En torno a la cultura y al arte: voluntad política o más de lo mismo

Por José Gabriel Astudillo López

 

Desalentador. Con una sola palabra definiríamos las declaraciones del titular de Cultura del gobierno de España al referirse al sector cultural y asegurar que “ya llegará el momento en que tendremos que reimpulsar la cultura y el deporte”. Todos imaginamos cómo se ocupará del mundo del deporte después de tanto tiempo sin un solo partido de fútbol… pero miedo nos da pensar en las medidas que “implementarán” (palabra que ahora está tan de moda) para el sector cultural.

De momento, promete mantener reuniones y una mesa de diálogo permanente con el sector… pero para qué, o es que el propio Ministerio no sabe todavía la problemática del arte y la cultura.

Reuniones que parece ser ya ha tenido con los Consejeros de Cultura de las comunidades, con la Federación Española de Municipios y Provincias y con interlocutores válidos en el sector que parece ser, agrupan a la práctica totalidad de artistas visuales de nuestro país…

Y los demás qué? ¿Los demás no tenemos derecho a opinar? ¿O es que acaso lo que no se quiere realmente es que opinemos? Porque el ejemplo es claro, en el año 2018 todos estos agentes del sector cultural a los que me refiero, se dieron mucha prisa en aprobar el Estatuto del Artista, y a cuyo fracaso hoy asistimos y denunciamos, pues sigue sin dar soluciones a la precariedad de los artistas en España, encontrándonos todavía  completamente desprotegidos al no existir una legislación específica adaptada al sector que contemple nuestra actividad.

Es decir, los interlocutores válidos junto con el gobierno, aprueban un estatuto y se olvidan de desarrollarlo. Es más, personados en el Congreso para hablar con los diputados, nos dan la razón al no contemplarse en el sector como hay muchas profesiones, a los pintores y escultores específicamente, indicándonos que al haberse hecho mal, cuando pasara por el Senado habría que enmendar y corregir todas estas cuestiones. Y yo me pregunto ¿Entonces, para qué tanto correr?

La Asociación Española de Pintores y Escultores trabajaba en ese sentido; de hecho, fue consultada por algunos partidos políticos que encontraron en nosotros y en nuestra institución, razones sobradas para ser consultados, reafirmando nuestro válido papel como interlocutores más que cualificados a la hora de hablar de los problemas de los artistas en España.

Nadie recuerda ya que fue de la Asociación Española de Pintores y Escultores de dónde nació la creación de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura; tampoco que a propuesta de la AEPE se aprobó la Ley de Propiedad Intelectual, pero sin embargo los interlocutores válidos para tratar sobre el arte y la cultura en España parecen ser otros, y los demás, con nuestras opiniones, debe ser que no debemos ser dignos de consulta.

Pedro Poggio y Álvarez (1863-1929), primer Director General de Bellas Artes y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores en 1917

 

Aprobado el Estatuto, todos pasaron página, porque ya no era “necesario” y tampoco era el momento de abordar unas medidas que deben implicar obligatoriamente a distintas áreas de un gobierno como son las tributarias, legislativas, económicas, culturales…

Se nos llena la boca a la hora de decir que el arte es necesario en nuestra sociedad pero, sinceramente, dudo mucho que esta afirmación que encontramos a diario en todo tipo de discursos y publicaciones, sea real.

Y lamento afirmarlo porque algo que no está contemplado en la educación básica de nuestros hijos no podrá nunca ser algo que se valore como debiera.

Los planes de estudio que arrinconan las enseñanzas artísticas, no pueden ser nunca depositarias de la memoria artística de una sociedad simplemente porque no reconocen su importancia. Sin memoria no hay avance, igual que sin patrimonio no hay diversidad.

La crisis de los artistas no es nada nuevo. Venía de lejos y ahora se ve final e inexorablemente agravada, aflorando la precariedad cotidiana y haciendo patente la necesidad de soluciones que no se queden en simples parches.

El artista ha luchado contra ello desde siempre, echando mano a la imaginación, a la reinvención propia de todo proceso creativo, a la acumulación de obras sin salida que llenan espacios físicos y rompen el alma pero a las que no se puede renunciar porque según grita la sociedad, “forman parte de esta estructura democrática a la que pertenecen, haciendo solidaria a nuestra sociedad, explicando así su necesidad obvia”.

