son auténticos profesionales que desarrollan su trabajo junto a nosotros, en un servicio a la propia entidad y a los socios, de forma que toda esa teoría adquirida en los años de carrera, pueden llevarla a la práctica de forma completamente profesional y exitosa para todos.

La prueba de ello es que cada año son más los estudiantes que intentan realizar sus prácticas como becarios en la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Previa a su aceptación, como Secretaria General de la institución, y siempre con la inestimable ayuda de la Asesora de Presidencia, Itziar Zabalza Murillo, de la Vocal Alicia Sánchez Carmona y a veces del Bibliotecario de la AEPE, Fernando de Marta y Sebastián, realizamos una entrevista personalizada a cada aspirante, intentando determinar el grado de implicación de cada uno de ellos, de forma que podamos asignarles el trabajo más conveniente y para el que consideramos está más capacitado.

Este año, en el transcurso de las entrevistas, pregunté a los becarios si sabían quién era Bernardino de Pantorba, intentando presumir de alguna forma de uno de los más ilustres socios de nuestra entidad y cuyo nombre lleva el Archivo Histórico que en el año 2013 creara José Gabriel Astudillo López, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, para quien es prioritario conservar, clasificar, digitalizar y preservar para las generaciones futuras, todo lo relativo a la historia de la institución.

Más allá del nombre del archivo, nadie conocía a Bernardino de Pantorba. Ni los becarios de bellas artes ni los de historia del arte, ni los de periodismo ni por supuesto, los de publicidad. Me asombró ese desconocimiento tan sincero y natural. Y eso me hizo plantearme cómo es posible que un personaje como José López Jiménez, de tanta trascendencia para la historia del arte en España, fuera completamente desconocido a las generaciones actuales.

Como historiador, José López Jiménez destacó por sus espléndidos estudios dedicados a los maestros de la pintura española del siglo XX; como investigador, sus monografías sobre artistas de otros siglos y coetáneos a él mismo; como crítico de arte es imposible no mencionar su análisis de las obras de los grandes genios; como bibliógrafo y tratadista, destacarían también sus obras dedicadas a la historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes; y como pintor, entendía el difícil arte de la creación que él mismo llevaba a cabo con un trazo exquisito, estudiado y suelto en unos paisajes clásicos de ejecución moderna y perfecto resultado.

Así, a grandes rasgos, es lo mínimo que deberíamos dar a conocer de este gran investigador del arte del siglo XX. Y además, tenemos la inmensa suerte de que fue socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1923 y Socio de Honor en el de 1924.

De su biografía se puede estar puntualmente informado a través de las múltiples entradas que proporciona cualquier buscador a través de internet, por lo que omito datos biográficos, distinciones, premios, obras publicadas, instituciones a las que perteneció, conferencias que impartió… Sólo quiero centrarme en su relación con la Asociación Española de Pintores y Escultores, para que además de nuestros becarios, todos nuestros socios puedan apreciar la inmensa y prolífica actividad que desplegó Bernardino de Pantorba.

Hijo del pintor Ricardo López Cabrera y nieto de José Jiménez Aranda, participó con distintas obras en el Salón de Otoño de 1921, así como en la Bienal de Venecia de 1927; Segunda Medalla de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, Tercera Medalla de la Exposición Nacional de 1930; Primera Medalla del Salón de Otoño de 1948, participó también en el Salón de Otoño de los años 1922, 1929 y 1930, siendo miembro del Jurado en los de 1930 y 1948.

Pronunció numerosas conferencias dentro de las actividades propias de la Asociación Española de Pintores y Escultores, como la que en torno a Jiménez Aranda realizó nuestra entidad, con motivo de la inauguración de una exposición sobre su obra, en 1943.

José López Jiménez dirigió además la Gaceta de Bellas Artes, órgano de comunicación de la entidad, para la que escribió además unos ciento cincuenta artículos.

Vocal de la Junta Directiva de 1925 a 1927 y de 1947 a 1955, su estrecho contacto con la institución, nunca lo alejó de sus actividades pese al constante y continuo trabajo que llevó a cabo.

Pero más allá de estos datos, por los que tampoco será recordado por los becarios venideros, he querido acercarme un poco más a su personalidad jocosa y averiguar dónde y cómo y cuándo José López Jiménez llegó a ser Bernardino de Pantorba. Esa otra historia acerca de él que en ninguna enciclopedia ni entrada a internet encontraremos.