Qué palabras tan bonitas y huecas, qué discurso más encantador y vacío… porque si preguntamos a los artistas, el arte así concebido no da de comer, un oficio así concebido no da para ganarse la vida.

Mariano Benlliure, quien fuera Director General de Bellas Artes y Socio Fundador  de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Si el artista se reinventa a cada momento, ¿no debiera reinventarse también todos los problemas asociados al arte? Me refiero a la Ley de Mecenazgo y Patrocinio que tenemos ahí plantada y con la que ocurrirá lo mismo que con el Estatuto del Artista…. que un buen día se hará a toda prisa, diciendo haber contado con el consenso de todos los agentes culturales (mentira que vuelvo a exponer por si cabían dudas al respecto), o con el tema del IVA cultural o las prestaciones y tributaciones a la seguridad social de los artistas y a las que ningún gobierno, ninguna administración, ningún partido político, va a meter mano jamás.

Todo ello, claro está, en beneficio de los artistas. Sobre todo ahora, en que de buenas a primeras, la sociedad cae en la cuenta de que en España hay millones de artistas. El confinamiento ha sacado de cada uno de nosotros un artista que ya se reivindica para cuando pase la cuarentena y se convoca para realizar exposiciones y actividades públicas de todo tipo.

Todos somos artistas. Ese parece ser ahora el lema. Entonces, ¿Qué pasa con los verdaderos artistas, con aquellos que llevan trabajando en esto toda una vida? ¿Qué pasa con aquellos a los que se ha negado una visibilidad que necesitaban? Pues simplemente, que se quedan ahí como mera anécdota, diluidos en el torrente imparable del creciente número de artistas que han aflorado con el desastre.

Es curioso cómo reconoce la sociedad a un individuo cualificado en un campo específico y es incapaz de reconocer que en el arte, como en el resto de profesiones, es necesaria una preparación, una formación, unos estudios y una experiencia para ser denominado como artista.

El intrusismo en nuestra profesión está subvencionado por los poderes públicos que animan a los ciudadanos a manifestar su arte y creatividad. Sin embargo, niega el reconocimiento a quienes se han formado y preparado de alguna manera para ello, igualándolos a quienes sin ningún tipo de preparación, proclaman su arte.

Nos resultaría escandaloso pedir a un abogado que fuera repartiendo recursos y pleiteando de forma altruista, pero nos parece lógico que quienes tienen arte tengan que aportarlo en beneficio de la sociedad así, libre y espontáneamente, amparados por la administración.

Ese desprecio por la profesión es el mayor daño que jamás se haya hecho a un colectivo profesional en una campaña de descrédito implícita a la que asistimos desde hace décadas.

Todo ello agravado por quienes se “intitulan” personas de la cultura, que parece ser son quienes deciden qué es arte y las acciones que cada gobierno que es encumbrado al poder, debe llevar a cabo en el ámbito cultural.

Claro está que todo se reduce al séptimo arte, que nació, creció y sigue multiplicando sus reivindicaciones a costa del erario público y de unos fondos que salen de los impuestos de todos los españoles, que cada acción que realizan está amparada por fondos públicos y cuya libertad se encuentra de esta forma, limitada a quienes se deben. El pago de las lealtades sigue vigente desde el nacimiento mismo de la humanidad.

Sobrevivir literalmente, sin más ayuda que la fe depositada en unas acciones limpias y honestas como es el caso de la Asociación Española de Pintores y Escultores, no vende nada. Sobrevivir sin ningún tipo de subvención, sin costar a los españoles ni un solo euro, sin comprometer nuestra libertad para acusar a quienes viven del cuento, de explotar una imagen y crear una corriente de opinión, no es algo de lo que presumir hoy en día.

Y sin embargo, la AEPE lo hace a diario, por eso su voz está más autorizada que otras en este invento cultural de la sociedad actual; por eso nuestra neutralidad y objetividad están fuera de dudas; por eso no somos consultados por el ministro, nosotros, que creamos la Dirección General de Bellas Artes en la época de Benlliure; nosotros, que organizamos Exposiciones Nacionales e Internacionales, Bienales de Arte…; nosotros, que buscamos únicamente el arte sin ningún tipo de condicionante ni beneficio propio; nosotros, que valoramos a quienes llevan una vida entera dedicada a esto; nosotros, que luchamos por dar visibilidad a los artistas con los escasos medios de que disponemos…

Eduardo Chicharro, Director General de Bellas Artes y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Ahora hablan ya de reflexionar para sacar conclusiones de esta crisis que vivimos a raíz del coronavirus. No, señores, no. La crisis la llevamos sufriendo muchos, muchos años, los mismos que la sociedad lleva mirando hacia otro lado y señalando como cultura falsos mitos y doctrinas, falsos héroes y espejos estéticos, siendo dirigidos por quienes dicen “hacer cultura” en bien de la sociedad.

Y el panorama así, se vuelve desalentador. De esta manera iniciaba esta reflexión tras escuchar las declaraciones del ministro de Cultura. Desalentador y decepcionante, añado. Seguimos pidiendo que los artistas creen gratuitamente frente al resto de profesionales, y no nos avergüenza pedirlo. Esa es la sociedad que dice estar abierta a la cultura y al arte. La que dice necesitar del arte para hacernos más solidarios. Inexplicable.

El arte continuará, siempre lo ha hecho pese a todo. Lo que ya no será igual será lo que llamamos el “mundo del arte”. La degeneración comercial de las mini galerías de arte terminaron de agravar la situación que atravesaba el sector justo antes de la pandemia. Galerías que se habían convertido en salas de exposiciones de alquiler en las que funcionaba la fórmula de la exhibición bajo condiciones de alquiler de espacio.

Quizás sobrevivan porque su función se limita a la cesión de uso de un espacio para el que no van a faltar artistas que tengan la necesidad de exhibir su arte ante la falta de espacios públicos y gratuitos en los que realizarlo.

Decía que el arte continuará existiendo y lo hará porque siempre habrá auténticos artistas, pese a que el “mundo de la cultura” vulgarice e iguale a creadores, siempre quedarán aquellos que “hacen arte” realmente, haciéndose fuertes y destacando frente al resto y pese a toda aquella corriente de opinión que se empeñe en diluirlos con la masa.

El arte es profesionalismo, eficiencia, exigencia, virtuosismo, constancia, práctica…. y por supuesto, genialidad. No todos los artistas la poseen, pero esa será la clave que los distinga y haga sobresalir en una sociedad que cuenta con tantos millones de artistas…

El ministro se empeña en proponer reconocer la cultura como un “bien de primera necesidad”, y quiere hacerlo con un “gran Pacto de Estado por la Cultura”, para la que no se han dado ni fórmulas ni se han adoptado medidas, quedando todo, como siempre, en pura palabrería que suena deliciosa pero sigue hueca. Me río más aún cuando dice que no dejará a nadie fuera, no sabemos de qué o de dónde, pero fuera estamos ya los pintores y escultores con los que no se ha contado, y la carcajada es total cuando asegura que la cultura “debe estar fuera del regateo político” en el que no entramos tampoco jamás… pese a las 21 peticiones de subvenciones de los proyectos y actividades que la AEPE lleva presentados en los últimos 3 años.

Todo continuará, me temo, como siempre… con los “señores de la cultura” encumbrados, con subvenciones, dispendios y apoyos millonarios a sectores audiovisuales, como ya comprobamos por las recientes concedidas a las televisiones… increíble pero cierto, y con el descubrimiento de nuevas formas de hacer cultura a raíz de frases tan tontas como “reivindicar el papel transversal de la cultura”… ¿me quiere explicar alguien qué es el papel transversal de la cultura y cuántas más tonterías tenemos que seguir escuchando acerca de la cultura?

¿Cuesta tanto hablar claro y directo de la cultura y el arte y dejarnos de frases y eufemismos que no dicen nada? Este sería quizás otro artículo para tratar las tonterías que en torno al arte manifiestan los “señores de la cultura”…

Así que sin propuestas serias, claras, definidas, reales y en papel, lo único que puedo decir es que los propios artistas sí estamos capacitados para hablar de arte, para discernir entre lo que es arte, para incluso, gestionar el mundo del arte. La Asociación Española de Pintores y Escultores así lo viene haciendo desde hace ya 110 años, sin ningún tipo de sobrecosto adicional, sin ningún tipo de gravamen, sin ningún afán de lucro o especulación, sin burbujas ni aviesas intenciones, reduciendo costes innecesarios, centrándose únicamente en la exhibición del arte pura y dura, sin artificios. Y lo hacemos bueno, bonito y barato. Cualquiera de nuestras exposiciones cumple el más exigente de los parámetros para dar paso únicamente a la calidad. Los últimos Salones de Otoño, los Premios Reina Sofía de Pintura y Escultura son sólo una muestra de lo que estamos haciendo.