Él mismo lo explicaba, en una deliciosa conferencia que pronunció en el Ateneo de Madrid, cargada de recuerdos, reflexiones personales y anécdotas simpatiquísimas en las que descubre cómo realizó su transformación…

…“Me pusieron el mismo nombre de pila de mi abuelo. José López Jiménez. Dos jotas, dos zetas y tres acentos… Véase mi carnet de identidad. Soy yo y no ninguno de los otros doscientos cincuenta mil José López Jiménez que andarán por España y América a estas horas…

¿Existe en el mundo alguien que, efectivamente, se llame Bernardino de Pantorba? Juraría que no. He buscado la palabra durante más de medio siglo con la ayuda de un equipo numeroso y especializado en la busca y captura de cosas raras y objetos perdidos; amigos tan desocupados como complacientes, han consultado diccionarios enciclopédicos de todos los idiomas… los libros de geografía, historia y ciencia… los volúmenes gordos de fauna y la flora del mundo entero… todas las guías de teléfonos y listas electorales de los países democráticos… todos los secretos archivos policíacos de todas las naciones donde hay exceso de policía… hasta los nombres de todos los poetas y novelistas premiados y de todos los que hoy se llaman pintores… y nada. No ha salido jamás el vocablo “Pantorba”, ni como apellido, ni como lugar geográfico, ni como sustantivo, ni como adjetivo, ni como insulto, ni como ajo impronunciable, ni como personaje literario, ni como persona histórica, ni como voz en desuso, ni como nombre de objeto ignorado, bicho desaparecido, sustancia extraña, materia prohibitiva o cosa desconocida… ni como nombre de animal salvaje… no existe la palabra… Las ocho sílabas del Bernardino de Pantorba suenan bien. Forman un octosílabo perfecto…

Cuando yo tenía diez años estudiaba en un colegio de Sevilla… El maestro, un cervantista irreductible, nos ponía como libro de lectura diaria el titulado “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”… y como chicos que éramos, nos gustaban muchísimo más los recreos y decíamos todos: “Ya quisiera ese don Quijote de las Manchas ser como Bertoldo, Beroldino y Cacaseno”… como yo tenía unos indicios de comienzos de principiante de aprendiz de escritorcito, les dije a mis compañerillos que aquello de la lectura había que arreglarlo y que lo iba a arreglar yo, y en seguidita. Porque yo, Pepito López, me comprometía a escribir en poco tiempo un libro muy bueno para que pudiéramos leerlo en el colegio… arrinconando ya de una vez para siempre la lata aquella del “Don Quijote”. Empecé a escribir el libro, en casa y a hurtadillas de mi escamado padre. Le puse en la primea hoja de papel este título original sólo a medias: “El Ingenioso Hidalgo Don Bernardino de Pantorba”. Y comenzaba así: “En un lugar de Andalucía, del cual no me quiero acordar, porque no me da la gana, vivía un hidalgo”…. Enfrascado en aquel asqueroso plagio estuve algo más de dos meses… Al fin me cansé de tanta letra, tanta coma, tanto lápiz y tanta tachadura y, ya aburrido, como un novelista de verdad… acabé por abandonarlo todo al paso de los siglos…

Cómo entró en mis sesos la rarísima palabra “Pantorba”… eso es cosa que yo nunca supe… resulta más lógico que en una tierna cabeza infantil surgiera eso de “Bernardino de Pantorba” que no, por dar ejemplos, esas horrendas palabras “Epaminondas, Pompeyánico y Nabucodonosorcito”, con las cuales han sido atormentados los infantiles estudiantes de Historia…

Pasaron muchos años…

… Me había dicho mi padre que, cuando llegara yo a Madrid, me presentase a su buen amigo Mariano Benlliure, seguro de que él me tendería una mano y ayudaría en mi escalada a la fama… fui a verle… me presenté y aquella tarde llegaron a su casa, cuatro visitantes… Don Mariano recibía muchísimas visitas… A cada uno de los que llegaban me fue presentando, siempre muy amablemente, pero nunca de la misma manera: “Aquí le presento a mi joven y nuevo amigo el artista López Cabrera”… “Este es mi joven y excelente amigo el artista Jiménez Aranda”… “Mi joven y muy querido amigo el artista Aranda López”… y “Mi joven amigo íntimo Cabrera Jiménez”… Manejó los cuatro apellidos a su antojo y ni una sola vez acertó. Entonces, ¿cómo me llamaba yo…? ¿Con qué apellido iba yo a subir a la Gloria….?… No había tiempo que perder. ¡El seudónimo!¡Y pronto!… Uno de mis amigos músicos me aconsejó el de José Cabreranda… ¿Y eso me lo proponía un hombre que había estudiado a Bach?… Otro amigacho, el de Nezmeji Pezlo Sejo… Tu firma verdadera pero puestas las sílabas al revés…

El asunto grave de mi seudónimo todavía no adoptado y ya sopapeado fue tratado a fondo en una modesta tertulia cafeteril de Madrid, donde nos reuníamos ocho o diez artistas y escritores… y a los que acudí pidiéndoles, por favor, me ayudaran heroicamente en tan benemérito propósito… Manejaron sobre aquella mesa de café los seudónimos, motes y apodos más relumbrantes de la historia patria… como Fígaro, el Greco, Clarín, Fray Candil, Parmeno, Bombita, Machaquito, Don Tancredo, la Chelito, la Niña de los Peines…

Uno de ellos dijo que lo importante está en el apellido segundo, y a veces en el primero. Para llamar la atención, hay que tener un segundo apellido o uno que valga por los dos. Eso es lo que vale y lo que da sonido y tono. Porque, ¿Qué sería de Pérez sin su Galdós?… ¿Adónde irían Romero sin Torres, Aniceto sin Marinas, Ramón sin Casas, Eduardo sin Rosales, el Conde Duque sin Olivares?… Apartad a Luis de sus Candelas, cortadle a Leopoldo sus Alas, extraedle a Concha su Espina… si despojamos a Pastora de su Imperio ¿qué ocurriría?…

Me retiré a mi domicilio donde me acosté, insomne, desasosegado… el sueño de aquella noche fue estremecedor, apocalíptico… detrás de mí, persiguiéndome, una figura semihumana… con voz cavernosa aullaba: “Bernar… dinoooo de Pan…torbaaa! ¿Qué has hecho… de mí…? ¿No se acuerda de mí… tu negra ingratitud…? Y en seguida, el tonante clamor de Jesús en la cruz: “Eli, Eli! ¿Lama sabachtani…?”…

El último día del año 1921 puse por última vez en un trabajo mío la honrada firma mía: José López Jiménez. Esos años de danza pantorbiana, más los de meneo lopezco, tras los días de pataleos infantiles… el amor constante, sin largos descansos, a mi gustoso trabajo… he alcanzado una suma de afanes, ilusiones y quehaceres cuya enumeración, por lo larga, no es posible traer aquí… He pintado más de 800 paisajes, he hecho unos 500 retratos, he celebrado 15 exposiciones de mis obras, he publicado, entre libros y fascículos, cerca de 80 títulos de historia, arte y crítica, he dado a conocer en revistas y diarios tantos trabajos míos que aún no he tenido tiempo de contarlos… he concurrido a 28 Certámenes de arte… he recibido 14 premios, distinciones y honores… he dado más de 60 conferencias y lecturas… he sido director literario, he dirigido una revista de arte, he sido corresponsal de dos revistas argentinas… he ejercido la enseñanza como profesor de dibujo… he tenido varios discípulos particulares, he hecho casi dos millares de informes y peritajes de pintura, ha visto libros míos traducidos, he organizado varias exposiciones de grandes pintores, he viajado por gran parte de Europa y conozco sus mejores museos… he hecho dos viajes de trabajo a Norteamérica y 3 cruceros de placer; he tomado el avión unas 40 veces, he oído música de los gloriosos compositores clásicos, he reunido en mis dos pisos más de 500 cuadros y cerca de 20.000 libros; jamás he asistido a un partido de fútbol… no tengo coche propio, no sé lo que es cobrar jubilación; no he estado nunca en la cárcel, no me han dado ningún banquete y me he casado tres veces… ¿Hay quien, con un solo seudónimo, haya cubierto tantas travesías de la vida?…

Para terminar… dicen hoy los jóvenes cuando hacen, agravadas, las mismas tonterías hechas ya por nosotros, que están “viviendo su vida” y, con espantoso barbarismo, que “se están realizando”. También yo he “vivido mi vida” sencillamente porque he preferido “vivir mi vida” a vivir la vida del vecino de enfrente… He vivido y “me he realizado” sin explotar a mis padres, sin ayuda de nadie, sin haber heredado, sin haber gozado de sueldo, de gajes, de ventajas… Sigo en la brecha, ¡a mis años! Las cosas hay que decirlas como son…”

Nada más que añadir.

Bernardino de Pantorba retratado por Marcelino Domingo