Por eso es urgente revisar las modalidades de actuación vigentes de las administraciones públicas. Quizás una nueva modalidad de pacto público-privado pueda cumplir todas estas expectativas. Una institución como la nuestra está más que capacitada para realizar exposiciones de gran calidad en espacios públicos y llevar a cabo una programación de actividades en las que los artistas, con toda su grandeza y diversidad, puedan exhibir de forma “normal” sus obras y ponerlas al alcance de la sociedad.

Quizás porque es lo que llevamos haciendo ya 110 años, sabemos de lo que hablamos.

Quizás por ello seamos los más cualificados para ser interlocutores válidos ante las administraciones.

Quizás el hecho de que todos nuestros cargos directivos no perciban retribución alguna por el desempeño de su tarea a favor del arte y los artistas, nos haga diferente a quienes cuentan con consejos de administración y puestos más que bien remunerados.

Quizás porque entendemos que el arte es lo primero, seamos conscientes de lo que “cuesta” generar arte.

Quizás por ser artistas entendamos mejor que no hace falta “espectáculo” cuando se ofrece sólo arte.

Quizás sea hora ya de que la sociedad afronte nuestra existencia con el respeto debido al resto de profesiones y oficios, sin contemplar una “fatua gratuidad” mal entendida.

Quizás debería el ministro revisar los conceptos de cultura y arte y discernir sobre quienes lo generan si es que queremos que el arte y los artistas sobrevivan en la sociedad resultante al confinamiento.

Las Medallas de la AEPE: José Villegas Cordero

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Medalla de Pintura José Villegas Cordero

Del Salón de Arte Realista

En el año 2015, la Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores creó el Salón de Arte Realista, en contraposición del Salón de Arte Abstracto, que se ha convertido ya en una de las más esperadas convocatorias de la centenaria entidad, nacido para hacer de este arte una continua experiencia creadora que aporta todo tipo de conocimientos y la belleza de otra realidad, que sólo está en las manos de los artistas.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Salón de Arte Realista, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura José Villegas Cordero y Medalla de Escultura Juan Cristóbal.

JOSE VILLEGAS CORDERO

VILLEGAS CORDERO, José     P     1910(F069)       26.ago.1844     SEVILLA     MADRID    9.nov 1921

José Villegas Cordero nació en Sevilla, el 26 de agosto de 1844, y falleció en Madrid, el 9 de noviembre de 1921.

José Villegas Cordero en un retrato aparecido en la Revista de Bellas Artes de 1921

Hijo de un modesto barbero que vivía en la calle Mercaderes, cerca de la iglesia del Salvador, asistió al Colegio de San Fernando, en el barrio del mismo nombre de Sevilla, donde veía a los pintores que allí iban a obtener apuntes del natural. Pese a la oposición del padre, José llenaba de dibujos y de manchas de color las paredes, las puertas y las ventanas de su casa, de forma que comenzaron a acudir a él distintos personajes con encargos decorativos, muestras para tiendas, medallones para camas.

Autorretrato

En 1862 entró como aprendiz en el taller de José María Romero, pintor de retratos de la burguesía y aristocracia sevillana y también creador de escenas costumbristas y de pinturas religiosas,  teniendo como maestros a Eduardo Cano y a Federico Rubio en anatomía, para el que el infantil alumno llegó a ilustrar una obra del famoso cirujano, en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, destacando enseguida merced a sus innatas dotes artísticas. Su hermano Ricardo, cinco años menor que él, también fue un gran pintor orientalista.

Autorretrato

Deseoso de llegar a Madrid para complementar su formación, en 1867, tras cuatro años de estudios sevillanos, llegó a la capital y logró entrar en el estudio de Federico Madrazo, estableciendo amistad como otros pintores como Fortuny, de quien se sentía como su “discípulo predilecto”.

Autorretrato

En Madrid, acudía al Museo del Prado para estudiar a Velázquez, al que copió con especial delectación, adquiriendo para su técnica la espontaneidad. El sentido de la luz y el uso del color del gran maestro.

Tras distintas estancias en Sevilla y Madrid, organizó una excursión a Marruecos, viajando con Fortuny, empapándose de la pintura orientalista tan de moda en el momento.

Autorretrato

Tras algunos viajes más, logró realizar su sueño de llegar a Roma, acompañado por los pintores Rafael Peralta y Luis Jiménez Aranda, siendo  bien recibido por artistas españoles como Eduardo Rosales, que le ofreció compartir su estudio y que un año después, al regresar el maestro madrileño a España, pasó a ocupar él solo.

Autorretrato

Con estudio propio, su carrera despegó llegando a obtener una fama pareja a la que allí disfrutaba Mariano Fortuny, a quien admiraba profundamente y a quien había conocido años antes en Madrid.

Logró también rápidamente encontrar coleccionistas y anticuarios que se interesaron por sus obras, obteniendo una clientela internacional que compraba directamente sus pinturas en su estudio a precios satisfactorios, que se elevaban a medida en que sus creaciones eran premiadas en las sucesivas exposiciones internacionales a las que se fue presentando. Los principales marchantes parisinos le ofrecieron ventajosos contratos para trabajar para ellos.

Autorretrato

La pintura de Villegas en Roma era la que dictaba la moda en aquellos momentos, generalmente de pequeño formato, ejecutada con una técnica preciosista en la que trataba temas históricos, escenas costumbristas, paisajes o retratos.

Autorretrato

También le pedían mucho temas orientalistas, que Villegas pudo realizar con gran maestría gracias a los bocetos que había atesorado en Marruecos, así como ciertas obras de «pintura de género».

A la muerte de Fortuny en 1874, se convirtió en el pintor español más popular en Roma, el mejor considerado y más cotizado de la ciudad.

La muerte del maestro

Algunas de sus obras de aquella época pudieron verse en Sevilla gracias a las Exposiciones regionales y en Madrid gracias a las Galerías Bosch y Hernández.

En 1878 el Senado le encargó un lienzo de tema histórico sobre La entrevista de Hernán Cortés con Moctezuma y a pesar de que después le retiró el encargo, a Villegas ya le había interesado la pintura histórica, realizando obras de excelente factura como La paz de Cambray y La última visita de don Juan de Austria a Felipe II.

Desnudo masculino

A partir de 1877 residió con frecuencia en Venecia, abordando temas y vistas del canal para ambientar cuadros y ahondando además en temas inspirados en el Renacimiento italiano. Muchas de las obras concebidas en este período fueron a parar no solo a Europa, sino a las colecciones de grandes millonarios norteamericanos, alcanzando todas ellas precios astronómicos.

Casado con Lucia Monti, a quien retrató en diferentes ocasiones.

Dos de los retratos de Lucía Monti 

La buena marcha de su economía permitió a Villegas construirse un chalet-estudio en Roma, de fantasiosa estética morisca, un suntuoso palacete en el Parioli romano que se convirtió en un célebre cenáculo para la sociedad del momento, y en el cual se reunían artistas y coleccionistas en famosas veladas. Por desgracia, el palacete sería demolido en la década de 1950.

En la década de los 90 el pintor continuaba con representaciones de personajes eclesiásticos y con el siempre presente tema costumbrista. de esta época es su renombrado cuadro La muerte del torero, que vendió por 100.000 pesetas del momento.

El confidente

En 1898 fue nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma, haciendo valer su cargo para exigir rigor en los ejercicios, aplicación del pensionado y la obligatoriedad de una estancia en París. Esta dirección hizo que perdurara su prestigio en Roma hasta su regreso a España en 1901.

Ya en Madrid, fue nombrado director del Museo del Prado y también de inmediato académico de Bellas Artes de San Fernando, incorporándose al mundo literario y artístico, convirtiéndose en una de las principales figuras de la intelectualidad, al tiempo que se le consideró el pintor de moda.

Clérigos

Como Director del Museo del Prado realizó realizando en el mismo tan grandes cambios que lo convirtieron, bajo sus 17 años de dirección, en uno de los principales museos del mundo: dio presencia a la escultura en la pinacoteca, dotando de calefacción al edificio y protegiendo al Museo contra el fuego. Dimitiría del cargo en 1918, a raíz del hurto de varias piezas del Tesoro del Delfín cometido por un empleado del museo.

Tras pintar a Alfonso XIII, su faceta de retratista le valió fama en la alta sociedad madrileña, siendo muy demandado este tipo de trabajos que aumentaron su prestigio.

El triunfo de la dogaresa

En los últimos años de su vida Villegas padeció una afección visual que le dejó casi ciego y le apartó de la práctica de la pintura desde 1918 hasta la fecha de su muerte en 1921, viviendo durante ese tiempo recluido.

Tuvo como alumnos aventajados a Luis Menéndez Pidal, que también fuera Socio Fundador de la Asociación Española de Pintores y Escultores y a Justo Ruiz de Luna.

En el embarcadero. Sevilla desde Triana

La pintura de Villegas de sus últimos años derivó en el simbolismo, al que llegó sin duda con notable retraso, concibiendo el famoso Decálogo, un conjunto de doce pinturas en las que representó los diez mandamientos de la ley de Dios más un prólogo y un epílogo, logrando efectos de una gran belleza que refuerzan el contenido narrativo de las escenas.

La siesta

La producción pictórica de Villegas es muy numerosa y en ella trató todos los géneros pictóricos como los temas de historia, el paisaje, escenas costumbristas, casacones y retratos.

Villegas se destaca por su esfuerzo en obtener en sus obras una máxima naturalidad en la descripción de los gestos y actitudes de los personajes, siendo minucioso y preciso en la descripción arquitectónica de los escenarios de sus obras, de los vestuarios y de los objetos.

La vuelta del rebaño

El subyugante ambiente urbano de la ciudad de Venecia fue también motivo de inspiración para Villegas, pero la modalidad pictórica que más renombre le proporcionó fue la de asuntos costumbristas, con la que alcanzó un notable éxito de crítica y de público. La moda por temas de inspiración española tan en boga en Europa hizo que Villegas alcanzara con ella un excepcional resultado, merced a la calidad y el virtuosismo que plasmaba en este tipo de pinturas, alcanzando gran éxito en temas taurinos.

Realizó también con gran fortuna temas populares de inspiración italiana, escenas protagonizadas por personajes como obispos o cardenales, representaciones de carácter orientalista y retratos.

Limosna en Sevilla

Mujeres en la ventana

José Villegas Cordero y la AEPE

Socio fundador de la Asociación de Pintores y Escultores en 1910, ocupó el cargo de Vicesecretario en 1913.

En 1914, en la Junta General Extraordinaria celebrada el 24 de mayo para la elección de la nueva Junta, fue elegido Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, cargo que finalmente no aceptó por ser Director del Museo del Prado y ser estatutariamente incompatible.

Sus obras colgaron en el III Salón de Otoño de 1922, en la Sala XII del Recuerdo, en donde figuraban sólo obras de artistas fallecidos, junto a Fortuny, Jiménez Aranda, Eugenio Lucas, Madrazo o Pradilla entre otros. Fueron las siguientes:

475.- “Apunte” (gouache)

476.- “Apunte” (gouache)

477.- “Dibujo a pluma”

478.- “En la playa de San Sebastián”

479.- “Un rincón del Retiro” óleo

480.- “Los sueños de Don Quijote” (dibujo)

Terraza en Biarritz

Mujeres en el jardín

Las Parcas

Plaza de San Marcos

Retrato de Lucía Monti

Retrato de mujer sevillana

Retrato de Ricardo Villegas Cordero, hermano del pintor

Retrato del Cardenal

Decálogo. La Fatiga

Webgrafía y Bibliografía

http://dbe.rah.es/biografias/5779/jose-villegas-cordero

http://www.memoriademadrid.es/doc_anexos/Workflow/2/143640/hem_revistabellasartes_19211201.pdf

Pérez Calero, Gerardo (2008). «Arte y Coleccionismo: obras selectas españolas del siglo XIX en la Fundación coruñesa María José Jove». Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte (21): 204. ISSN1130-5762.

Diccionario de Arte, Pintores del siglo XIX, Editorial LIBSA, 2001. 

CASTRO MARTÍN, Ángel: Vida y obra de José Villegas Cordero (1844-1921), Caja Sur, Sevilla-Córdoba 2001. 

CASTRO MARTÍN, Ángel: José Villegas. Retrospectiva (1844-1921), IberCaja, Zaragoza, 2005. 

CASTRO MARTÍN, Ángel: José Villegas. 1844-1921 , Fundación Caja Navarra, Pamplona, 2004. 

MENA, José María de (1996). «Drama y misterio del pintor y académico Villegas (En el Centenario del comienzo de su «Decálogo»)». Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (83): 395-414. Consultado el 16 de agosto de 2017.

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es